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¿A quién le habla Álvaro García Linera?


Las reacciones de sectores de clase media y de la izquierda principalmente académica a las amenazas del Vicepresidente dirigidas a medios y fundaciones de investigadores bolivianos, lo han obligado a una rectificación que la premura de ministros y legisladores oficialistas de dar contenido legal a las intimidaciones hacen aún más parcial. El contexto en que se dan estos ataques demuestra claramente quienes son sus destinatarios últimos.

Hace pocas semanas una reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha afrontado la situación boliviana describiéndola así: “ya está en marcha un modelo político enunciado como socialista y comunitario… [que] busca la toma definitiva del poder con el dominio total de la economía y los medios de producción, que supone el control en la emisión de ideas, opiniones y mensajes a través de los medios masivos”. Sin pestañear ante el terrorismo mediático de la CNN en Venezuela o el asesinato de periodistas en Colombia, Brasil y México, la SIP ha individuado en los gobiernos de Bolivia, Ecuador, Venezuela y la Argentina, las principales amenazas continentales a la libertad de expresión. En esta sublime hipocresía pro-imperialista un periodista muerto no falta a la libertad de expresión, a lo mucho es un caso espinoso de impunidad.

Quién ha escuchado García Linera en San Cristóbal se ríe con nosotros de estas alarmas, lamentablemente, infundadas. Los mismos grandes medios bolivianos no parecen ni particularmente turbados ni interesados a sostener la batalla por la existencia de ONGes o radios de gran audiencia como ERBOL. La prensa en nuestro país sigue controlada por grandes grupos con intereses extendidos a la finanza, la industria, la construcción etc. Ahí están los Monasterios (UNITEL), Rivero (Grupo Líder que controla todos los principales matutinos nacionales), Kuljis (Red Uno), Canelas y otros internacionales. Estos grupos que hostigaron el gobierno en pasado, ahora aceptaron cederle la dirección formal de la economía y el país en la medida que defienda y sostenga sus lucros privados.

En su arenga contra ERBOL, el CEDLA, CEDIB y las fundaciones Tierra y Milenio, Álvaro García Linera los ha cuestionado de estar mintiendo para reducir las posibilidades de desarrollo de Bolivia al papel de “guardián de los bosques”. La alusión es claramente al temor que las críticas de ONGes como CEDLA y CEDIB sobre la ampliación de la frontera hidrocarburífera, se traduzcan en apoyo activo para un nuevo escenario como el de la marcha en defensa del TIPNIS.

En un contexto económico desfavorable, el gobierno se juega buena parte de los recursos para la Agenda Patriótica 2025 con la ampliación de la frontera hidrocarburífera. Después de una serie de foros internacionales infructuosos, el gobierno ha encontrado la manera de apetecer el interés de las multinacionales cumpliendo con el sueño de estas: la posibilidad de penetrar en las áreas protegidas del país a la cola de subsidiarias de YPFB, flexibilidad en el tema de la fracturación hidráulica y de impuestos, amplias garantías de paz social etc. A estas concesiones al capitalismo mundial suman las que se vienen haciendo a los agroindustriales del país, los bancos, los especuladores de la construcción etc.

Estas cuantiosas concesiones a multinacionales y empresariado nacional ponen severos límites a las políticas redistributiva y a la participación democrática. Semejante giro no sería posible sin un simultáneo ataque a toda posible fuente de disenso social y sin el control de los sindicatos como de las voces críticas de la información. Entonces domesticar a medios independientes e investigadores sociales no es, como dicen la SIP y sus representantes bolivianos, para preparar el “dominio total de la economía” sino exactamente el contrario; consolidar políticas de sostén a la acumulación privada precaviéndose de las reacciones de “los de abajo”.

Son estos, la clase obrera, el movimiento campesino-indígena y popular que esperaría del gobierno una respuesta a la crisis, los destinatarios finales de la arremetida de Álvaro García Linera. Cuando un gobierno con todas las posibilidades de enfrentar las críticas dice que el problema no son las opiniones vertidas por las ONGes, sino su supuesto papel activo en organizar la protesta, lo que está diciendo es que el problema es la protesta, la crítica social y, en el fondo, la siempre mayor dificultad de movilizar a sus bases activas en su defensa. El mismo uso de la palabra “trotskista” como insulto – cosa que, como señalamos, pone a García Linera en la alegre compañía de la derecha mundial – sirve a apartar a las nuevas generaciones de las ideas que le permitirían entender la crisis y de buscar una alternativa por la izquierda a esta.

En su momento apoyamos la decisión de expulsar USAID y volveríamos a hacerlo frente a la  injerencia imperialista. Hoy pero defendemos el derecho al trabajo investigativo y de organización de fundaciones con una trayectoria decenal en la izquierda o con las cuales en unos casos abiertamente polemizamos (como Milenio). Lo hacemos sin concesiones a la peluda concepción de la democracia al estilo de la SIP, sino como parte de y en la lucha por la “libertad de expresión” que realmente necesitamos garantizar: la independencia de los sindicatos obreros y campesinos basada en un programa para enfrentar la crisis desde sus intereses de clase y desde los problemas irresueltos de la revolución inconclusa. Un programa por la transformación revolucionaria de la agricultura y el aparato productivo, que nos permitan superar el lastre del extractivismo y que solo puede ser llevado a cabo por la clase obrera aliada al movimiento campesino-indígena administrando las principales palancas de la economía como vanguardia de la revolución mundial.