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Diálogo con las confesiones de un dirigente


Pasaron casi inadvertidas las declaraciones de Roberto Coraite, ex ejecutivo de la CSUTCB, sobre el control que desde algunos ministerios del gobierno se ejerce a los dirigentes de organizaciones sociales. Tal vez los medios burgueses no vieron en las críticas de  Coraite las mismas divisiones que alentar como hicieron con otros diputados y ex autoridades que se alejaron del MAS.

La CSUTCB de Coraite

Roberto Coraite, del norte de Potosí, ha sido dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia desde 2011 hasta 2013, en una de las etapas hasta ahora más complicada del proceso. Bajo su dirección la CSUTCB fue llamada a movilizarse en defensa del gobierno ante las huelgas de trabajadores de salud, magisterio, el motín policial, la marcha por el TIPNIS etc. Recordando estos momentos el compañero Coraite ahora afirma: “hemos tenido que aceptar esas determinaciones de defender un proceso por encima de algunos errores que cometían los ministros porque siempre los errores del gabinete tenían que cargárnoslo a las organizaciones sociales para defender aquellos errores”.

Es inevitable que el peso de la defensa del gobierno derivase también en fricciones al interior de la misma CSUTCB: no se puede bailar cargando la cruz. En los años pasados la gestión de Coraite fue criticada en diferentes circunstancias: dirigentes de la Túpac Katari, la federación campesina de La Paz, lo acusaron de ser un “mendigo del gobierno” y de haberse alejado de sus bases, otros sectores se manifestaron contra el respaldo acrítico de la CSUTCB a toda la gestión gubernamental del tema TIPNIS y así sucesivamente. He aquí el retrato de un militante del proceso que otros y en otros momentos hubieran podido tranquilamente definir de manera despectiva “llunk’u”, persona servil [al gobierno], que en cambio ahora suelta sus verdades.

Sus críticas al gobiernochaparina

En una entrevista dejada a la red Erbol, Roberto Coraite denuncia el control ejercido por el gobierno sobre las organizaciones sociales: “primero, hay un Viceministro de organizaciones sociales que te marca la línea (te dice), ‘tienes que hacer esto’… entonces uno está obligado a cumplir estas cosas o de otro modo ya estas considerado como en la oposición o como comisionista de la derecha… entonces te van poniendo al hielo como se dice, de a poco te van aislando, te van controlando, y pasan una instrucción a todo el gabinete para que nadie te de importancia en ninguna propuesta, en ninguna gestión”. Sobre la marcha del TIPNIS recuerda “…tuvimos que enfrentarnos con nuestros hermanos simplemente por defender una línea que en alguna medida tenía razón, pero el fondo del tema no era ese sino que era defender la estabilidad de nuestro gobierno, esa era la misión”.

Él mismo aclara a lo que apuntan sus críticas: “nosotros habíamos pensado en un gobierno orgánico, es decir, que las bases determinen las cosas que tiene que hacer el gobierno” y, en otra ocasión, “no podemos seguir siendo cómplices de una frustración de un proceso… entendemos que este proceso (de cambio) ha sido arrebatado por un gabinete (de ministros) que no pertenece al proceso”. Para el actual ejecutivo de la CSUTCB Damián Condori, las declaraciones de Coraite serían nada más que “protagonismo” en búsqueda de espacio en las listas electorales de cualquier partido o para preservarse en cargos dirigentes locales. Puede ser y como no nos interesa asumir la defensa de oficio de Coraite no hablaremos de sus intenciones sino de lo políticamente relevante de sus revelaciones.

¿Quién dirige el proceso?

En primer lugar sobre la cuestión de la dirección real del proceso. No es necesario leer la letra chica para darse cuenta que la frustración a que se refiere el compañero Coraite tiene una base material. Hay leyes que fueron socializadas entre las bases y completamente transformadas por equipos de gobierno ante de su aprobación final (un sólo ejemplo: la Ley de Juventudes). Todas las normas que han ido beneficiando al sector agroexportador y terrateniente (de bosques, suspensión de la revisión de la FES, contra la ocupación de tierras etc.) no solo no han sido debatidas con el movimiento campesino-indígena y sus organizaciones, sino que chocan frontalmente con intereses vitales de estos últimos. Y hay leyes como la de minería, y la de hidrocarburos que se viene, que fueron y serán consensuadas con las multinacionales garantizando su presencia que sigue distorsionando el desarrollo económico y social de Bolivia.

¿Por qué ocurre esto? Lo de ministros que no representan a la base popular del proceso es consecuencia y no causa. Compañero Coraite: siempre se dijo “conquistamos el gobierno pero no el poder”. Esto significa que las estructuras del Estado burgués, como la democracia representativa, siguen intactas y la propiedad del latifundio, las fábricas, las minas, los pozos, los bancos etc., sigue en manos privadas. Así es que tenemos por un lado a diputados, autoridades, jueces, militares etc. que están bajo la influencia o que representan a intereses de clases opuestos a los de las bases y por el otro tenemos a un gobierno que media entre intereses de clases opuestos “liberándose” del control orgánico de las bases.

El despliegue polarizado de la economía nacional – basada en la presencia de multinacionales y la multiplicación de la sobreexplotación y precariedad de la pequeña empresa nacional – ha contribuido a mantener a las masas en condición expectante. Pero, compañero Coraite, o se tiene la capacidad de ver más allá de lo presente y armarse de un programa revolucionario para enfrentar – hoy y cuando las contradicciones afloren – al  reformismo imperante, o la simple personificación de los problemas del proceso, atribuirlos solo a malos ministros, expone al tipo de críticas con las cuales el actual ejecutivo de la CSUTCB liquida todo lo que usted dice.

El tiempo perdido0023

En lo que dice el compañero Coraite hay algo que “resentidos”, “libre pensantes” y sectarios de izquierda nunca han logrado y difícilmente lograrán explicarse: él porque la defensa del gobierno prime sobre la lucha “entre hermanos”, las limitaciones y contradicciones del proceso. Las conquistas sociales y democráticas de estos años no se miden simplemente en base a su alcance real, sino por el proyecto político general que sostienen: la idea de que las masas explotadas y oprimidas de Bolivia puedan servirse del “viejo Estado” para afirmar los intereses de las mayorías sobre las minoría explotadoras y emancipar a Bolivia del yugo imperialista. Si el malestar entre las filas del campesinado se expresa en una cumbre que resuelve someter una propuesta de ley al gobierno para ajustar cuentas con el latifundio, es simplemente por la confianza en que este gobierno responda “orgánicamente” a los intereses de su base. Esto es inevitable en una etapa del proceso que las holguras del crecimiento económico han contribuido a prolongar. El mismo compañero Coraite hace revelaciones que nacen de la experiencia de un dirigente, de su contacto directo y diario con el gobierno, y que por lo tanto no son igualmente visibles a las bases.

Para el movimiento obrero y revolucionario entender esto es de vital importancia, particularmente en un país donde la cuestión agraria y nacional son motores de la revolución. Plantear algunas consignas para el movimiento campesino y demás sectores populares es una manera tan cómoda cuanto inútil para obviar la lealtad de este con “su” gobierno. Demasiado tiempo se ha perdido detrás del mito sectario de la ruptura de las masas con el gobierno, mito que solo ha llevado al repliegue de las vanguardias y a allanar el camino a elementos burocráticos y oportunistas. Es necesario extraer las lecciones más importantes de todo esto, sobre todo hoy cuando la recomposición de la unidad obrero-campesina se hace bajo las insignias del oportunismo y de la “unidad nacional” que valida todas las concesiones a agroexportadores y multinacionales.

Que hacer

Hace algún tiempo algunos compañeros solidarios con las posiciones de Roberto Coraite en la CSUTCB y el MAS nos invitaron a un debate entre organizaciones de izquierda para plasmar un programa que sirviese a la revolución. Repetimos lo que dijimos entonces: un programa que no sea de puro eslóganes  debe basarse en un balance y perspectivas compartidas de la revolución boliviana, a partir de los cuales educar y formar a cuadros políticos para que sepan intervenir en la lucha, explicando, argumentando y sabiendo revelar el contenido de clases de las contradicciones del proceso y enseñando una salida en adelante a ellas.

Como expusimos en esta y otras notas, nuestro balance es que no se pueden servir a dos amos: no se puede por ejemplo resolver la cuestión agraria y nacional en Bolivia haciendo concesiones a la agroindustria nacional y las multinacionales, sino solo basándose en el protagonismo de las masas obreras y campesinas que se exprese en su real poder de decisión. Nuestra perspectiva es que como tampoco el actual gobierno boliviano ha logrado eliminar las contradicciones del capitalismo, los problemas que hoy buscan solución en la negociación con el gobierno estallarán en nuevas holeadas de lucha de clases en el futuro próximo.

Lo que proponemos a quienes realmente se preocupan por la defensa del proceso sin consignarla con oportunismo a una indefinida “consciencia revolucionaria” es de luchar por la ruptura con las compatibilidades impuestas por el capitalismo, que llevan a hacer concesiones a nuestros enemigos de clases debilitando las fuerzas vivas del proceso. Lo que proponemos a los compañeros de bases que sienten las mismas inquietudes de Coraite es de organizarse y luchar por todo esto.