Balance de la movilización del 15 de octubre


En primer lugar, es de destacar su impacto internacional: más de 900 convocatorias en los cinco continentes en un mismo día, lo cual no tiene precedentes. Tomando como base la movilización en España, que es donde surgió el movimiento de los “Indignados”, dicho movimiento se ha propagado con acciones de masas, antes de la movilización del 15 de octubre, hasta el propio corazón de la bestia: en el seno de los propios Estados Unidos. A su vez, esto último ha tenido un efecto animador indudable en los días previos al 15-O, para empezar en la propia movilización española.

Con toda seguridad, más de un millón de personas se han manifestado en el Estado español el 15 de octubre en las más de 80 manifestaciones celebradas el sábado pasado. En prácticamente todos los casos, las cifras de asistencia han superado a las mayores manifestaciones del Movimiento 15 de mayo, las habidas en la jornada del 19 de junio.

De hecho, en diferentes ciudades, para recordar manifestaciones más multitudinarias habidas en los últimos años habría que retrotraerse a las manifestaciones contra la Guerra del Golfo de 2003, o a las provocadas por el trágico atentado de Al Qaeda de marzo de 2004.

Los números fueron impresionantes: medio millón en Madrid; más de 300.000 en Barcelona; ​​de 50 a 60.000 en Sevilla; 40.000 en Málaga; 35.000 en Valencia; 30.000 en Zaragoza; 30.000 en Granada; 25.000 en Mallorca; 15.000 en Vigo; 15.000 en Mieres (Asturias), 11.000 en Bilbao (según la policía)…

La manifestación en Madrid, al igual que en otras regiones, había sido precedida por un movimiento de huelga masivo de profesores convocados por los sindicatos, junto con tres manifestaciones  de masas, conjuntas de los docentes con los padres y estudiantes en defensa de la educación pública. Esto ha tenido un efecto indudable: es la primera vez en el último año y medio en que la cifra de manifestantes en Madrid supera ampliamente a la de Barcelona.

A las siete de la tarde había ya gente llegando al final de la manifestación, la Puerta del Sol. Pero a las nueve de la noche seguían llegando compañeros al lugar de la convocatoria inicial, en un recorrido, no tan largo, pero que, debido a su sobrecapacidad, tardaba en cubrirse casi dos horas. La imagen de la Puerta del Sol llena, mientras todavía hay cientos de miles llegando por la calle Alcalá es clarificadora al respecto:

El ambiente de optimismo, ilusión y ánimo ha sido tremendo. Claramente, era presente la necesidad de continuar con la movilización a un nivel superior.

Las consignas han sido más avanzadas que en la jornada del 19 de junio. El corresponsal del diario Público, narrando la manifestación de Sevilla, reflejaba muy bien el ambiente existente:

“…Al grito de ‘Tenemos la solución, los banqueros a prisión’, (…) miles de personas, la mayoría jóvenes, protestaron de nuevo, pancartas en mano, contra el sistema capitalista, los políticos y los banqueros…En la marcha había banderas blancas y verdes [las de la región andaluza], aunque ganaban por goleada los símbolos republicanos y la imagen del Che… La marcha también sirvió para colar reivindicaciones de organizaciones y grupos concretos. El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), por ejemplo, repartió folletos para protestar contra la “represión” contra sus militantes…”.

Si en mayo era generalizado decir “todos somos indignados”, ahora los compañeros norteamericanos han ido un paso más allá ¡Y qué paso! diciendo “somos el 99%”. Esta consigna introduce, aún más nítidamente, un elemento de clase evidente sobre quiénes se consideran a sí mismos los manifestantes, el 99% contra el 1%. Esto se va a profundizar aún más en las próximas semanas, sobre todo tras las elecciones del 20 de noviembre.

¿Y después de las elecciones?

Aunque todo el mundo se prepara para una victoria por goleada del PP que, casi con toda seguridad, será por una clara mayoría absoluta, la actitud que hay no es derrotista en absoluto ¡El PP va a ser saludado por un movimiento de masas que le va a recibir de pie, a cuerpo entero!

Por cierto, las últimas encuestas empiezan a mostrar nítidamente cómo IU duplica su intención de voto hasta acercarse al 8% del electorado, y aún puede subir más. Eso demuestra que hay una búsqueda de ideas, que se verá reforzada según la nueva generación que se alzó en la lucha empiece a ver acontecimientos, y más acontecimientos, y eso la lleve a reflexionar, a buscar un programa y una estrategia de lucha adecuada a las necesidades.

Las próximas semanas verán nuevos desarrollos de la movilización. Seguramente, DRY (Democracia Real Ya) haga públicas en los próximos días nuevas movilizaciones antes de las elecciones del 20 de noviembre. Ya hay convocada una movilización universitaria para el 17 de noviembre por parte de los estudiantes catalanes, movilización a la que, en este contexto, se añadirán probablemente la mayor parte de las universidades del país.

Después está la Jornada de reflexión del 19 y el mismo día de las elecciones, el 20. Por ley, está fuertemente prohibido manifestarse dichos días. Pero ya ha habido dos elecciones donde esta circunstancia no ha cohibido en absoluto al movimiento, y ahora no va a ser una excepción.

El PP ya ha anunciado sus intenciones privatizadoras en la educación pública. El programa de recortes (más bien de hachazos sociales) de Rajoy, que se cuida bastante de hacer público y explícito, será mostrado aceleradamente, a golpe de silbato del capital internacional acreedor, y de la burguesía española, parásita, que hundió al país entero en el lodazal del endeudamiento, y a ella misma antes que a nadie.

Muy probablemente, con una mayoría clara en todas las instituciones (regiones, municipios y gobierno central) intente aplastar violentamente al movimiento. Frente al carácter pacífico de las movilizaciones habidas hasta ahora, de repente se sucederán extraños conatos violentos… Será la señal para que las plazas sean despejadas con todo tipo de excusas y nos retrotraeremos a días aciagos que creíamos haber olvidado hace décadas.

Sobre esa base, el 15M, si quiere resistir, debe dirigirse al movimiento obrero organizado para tejer una alianza con la que plantar cara al Capital.

Lecciones sobre las que reflexionar

El tamaño del movimiento el 15O sorprendió a todos, empezando por los propios organizadores. La verdad es que, hasta entonces, había habido un decaimiento de la asistencia a las asambleas. Las cifras de asistentes a las manifestaciones del movimiento 15M, en septiembre y principios de octubre, también habían caído en relación a antes del verano.

Los días de mayo, junio y julio vieron la explosión del descontento desatado, que durante un tiempo se desparramó en las plazas, en las calles, en cualquier sitio donde pudo encontrar un canal de expresión, el que fuera. Hubo un derroche denodado de ansias de cambio, de voluntad. Después de las maravillosas manifestaciones del 19 de junio, la Asamblea de Valencia proponía al día siguiente una Marcha a Madrid 35 días más tarde, el 24 de julio. Evidentemente la fecha era muy mala, pero daba igual: muchas decenas de miles de personas se movilizaron en mitad del verano.

Inevitablemente, a mediados del verano, sobrevino una caída en la asistencia a todos los actos. Todo movimiento necesita un descanso, un respiro, también reflexionar tras hacer un ingente esfuerzo.

La asistencia a las asambleas fue de decenas de miles en el conjunto del Estado en las dos últimas semanas de mayo y mucha gente probó los límites que, con todo su ímpetu y voluntarismo, mostró la falta de dirección adecuada, dirección seria que no ofreció nadie, para empezar la izquierda organizada, que ha sido incapaz de ponerse de acuerdo a día de hoy para trazar una estrategia común en el seno del 15M…

La cuestión es que, desde septiembre, ya no solo convoca manifestaciones el movimiento 15M. La chispa del 15M, que ya había prendido en los trabajadores, arrastró a los dirigentes de CCOO y UGT a la movilización: en menos de un mes presenciamos tres manifestaciones de masas en Madrid contra los recortes educativos: de 50.000 a más de 100.000 asistentes. En otras ciudades sucedió algo parecido. En los hechos, un sector de la sociedad encontró el canal movilizador sindical a la hora de expresar su insatisfacción. Ya uno no solo se movilizaba con el 15M.

En estas circunstancias, cuando ¡Por fin! los dirigentes de CCOO y UGT estaban siendo obligados a convocar luchas por su base social, diferentes organizaciones ultraizquierdistas y anarquistas trataron oportunistamente de retorcer hasta su expresión menos avanzada determinadas consignas equívocas del Movimiento 15M, haciendo énfasis en la no convocatoria unificada con el movimiento sindical, lo cual no es solo un error, es un tipo de negligencia sectaria e irresponsable.

Los hechos son que el 15M decayó en ese contexto. Sin embargo, la gente, los trabajadores y jóvenes NECESITAMOS mostrar nuestro cabreo y frustración acumulados: por eso, centenares de miles obviaron asambleas interminables y discusiones procedimentales de todo tipo para centrarse en la fecha que estaba marcada desde hacía meses y que representaba los deseos de cambio colectivo, pasando de largo sobre la miríada de pequeñas movilizaciones convocadas hasta entonces, muchas de ellas animadas por elementos sectarios con el solo fin de no confluir con los sindicatos…, ¡Cuando finalmente los sindicatos estaban movilizando!

El 19 de junio, CCOO de Madrid apoyó la manifestación y también llamó a los jóvenes a asistir a las que habían convocado UGT y CCOO a la semana siguiente. Ahora, CCOO confederal (a nivel estatal) ha hecho lo mismo. Eso es muy positivo. UGT debería hacer lo mismo, al igual que algunos sindicatos nacionalistas en determinadas regiones, donde todavía no se pronunciaron al respecto.

Es una cuestión capital para la lucha de la inmensa mayoría en los próximos meses el que el 15M se sume al movimiento obrero, y el movimiento obrero al 15M: aquí también debemos de seguir el ejemplo de los compañeros norteamericanos que multiplicaron de esta forma su capacidad de movilización. El papel de puente que puede ejercer IU entre ambos movimientos es determinante, por eso la organización, IU, se debe de poner aún más al servicio de la lucha en este sentido. Convocatorias dispersas solo benefician a los dueños de esta sociedad contra los que luchamos. Juntos y organizados, podremos vencer.