Reunión Evo-COB (Foto ABI)

El aumento salarial y la crisis del reformismo


El gobierno ha oficializado el aumento salarial del 5,5% al básico y 3% al mínimo nacional para la presente gestión. El acuerdo mejora la oferta inicial del gobierno pero está lejos de lo que pedía la COB. Es otro revés para la actual dirigencia de la COB.

Después del peor congreso de la historia de la COB ya dijimos que la burocracia del MAS había agarrado en sus manos una dinamita con la mecha encendida. El agotamiento del ciclo económico y el paulatino aislamiento internacional achican los márgenes del reformismo, pero la fusión del MAS con el aparato estatal y su control burocrático sobre sindicatos y organizaciones de masas tampoco le permiten cambiar su política de colaboración de clases.

La fracción sindical del MAS en dos meses de gestión ya ha avalado el cierre de ECOBOL y afronta los intentos criminales de minimizar el atentado de Huanuni. Con una propuesta de aumento formulada para acercarse en la negociación a lo logrado el año pasado (10,8% al mínimo nacional y 7% al básico) la burocracia pretendía demostrar su viabilidad y las ventajas de la alianza con el MAS.

Pero la economía crece menos y más lentamente pese a las masivas inversiones públicas, conforme a las reglas del ciclo capitalista descubiertas por Marx: cuando el ciclo se agota porque la tasa de ganancia decae, se necesitan inversiones siempre más grandes para resultados siempre más modestos. Además el crecimiento económico del periodo anterior nos deja un profundo déficit del comercio exterior, evidenciando el carácter rentista de nuestra economía y el parasitismo de la burguesía nacional.

Seguir apuntalando el mercado interno con aumentos salariales mantendría elevadas las importaciones y podría fácilmente fortalecer al contrabando. Además la ruptura de los canales de diálogo que han permitido al gobierno mantener apartado al empresariado privado de las movilizaciones de los últimos meses, empeoraría el cuadro de la inestabilidad interna y las presiones internacionales.

Según un guion ya experimentado, Evo ha mejorado la oferta de sus ministros. Pero de manera mucho menor que en otras ocasiones, para no cambiar la hoja de ruta del gobierno de subordinar a la clase obrera a las necesidades de la explotación capitalista, lo que Evo llama “cuidar la economía”. Esto no evitará el descontento de los empresarios y sobre todo en una COB que el gobierno ha dividido y tomado con la maniobra burocrática.

Los argumentos contra el aumento salarial son sin embargo argumentos contra el reformismo y la ilusión de un capitalismo nacional con igualdad social. Los trabajadores no tenemos la culpa que ni el Estado ni el gobierno han podido levantar un aparato productivo capaz de sustituir las importaciones, sostener los aumentos de productividad de los países industrializados y generar empleo. Esto solo será posible con la administración democrática de trabajadores y campesinos sobre las principales palancas de la economía (bancos, tierra, grandes empresas).

Lo que estaba en juego en las negociaciones era la autoridad del reformismo entre la clase obrera. Para anticiparse a las polémicas Huarachi ha dado por asegurado el doble aguinaldo para este año, asumiendo acríticamente el abusado optimismo del gobierno al cual ni los propios ministros creen o no hubieran hecho la propuesta que hicieron. En todo caso falta mucho a Navidad. La promulgación de la Ley de Empresas Sociales, de la cual se habla, en la versión aún más inofensiva resultado de la  negociación con el empresariado privado sería insuficiente a compensar los reveses sufridos por la burocracia sindical. Tratarán de convencernos que las cosas mejorarán si habrá un obrero acompañado a Evo en las elecciones de 2019, pero incluso para este objetivo deberán abrir contradicciones con y entre el MAS.

La izquierda del gobierno y el MAS no está en mejor posición. Los representantes obreros dentro de un gobierno de colaboración de clases con el empresariado y el capital extranjero pueden actuar solo como policía sindical. A los fabriles, constructores, maestros y demás trabajadores de las decenas de empresas en conflicto la izquierda del MAS puede solo ofrecer talleres de formación para seleccionar a los más serviles, represión del sindicalismo combativo y el arbitraje estatal que so pretexto de la defensa del más débil legalmente, la clase obrera, defiende al más débil socialmente, el empresariado.

La clase obrera necesita un salario digno y de ser alcanzada en su conjunto por aumentos salariales de los cuales siguen excluidos las mayorías de informales, los jóvenes que recién ingresan al mercado laboral, particularmente en empleos públicos como magisterio, y todos los contratados bajo figuras jurídicas utilizadas para perforar los derechos laborales de todoscomo consultor en línea, eventuales, plazo fijo, a destajo o por obra. Necesitamos unir la lucha por el salario a la reivindicación de la abrogación de las formas precarias de trabajo y por un salario mínimo nacional acorde a una canasta básica calculada sobre nuestros gastos reales.

Pero ninguno de estos objetivos podrán ser conquistados ni las batallas por la reforma laboral que se viene podrán ser preparadas si las corrientes revolucionaria en la COB se dejan encerrar en un debate improductivo sobre los porcentajes de aumento salarial que logró la burocracia. Debemos primeramente capitalizar la debacle del reformismo planteando a los trabajadores la necesidad de una herramienta política propia y las formas de una democracia sindical plena.