desborde Tupiza

Con los damnificados de Tupiza y Bolivia, contra el modelo capitalista que causa estos desastres


El drama que vive Tupiza está conmoviendo a todo el pueblo trabajador de nuestro país. Reivindicamos acciones urgentes para devolver normalidad a todos los damnificados. Pero necesitamos también cambiar el modelo económico capitalista que causa estos desastres.

La sucesión entre sequias e intensas lluvias pone en riesgo cada año nuestras vidas y nuestra economía. La causa de estos extremos es el calentamiento global que ha venido modificando todo el ciclo del agua y de la naturaleza. Pero la causa última de este es la anarquía productiva capitalista, destinada a satisfacer las necesidades del capital en vez de las necesidades humanas. Aunque todos cambiáramos nuestros hábitos de vida cotidiana esto no mudaría que la competencia exasperada entre empresas privada provoque derroches de productos industriales y agrícolas, contaminación y daños al medioambiente.

Los desastres que muchos de nuestros connacionales están viviendo en estos días no es solo el efecto de las intensas lluvias de las últimas semanas. Estas representan el detonador de alteraciones más profundas y descontroladas en nuestros territorios.

Un estudio reciente del Instituto Nacional de Tecnología Agraria de Argentina demuestra como el monocultivo de la soya, asociado con los desmontes y el uso de químicos, multiplique de manera desmedida los efectos de las lluvias al reducir la capacidad de absorción hídrica del suelo de 300 a un máximo de 30 mililitros por hora. Además el depósito de áridos provocado por la erosión de este suelo más indefenso obstruye el lecho de los ríos exponiendo a las riadas. Así es como en Santa Cruz se inundan los municipios del norte integrado y el agua del rio rompe los márgenes y entra en las casas de los habitantes de comunidades como Paila.

En Tupiza varios factores han concurrido al desastre actual. Estudios de la entonces Prefectura de Potosí de la década de los ’90 del siglo pasado advertían que las quebradas de San Antonio y Remedios “sufren considerables crecida de caudales en épocas de lluvia” lo cual ocasiona un proceso de erosión de suelos y que “el nivel del rio [Tupiza] se incremente” considerando “de imperiosa necesidad la recuperación de tierras para forestación” en estas quebradas. Sin embargo recién en 2016 la alcaldía de Tupiza ha licitado la construcción de un muro de contención en la quebrada de Villa Remedios.

Por otro lado estudios de la cooperación suiza Helvetas demostraban como la falta de manutención de las lagunas de tratamientos de aguas residuales provocaba que lodo y otros materiales fuesen vertidos al rio. Finalmente la actividad minera, de pequeñas empresas y cooperativas de esta provincia, es tan desreglamentada que no existe medición de su impacto medioambiental. Según el Correo del Sur de hoy: “extraoficialmente se anunció que se habrían reventado los diques de cola de algunas empresas mineras instaladas en el norte de Tupiza y que llegaría agua contaminada a la ciudad”.

Estos problemas no son solo de Tupiza ni de las áreas rurales. La especulación sobre el territorio entre empresarios de la construcción y políticos locales hace que tengamos los mismos problemas de drenaje e inundaciones en todas las grandes ciudades del país, mientras la dificultad de acceso a viviendas dignas empuja a los sectores populares a poblar zonas de alto riesgo con las mismas casas de adobe que vimos caerse en Tupiza.

El cambio de modelo económico pregonado por el gobierno se ha reducido a afianzar la dirección estatal del mismo modelo capitalista y extractivo. Los acuerdos que fortalecen la posición de los agroindustriales soyeros del Oriente y la miríada de acuerdos entre autoridades locales y el “partido de los constructores” así lo comprueban. Así el MAS está desaprovechando la oportunidad histórica de conducir la movilización de masas que lo elevó al poder hacia la transformación revolucionaria de esta sociedad y del mundo.

Nos solidarizamos con todos los damnificados y exigimos al gobierno un plan de ayuda económica y por la reconstrucción de viviendas para las víctimas de estos desastres, financiado, de ser necesario, con un impuesto a las grandes actividades contaminantes.

Al mismo tiempo pero reafirmamos la necesidad, antes de la próxima calamidad, de implementar un programa para acabar con el modelo capitalista, expropiando latifundios de monocultivo para crear empresas productoras de alimentos administradas por los obreros agrícolas; eliminando de la agenda aquellos proyectos, como la represa de “el Bala” que empeorarían la situación; por una minería estatal que invierta en eliminar el impacto medioambiental; por viviendas públicas asignadas a los sin techos de manera transparente y por un plan de creación de empleos directos por la estabilización hidrogeológica de todos nuestros municipios y comunidades.