Inspección Aduana

El contrabando: qué es y cómo debemos combatirlo los trabajadores


La lucha al contrabando es un reclamo histórico del movimiento fabril y la histórica excusa de los empresarios para justificar la debilidad de la industria nacional y rechazar aumentos salariales. Pero ¿qué es el contrabando? ¿Realmente luchar por debelarlo nos une a todos?

Después de la promulgación de la ley que autoriza el uso de armas en controles fronterizo la cuestión ha cobrado nueva centralidad. Algunos sostienen que el contrabando no podría ser derrotado. Son los mismos para los cuales el capitalismo siempre existió simplemente porque no saben explicarse las leyes propias de este sistema. Sin embargo es cierto que el contrabando no es un problema de uso de la fuerza, sino un fenómeno económico y como tal puede ser afrontado solo desde la lucha de clases.

Diversas fuentes, desde el Instituto Nacional de Estadística al Instituto Boliviano de Comercio Exterior, estiman que el contrabando se ha ido incrementando hasta representar no menos de un 25% por año de las importaciones de Bolivia. Según estos cálculos entre 2002 y 2012 el valor de la mercadería ingresada de contrabando se incrementó de 300 a más de 2000 millones de dólares. Se trata creemos de cálculos prudentes. De hecho solo un par de años después la Aduana anunció la incautación de más de mil millones de dólares de productos de contrabando sin por esto asestar un golpe decisivo a esta actividad.

Este crecimiento está directamente relacionado al aumento de las importaciones en su conjunto cuyo volumen general ha crecido de un 278% entre 2005 y 2017, 338% en cuanto a bienes de consumo. Para enfriar la economía, frenar el déficit comercial o defender la producción nacional, el gobierno ha adoptado en varias ocasiones medidas proteccionistas, imponiendo autorizaciones y controles previos a la importación de ciertos productos, aumentando los gravámenes arancelarios para otros, o prohibiendo por plazos determinados la importación de otros, como fue con la papa. El contrabando es el resultado de todo esto.

Tomen por ejemplo las restricciones a la importación de vehículos usados, aplicadas para promover la renovación del parque automotor. Su resultado ha sido por un lado el aumento despropositado del precio de los autos de segunda mano ya en el mercado, por el otro el aumento de la demanda de autos “chutos” y del contrabando. Asimismo la importación de papas en 2017 redobló la de 2011 cuando, a pedido de organizaciones campesinas, el gobierno cerró las fronteras al ingreso de tubérculos peruanos o argentinos.

Los intentos de regulación del comercio combinados con las carencias productivas de Bolivia son la causa de la explosión de este fenómeno y de la siempre mayor osadía de las organizaciones criminales que a este se dedican.

La baja productividad de Bolivia, donde se produce en más tiempo y entonces con mayores costos, no es la consecuencia sino la causa del contrabando. Este atraso divide a la propia burguesía: cuando adquiere insumos industriales se opone a regular el mercado, cuando debe vender productos acabado es proteccionistas.

En los últimos años se intentó lo uno y lo otro, con el resultado del crecimiento del déficit comercial y del contrabando. Ni en el marco del más impetuoso crecimiento económico de la historia de Bolivia la burguesía nacional pudo colmar el atraso productivo con el resto del mundo y emanciparse de su papel subordinado en el mercado mundial.

Lejos de modernizar la industria nacional, el proteccionismo desincentiva la innovación productiva, la productividad del trabajo y la competitividad. Por esto el propio gobierno ha utilizado medidas proteccionistas con mucha cautela y temporalmente, sin embargo con el mismo efecto de avivar el contrabando. Para nosotros los trabajadores proteccionismo es defender aquellas industrias que, para competir, extienden nuestra jornada laboral, nos niegan beneficios sociales y estabilidad laboral.

El capitalismo se basa en leyes y mecanismos impersonales, que no dependen de la voluntad de nadie. Este sistema no puede ser cambiado “desde afuera”, sino con el dominio consciente de estas leyes que deriva de la administración democrática de los trabajadores sobre los medios de producción y la posibilidad de planificar su uso para el progreso general.

Debemos apoyar luchas como la de los compañeros de PIL Andina de El Alto quienes se movilizaron para exigir a la multinacional la innovación tecnológica que garantice su estabilidad laboral. Debemos exigir que los trabajadores, a través de nuestros representantes y comisiones elegidas y revocables democráticamente, tengamos acceso a los libros de cuenta para ver cuánto y cómo los empresarios reinvierten en productividad y cuanto despilfarran.

No será pero posible levantar una lucha eficaz al contrabando si nuestros dirigentes siguen reivindicando protección a la producción nacional en coro con aquellos mismos empresarios que utilizan este tema para justificar el grado de explotación a la cual nos someten.