Evo manda a abrogar el nuevo Código Penal: ¿qué se viene ahora?

moralesEl anuncio de Evo Morales que “para evitar que la derecha utilice el código para desestabilizar al Estado” ha decido abrogarlo todo, no nos sorprende. Es la confirmación de lo que venimos diciendo: este no es un gobierno dictatorial como pretenden derechistas y quienes analizan la coyuntura de manera impresionista. Es un gobierno que la inestabilidad hace más débil.

Como lo escribíamos a finales del año pasado:

La euforia por el fallo del TCP se va esfumando y lo que queda de ella durará aún menos. Lo confiesa el propio Evo anunciando un año duro de “lucha ideológica, política y partidaria”. No es la oposición, previsible, a la reelección indefinida lo que se teme, sino el desgaste de una prolongada campaña electoral que ofuscará la gestión y, como para el 21F, verá por largo rato Evo solo contra Evo, haciendo emerger la sarta de errores y recriminaciones. 

Las resistencias al nuevo Código Penal y a los acuerdos con los agroindustriales demuestran que el gobierno será llamado siempre más a zurcir lo tejido, renegociar el respaldo en una situación de mayor debilidad y exposición y además sin los vientos a favor de la economía.

Más mueve en dirección de una relación clientelar con las corporaciones y los gremios empresariales, más necesitará cubrir su flanco izquierdo para “seducir”, como dice el vice, a su derecha. Pero más aumenta su control sobre los sindicatos, más debilita a su propia fracción sindical a los ojos de los trabajadores y el movimiento campesino e indígena organizado. 

Es lo que acaba de pasar, no solo con el paso atrás dado con el Código Penal, sino también con el, por ahora, fallido intento de tomar la COB a la fuerza. La fracción sindical masista se ha claramente sumido en el descredito total y probablemente deberán buscar fuera de su círculo, en un sector independiente, su candidato a la conducción de la COB. Sin embargo así se exponen nuevamente a negociaciones extenuantes.

¿Siguen las movilizaciones? A los partidos de derecha que apuestan todo a las elecciones de 2019 no les conviene y empezarán a sabotearlas, incluso cuando discursivamente las apoyen. La emergencia de nuevos actores, los cívicos particularmente que, como los de COMCIPO, cultivan ambiciones políticas autónomas, representa un competidor que ni Costas ni Doria Medina dejarán crecer a su espalda.

Así como la posibilidad de reelección conquistada prescindiendo de la movilización de masa en apoyo al gobierno ha precipitado la inestabilidad, de la misma manera el paso atrás de Evo sobre el Código se retuerce contra un sector de las masas. Los campesinos que rechazan los acuerdos con los agroindustriales lo aprenderán muy pronto. La hoja de ruta del gobierno trazada por Evo es reponer su control sobre las organizaciones, encargo para los políticos del nuevo gabinete; guerra en las redes sociales; crecimiento homogéneo de la economía profundizando los acuerdos con los empresarios, cuyas vacilaciones frente a los movimientos actuales han jugado un papel no secundario en la decisión del Presidente.

El conflicto ha aplazado el cumplimiento de los acuerdos con los agroindustriales porque el gobierno no podía abrir otro frente con la oposición de campesinos de base. Algunas federaciones empresariales de Oriente y Occidente han empezado entonces a solidarizarse tímidamente con la movilización. El gobierno respondió advirtiendo con la reactivación del “caso terrorismo” y arrestando uno de los prófugos que hace 10 años vivía tranquilo en el municipio de Cotoca. Esto no fue suficiente.

Sobre un punto de los acuerdos no hay consenso entre las fracciones burguesas: la liberalización de la exportación de soya en granos. Con este mecanismo de mercado el gobierno pretende permitir a los productores de acceder a mejores precios de venta de los que ofrecen las industrias nacionales, que resisten esta posibilidad.

Las dos más grandes aceiteras del país, el grupo FINO y ADM-SAO, están en proceso de ser adquiridas por alrededor de 700 millones de dólares por la multinacional ALICORP. El flujo de dinero que llegaría al país por esta compra, combinado a un incremento de las exportaciones, aflojaría la presión sobre la economía nacional en déficit comercial con el exterior.

Este sería un alivio solo momentáneo que en todo caso será aprovechado por los grandes terratenientes para concentrar tierras con la aquiescencia del gobierno. Por otro lado inevitablemente la fusión de industrias bajo una nueva propiedad llevará a la reestructuración de la planilla laboral, pérdidas de empleos y/o beneficios consolidados.

Estas son las dos caras de la crisis que, como marxistas, venimos analizando desde hace un par de años: el retorno a las viejas formas de propiedad rentista agraria a la base del subdesarrollo del país, por un lado, y por el otro un auge capitalista reflejado en grandes inversiones en maquinarias que ahora cobra factura con reestructuraciones industriales. El repunte de la economía no devolverá la estabilidad.

El nacionalismo pequeño burgués y sus aliados de “izquierda” se aplazaron de nuevo, embriagados por éxitos efímeros. El gobierno “popular” no solo no puede resolver las contradicciones propias del capitalismo, sino que tampoco puede mantener la movilización de las masas de la que depende. Solo un gobierno revolucionario obrero y campesino que destruya al Estado burgués podrá levantar el país.

En muchos ambientes de las organizaciones sociales y del activismo de izquierda seguimos escuchando expresiones vacías de cualquier contenido: “gobierno dictador”, “traidor”, “represor”. El impresionismo en política no paga. ¿Qué dirán ahora? ¿Gobierno que “escucha al pueblo”? Necesitamos colocar nuestras lecturas en perspectiva histórica y con un método de análisis científico.

El marxismo demuestra en los hechos de ser el único método de lucha valido. Las bases de este método son simples: 1) el capitalismo no puede resolver los problemas de Bolivia ni el mundo; 2) la clase obrera, por su papel en la producción, es la única que puede realizar la propiedad colectiva de los medios de producción y la verdadera democracia sin explotación de empresarios ni opresión del Estado; 3) el papel de una vanguardia política no es el de “ilustrar” a las masas sobre los “falsos socialistas” sino de entender a partir de cuales contradicciones se abren posibilidades revolucionarias y de organizarse para intervenir en ellas. Si estás de acuerdo con esto, ayúdanos a construir la Corriente Marxista Internacional en Bolivia.