¡Por un 8 de marzo de lucha! ¡Por una plataforma unitaria del movimiento feminista!

En los últimos años el Día Internacional de la Mujer Trabajadora está recuperando su original significado de jornada de lucha por la emancipación de las mujeres. En particular este año habrá convocatoria a manifestaciones en varios países del mundo, que en Bolivia ha sido relanzada por diferentes colectivos e instituciones.

niunamenosboliviaEste es el resultado de la combinación de diferentes factores. Los casos siempre más numerosos y crueles de violencia de género han movido una oleada de indignación en todo el mundo. La crisis global del capitalismo descarga más presiones sobre las familias, es decir en última instancia sobre las mujeres, las que se encuentran con el empeoramiento de sus condiciones laborales y recortes a gastos públicos, que le hacen más difícil conjugar su rol de trabajadoras y madres de familias, y las que no encuentran empleos dignos y se hacen más dependientes económica y emotivamente de sus convivientes.

La arremetida ideológica de las clases dominantes para sostener estos ataques a las condiciones de vida de la mujer ha llegado en países como Rusia a promulgar una ley que despenaliza la violencia doméstica o a la elección de un presidente notoriamente machista como Trump en los EEUU. Sin embargo ha provocado también masivas movilizaciones que han preparado el terreno a la convocatoria actual al Paro Internacional de mujeres al que ha contribuido de manera determinante la campaña Ni Una Menos, que traspasó las fronteras argentinas después del escalofriante feminicidio de la adolescente Lucía Pérez, drogada, violada y empalada a sus 16 años en Mar del Plata.

En Polonia hace pocos meses miles de mujeres en huelga han impedido ulteriores restricciones a la posibilidad de abortar, rompiendo una paz social que en ese país duraba desde hace el colapso del estalinismo. Una lucha similar se vivió en Brasil el año pasado. En Turquía el gobierno fascista de Erdogan, responsable de una violenta represión a las organizaciones sindicales y de la izquierda de ese país, ha sido obligado a retirar un proyecto de ley que imponía a las mujeres víctimas de violencia de casarse con su violador. Casos como estos demuestran que en la temática de género han ido confluyendo la voluntad de lucha y la indignación contra las clases gobernantes que no encuentran la expresión adecuada en las direcciones oficiales y reformistas del movimiento obrero.

La situación en Bolivia

En Bolivia hay convocatoria en varias ciudades a mítines, marchas, asambleas, seminarios etc. Esta multiplicación de eventos sin una plataforma común de lucha es el cuadro real de las limitaciones del movimiento feminista en nuestro país, sobre las cuales volveremos. Una coordinación abierta entre los grupos feministas, y asambleas en cada ciudad para la elaboración de un pliego petitorio único, habría fortalecido la movilización dándole un carácter más combativo. Razones para aquello hay de sobra en nuestro país.

Bolivia ocupa el segundo lugar en violencia sexual en Latinoamérica. La propia Fiscalía del Estado ha reportado 104 feminicidios en 2016, casi el doble de los que informó en 2014 (62) y un 11% más que en 2015 (93). Esto demuestra la equivocación de Evo cuando afirmaba que no hay más violencia sino solo más denuncias gracias al gobierno. En lo poco transcurrido de 2017 ya son 20 nuevos casos. Tan solo en tres días del último carnaval hubo 3 feminicidios y 272 casos de violencia doméstica. Reinas y princesas en el escenario y victimas detrás del telón: esta es la hipocresía de nuestra sociedad. La misma composición del nuevo gobierno, con pocas mujeres y en carteras generalmente poco importantes, es otro índice del fracaso de las políticas públicas para con la igualdad de género. Como si no bastara un informe reciente de la CEPAL define a Bolivia y Haití como los países con más casos de violencia sexual contra menores de edad, eventualidad que consideramos desde hace tiempo antes, denunciando la barbarie del nuevo Código de la Niñez.

Según una reciente encuesta del INE (Instituto Nacional de Estadística) “una de cada tres mujeres en Bolivia justifica la violencia de género por la infidelidad, salir mucho, hablar con otros hombres” y “más de la mitad de las encuestadas del área urbana y rural señalaron estar de acuerdo en que el hombre es el principal proveedor de los gastos del hogar” (La Razón 25/11/2016). Sin embargo esta falta de conciencia de sí mismas de las mujeres bolivianas no sirve tanto a explicar ni la violencia de genero ni sus mayores índices en nuestro país, cuanto la fragmentación y la debilidad del movimiento feminista nacional. Lamentablemente muchas compañeras exagerando la realidad asumen posturas sectarias o acaban por limitar su acción a una visión “tipo ONG” que reduce la lucha de género a la educación de las víctimas.

¿Por qué la violencia de género?

santacruzmujeresLa opresión de las mujeres radica en la familia, última institución “jurídica” vigente del patriarcado. Lejos de ser “natural”, la familia como actualmente la conocemos es un producto histórico que señala las divisiones del trabajo desarrolladas al interior de la sociedad, en base a las cuales las mujeres son relegadas a un papel reproductivo y al cuidado familiar que en la época del “comunismo primitivo” era tarea colectiva. La familia monógama, que gira alrededor del papel del hombre en el trabajo, garantizó el acceso y la transmisión hereditaria de la propiedad y el excedente por línea patriarcal. El dominio del hombre en el terreno de la producción se hizo así dominio sexual y en la misma familia donde se había instaurado. Sin este dominio, la violencia de género sería impensable.

Hoy las mujeres ocupan un lugar más relevante en el trabajo, pero los casos de violencia aumentan y se hacen más brutales. Ante esta contradicción una parte del movimiento feminista ha concluido que el materialismo histórico, en la exposición pionera de Engels que aquí sucintamente resumimos, sería insuficiente a explicar la opresión de género, colocando la batalla en el terreno cultural, del lenguaje y en general de la reforma. Sin embargo para Engels la incorporación de las mujeres al trabajo social era solo el “primer paso” hacia su emancipación, en cuanto las mete en condición de organizarse frente a la contradicción de un sistema que requiere su fuerza trabajo y al mismo tiempo necesita de su subordinación en el hogar para sustentarse económicamente, asignándole trabajos domésticos que la propiedad colectiva de los medios de producción podría socializar, e ideológicamente, colectivizando, en cambio, la misma violencia de la sociedad dentro de la familia.

La violencia de género no es una excepción: el capitalismo es violencia diaria para mantener a las mayorías apartadas de las condiciones que le permitirían hacer su existencia, reduciendo su aliento vital a la pura expresión de impulsos animalescos. En periodos de crisis esta violencia aflora y se mide en la multiplicación de casos de drogadicción, de masacres cometidas por unos “locos solitarios” y de violencia de género. El sentimiento malsano de posesión, el sentir el otro como un objeto sin vida que sirva simplemente a gratificar a quien lo utiliza, del que deriva la violencia de género, es la forma más alta de relación social en un sistema basado en la competencia y la extracción de lucro del trabajo ajeno. Con la crisis esta patología se agudiza por la presión ejercida sobre las familias y las condiciones de mayor fragilidad y dependencia de las mujeres. El capitalismo no ha creado el patriarcado, pero es hoy el más poderoso obstáculo a su superación.

Perspectivas del movimiento boliviano

La movilización de hoy se relaciona con el incremento de los casos de violencia de género, es decir con límites y alcances de la nueva ley promulgada por el MAS. Esto es algo que debe tomarse en cuenta para fortalecer el movimiento, que sin embargo creemos tenga todavía potencialidades inexploradas y está llamado a una dura batalla contra un aparato ideológico compuesto por la religión, los medios de comunicación etc., que reproducen imágenes idealizadas de las mujeres para hacerlas siervas con su consentimiento y revictimizarlas cuando tropiezan con la violencia. Una hipocresía difusa que, por ejemplo, clama a la vida contra el aborto y ni pestañea frente al abandono y la marginalidad de las miles de madres solteras y sus hijos. Es para sostener esta batalla que consideramos oportuno reafirmar los principios de un feminismo clasista.

La mayor sensibilidad y el rechazo masivo a la violencia de género deben ser utilizados por el movimiento feminista para llegar a las mayorías de mujeres que buscan una plataforma de lucha en la cual empeñarse para cambiar sus condiciones de vida. Reiteramos la necesidad de no dispersar las energías que van de a poco involucrándose a la lucha y que los diferentes colectivos podamos convocar a asambleas abiertas en todas las ciudades con el objetivo de definir un pliego petitorio común que interpele los diferentes niveles de gobierno y la sociedad, y de ir hacia la conformación de una coordinadora nacional de la lucha de género. Esto para meter en campo la capacidad de movilizarse de inmediato cuando necesario, por ejemplo en los casos, siempre más frecuentes, de intervención de la fiscalía de clínicas de aborto clandestino que acaban con un calvario penal para la mujer que aborta.

El día de hoy se ha llamado Paro Internacional de las Mujeres, recuperando en la referencia a un método de lucha de la clase obrera, el significado del 8 de marzo. En diferentes países esto ha servido a lanzar a los sindicatos el mensaje “combatamos la violencia con la protesta en las calles y no con la violencia en las casas”. En Bolivia nada de esto ha sido intentado, reflejando la influencia pequeñoburguesa sobre la lucha de género. Sin embargo esto debilita al movimiento porque lo aleja de las causas específicas de la mayor incidencia de la violencia de género en nuestro país: los niveles de pobreza, la mayor dependencia económica de las mujeres evidenciada en la encuesta del INE mencionada, y la violencia de una sociedad en el fondo todavía colonial, profundamente jerárquica y basada en la negación del otro, el indio que ocupa los peldaños más bajos de la sociedad.

Un esbozo programático

marchalapazQueremos aportar nuestro punto de vista al movimiento y luchar por empeñarlo en las batallas que consideramos necesarias para fortalecerlo combatiendo los mismos prejuicios de las mujeres con reivindicaciones que le permitan reconocer su condición de oprimidas y rechazarla. Un esbozo de programa inmediato que abordamos a continuación:

1) en un país como el nuestro donde dos tercios de las mujeres son todavía amas de casas y trabajadoras informales, reivindicar el acceso a fuentes de empleos dignos (es decir: con contratos a plazo indefinido y cobertura de la seguridad social) que permitan emanciparnos, también psicológicamente, sigue siendo necesario. El movimiento debe estudiar y relacionarse con aquellas experiencias de desocupadas organizadas para exigir empleo en el mantenimiento urbano etc., que en años pasados se desarrollaron en ciudades como Potosí por ejemplo;

2) Ante los recortes presupuestario definidos por el gobierno, es necesario exigir al contrario a todos los municipios que se aumente la financiación pública a los Servicios Legales Integrales Municipales (SLIM) y se fortalezcan los centros de salud dotándolos de servicios de atención psicológica cualificada. ¡Que el balance presupuestario no se haga con nuestras vidas y nuestro derecho a recibir asistencia, legal y médica!

3) La acción penal en los casos de violencia debe ser obligatoria para eliminar las negociaciones que se hacen sobre las víctimas, particularmente cuando estas son menores de edad. Los casos de violencia de género deben ser tratados por juzgados especiales, debidamente constituidos, para evitar retardación de justicia. La violencia de género no es un hecho privado, es una emergencia social y como tal debe tratarse;

4) Reivindicaciones por la calidad, universalidad y gratuidad de la salud y por una pensión mínima vital, no son exclusivas de las mujeres. Pero de estas depende la emancipación material de amas de casas y trabajadoras informales, convirtiendo su lucha en impulsora de luchas sociales más generales que las fortalezcan;

5) Una visión de género en la elaboración del presupuesto de las administraciones locales debe incluir gastos para la socialización del trabajo doméstico (lavandería y comedores públicos, de calidad y gratuitos) y del cuidado familiar (guarderías, asilos etc. públicos gratuitos y de calidad);

6) Por el derecho al aborto gratuito: si la “bendición” de un hijo y la tarea de criarlo son nuestras, nuestra debe ser la decisión si llevar a cabo un embarazo. ¡Ya basta de tolerar en nombre de la vida las centenares de muertes de mujeres por abortos clandestino!

7) Lucha a todas las formas de reproducción de imágenes estereotipadas de las mujeres.