Brasil: dependencia y privatizaciones: el verdadero rostro del gobierno de Dilma


También vamos a licitar, en octubre, un gran yacimiento de petróleo en la capa pre-sal, el Campo de Libra. Para que tengan una idea, en los últimos cien años de la exploración de petróleo en Brasil, acumulamos de reserva 15 mil millones de barriles de petróleo equivalente. Ustedes vean, sólo el Campo de Libra cuenta con una reserva potencial de entre 8 y 12 mil millones de barriles de petróleo equivalente. Para su funcionamiento se requiere la movilización masiva de recursos, como por ejemplo, la construcción de 15 a 17 plataformas. Por lo tanto, estimularemos a toda la cadena productiva, generando miles y miles de puestos de trabajo“. (www2.planalto.gov.br)

En medio del desfile, con mucha pompa, todo como manda el ritual militar desde Diodoro y Caxias. La presidenta, orgullosa y feliz, anuncia la entrega al gran capital internacional de la riqueza que sigue siendo nacionalizada, estatizada, en el país. Este es el verdadero rostro del gobierno que se comprometió a escuchar la voz de la calle.

Al oír esta declaración, todos los militantes honestos del PT, que honestamente siguen luchando para construir el PT, deben haber sentido vergüenza e indignación. Como siempre, para endulzar la amarga píldora, el gobierno ofreció parte de las royalties (regalías) del petróleo del pre-sal para la educación y la salud. Es decir, con la privatización del petróleo, morder los impuestos de las empresas extranjeras que vengan a explotarlo y derivar parte de éstos para la educación y la salud. Con ello se pretende silenciar a los que se levantan contra la privatización.

Así la financiación de la educación y la salud pública dependen de los grandes oligopolios mundiales del petróleo. Lo que significa más pérdida de soberanía.

El principio de la inversión de rumbo

En un principio la sumisión del PT al imperialismo aparecía enmascarada en la fórmula ideada por Dirceu: “la inserción soberana de Brasil en el mercado mundial”. Luego vino la declaración en el primer gobierno Lula: vamos a cumplir con los compromisos asumidos por el gobierno anterior. Sólo para recordar, el gobierno anterior era el de Cardoso y los compromisos son: pagar la deuda externa, ayudar a las empresas extranjeras en el país, apretar y cortar los derechos de la clase obrera, para mantener el orden y construir el capitalismo.

Pero las cosas aún no estaban claras. Había muchas personas que creían, tratando de convencer a los demás, que había un “plan B”, que Lula trataba a la burguesía con guantes de seda para luego dar palos a la patronal, satisfacer las demandas de los trabajadores, la juventud, los campesinos pobres y romper con el imperialismo. Pero el “plan b” era el “plan a”, el de la inserción soberana de Brasil en el mercado. De hecho, esta fórmula de la inserción soberana fue el germen de la aceptación del capitalismo, de la burguesía, y el abandono de la lucha por el socialismo y hasta un distanciamiento del propio reformismo. Los reformistas acreditaban que de reforma en reforma llegaríamos al socialismo. La fórmula de la inserción soberana se revela imposible – pues para realizarse debe llegar al enfrentamiento con el imperialismo – y aparece con su contenido real invertido: inserción sumisa y dependiente del imperialismo, un capitalismo más humano.

Sólo que este capitalismo más humano impone guerras, desempleo, recortes en los derechos e inflación. Beneficia y enriquece a un pequeño grupo que explota a la gran mayoría cada vez más pobre, paga religiosamente al imperialismo y a los banqueros la deuda externa e interna. La inserción soberana se convirtió, en manos de los responsables de la colaboración de clases, en el poder soberano del opresor imperialista sobre los pueblos oprimidos y explotados.

La Carta

En 2001, Mercadante y Zé Dirceu fueron a Nueva York y regresaron de allí con la Carta a los brasileños. Pocos se dieron cuenta del significado real del abrazo de Mercadante al Toro de oro de Wall Street. Luego vino el gobierno de Lula que comenzó a hacer una contra-reforma de la Seguridad Social, arrancando los derechos de los empleados federales. Desde entonces el camino de los gobiernos del PT (Lula y Dilma) ha ido cada vez más en la dirección de la burguesía y el imperialismo. No realizaron la largamente esperada reforma agraria, pero dieron paso a los propietarios de tierras para su transformación en agroindustria como plataforma de exportación. Concedieron exenciones fiscales e incentivos a los empresarios y a los industriales nacionales y extranjeros, así como a los banqueros. Concedieron préstamos a muchos de los principales bancos, crédito y dinero a manos llenas para empresarios y el consumo.

Pero para muchos todavía había esperanza: como el dinero en las manos es vendaval, sus cabezas estaban confundidas. Hasta que en junio, el viento fresco de las luchas de las calles  parecía a algunos que contagiaría a los jefes de gobierno haciendo que la dirección del PT y la presidenta Dilma giren sus ojos hacia la realidad. “Escuchar la voz de la calle”, dijo Rousseff. El PT intervino y dijo “sí”. Pero no se hizo nada.

La CUT se ha adaptado, la boquilla torció la boca de los dirigentes

En julio, la CUT hizo algunas demostraciones, parecía dispuesta a luchar y movilizarse. Pero luego  se desfiguró, centró su atención en las negociaciones en las oficinas de los empresarios y el gobierno. La voz de la calle seguía gritando, ahora con menos participantes, pero con más bombas y balas de goma, también en Brasilia el 7 de septiembre. En cada manifestación, decenas de jóvenes están siendo arrestados y el Supremo Tribunal Federal sigue empuñando la espada y agitándola sobre las cabezas de resignados acusados, distinguidos dirigentes del PT, como diciéndole a la población: el látigo y la picota volverán de nuevo, ¡tranquilícense!

La CUT amenazó, anunció que iba a hacer huelgas y manifestaciones el 30 de agosto. Luego desistió sin ni siquiera llevar a los trabajadores a las calles contra el Proyecto de Ley 4330 [proyecto de ley que abre a una masiva terceriarización del trabajo, actualmente en discusión en el parlamento federal de Brasil, ndt]. Hizo algunas escaramuzas en el Congreso Nacional, pero quieren negociar y aceptar que las profesiones “menos importantes” puedan ser externalizadas. No se detiene allí: ya no negocian con el gobierno y los empresarios el fin del Factor de Seguridad Social [en base al cual se calcula la edad para jubilarse, ndt], sino la creación de otro factor.

Cómo Dilma se desplomó en las encuestas, todo el mundo se apresuró a socorrerla para su victoria en 2014, descuidando pero las calles y las luchas. Los dirigentes han torcido sus bocas de tanto fumar con la boquilla del tripartidismo.

Entreguismo para calmar a los aliados imperialistas

Como el aliado del gobierno es el capital y la burguesía, la Presidenta, atendiendo el clamor de Wall Street y escuchando la voz de los megaempresarios, ha anunciado el 7 de septiembre el mayor bloque de la privatización jamás visto. Ni Collor ni FHC tuvieron tanto valor como para ponerse de rodilla y entregar lo que queda de los bienes del Estado a la furia y la codicia de los imperialistas y capitalistas, diciendo al mismo tiempo de escuchar la voz de la calle y el anhelo de soberanía.

Este mismo gobierno entreguista, frente a las cientos de detenciones que sus gobiernos llevan a cabo en diferentes Estados y en el mismo Distrito Federal contra los manifestantes que aún siguen en las calles reivindicando derechos, se prostra y calla ante los gobiernos que ordenaron la represión, aliados del PT y sustento del gobierno de Dilma.

Este mismo gobierno acepta la interferencia y el espionaje oficial de EE.UU., tanto en Planalto como en Petrobras. Refunfuña por ahí, pero en realidad está con el rabo entre las piernas porqué su programa es una aceptación de las órdenes imperiales de Estados Unidos.

Queda a los trabajadores y a los jóvenes, en las calles y en las fábricas, movilizados y organizados, la tarea de construir la verdadera independencia nacional. Esta es posible y necesaria, pero sólo bajo un programa de ruptura con el imperialismo y construcción del socialismo, al lado de los trabajadores de todo el mundo. Esta es la lucha de la Ezquerda Marxista y de la Corriente Marxista Internacional.