Bolivia: Otra Huelga obliga a Evo escuchar al pueblo


Con las mismas características del error político cometido por el gobierno en diciembre pasado, cuando lanzó la medida inconsulta de aumentar el precio de los carburantes, a niveles anti políticos y antieconómicos llamado por el pueblo “el gasolinazo de navidad”, fueron necesarios paros, huelgas manifestaciones, acusaciones desmedidas del gobierno en contra del Movimiento Obrero, y al darse cuenta que el conflicto justificado de los trabajadores se le estaba escapando de las manos. Reculó con las medidas y dijo que  él “gobierna obedeciendo al pueblo” (frases bonitas atribuidas al comandante Marcos).

Estos días otra vez cuando la Central Obrera Boliviana (COB), como matriz de los trabajadores bolivianos, rechazan el aumento del 10 % determinado por el gobierno, y piden hablar con el Presidente que obedece al pueblo, se niega y sólo envía a negociar a sus ministros, actitud que fue rechazada por la COB y reitera el pedido de hablar directamente con el Presidente y seguidamente declara movilizaciones, paros y por último la huelga general indefinida, instrumento poderoso de los trabajadores en cualquier parte del mundo cuando es unitaria y combativa, pero que sólo debe ser usada en casos extremos de un conflicto en vías de agotamiento y cuyas salidas finales son imprevisibles. O sea una huelga general indefinida tiene un carácter insurreccional y dado las circunstancias y el momento político, considero que en este punto se le fue la mano a los compañeros de la COB.

Sin desmerecer lo justificado de sus pedidos, que no solamente es el rechazo al aumento salarial, sino que conlleva como no podía ser de otra manera, exigir medidas políticas y económicas que hagan sustentable y estable cualquier aumento salarial, pues aumentar salarios sin un verdadero control de precios y otras medidas colaterales para frenar la especulación de la empresa privada, sólo es una causal de inflación que obliga otra vez a volver a pedir aumento salarial.

Antes que el problema técnico del manejo de porcentajes, me interesa fundamentalmente, el tratamiento político del conflicto por parte del gobierno, que arremete contra los trabajadores al mejor estilo de los gobiernos neoliberales, manipulando cifras y estadísticas, de que no se le puede dar aumento de tanto dinero a un solo 15 % de la población, pero  no se dice que ese 15% de la población cuanto produce al Producto Interno Bruto del País (PIB).

Tampoco se aclara que ese porcentaje de pueblo asalariado son los que hacen posible que aflore y fluya el gas a los mercados tantos nacionales y extranjeros, así como los minerales, también son asalariados quienes mueven los equipos mecanizados del campo para la alimentación y exportación de productos agropecuarios como la soya, y toda esa producción son  la principal fuente de ingresos al país, sin esos asalariados tampoco comeríamos el pan de cada día. Todo esto sin desmerecer a todos quienes trabajan por su cuenta, pero que son propietarios chicos, medianos o grandes, que contribuyen también al país. Esa es la importancia de ese “15 % de población del país”.

Si ese es el principal argumento del gobierno y de que hay que priorizar dineros a las inversiones, es bueno recordarle al gobierno que la mejor inversión es la que se hace en el ser humano que produce las riquezas. Si la cosa es por cantidad de personas a beneficiar, ¿Por qué no se dice?, cuántos son los banqueros en el país que en periodo de este gobierno se han metido a sus bolsillos más de 100 millones de dólares anuales más cartas y espadas, con dineros del Estado y del pueblo.

Publicaciones internacionales sostienen, sin ser desmentidas o aclaradas, que el gasto de las Fuerzas Armadas aumento el 65 %, llegando a 294 millones de dólares, otros datos sostienen que llegan a más. Que la Policía Nacional aumentó en 74% subiendo a 270 millones de dólares, y que conste que son instituciones importantes del país, pero no son productivas.

Tampoco se dice, cuántos son los propietarios de las empresa transnacionales mineras San Cristóbal y Sumitomo, que ganan el dinero que les da la gana, dando participación tributaria escuálida al Estado, y las otras estrellas del saqueo, las transnacionales de los hidrocarburos, que nadie las hace cumplir con los contratos de inversiones a las que están sometidas, ¿Cuánto ganan siendo pocos?, si, la cuestión no es a cuantos se beneficia, sino qué papel juegan en la economía esas personas.

Aquí hablamos no solamente de un peso más o un peso menos, sino a quien pretende beneficiar la política desarrollista del gobierno. Comparto con el criterio de quienes sostienen que no sólo hay un ministro en el gabinete de Evo, sino toda una corriente cuyo líder es  el ministro Catacora figura del gobierno,  de la  escuela neoliberal, que logra convencer al gobierno de que hay que invertir, aunque sea nominalmente para mantener la estabilidad de la economía, sin invertir, ordenando al Banco Central que recoja dinero para evitar que la peligrosa inflación se dispare y dañe a todos; todo este manipuleo necesariamente va en beneficio de los banqueros, para quienes Evo sigue siendo su adulado, gracias a la política típicamente neoliberal de Catacora, en su afán de hacer buena letra para el Fondo Monetario y grupos empresariales, pues es el Estado que mediante el agrandamiento de la deuda pública,   está hipotecando el futuro de los bolivianos. Es pertinente recordar que este tipo de medidas de aumentar la deuda pública interna, emitiendo  valores es una de las medidas favoritas y típicas del sistema capitalista para favorecer directamente  a los Bancos, y esto tiene que ver qué intereses se están defendiendo y a quiénes está favoreciendo.

Esto y más es lo que reclama la clase obrera y todos quienes somos parte y constructores y sostenedores de este proceso de cambios.

De que hay que afinar los reclamos y las respuestas, habrá que hacerlo por encima de apetitos personales y de grupos y de manipulaciones derechistas dentro del gobierno que verdaderamente tendrá que “gobernar obedeciendo al pueblo” y corregir decididamente su política económica para que beneficie al pueblo”, no es justo ahorrar y mantener estable la macro economía, a costa del sacrificio de los  más pobres en una clara política de beneficio de interés de grupos empresariales. Aquí la cuestión es un problema político, el FMI ni la Empresa privada votó por este gobierno, y si mañana logra derrocarlo con el apoyo de sus amos del norte lo hará, fuimos los pobres, los campesinos, los trabajadores, el pueblo en su mayoría, a quienes nos pertenece y para nosotros deben ser los beneficios, eso debe tenerlo siempre presente el c. Evo Morales, el capricho, la egolatría y el endiosamiento, son malos consejeros.

Es evidente que este tipo de desencuentro por actitudes de sectores derechistas incrustados en el gobierno, que pretenden atomizar y dividir al movimiento popular, y de la otra parte hay minorías, que sabe y otros que no saben lo que hacen, pero lo que hacen en la práctica es  joder el proceso, haciéndole un flaco favor ambos a la derecha que esperará el momento oportuno para saltar.

Ojala que este conflicto termine en beneficio para los trabajadores, no sólo en el aspecto económico, sino fundamentalmente político. Todos deberán aprender esta nueva lección para afrontar los próximos conflictos, de no cambiarse el sistema económico capitalista junto a sus promotores, estamos en contra flecha. El gobierno debe reconocer definitivamente que dentro del sistema capitalista no hay milagros para poder solucionar los grandes problemas de las mayorías y menos pensar en una verdadera liberación nacional de las garras del imperio y así, “seguiremos enfangados en la historia”.

Mientras tanto, la derecha mira satisfecha, los dimes y diretes entre lo que se supone somos aliados y compañeros, hagamos honor al compromiso gubernamental de cumplir la agenda de los mártires de octubre de la ciudad del Alto, y por la otra parte no perdamos la brújula de saber distinguir donde está el enemigo principal. Hasta el próximo conflicto plurinacional, por  que tendrán que seguir agudizándose las contradicciones de clase. Esta es una lucha que se tiene que decidir, entre la burguesía y sus amos y el pueblo trabajador. Aclaremos de qué lado estamos.

José Justiniano Lijerón

Es ex Dirigente de la Central Obrera Boliviana