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Cómo luchar ¡por el derecho a ser potosinos!


Con el mismo perfil bajo de las últimas movilizaciones, arranca la marcha organizada por el Comité Cívico Potosinista en reacción a la ruptura del dialogo con el gobierno. Siguiendo un guion previsible, del que se entiende el trasfondo político, el gobierno ha deslindado responsabilidades dilatando las reivindicaciones regionales y los dirigentes de COMCIPO han apresurado la ruptura.

Después de 5 años el avance sobre varias demandas regionales vuelve a foja cero. La fábrica de cemento comprometida en 2010 y ya licitada dos veces, fue declarada “inviable”, provocando la desazón no solo del ente cívico sino de las mismas autoridades electas del MAS, quienes asumieron el reto de construirla con recursos departamentales sin que esto logre reorientar la estrategia de confrontación premeditada de los dirigentes de COMCIPO.

En el panorama nacional Potosí tiene la peor situación en cuanto a pobreza, desempleo, inestabilidad laboral e insuficiencia de los servicios básicos. Como potosinas y potosinos que reivindican el derecho a una vida digna en su propia tierra, consideramos plenamente justificada la lucha. Esta solo puede basarse en las necesidades inmediatas del pueblo trabajador potosino y en su democrática organización, prerrequisitos indispensable para convocarlo a luchar. No es ninguna casualidad en tal sentido que el mayor acatamiento al paro venga de sectores como salud y magisterio, de cuyas luchas sindicales nacen las más avanzadas reivindicaciones sociales del pliego de COMCIPO por la dotación de ítems.

Es por esto mismo que no apoyamos la marcha. Con el virtual fracaso de los últimos paros ha quedado evidente en primer lugar que necesitamos que los dirigentes de COMCIPO, cuyas decisiones afectan a todo el pueblo, sean democráticamente elegidos de manera directa por todo el pueblo para que respondan a este. En segundo lugar precisamos reivindicar planes extraordinarios de empleo con estabilidad laboral e inversiones masivas en vivienda, salud y educación para afrontar como una emergencia las dramáticas necesidades de nuestro departamento. No necesitamos unirnos bajo banderas regionalistas que nos tapan los ojos para debatir nuestro desarrollo, sino dividirnos en líneas de clases: de un lado los poderíos económicos y sociales, del otro el pueblo pobre y trabajador.

Cada semana solo de nuestra Villa Imperial salen decenas de vagones de carga de mineral, sin contar los miles de millones de dólares exportados por multinacionales como San Cristóbal o Sinchi Wayra, dejando a Bolivia migajas del 4% o poco más. ¿Cómo pueden arrancar proyectos de industrialización como Karachipampa si no disponemos de nuestras materias primas? ¿Con que recursos podemos progresar si toda nuestra riqueza se va al exterior o es invertida en otros departamentos por empresarios que aquí solo buscan engraciarse el poder de turno para acceder a los proyectos?

Los primeros actos de las autoridades electas ya dejan entender cuál serán los lineamientos de su mandato. El nuevo gobernador demuestra querer emancipar su gestión del cuoteo político en áreas estratégicas como la minería, castigar la práctica de los “diezmos” y la dilatación en la ejecución de obras que sirve a especular con los financiamientos públicos. Esto debería sentar las bases para inversiones realmente productivas que son requisitos para el desarrollo económico y social. La única manera de relacionarse con el interés que todo esto empieza suscitar en una población cansada de mucho engaño no es vaticinando fracasos ni alimentando expectativas, sino incitando para que se vaya hasta el fondo con el propósito de un Potosí Industrial, lo cual solo será posible con una política socialista que acabe con el saqueo de nuestro departamento. Empezando por revisar, por ejemplo, dónde están los 20 millones de dólares de inversiones comprometidas por Sinchi Wayra a la firma del nuevo contrato de operaciones en Porco, tomando las acciones consecuentes.

El desarrollo de Potosí depende principalmente de la industrialización de la minería y de productos agropecuarios como la quinua. Esta industrialización a su vez solo será posible cuando dispongamos democráticamente de nuestros recursos, en primer lugar expropiando a las multinacionales e incentivando la asociación entre pequeños productores con apoyo profesional y tecnológico, que es además la única manera de salvar a nuestro Cerro y la estabilidad laboral de quienes lo trabajan. Esto es solo el inicio de aquel socialismo que pregonamos para Potosí y Bolivia.