Añez y el programa del MAS: del golpe a la pandemia


El Movimiento Al Socialismo sigue siendo el partido de mayoría relativa en nuestro país y el principal entre sectores populares, hecho ratificado por las encuestas de las suspendidas elecciones de mayo, y el principal referente político para la mayoría de la burocracia sindical de la COB. Las razones para aquello son entendibles desde la perspectiva de las masas y tienen a que ver tanto con la relativa mejora de las condiciones del pueblo pobre y trabajador experimentada durante las gestiones de Evo, como con el carácter golpista y burgués del actual gobierno.

Como marxistas consideramos que las ilusiones de este partido en la posibilidad de reforma del Estado burgués y de regulación del capitalismo lo han sacado del gobierno. Analizamos el resultado del 20 de octubre como la consecuencia de las concesiones que Evo y el MAS hacían a multinacionales y empresariado nacional, a su vez producto de estas ilusiones, que solo podían ahondar la degeneración burocrática y bonapartista (de estricto control policíaco sobre la actividad y la organización de las masas) del gobierno además de aminorar los avances políticos y sociales a los cuales contribuyó este partido.

Fuimos los únicos en alertar sobre el inminente golpe militar y mantuvimos una política de frente único con el MAS basada en propuestas de lucha concreta contra el imperialismo y la burguesía nacional y sus poderíos económicos, para separar la base popular del movimiento contra Evo de su dirección (revise los artículos y volantes publicados entonces en nuestra web). Evo y sus ministros en cambio mantuvieron una ciega confianza en las FFAA, la OEA y la burguesía nacional que pensaban conquistada gracias a la “responsabilidad” demostrada al lucro capitalista a costa de los reclamos del pueblo. Así las FFAA, la OEA y la burguesía nacional treparon sobre movilizaciones sociales confusas llevando a cabo el golpe.

Por esto los trabajadores necesitamos una herramienta política propia y sindicatos democráticos e independientes con respecto al Estado y los gobiernos de turno. El programa presentado el 15 de abril por el candidato Luis Arce para hacer frente a la pandemia y sus consecuencias lo confirma. Bajo el rótulo “Primero la vida”, el documento puesto en circulación por el MAS abarca cuestiones que van desde la emergencia sanitaria, al papel de los medios de comunicación, desde los efectos económicos, sociales y medioambientales de la crisis hasta la justicia y la política internacional. Sin embargo, repitiendo muchos de los errores que sacaron a la fuerza a este partido del gobierno.

Las cuestiones política

Es un hecho positivo y seguramente rescatable que Arce en este documento ha abandonado su propuesta inicial de emplear las FFAA en tareas de abastecimiento y cuidado en la cuarentena. A este cambio de perspectiva aporta significativamente, como se lee en el texto, el fenómeno de las ollas comunes y de la autoorganización popular a la cual militantes de base del MAS están contribuyendo activamente. La entrega de camiones de fruta desde el Chapare hasta barrios y municipios pobres es prueba de aquello. La represión del gobierno que están sufriendo los productores del Trópico activos en estas medidas demuestra la necesidad que estas iniciativas sean sostenida por una estructura capaz de alcanzar los radios urbanos y armada de herramientas de luchas eficaces incluso en cuarentena para hacer razonar al gobierno. Esta herramienta es la huelga y este sujeto es la clase trabajadora a cuya fuerza concreta el MAS sigue prefiriendo el paternalismo hacia los “más humildes”.

Como hemos señalado desde un principio, el llamado a las FFAA no contradice al gobierno que sobre las FFAA y su papel se rige. Añez, de hecho, ha desplegado 48 mil militares a lo largo y ancho del país, castigando con particular vehemencia a las zonas de mayor oposición a su gestión, aunque la indisciplina a la cuarentena fue a un principio general. Su gobierno no hubiera resistido a un contagio descontrolado en el país, por esto dictó de inmediato las medidas de cuarentena. Luego, combinando fuerza pública, limosnas, manejo exclusivo de la información y gestión autoritaria de la cuarentena, apoyada en el temor general a un contagio masivo, está logrando salir temporalmente fortalecida.

Se puede opinar que este no es el momento para lanzar la consigna de la renuncia de Añez. Seguramente si esta consigna no apoyara en la autoorganización popular caería en el vacío. Por esto es tan importante que esta autoorganización reciba el mayor impulso y la fuerza de la clase trabajadora. No debemos olvidar además que, a pesar de todo, Añez no estaría donde está si no hubiese “pacificado” el país con acuerdos con la bancada del MAS y la COB. Es decir: si el MAS no hubiera decidido sacrificar cualquier principio a una unidad meramente electorera de su partido y la burocracia de la COB no fuese tan indigna como denunciamos desde el momento mismo de su elección.

Es por esto que destacamos el diferente enfoque de la propuesta del MAS frente a la pandemia con relación a las primeras salidas de Arce. Sin embargo un partido no se puede mantener unido con la carpicola. Las cuestiones políticas deben ser resueltas y la situación exige una clara definición de clases. No tiene sentido que Arce denuncie el uso excesivo de la fuerza pública cuando gobernadores y alcaldes del MAS, en Oruro, Huanuni, Potosí y hasta el Chapare, piden militarización de los territorios que administran. Incluso apostando todo a las elecciones, poner “a disposición de todos” estas propuestas como se escribe en el documento, significa ponerlas “responsablemente” a disposición de Añez y sirve no a armar con la acción la crítica a su gobierno, sino darle, nuevamente, legitimidad.

La emergencia sanitaria

El documento empieza con un prólogo en el cual se detallan sucintamente algunas de las consecuencias dramáticas de esta pandemia sobre la pobreza y el empleo a escala mundial y en nuestra región. La afirmación polémica que se hace, según la cual “ningún sistema sanitario del mundo estaba preparado para hacer frente a la enfermedad”, pero “algunos países empezaron a tomar medidas” ya desde entonces, es objetivamente falso como información y se dice solo para intentar descargar sobre los golpistas y sus tres meses de gobierno el abandono del sistema de salud que se mantuvo por los 14 años de gobierno del MAS. Sin embargo, así se encubren las verdaderas responsabilidades de Añez y su gabinete. Arce pierde de esta manera la oportunidad de evaluar autocríticamente el fracaso del MAS para con la salud y de proponer un cambio de ruta.

En todo el documento brilla por su ausencia una posición clara sobre el tema de la cuarentena. Esto es un flaco favor a Añez y su gobierno, que siguen acusando al MAS de conspirar contra la salud pública. Pero, sobre todo, deja desprotegidos a centenares de trabajadores como los de Mabel o Sofia donde la producción no se ha detenido pese a a los casos positivos al virus entre el personal. Los trabajadores junto a los adultos mayores somos las primeras víctimas del contagio, en Bolivia incluso más que en el resto del mundo. La producción no esencial debe ser detenida y comisiones de trabajadores debemos tener la facultad de cerrar empresas, sin afectación al empleo o al salario, donde se registren casos de contagio hasta el saneamiento de las plantas. No decir esto significa priorizar la atenuación del impacto económico del coronavirus por encima de la vida, es decir asumir la misma lógica de los capitalistas.

En el acápite “emergencia sanitaria”, se hacen muchas propuestas, algunas razonables – equipamiento de hospitales, laboratorios y dotación de equipos de bioseguridad al personal de salud etc. – otras ambiguas o contradictorias. Se habla por ejemplo de un manejo coordinado, entendemos centralizados, de los subsistemas de salud – público, privado y seguridad social (las Cajas) – pero ¿bajo qué criterios? Se propone obligar las clínicas privadas a recibir pacientes de COVID 19 y que las pruebas realizadas en laboratorios privados sean gratuitas, pero esto sería para los pacientes, no para el Estado. De hecho, más adelante, se propone “establecer líneas de crédito para las clínicas y hospitales privados”.

La primera paciente recuperada de COVID 19 fue curada en la Clínica Foianini de Santa Cruz. Como escribimos en otras páginas de esta revista el 60% de las 430 camas de terapia intensiva, de las más de 1200 que requerimos en tiempos normales, son privadas así como 9 de los 11 laboratorios donde es posible realizar pruebas. Protegiendo la salud privada, el MAS se apoyó a la seguridad social, las Cajas, para dar atención médica especializada, con el resultado de causar un colapso, médico y económico, en esta y confrontarse con los sindicatos. Coordinar con las clínicas privadas como proponen ahora, supone deudas que llevarían a perseguir en los mismos errores.

No hay propuesta por la creación inmediata de ítems, tema evidentemente espinoso para el candidato Arce. Para los salubristas de Patacamaya y Montero, contagiados y algunos muertos trabajando sin ninguna seguridad laboral, no es suficiente la propuesta, en sí justa, de conformar brigadas médicas con estudiantes universitarios. No es negando lo que se hizo mal que se lo corrige. Por último ninguna de las propuestas que se hacen sobre el manejo sanitario de la emergencia expone la mala política del gobierno de Añez y ofrece una real alternativa. Ítems inmediatamente, una campaña masiva de tests, nacionalización de las camas hospitalarias de la salud privada, son las medidas más urgentes sin las cuales la dotación de equipos de bioseguridad y todo el resto pierde eficacia frente a la pandemia.

La crisis económica

La mayor parte del documento está dedicada a política sociales y de reactivación económica. La pandemia ha dado a la derecha la posibilidad de liberarse del estigma de ser los contrarios a los bonos, así Arce propone elevar la cuantía de los bonos promulgados por Añez. Estamos absolutamente de acuerdo con garantizar un ingreso digno a todas y todos; de hecho, incluso los 2000 bolivianos que propone Arce, por debajo del salario mínimo, nos parecen insuficientes. Pero el punto realmente dirimitorio, el que hace la diferencia en la lucha de clases que la crisis desencadena, es ¿quién tiene pagar todo esto y cómo?

Al respecto el documento del MAS propone diferentes fuentes de financiación para sus planes de reactivación económica, que incluyen no solo los bonos sino también líneas y facilidades de crédito a las empresas de todo tipo. Se propone no pagar las deudas públicas con vencimiento a 2020 y 2021 y un impuestos a las grandes fortunas; sin embargo al mismo tiempo se propone contraer nuevas deudas con organismos internacionales, justo cuando los golpistas negocian un préstamo de 320 millones de dólares de deuda con el FMI (que representan un tercio de todo lo que han decretado invertir) y otro con el BM. Se habla de repatriar capitales, lo cual solo sería posible o nacionalizando el sistema financiero, la banca privada, o, alternativamente, otorgando algún tipo de incentivo a los poseedores de estos capitales, es decir ofreciéndoles lucros y ventajas. Se propone imprimir moneda desde el BCB y al mismo tiempo se asume la propuesta de los empresarios privados de utilizar el 10% de los fondos de la AFP para la reactivación económica.

Dejando de lado otras propuestas de carácter más demagógico como la reducción salarial de los funcionarios públicos, este plan económico carga el grueso de su peso financiero sobre el hombro de la clase trabajadora. Las deudas cuyo pago Arce pretende suspender ahora, se pagarían después y, frente a la recesión mundial, las políticas monetarias expansivas que propone podrían fácilmente desembocar en una estanflación, es decir una combinación de recesión económica y aumento de precios, como en los años ‘70 y ‘80 o, en cierto sentido, como últimamente en Venezuela. De hecho con una reducción de entre el 45 y el 75 por ciento de la renta petrolera, imprimir moneda nos lleva directo al mismo desastre de la economía venezolana.

El problema de esta crisis no es monetario o de falta de liquidez que pueda ser “curado” con políticas moderadamente expansivas como las que caracterizaron las gestiones de Arce con Evo. Si el precio del petróleo ha llegado al absurdo de que los vendedores deberían pagar 37 dólares por barril a quien lo compra, es porque la sobreproducción es tanta que no hay ni siquiera donde almacenar el crudo.

La pandemia ha hecho estallar contradicciones latentes del capitalismo que han creado sobreproducción, subconsumo, especulación, infrauso de la capacidad productiva etc. Esto porque mientras la economía capitalista puede crecer ilimitadamente, su base social, el régimen de explotación del trabajo que crea el lucro, se lo impide. Más que un programa para salvar a la clase trabajadora de la catástrofe inminente, el de Arce parece un programa para salvar el capitalismo de su propia implosión. Necesitamos nacionalizar y administrar democráticamente las palancas fundamentales de la economía.

La relación con la burguesía

Arce, por ejemplo, sostiene que no se deba parar la cadena productiva de alimentos y que se deben condicionar los créditos a las empresas al mantenimiento de la misma planilla laboral y al aumento de la producción. Una multinacional como ALICORP, dueña de PIL y de casi todas las aceiteras ¿aumentaría la producción sin poder exportar a un mercado mundial estancado o cerrado en el proteccionismo? Pero claro que no, con consecuencias desastrosas para toda la cadena productiva de alimentos. Algo similar está pasando con los avicultores. De hecho, con el candor de los que son impunes, el ejecutivo de la CAINCO Hurtado, entrevistado por El Deber ha sido claro, cuando dijo “van a haber despidos, de hecho, ya los hay…. La realidad como la conocíamos va a cambiar”.

La producción no ha parado, excepto que en las minas estatales y en actividades como turismo y restaurantes. Es ley del capitalismo que las crisis arruinan a las pequeñas actividades al margen de la grande producción y de hecho incluso en el comercio sucede algo así, con ambulantes y pequeños comerciantes en ruina y supermercados en su auge con las empresas de entrega domiciliar. En la agricultura pasa lo mismo: la agricultura comunitaria se ve afectada por la falta de mano de obra que suelen proporcionarle los que viven establemente en ciudades y vuelven a sus pueblos solo para cosechas. Pero la gran producción agroindustrial no se vio afectada. De hecho en Santa Cruz “entre el 1 y el 15 de abril se han identificado 463 focos de quema [chaqueos] en el departamento. El promedio histórico para este mes es de 292” (El Deber 16/4/2020)

La prohibición a la exportación de cuotas crecientes de materias primas agrícolas que están adoptando muchos países como Rusia etc., ya ahora está causando una reacción en cadena en el suministro de alimentos para humanos, alimentos para animales etc. Durante sus 14 años al gobierno el MAS trató la cuestión agraria en el país desde una perspectiva democrático-burguesa, repartiendo tierras fiscales y proporcionando una serie de incentivos a las pequeñas propiedades campesinas. Pero, como casi el 70 por ciento de la producción agrícola del país es de corte capitalista, es decir basada en mano de obra asalariada, esta política no levantó a las pequeñas unidades campesinas, incapaces de competir con la producción a gran escala de países vecinos, no frenó la creciente dependencia del país de la importación de alimentos y solo trajo consigo corrupción a todos los niveles estatales y en las organizaciones campesinas.

Así el gobierno del MAS empezó un proceso de acercamiento con los agroindustriales del país, tratando de fomentar su producción y exportaciones ante la caída del precio del petróleo y minerales. Se otorgaron facilidades de todo tipo, sobre derecho propietario, cuotas de exportación, seguridad jurídica etc., con la condición que la tierra produjera alimento. Y, como no podía ser diferente, la importación de alimentos ha crecido del 120 por ciento en volumen y del 113 por ciento en valor entre 2015 y 2019. Solo uno ha sido el efecto de estas medidas: que los agroindustriales se involucraron activamente en la caída de Evo. Ahora, frente a la tormenta que se avecina, necesitamos un programa revolucionario para modernizar y racionalizar la producción agrícola, basado en la expropiación del latifundio y la conformación de empresas públicas de alimentos administradas por los hoy obreros agrícolas, y programas de incentivos a la asociación entre pequeños productores.

La táctica del Frente Único

Todo esto demuestra que necesitamos una herramienta política propia de los trabajadores pero: ¿qué debería de hacer este partido si ya existiera con el MAS y su programa? Lo diremos diciendo que debería hacer la COB. Sostener el programa que le propone negociar la concesión al empresariado de los aportes a las AFP sería desastroso y contrario a los intereses de la clase trabajadora, pero al mismo tiempo negarse a apoyar una renta asegurada para todos en esta pandemia, la alejaría de las exigencias de las masas e impediría a estas últimas de tomar conciencia de las limitaciones de lo que propone el MAS.

La COB debería contribuir a que sindicatos obreros y campesinos, en coordinación con juntas vecinales y OTB, organicen la vigilancia sanitaria y el abastecimiento y luchar codo a codo con el MAS para que se implementen las medidas sociales más avanzadas que este partido propone. Otro ejemplo: hacer propia la propuesta del MAS de prohibir los despidos organizando la toma de empresas que están despidiendo o amenacen con hacerlo. Es decir, proponer al MAS una lucha basada en un programa común en defensa de la vida y el empleo de la clase trabajadora y el pueblo pobre, preservando la libertad de crítica y acción.

Su mensaje debería ser el siguiente: “estamos dispuestos a apoyar a sus candidatos y a luchar hombro a hombro por todas aquellas medidas que nos permitan acabar con los privilegios que esta pandemia hace insoportables. Pero nosotros luchamos para acabar con la fuente de estos privilegios, para abrogar la división en clase de la sociedad, para no ser explotados, no para que se usen nuestros aportes para garantizar el lucro privado”. Esta es, en concreto, la política de frente único.