¡A las marchas de la COB por la huelga general!


El ampliado de la COB ha determinado llamar a la movilización. Que se escuche fuerte la voz de la clase trabajadora por salud, trabajo y educación.

Trabajadoras y trabajadores del país, de todos los sectores, solo esperábamos esta oportunidad para unir fuerzas. De hecho, salubristas, fabriles, maestros, estudiantes, vecinos de los barrios populares ya estamos movilizados hace semanas y meses contra la pandemia y la crisis. Hacía falta sólo que todas estas luchas confluyan en un mismo cauce mayor. Ahora tenemos esta oportunidad y debemos saberla aprovechar. 

En este sentido consideramos incomprensible que se convoque a marchas sin al mismo tiempo proclamar la huelga general. Está claro que parar la producción reactivada echaría al gobierno y al empresariado de rodillas. La huelga permitiría que la clase obrera podamos volcarnos a las calles y expresar toda nuestra fuerza. Que la burocracia sindical, con Huarachi y Gutiérrez a la cabeza, decidan de otra manera, no es ni por cautela ni casual. 

Añez pierde ministros y no tiene otro apoyo fuera del inestable apoyo de la jerarquía militar. No puede hacer aprobar préstamos; el déficit fiscal limita la posibilidad de financiar las empresas como estas le piden y ella quisiera; no puede sostenerse en Mesa o Camacho contra el MAS porque ellos están en su propia carrera. No tiene gobierno y no gobierna al país. Esto lo sabe Añez, lo saben sus acólitos, lo sabe la clase trabajadora. Parece ser un misterio solo para la burocracia sindical que, en cambio, plantea a este gobierno reclamos a los cuales este gobierno no podría acceder ni si así lo quisiera. 

Una huelga general es siempre contra el gobierno y una huelga general contra este gobierno lo haría caer. Los maestros que piden la renuncia de Cárdenas, los salubristas en pie de lucha por ítems, hospitales, equipos de bioseguridad y otros reclamos que el gobierno desatiende y la clase trabajadora que ha experimentado como los despidos no se frenan por decreto, tienen la máxima disponibilidad a luchar por la caída de Añez. 

La eventual renuncia de Añez llevaría o a una situación revolucionaria, donde la clase trabajadora disputa abiertamente el poder, o a la sucesión constitucional, es decir a un nuevo gobierno transitorio a la cabeza del MAS. Los marxistas como es sabido luchamos por la primera opción, pero incluso una solución institucional podría cambiar el escenario que carga los efectos de la crisis sobre los hombros de la clase trabajadora. 

En la difícil situación que vivimos, un nuevo  gobierno transitorio surgido de la movilización, no podría quedar de brazos cruzados a esperar las elecciones. La bancada mayoritaria del MAS podría hacer cumplir las normas que suspenden despidos, alquileres y créditos que ha aprobado o dar solución a los problemas de la educación. No tendría excusas para no hacerlo. Si el MAS renuncia ahora a luchar abiertamente por el poder ante un gobierno tan desgastado y una crisis tan aguda, fortalecerá a las demás oposiciones. 

El punto es que el MAS quiere legitimarse con el voto y llevar esto en dote a la burguesía boliviana, empresarios y multinacionales, para ofrecerle gobernabilidad y exigirle colaboración para la reactivación económica. Es suficiente leer el programa de Arce para darse cuenta de esto. Frente a la crisis y a la movilización de la clase trabajadora, sin embargo, renunciar a dar el golpe de gracia a Añez puede traer consecuencia nefastas.

Si Huarachi y Gutiérrez no plantean una solución a la crisis social y política y se limitan a cubrir el flanco izquierdo del MAS en su estrategia electoral y de espera, aumentan la posibilidades de un nuevo golpe o demuestran de querer dar una válvula de escape a la rabia que crece y luego desmovilizar sin ningún resultado. Con la crisis económica, la movilización activa del movimiento obrero, la pandemia y un gobierno debilitado al extremo, las elecciones son el problema menor, porque el país no llega a septiembre en estas condiciones. En semejante coyuntura no podemos reponer ninguna confianza en una burocracia sindical cuyo único logro en estos meses es haberse prorrogado en el cargo en recompensa por su apoyo a la “pacificación” militar.

En su rueda de prensa Huarachi, de hecho, no ha dado perspectivas a la acción sindical. Ha mencionado la abrogración de decretos del gobierno como el que implementa la educación a distancia, sin pero exigir la renuncia de Cárdenas. Ha puesto énfasis además en el dióxido de cloro como si fuera nuestro principal problema. Este químico es un fraude, llevado adelante por fanáticos religiosos estadounidenses. Como nuestra organización ha explicado citando las fuentes, su inventor Jim Humble ha declarado que el “dióxido de cloro no cura nada”, sus mismos productores dicen que a la dosis mínima que se usa en Bolivia no elimina el virus y a una dosis mayor mata. Ningún país lo permite, ni Cuba, ni China, ni Venezuela ni otros. La polémica sobre este asunto en nuestro país sirve a un solo propósito: distraer la atención sobre el hecho que el capitalismo no nos permite producir ni adquirir los fármacos de mayor eficacia, como el remdesivir o la misma hidroxicloroquina, producida con quino boliviano. 

Sin embargo, lo que Huarachi cree tiene una importancia relativa. El martes, como dijimos tenemos la oportunidad de hacernos escuchar. Trabajadoras y trabajadores: participamos en masa a las marchas exigiendo a la burocracia sindical, al MAS y a los que pretenden representarnos de ser consecuentes con nuestra lucha 

¡Por salud, trabajo y educación!

¡Huelga general!

¡Hasta la caída del gobierno!