Oruro explosion

Contrastar el terrorismo con la lucha


Los temores manifestados por el mismo Evo y compartidos por muchos de nosotros se hacen realidad: Oruro no ha sido víctima de un trágico accidente, o por lo menos no solo de esto. Un ataque terrorista ha utilizado el escenario del Carnaval para arremeter contra las luchas sociales de la clase trabajadora y el movimiento campesino e indígena de Bolivia.

Desde Lucha de Clases queremos en primer lugar solidarizarnos con los fallecidos, los heridos, sus familiares y todo el pueblo pobre y trabajador de Oruro, víctima directa del terrorismo. No sabemos todavía si la segunda detonación del martes ha sido para reivindicar o para aprovechar el ambiente de inseguridad dejado por la primera del sábado, inicialmente atribuida a un trágico evento fortuito como la explosión de una garrafa de gas. Lo que, sin embargo, está claro ahora es que hay alguien colocando bombas, y esto es terrorismo.

Aunque ninguna hipótesis investigativa pueda ser descartada, todo nos parece conduzca a una matriz política del atentado o de los atentados. La elección del lugar y el momento para que el Carnaval haga de caja de resonancia, la premeditación, los más de tres kilos de dinamita  utilizados en la segunda explosión y la preparación del ataque indican una organización de tipo paramilitar, que recuerda el modus operandi de ciertas organizaciones de narcotraficantes. Pero no hay signo ni motivo alguno que apunte a carteles de la criminalidad organizada como autores intelectuales del atentado.

En un contexto de polarización social como el que vivimos en nuestro país y a pocos días de nuevas movilizaciones, el primer objetivo terrorista no puede ser otro que es el de radicalizar las posiciones y sumar desestabilización social a la inestabilidad general que amenaza la solidez del gobierno. Sin embargo las bombas pretenden también prevenir que sea la intervención consciente de la clase obrera y las organizaciones sociales lo que dirima la disputa por el futuro de un proceso surgido de sus propias luchas y hoy sumido en su peor momento.

Exponentes del MAS hablan ya abiertamente de una conspiración de la ultraderecha internacional contra el gobierno democrático. La crisis en Venezuela, el giro en Ecuador y en general los retrocesos políticos y sociales en toda América Latina al calor de la crisis capitalista mundial, son indudablemente el marco más propicio a una ofensiva imperialista para liquidar cualquier pretensión de soberanía de los países de la región. Por esto mismo pero la respuesta al terrorismo debe ser de masas e impulsada con medidas revolucionarias.

En una situación de ascenso de la lucha social como la que vivimos hace una década en todo el continente latinoamericano, la acción de los terroristas provocaría que las mismas masas se armen para defenderse colectivamente y para desarmar política, militar y económicamente a la burguesía reaccionaria y al imperialismo. La conspiración no sería viable hoy si la clase trabajadora y las organizaciones campesino-indígenas no hubieran sido divididas, enervadas por la crisis y apartadas de las decisiones políticas más importantes para permitir que los “procesos” se limiten a la reforma del Estado burgués.

La reconstrucción de la unidad y la combatividad del pueblo pobre y trabajador son posibles solo devolviendo a este las riendas de su destino. Esto significa revertir las concesiones políticas y económicas a multinacionales y empresariado nacional y revolucionar el Estado, para que los sindicatos, industriales y agrarios, y las asambleas populares administren la asignación de recursos y la planificación económica. El panorama internacional y los ataques terroristas en nuestro país demuestran que la clase obrera y el movimiento revolucionario no pueden esperar al infinito que el MAS decida ir por este camino antes de entrar en acción.

Una marcha unitaria contra el terrorismo y por la independencia política del movimiento obrero frente a las vacilaciones del gobierno sería no solo la primera necesaria respuesta al terrorismo sino también la oportunidad de alejar el espectro del paralelismo sindical. Los que hoy, en ambos bandos y en el gobierno, insisten en dividir el movimiento obrero están debilitando de manera criminal la capacidad de reacción a la ofensiva imperialista.