Perspectivas para Bolivia (2ª parte)

En la segunda parte de nuestro documento de debate interno se analizan las perspectivas para la economía y la situación del debate sindical.

¿Repunte económico?

plantaypfbComo dicho pero por ahora todo el mundo espera que un buen desempeño económico haga la reelección posible. Álvaro García Linera se dijo confiado que el 2017 “será el año de repunte de la economía, debido a la mejora de los niveles de exportación en minería, agricultura y a lo que se sumará la mejora del precio del gas”. Sobre esta perspectiva pesan en realidad demasiadas incógnitas, tanto de carácter nacional como internacional.

En primer lugar el recorte general del 3% en el Presupuesto General del Estado de 2017 (más marcado en sectores como justicia, obras públicas e inversiones) y el del 13% de las transferencias a las administraciones locales, con todo lo que esto significa en términos de inversiones, servicios locales, recontratación de eventuales y planillas laborales de empleados públicos, presupuesto de la educación superior. La institucionalización de una serie de FUL, con un papel de la oposición a su interior, abre la posibilidad de luchas estudiantiles que no se dieron el año pasado por problemas de dirección.

La creación de un nuevo ministerio de energías para impulsar proyectos de exportación de electricidad, es una implícita admisión de las crecientes dificultades con la extracción y exportación de gas. Este año Bolivia tendrá que negociar nuevos contratos con Brasil, país que ha paulatinamente disminuido sus requerimientos desde Bolivia, y afrontar con la Argentina el problema de un compromiso sobre los volúmenes exportados que YPFB, que no controla la producción, ha sido incapacitada a cumplir, siendo multada con 5 millones de dólares.

Muchas veces hemos escuchado al ministro Arce lamentar los niveles escandalosamente bajos de inversión privada en Bolivia. Esta de hecho se sitúa a apenas un 8,6% del PIB, que representa casi la mitad del promedio latinoamericano que es del 16,2%. Sin embargo aunque apabullada por los ingentes flujos de inversión estatal, la privada ha crecido relativamente a un promedio anual superior al 15 por ciento, disminuyendo solo en 2009 por efecto del estallido de la crisis mundial pero empezando a colapsar autónomamente desde 2015, señal clara del agotamiento interno del ciclo, reflejado también en el crecimiento del desempleo.

Además, como recordado por el ministro de economía Arce, hay el enigma del programa del nuevo presidente estadounidense Trump, en particular sus anunciados proteccionismo y guerras comerciales con China, mayor fomento a la extracción de petróleo con el método de la fracturación hidráulica, que aumentaría la sobreoferta con efecto sobre los precios, y sobretodo su intención de recuperar el liderazgo norteamericano en América Latina, dejando a la Rusia de Putin una mayor presencia en Oriente Medio (que, dicho sea para los fanáticos del presidente ruso, significa también traicionar a los kurdos en la repartición que se viene de Siria).

¡La crisis es estructural!

El PGE de Bolivia se elabora en base a una cotización promedia proyectada del precio del petróleo, al que está indizada la venta de gas. En 2015 el entonces ministro de hidrocarburos pronosticaba para 2016 un precio “entre $us 50 y $us 60 el barril” (La Razón 26/7/2015); sin embargo el precio promedio del año pasado fue de $us 43, dos dólares por debajo de lo proyectado para el PGE de 2016, con una tendencia a estabilizarse alrededor de los $us 52 a principio de este año. Esta recuperación, que motiva el optimismo del gobierno, refleja una dinámica fisiológica de demanda y oferta: cae la demanda, por efecto de la crisis, cae el precio; se reduce la producción y el precio vuelve a aumentar, pero solo temporáneamente y nunca como en el periodo anterior a la crisis, exactamente porque esta no se ha mínimamente resuelto.

Fusiones de empresas, contrarreformas laborales, planes de rescate, privatizaciones o simples movimientos vegetativos de la economía mundial pueden dar la sensación de la recuperación. Pero como un boxeador después de recibir un golpe duro, la economía mundial se levanta solo para volver a caer más estrepitosamente.

En su último Informe sobre las Inversiones en el Mundo publicado en 2016, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD en inglés), afirmaba: “En 2015, los flujos mundiales de inversión extranjera directa aumentaron en aproximadamente un 40%, hasta alcanzar 1,8 billones de dólares de los Estados Unidos, el nivel más alto desde el comienzo de la crisis económica y financiera mundial, en 2008. Sin embargo, este crecimiento no se tradujo en una expansión equivalente de la capacidad productiva en todos los países… un gran incremento en las fusiones y adquisiciones (FAS) transfronterizas… fue el principal motor de la recuperación mundial”.

Por otro lado en diciembre pasado la Organización del Comercio Mundial informaba que “la OMC prevé un crecimiento del volumen del comercio mundial de mercancías del 1,7% en 2016, frente a su previsión anterior del 2,8%. Si esa previsión revisada se cumple, el ritmo de crecimiento del comercio y la producción sería el más lento desde la crisis financiera de 2009… de las 2.978 medidas restrictivas del comercio adoptadas por los Miembros de la OMC desde 2008, solo 740 se habían suprimido a mediados de octubre de 2016”.

La propiedad privada de los medios de producción sigue provocando sobreproducción de mercancías y sobreacumulación de capitales: los ricos se hacen más ricos pero ya no tienen en qué invertir para aumentar el valor de sus capitales. El Estado nación se ha vuelto el principal obstáculo del comercio mundial. Esto significa crisis estructural del capitalismo: que, desde la perspectiva histórica, este sistema ha alcanzado con sus propios medios sus propios límites y ya no puede desarrollar las fuerzas productivas.

¿Revitalizar el proyecto?

25 9Este es el cuadro general en que enmarcar las perspectivas para el “proyecto político” del MAS y su crisis. Pero el ciclo económico no solo influye sobre la lucha de clases sino que es dialécticamente influido por esta. Los retrocesos organizativos y políticos de la clase obrera mundial, que en términos generales solo pueden explicarse con la crisis de su dirección, inyectan sangres de trabajadores en las venas entumecidas del capitalismo. Y la crisis hegemónica del MAS – reflejada en una mayor división del voto urbano y un apoyo campesino mayoritario pero ya pasivo – solo puede prosperar positivamente si sus contradicciones internas, contradicciones de clases, encuentran una expresión organizada en el movimiento obrero.

Aún con todas sus peculiaridades (una escasa inserción en los flujos de comercio mundial, un aparato productivo raquítico, políticas monetarias expansivas pero extremadamente cautelosa que han mantenido la estabilidad cambiaria con el dólar sin recorrer el mismo camino de la centralización de las operaciones de canje que ha agudizado la crisis en Argentina y Venezuela), las dudas sobre la posibilidad que el 2017 cumpla con la tarea que le encomendó el gobierno, de “revitalizar” su proyecto político siguen en acecho.

En años pasados el gobierno logró cautelar el compromiso fundamental con las multinacionales a la base de la estabilidad: el Estado gana más y las multinacionales también. En los últimos años sin embargo cumplir este compromiso ha significado un giro decidido hacia los intereses de las multinacionales a las que se reconocieron: devolución de costos recuperables, que siguen sin ser trasparentados, y del 12% del IDH de administraciones subnacionales (municipio, gobernaciones etc.), Notas de Crédito Fiscal para el descuento de impuestos etc. Para compensar en 2016 la caída de las recaudaciones por IDH, el gobierno lanzó batidas del SIN para incrementar las recaudaciones del IVA, cargando sobre la llamada “economía popular” el peso del sabotaje de las multinacionales. He aquí una de las explicaciones de la derrota del referéndum de 2016.

Habiendo aprendido esta lección el PGE de 2017 prevé una reducción de las recaudaciones del IVA, que significa no solo pronosticar menos consumos y emisión monetaria sino también aflojar el control, e introduce una reformulación del IUE que aumenta este tributo a los bancos privados cuyas utilidades superen el 6% del patrimonio. Al mismo tiempo pero el gobierno propone utilizar el Fondo de Pensiones de los trabajadores para resguardar las ganancias de importadores de insumos agrícolas y agroindustriales del Oriente y un nuevo lanzamiento de bonos soberanos esta vez por mil millones de dólares. Aunque el monto sea todavía “simbólico” (el 3% del PGE) representa sin embargo un mensaje claro a los mercados financieros mundiales y una aceptación tácita de la invitación que estos hacen al país ofreciendo tasas de intereses ventajosas: “confíen en financiar a Bolivia porque su gobierno protegerá sus ganancias ‘justas’ descartando medidas radicales que los puedan asustar”.

El debate sindical

La burguesía defiende las condiciones que le permiten seguir explotando el trabajo obrero, primero la propiedad privada de los grandes medios de producción, y la clase obrera necesita acabar con estas condiciones. Así la colaboración de clases se reduce a: libertad de acción para la burguesía y limitación de la acción política del movimiento obrero. Inclusive si las mencionadas “correcciones” a una línea antes totalmente desequilibrada hacia las multinacionales permitan realmente oxigenar la colaboración de clases, el efecto desmovilizador de esta política no deja ninguna garantía sobre el hecho que una mejora en el entorno económico pueda cambiar el resultado del referéndum por la reelección de Evo Morales.

No es casualidad que sea la cúspide de la dirigencia sindical la primera en darse cuenta de aquello. La alianza de clases reduce no solo la “hegemonía” del movimiento obrero y popular a simple cuestión de cargos (cuestión que por razones de clases logra mayor interés entre las “organizaciones sociales” y las capas superiores del movimiento campesino), sino y en primer lugar el peso de las burocracias sindicales al de “acompañantes del proceso”. Sin embargo inclusive si Mitma estuviese seriamente planeando dar batalla para reposicionar la COB en el terreno de la independencia de clases, chocaría ahora con la necesidad de enmendar todos los errores pasados del movimiento sindical frente al MAS y con una central obrera dividida y la contrariedad de la mayoría de la burocracia y de los sindicatos de mayor peso.

Justo cuando era absolutamente previsible no solo la victoria de Evo sino el arranque “por la izquierda” de su gobierno, con medidas como las parciales nacionalizaciones que encontrarían el favor de las masas, la COB planteaba su equidistancia entre el MAS y la derecha. Luego ha estipulado una alianza estratégica con el MAS, que definimos “sin estrategia”, dando la espalda a luchas de gran potencial aglutinador como ENATEX, con el objetivo de apoyarse en el gobierno contra la crisis y, en cambio, el resultado inevitable de profundizarla en sus filas.

La situación en Huanuni

tapa 27 ecb60Las últimas internas sindicales en Huanuni han restituido el sindicato más importante en los equilibrios de la COB a un frente declaradamente masista. Ocurrió ya con Montes y aunque los antecedentes de este triunfo parezcan similares, la realidad es distinta. La nómina laboral de la EMH ha sido reducida de un cuarto y a pesar de esta reducción de costos de producción el 2016 ha sido otro año de crisis. Inversiones y proyectos estatales que deberían haber relanzado la empresa o fracasan por incapacidades de la burocracia (como el nuevo ingenio inaugurado sin dotación de agua) o siguen siendo subordinados por el gobierno a la “lealtad” al proceso.

El contrato utilizado en Colquiri, vincular salario a productividad con lo cual el gobierno rompe la solidaridad sindical minera y sienta un precedente para toda la empresa privada, funciona como un cerco permanente hacia la EMH. La elección de un minero de Colquiri a máximo dirigente nacional de la FSTMB, elección propiciada por operadores de gobierno en el último congreso de San Cristóbal, priva los mineros de Huanuni, y Mitma, de respaldo sindical.

El frente ganador en Huanuni defiende la necesidad de dar “mayor apoyo a sus representantes parlamentarios”, como Montes, elegidos con el MAS. Sin embargo el aumento de abstenciones y anulación del voto (que pasan de un promedio del 8 al 15 por ciento) y el abultado triunfo del frente oficialista con una cantidad absoluta de votos segunda solo a la que conquistó Montes cuando en la EMH había casi mil trabajadores más, demuestran que el chantaje y la falta de alternativas han cavado hondo en la consciencia de trabajadores ya cansados, agotando el debate político y sindical en interior mina.

Y en resto de la clase

Fabriles, constructores, eventuales además de los sectores tradicionalmente más débiles desde el punto de vista sindical, como jóvenes y mujeres, siguen en cambio enfrentando la sistemática violación de derechos laborales, ventas y quiebres fraudulentos de empresas para liquidar sindicatos y los obstáculos que interpone la burocracia estatal a la actividad sindical.

Los fabriles propusieron una ley por la reintegración en su fuente laboral de todos los trabajadores despedidos en estos años. Sin embargo la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que restituye la vigencia de los despidos con carta de preaviso, fallando a favor de Petrobras Distribución Bolivia SA y en contra de una trabajadora, hace el camino parlamentario de esta ley aún más difícil e improbable. Evidentemente con este fallo y sus declaraciones contra un eventual nuevo referéndum por la reelección de Evo, los magistrados se preparan a cambiar de “amo” en previsión de las elecciones judiciales de este año, conscientes que en futuro podrían verse enfrentados a la “revolución de la justicia” del gobierno. El hecho no deja, sin embargo, de ser indicativo de como fisuras y escisiones dentro de la granítica unidad masista del aparato estatal, que se acelerarían si el proyecto de reelección fuera nuevamente frustrado, puedan ir provocando reacciones sociales.

Mitma debería apelar a las bases de estos sindicatos, a los subcontratados de las petroleras, a los mineros disconformes con la política gubernamental para dar batalla en la COB. Haciendo uso de sus funciones podría recorrer el país reuniendo en asamblea a los principales sindicatos y federaciones para proponer con ellos un plan de lucha que, junto a todos los reclamos por salario y contra despidos y precarización laboral, exija una reforma laboral que incluya un contrato nacional colectivo por categoría de empleo renovable anualmente – para que todos los trabajadores de un mismo rubro negocien con la patronal aumentos salariales, de manera que las conquistas de un sindicato fuerte repercutan sobre toda la clase, eliminando así la competencia entre trabajadores –, el derecho pleno a la huelga y que los sindicatos (así como el fuero sindical) sean inmediatamente legales por decisión de la mayoría de los trabajadores de una empresa, es decir sin pasar por la aprobación del Ministerio del Trabajo.

Son estos los temas de agitación y propaganda que debemos desarrollar en la próxima etapa, que definimos de transición entre los intentos de restablecer equilibrio en la colaboración de clases perseguida por el gobierno y las ilusiones y resistencias que esto induciría en una clase obrera ya experimentada con el proceso. Lo que haga Mitma tiene una importancia relativa. No será su voluntad sino la necesidad objetiva que reabra el debate sindical, incluso si él, como es probable y como Trujillo antes, se escude finalmente detrás de la voluntad de la mayoría (de la burocracia sindical) para no dar batalla seriamente. Ni el más natural instinto de auto conservación puede mucho contra toda una formación político sindical basada en la más absoluta desconfianza en la clase obrera, la capacidad creadora de la acción de las masas y la lucha de clases.

Primera parte del documento