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Andalucía (Estado Español): Victoria de un PSOE en declive, y derrota estrepitosa de la derecha


El PSOE ganó las elecciones al Parlamento de Andalucía, pero retrocedió 4 puntos y perdió más de 100.000 votos con respecto a las elecciones autonómicas de 2012. Su victoria, con una mayoría simple, destacó más por el hundimiento del voto del PP que por el caudal de votos conseguido. El PP pierde medio millón de votos y pasa del 40,6% al 26,7%. El voto del PSOE baja desde el 39,6% de 2012 hasta el 35,4%, el peor resultado conseguido por PSOE en unas elecciones en Andalucía. El voto conjunto PSOE-PP bajó 18 puntos (del 80% al 62%).

PODEMOS emerge destacada como tercera fuerza con 600.000 votos

Y todo ello, pese a que hubo 200.000 votantes más en estas elecciones que en 2012, y a que PSOE y PP tuvieron el apoyo escandaloso de los grandes medios de comunicación del régimen y dispusieron de recursos ilimitados para sus campañas.

Pese a lo que se dice, la participación fue baja, no llegó al 64%, apenas 3 puntos más que en las elecciones autonómicas de 2012. Sin duda, una gran parte de los que se quedaron en casa votarán a PODEMOS en las elecciones generales de noviembre.

Hundimiento del PP

Es llamativo que el PP se descalabre perdiendo 14 puntos y cientos de miles de votos ¡estando en la oposición en Andalucía! Claramente, la clase trabajadora y demás sectores populares le han hecho pagar cara su política brutal de ajustes y ataques sociales en el gobierno de Madrid.

Aunque es innegable que gran parte de los votos perdidos por el PP fueron a CIUDADANOS –que consiguió cerca de 370.000– otra parte sustancial se dirigió sin duda a PODEMOS. Esto no es sorprendente. En 2011-2012 el PP se proveyó de cientos de miles de votos de trabajadores desesperados y de otros sectores recién despiertos a la política, tras su amarga experiencia con el gobierno de Zapatero, que ahora se han convencido del engaño de la derecha y han girado abruptamente a la izquierda.

La victoria del PSOE

Hay muchos activistas de PODEMOS y de la izquierda en general, dentro y fuera de Andalucía, que no comprenden las razones de esta victoria del PSOE y han sacado conclusiones amargas –y muy equivocadas– de estos resultados. Pero como dijo León Trotsky: cuando no queda más remedio hay que pensar.

Algunos habían establecido comparaciones prematuras entre el destino que le aguardaba al PSOE y la situación actual de colapso del partido socialista griego, el PASOK. Pero hay una diferencia fundamental, y es que el PSOE aún no se ha coaligado con el PP en un gobierno de “unidad nacional”, a diferencia del PASOK, quien tras el desastroso gobierno de Papandreu pasó tres años en coalición con el partido de derechas, Nueva Democracia, aplicando una brutal política de ajuste y empobrecimiento masivo que lo ha conducido a la irrelevancia política. Muchos activistas en la izquierda creían, equivocadamente, que el proceso político en España marchaba al mismo nivel que en Grecia, y no es así por el momento.

Es cierto que Andalucía tiene las tasas de desempleo más altas del país y cientos de funcionarios de la Junta de Andalucía están implicados en numerosos casos de corrupción. Pero estos no son los únicos factores que cuentan para cientos de miles de trabajadores andaluces.

En realidad, es pura demagogia pretender que un gobierno de la Junta termine por sí solo con las elevadas tasas de paro de la región. Es un problema estructural que hunde sus raíces en el atraso económico de la región y en el carácter atrasado y mezquino del empresariado andaluz, que ocupa su lugar dentro de la división del trabajo operada durante décadas y siglos en el Estado español.

Una verdadera política de izquierdas desde la Junta, con los recursos limitados que puede manejar, podría introducir algún paliativo aquí y allá y reducir uno o dos puntos esa tasa de desempleo. Tampoco hay a la vista un crecimiento económico significativo que ayude a reducir sensiblemente el desempleo, debido a la profundidad de la crisis global. Por ello, sin la expropiación de la gran propiedad agraria, financiera e industrial de las burguesías andaluza y española, unidas por lazos económicos indisolubles, y el establecimiento de un plan centralizado de producción, bajo el control de los trabajadores, es imposible acometer una transformación integral de la economía andaluza que ponga las bases para la solución de los acuciantes problemas que agobian a la región. Por tanto, solucionar los problemas endémicos del atraso económico andaluz pasa necesariamente por la colocación, al mismo tiempo, de un gobierno de izquierdas en Sevilla y en Madrid que apliquen una política auténticamente socialista.

Sí, está la corrupción, pero ¿qué hacer? La mayoría de la clase trabajadora es consciente de que los políticos del PP son tanto o más corruptos aún, son los ricachones de toda la vida, y odian a los trabajadores y sus derechos.

Esto es lo que explica que casi 1,4 millones votaran al PSOE, pero lo hicieron sin ningún entusiasmo. Fue un voto-refugio contra la derecha que gobierna en Madrid y que aplica una política que ha sido una pesadilla para las familias obreras. Una política que tiene más efecto en las condiciones de vida de las masas trabajadoras andaluzas que las políticas de un gobierno regional como la Junta de Andalucía, y lo mismo pasa en el resto del Estado. El voto al PSOE fue un voto procedente en su práctica totalidad de la clase obrera con la esperanza de conservar las conquistas sociales que quedan, como prometió Susana Díaz en su campaña electoral, y la confianza de amortiguar la ofensiva de la política antisocial y represiva del PP tras las instituciones andaluzas. Al mismo tiempo, acuciada por el miedo a PODEMOS, la demagogia de Susana Díaz se disparó a mil durante la campaña electoral, y un sector significativo de la población estuvo dispuesto a darle una última oportunidad. Para miles de activistas sociales y de izquierdas esta decisión, con toda razón, no es la solución adecuada. Pero ¿qué alternativas había a la izquierda del PSOE?

La dirección de IU ha tenido una gran responsabilidad en esto, al ayudar a restaurar la autoridad del PSOE otorgándole un barniz “izquierdista” a sus dirigentes, al suscribir con ellos un pacto de gobierno de coalición durante 3 años que aún, de manera increíble, siguen justificando después de su descalabro electoral el 22 de marzo. Pero si dos partidos que se reclaman de izquierdas muestran una política similar, es lógico que la mayoría vote al partido más grande y con mayores posibilidades de vencer a la derecha.

Por su parte, PODEMOS recogió en estas elecciones una parte muy importante del desencanto popular con las políticas del PSOE y del sentimiento de odio hacia el PP. Sin duda, sus votos –junto con los de IU – representan al sector más avanzado de la clase obrera y de otros sectores populares de la sociedad andaluza. Pero, pese a la extensión del sentimiento de indignación y de ruptura con el régimen establecido y sus partidos, y de la simpatía innegable que PODEMOS despierta en capas muy amplias de la población, aún es una formación muy nueva en Andalucía, sin tradición, con un aparato poco desarrollado, con raíces incipientes, y sin apenas dirigentes conocidos y con autoridad de masas en la región. Al mismo tiempo, PODEMOS está sometido al ataque más despiadado desde los medios de comunicación de masas. Es lógico que, en estas circunstancias, un sector muy amplio de las masas trabajadoras, menos desarrollado políticamente y que necesita atravesar por más experiencias, haya optado sin gran entusiasmo por lo “malo conocido”. Lo que es indudable es que si las expectativas depositadas en el PSOE no se cumplen, entonces tanto Susana Díaz como su partido lo pagarán caro en Andalucía.

Y aún así, el declive del PSOE en Andalucía es innegable. Como decíamos, el PSOE perdió más de 100.000 votos en estas elecciones y bajó 4 puntos. Es significativo que esta bajada de votos del PSOE se produzca después de que en las anteriores elecciones andaluzas de 2012 el partido ya hubiera sacado el segundo peor resultado de su historia en Andalucía hasta ese momento (39,6%).

Y si el PSOE ha mantenido los 47 escaños conseguidos en el 2012 pese a su retroceso en votos y porcentaje de votación, fue debido a la injusta Ley d’Hont que se utiliza para designar el reparto de escaños. En estas elecciones, los cálculos matemáticos de la ley le favorecieron especialmente por la caída en picado del segundo, el PP, y por la menor subida a la esperada del tercero, PODEMOS. Por pura suerte matemática, el PSOE resolvió a su favor el duelo por el último diputado en casi todas las provincias andaluzas.

En estas circunstancias, no deja de ser ridículo cómo han celebrado los dirigentes del PSOE y los medios burgueses esta victoria del PSOE. El diario El País tituló su portada como “Sólida mayoría para Susana Díaz”. Parece que hubiera ganado una mayoría absoluta aplastante, cuando en realidad el PSOE ha conseguido el peor resultado en Andalucía en los casi 40 años de “democracia”. Eso da una medida del pánico que les envuelve ante lo que ven como amenaza para la estabilidad de su sistema: la emergencia de un movimiento político como PODEMOS.

Ciertamente, Susana Díaz “salva los muebles”, al mantener los mismos diputados, pero previsiblemente gobernará con muchas mayores dificultades, pues los que deseaban gobernar con ella (los dirigentes de IU), no le podrán dar apoyos suficientes. Se queda a 8 escaños de la mayoría absoluta y está obligada a pactar hasta la más mínima medida para gobernar.

El voto de CIUDADANOS

CIUDADANOS consigue el 9,2% inflado por los medios y el régimen, como su recambio seguro frente al declive del PP. Su base de votos vino en lo fundamental de la derecha (PP, UPyD) y de la clase media acomodada. Habrá que pasar por la experiencia de esta formación derechista, camuflada con un progresismo superficial, hasta que pise el palito -que lo pisará- y muestre su verdadera faz.

Izquierda Unida

IZQUIERDA UNIDA (IU), con el 6,9% obtenido en la zona del Estado donde tiene su mayor base social de apoyo, pagó duramente su pacto de gobierno con el PSOE, del que fue echada ignominiosamente y sin honor, y consigue como premio el peor resultado de su historia en Andalucía. Ahora no vale que algunos de los dirigentes andaluces de IU se lamenten de su grave error ¡No les faltaron advertencias!

Se confirma así que el pacto fue un desastre para la coalición que se había fijado la tarea de encabezar la REBELION. IU, cuyos dirigentes se hicieron corresponsables de una política de “resistencia” frente al PP que sólo convenció a los votantes del PSOE, política que sólo era del gusto del 10% del censo en la última encuesta del CIS.

A IU la hundieron sus dirigentes y el descalabro no fue mayor porque la salvaron sus bases en los pueblos y en barrios obreros, sobre todo en Córdoba, Málaga y Sevilla. 

La rueda de prensa de su candidato, en la noche electoral, Antonio Maíllo lo dice todo, sin una explicación seria y consecuente de su fracaso. “…En la campaña nos hemos sentido queridos por la gente…” decía en su exposición, sin exponer de partida que fue un error su entrada al gobierno con el PSOE, lo que finalmente tuvo que reconocer ante las reiteradas preguntas y comentarios de los periodistas. Su respuesta, entonces, más que a explicación, sonó a justificación: “es una constatación en la valoración de los ciudadanos de que fue un error nuestra participación en el gobierno”, para apostillar inmediatamente que: “…nosotros, en el ámbito de la gestión concreta estamos contentos de lo que se ha hecho, pero es evidente que no lo han visto así los ciudadanos, y si no lo han percibido ha sido porque fue un error…”.

Los dirigentes de IU sacrificaron la organización, y la mayor parte de lo mejor de su militancia, y a cientos de miles de votantes, por los intereses y el bienestar material de los integrantes de su aparato ¿Quién paga este error? ¿Acaso se irán los compañeros Maíllo y Castro a su casa a purgar ese error? No parece que lo vayan a hacer. Deberían tener un sentido de la dignidad y dimitir. Se impone la convocatoria una asamblea regional extraordinaria que elija una nueva dirección que aplique el mensaje que Julio Anguita transmitió a la militancia de IU en el mitin de Málaga: ningún pacto con el PSOE y tender la mano a PODEMOS y demás movimientos sociales emergentes.

Los resultados de PODEMOSpodemos

PODEMOS, acosado durante meses como un animal de caza por los medios y todo el arco político, marginado desvergonzadamente de los espacios de propaganda electoral, sin apenas recursos ni aparato, ha quedado tercero y obtiene un muy buen resultado partiendo de cero (14,8%). Eso prueba que ha echado hondas raíces en un sector creciente de la clase obrera y sectores empobrecidos de las clases medias. Su voto ha procedido de ex-votantes de IU, del PSOE, del PP como explicamos al principio, y de votantes nuevos procedentes de la abstención en convocatorias electorales anteriores.

En general, el voto a PODEMOS fue más rotundo en los pueblos de más de 20.000 habitantes, periferias y zonas urbanas.

PODEMOS ganó en la ciudad de Cádiz y algunas ciudades importantes, como Puerto Real, y superó el 20% de los votos en poblaciones gaditanas tan significativas como San Fernando, El Puerto de Santa María o Trebujena. Quedó en segundo lugar en la mayoría de los barrios obreros de la ciudad de Sevilla (Cerro de Águila, Rochelambert, Torreblanca, Parque Alcosa, Macarena Norte), y en muchas poblaciones obreras y jornaleras de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Granada. En Málaga, quedó a unos cientos de votos de ser la segunda fuerza política en el distrito más populoso de la ciudad, Carretera de Cádiz, así como en las “ciudades dormitorio” anexas a la capital: Torremolinos, Rincón de la Victoria o Alhaurín de la Torre. Todo esto refleja la fuerte composición del voto de clase de PODEMOS.

También hay que resaltar que el voto combinado PODEMOS+IU en toda la región sumó cerca del 22%, el mayor porcentaje obtenido nunca en Andalucía por fuerzas situadas a la izquierda de la socialdemocracia. Dicha suma supera al PP en las provincias de Sevilla y Cádiz con el 23,60% y el 25,50%, respectivamente.

¿Podía haber crecido más el voto de PODEMOS?

No obstante lo anterior, hay que reconocer que este resultado no colma las expectativas de los votantes y simpatizantes de PODEMOS.

Antes expusimos algunas razones que pueden explicar esto, como la falta de inserción social de PODEMOS en Andalucía, debido a la juventud de esta formación política, y la carencia de cuadros políticamente relevantes a nivel andaluz – con la excepción de Teresa Rodríguez- en una fuerza joven necesitada de un debate político vibrante en sus estructuras.

A esto habría que añadir que quizás hubo un exceso de confianza en sus dirigentes nacionales quienes, sin pretender hacer mucho más de lo realizado durante la campaña electoral, esperaban obtener resultados muy superiores a los finalmente conseguidos.

Esto refleja una aproximación algo superficial a la realidad andaluza y la falta de una suficiente visión de clase de la misma. No es cierto que este voto insuficiente a PODEMOS se deba al llamado “voto clientelar” del PSOE, como se ha popularizado desde hace años dentro y fuera de Andalucía. Ni tampoco, como planteó el compañero Íñigo Errejón en la noche electoral en el canal de TV La Sexta, al predominio de una población rural en la región (que no la hay) ni al peso numérico de la población de edad avanzada (lo contrario es la realidad), que supuestamente son resistentes a los cambios. Está aquí el peligro de culpar a la gente por unos resultados electorales que, pese a todo, no fueron nada malos.

Lo cierto es que, aunque les cueste aceptarlo a los compañeros dirigentes de PODEMOS, Andalucía acaso sea la zona del Estado donde más rechazo y sospechas despierta el discurso de “ni izquierda-ni derecha” entre “los de abajo”, y no tiene ningún rédito electoral, si es que lo tiene en algún sitio. Por eso Susana Díaz no duda en enfundarse su vestido de “izquierda” a la menor ocasión.

La realidad es que la franja electoral de la derecha es más limitada en Andalucía que en otras zonas del Estado, por la ausencia de una clase media propietaria numerosa, por la alta proletarización de la población, y por el atraso económico de la región que conduce a una mayor desigualdad social y explotación, y a un sentimiento muy agudo y arraigado de injusticia social y de odio de clase. La suma de votos PSOE-PODEMOS-IU, que comparten la misma base social de apoyo en las familias obreras y sectores de clase media empobrecidos o progresistas, superó el 57% en toda Andalucía en estas elecciones. En numerosas ciudades y pueblos andaluces, es común encontrar cifras de apoyo para la izquierda que escalan a un asombroso 70%, 80%, 90% y más.

Los dirigentes de PODEMOS deben sacar las conclusiones correctas y entender las profundas raíces sociales e históricas que tienen el rechazo y el odio a la derecha en la clase trabajadora andaluza. Por eso no tuvieron en cuenta la habilidad y demagogia de los dirigentes socialistas cuando levantaron el espectro ante la población de: “Nosotros o la derecha”, para oponerle una alternativa adecuada.

Además de eso, para enfrentarse a la máquina electoral del PSOE en Andalucía en las condiciones dadas, se necesitaba la máxima implicación posible de los dirigentes nacionales de PODEMOS con mayor autoridad de masas (especialmente del compañero Pablo Iglesias), y esta implicación se echó en falta en los mítines centrales de las ciudades más importantes, en particular en la última semana de campaña; con la excepción del extraordinario mitin final en Dos Hermanas, el mayor de toda la campaña andaluza con 15.000 participantes, cuando ya era un poco tarde.

Incluso un mitin tan importante, como el de Málaga, donde sí participó el compañero Pablo, estuvo mal organizado lo que le restó asistencia popular, al convocarse un sábado a la 1 de la tarde, un horario donde aún hay gente que trabaja o coincide con la hora de almorzar. Lo adecuado hubiera sido haberlo convocado por la tarde, lo que hubiera permitido que en lugar de los 3.000 asistentes que participaron, lo hubieran hecho 6.000 u 8.000 personas sin gran dificultad.

Un mejor diseño de campaña, en las líneas expuestas, que puede disculparse por la falta de experiencia en campañas de este tipo y lo limitado de sus recursos, seguramente le hubiera asegurado a PODEMOS una audiencia de masas todavía mayor a la conseguida.

Lo que sería un grave error es deducir de estos resultados, como ha insinuado el profesor y economista Juan Torres –una referencia para los máximos dirigentes de PODEMOS– que el problema es que PODEMOS asusta porque tiene una apariencia o discurso demasiado radical. Así Torres escribe: “Será difícil que [PODEMOS] avance mientras no se abra más en lugar de enrocarse en sí misma, en sus sectores más a la izquierda” (Mi reflexión sobre las elecciones andaluzas, 23/03/2015). Es un error tratar de buscar atajos imposibles para alcanzar un mayor apoyo popular, aguando el programa y el discurso. Esto sería suicida para PODEMOS, al desdibujar su línea de demarcación política. Frustraría las aspiraciones por un cambio real de millones, y al mismo tiempo despertaría sospechas y desconfianzas en sectores recién incorporados a la actividad política por los zig-zags, medias tintas, vacilaciones y contradicciones en la línea política de PODEMOS. Para conquistar el apoyo de sectores más amplios de la clase trabajadora y de la clase media empobrecidos no hay atajos, salvo explicar pacientemente las propuestas y el programa, y confiar en que la experiencia los empuje hacia nuestras posiciones.

Perspectivas y tareas

No obstante todo lo anterior, estas elecciones andaluzas fueron muy particulares, como ya expusimos; en el sentido de que la sensación que dominó a la mayoría de la clase obrera era parar al PP, utilizando en gran medida al PSOE, al que se identifica de alguna manera con ciertos avances sociales habidos en las últimas décadas en la región.

La derecha y la socialdemocracia del PSOE se equivocan seriamente si pretenden trasladar mecánicamente los resultados de estas lecciones autonómicas al posible resultado y comportamiento del electorado andaluz en unas elecciones generales.

Cientos de miles que hoy votaron al PSOE para castigar al PP, votarán masivamente a PODEMOS como la manera más útil de cambiar la realidad española. La razón es clara. En Andalucía, Susana Díaz puede permitirse el lujo de defender con énfasis el “estado del bienestar andaluz” porque lo presenta como que está bajo la amenaza del PP desde Madrid; y puede hacer pasar sus recortes como un “imperativo legal”, pero suavizados. Pero la dirección socialista no podrá hacer el mismo énfasis en la defensa de un estado del bienestar para todo el Estado y con políticas sociales de calado que ha estado destruyendo junto con el PP; una dirección, como la del PSOE, que por “sentido de la responsabilidad y de Estado” no puede oponerse a las políticas de austeridad que marca Merkel ni abrazar políticas “populistas” como las de PODEMOS o SYRIZA.

Por eso, y ha sido nuestra percepción en esta campaña electoral, cientos de miles de trabajadores andaluces se dirán: “Voté sin entusiasmo a Susana Díaz para ver si mantiene lo poco que tenemos, como dice, mientras esté el PP en Madrid; pero en las elecciones generales votaré a PODEMOS, ya que no confío en unos ni en otros, y es la única esperanza real de cambio”.

De ahí que quien trate de extrapolar mecánicamente el 15% de apoyo obtenido por PODEMOS en las elecciones andaluzas a un 15% para las elecciones generales de noviembre en esta misma comunidad, se equivoca seriamente; y por tanto, la militancia y la amplia red de simpatizantes de PODEMOS no deberíamos sentirnos defraudados en absoluto con estas elecciones andaluzas, pese a que partíamos de expectativas iniciales más elevadas.

Debemos ver nuestros 15 diputados en el parlamento andaluz como una base extraordinaria para incrementar nuestro apoyo social, utilizando el parlamento como una gran caja de resonancia para hacer llegar nuestro programa y propuestas a capas cada vez más amplias de la región, y a nivel estatal. Presentando propuestas contra los desahucios, para ampliar el presupuesto para educación y sanidad, para reducir los gastos de dietas y de representación, etc. y así instar a PSOE y CIUDADANOS a que las voten, y si no lo hacen quedarán expuestos como lo que son, acelerando la experiencia de las capas más vacilantes y retardatarias de la población para ganar su confianza y apoyo. No hay por tanto nada que perder, y si todo que ganar.