El gobierno piensa flexibilizar la cuarentena y el MAS votar. ¿Qué necesitamos la clase trabajadora?


Mientras sube la tensión política, con el MAS exigiendo que se vote “máximo a fines de julio”, diferentes autoridades departamentales y ministros de Añez hablan de flexibilizar la cuarentena. La clase trabajadora debemos tener una posición clara sobre estos temas.

Sin medicamentos específicos ni vacunas, el confinamiento es la única medida hasta ahora capaz de contrarrestar el arma más letal del nuevo coronavirus, es decir la rapidez del contagio. Más lentamente crece el contagio y menos posibilidad hay que el sistema público de salud sea rebasado por la necesidad de camas y personal. Miles de vidas se hubieran salvado si en China dictaban la cuarentena antes, en vez de esperar hasta fines de enero y reprimir a los médicos que habían lanzado la alarma; o si en Italia, EEUU o España, no se hubieran priorizado los intereses de la burguesía a que se mantengan en actividad las empresas donde se aglomeran decenas y centenares de trabajadores.  

Nuestro país fue entre los últimos en ser afectado. Basándose en la experiencia internacional, Añez declaró casi de inmediato la emergencia sanitaria y promulgó algunas medidas de apoyo al rédito. Añez sigue llamando a la “unidad nacional” para no “perder también esta guerra por divisiones internas”. Lo que busca es claramente hacerse una legitimidad política capitalizando la gestión de la pandemia; pero, mientras tanto y como revela una publicación de Página 7, las compras del gobierno de equipamiento para el sistema de salud son, a la fecha, intrascendentes. Por otro lado seguimos siendo el país que menos tests por millón de habitantes ha realizado (428) en toda Sudamérica. Ecuador, cuya tragedia ha dado vueltas al mundo, ha realizado 3.203 tests por millón de habitantes e incluso países centroafricanos han hecho más con menos casos confirmados. 

Sin embargo, en Bolivia como en el resto del mundo, el confinamiento ha tenido una excepción notoria: la clase trabajadora. Gran parte del aparato productivo y ciertos servicios se han mantenido en actividad. En Porongo las autoridades municipales pidieron a las actividades productivas asentadas en el municipio, fundamentalmente agropecuarias, de “encerrar a los trabajadores dentro de las empresas”, para garantizar su funcionamiento durante el encapsulamiento. ¡Esto es el “quédate en casa” para los trabajadores! En Santa Cruz se concentra no solo la mayoría de los casos, sino también la mayoría de los permisos de circulación vinculados a alguna actividad productiva (más de 60 mil). Así hay 15 municipios y varias comunidades donde ha ingresado el virus. 

El resultado de estas excepciones y de los retrasos en el equipamiento del sistema de salud es que somos también el país donde hay una distribución etaria más uniforme de los fallecidos por coronavirus. En los EEUU, el país más golpeado, y en el resto del mundo el 80% de los fallecidos son mayores de 65 años. En nuestro país en cambio, según las estadísticas oficiales hasta el 20 de abril, el 47% de los fallecidos por coronavirus tienen entre 20 y 59 años de edad. Son trabajadores activos y en actividad cuyas enfermedades de base son la explotación capitalista del trabajo y un sistema público de salud colapsado. 

Pese a todo esto, se empieza ya a hablar de “flexibilizar” la cuarentena. Lo piden Patzi, gobernador de La Paz y dirigente del MTS, y Soria, gobernadora de Cochabamba y militante del MAS, pero lo consideran abiertamente también ministros de Añez como Arias, de obras públicas, Navajas, de salud, y Parada, de economía. Si podemos suponer que Patzi, Soria y Arias reflejen las presiones de sectores de trabajadores informales mayoritarios en sus departamento, no cabe duda que tanto Navajas, exponente de la salud privada, como Parada, ex asesor económico de la Gobernación de Santa Cruz dan voz a la necesidad de la burguesía de reencaminar los negocios y utilizar la pandemia para imponer más sacrificios a la clase trabajadora. 

Pero ¿qué significa flexibilizar la cuarentena? Se habla de reabrir las escuelas repartiendo los alumnos por turnos y evitar así aglomeraciones. Pero esto sería muy difícil de concretar con los problemas de infraestructuras educativas que acarreamos y la falta de personal para realizar oportunas desinfección luego de cada turno. En la primera semana de emergencia sanitaria Añez puso algunas condiciones a la circulación del transporte, que presta un servicio público pero es completamente privado. Sin embargo con lo viejo que es nuestro parque vehicular y con las condiciones de explotación de muchos choferes, que deben pagar montos fijos a los dueños de micros y “líneas sindicales”, no se pudo cumplir con ninguna de las medidas de seguridad dictadas por el gobierno.

El caso del Beni, o de Oruro anteriormente, han demostrado además que los únicos lugares en silencio epidemiológico son aquellos donde nos se realizan pruebas. Un apresurado levantamiento de las medidas de confinamiento podría disparar los contagios. Cabe recordar finalmente que, con base en estudios sobre la evolución estadística de la enfermedad, la misma OMS ha proyectado el pico de contagio en América Latina para mediado de mayo o, en algunos casos, junio. 

Añez ha capitalizado el deseo de protección que el pueblo pobre y trabajador de Bolivia ha manifestado cerrando rutas de acceso a sus respectivas comunidades y barrios o lamentando el abandono del sistema de salud a las comitivas de ministros que recorren las provincias para inspeccionar hospitales y atacar a Evo. En una situación diferente no se habría podido descartar que Añez fuese tentada de dar un giro más abiertamente bonapartista a su gobierno, por ejemplo disolviendo la Asamblea Legislativa a mayoría masista, y consolidar el golpe sin pasar por elecciones. Sin embargo el contexto no permite aquello. Hay presiones burguesas y también populares contra la cuarentena, debido a la crisis económica que el coronavirus está transformando en avalancha. Su gobierno, pero, no tiene una oposición que lo amenace seriamente y este es el verdadero peligro. 

El mensaje que hoy el MAS envía a la población es el mismo que permitió a Añez de llegar  donde está: solo el voto puede cambiar las ineficaces políticas de contraste a la pandemia que Añez impulsa. La presidenta ha aprovechado el largo silencio de Arce, candidato del MAS, sobre el manejo sanitario de la pandemia y el hecho que el programa presentado luego no se desmarque en nada fundamental de la “unidad nacional” que está fortaleciendo a Añez. Las presiones del MAS para el voto podrían ser el pretexto usado por Añez para flexibilizar la cuarentena como le pide la burguesía nacional y varios sectores apoderados del “día a día” (grandes comerciantes, dueños del transporte etc.). 

Como llegamos al voto es en orden político y temporal, prioritario respecto a cuando votaremos. En cuanto al manejo sanitario de la pandemia, lo único claro al conjunto de la población es que el MAS habría pedido ayuda de los médicos cubanos, como por otro lado han aceptado también países europeos. Pero ninguna otra palabra de ruptura ha sido pronunciada por Arce sobre el gasto en salud, ni sobre los 43 salubristas contagiados en muchos casos sin tener ni ítem, ni seguridad laboral, ni condiciones de trabajo, y tampoco hubo un pronunciamiento claro sobre el escándalo de la salud privada, que sobrepasa con creces las capacidades de atención médica frente al coronavirus del sistema público (en nuestra revista un análisis crítico más detallado del programa del MAS contra la pandemia). 

Arce ha denunciado que las condiciones del préstamos del FMI a Bolivia imponen una política de control del déficit fiscal. Pero en vez de decir “nuestro gobierno no respetará estas condiciones y no pagará la deuda externa porque primero viene la salud y la vida del pueblo pobre y trabajador boliviano” ha afirmado que la política impuesta por el FMI pesará sobre el gobierno que le siga a Añez… incluso el del MAS y anuncia que su gobierno recurriría a préstamos internacionales. Asimismo dice que se necesitarán dos años para levantar nuevamente la economía después de esto. Dos años, como mínimo, de sacrificios anunciados para trabajadoras y trabajadores. En todo su programa, de hecho, no se menciona ni una sola nacionalización. La economía que quiere levantar es la misma que nos ha llevado a este desastre defendiendo el lucro privado por encima de la salud.

En nuestro contexto de encierro forzoso para la mayoría de la población, defender un programa correcto es aún más de vital importancia. Pero no solo esto es posible. Una vez más el pueblo ha demostrado que incluso en cuarentena se pueden inventar formas de protesta que den en el clavo de las contradicciones del gobierno. Es el caso de Potosí donde se ha realizado un inédito cacerolazo desde todos los balcones de la Villa Imperial exigiendo al gobierno el funcionamiento de un laboratorio de análisis (en este enlace videos y el reclamo de los potosinos). Oportunidades como esta hay: entre los vecinos que organizan ollas comunes, los trabajadores despedidos, los estudiantes que ven empezar clases en línea sin que se aseguren iguales condiciones de acceso a la tecnología etc. Un partido de izquierda se fortalece en estas luchas. 

Debemos rechazar el chantaje que nos pone frente a la elección entre morir de hambre o morir por coronavirus. No hay elección entre la muerte y la muerte. Necesitamos un programa para que la cuarentena sea eficaz y para defender nuestras vidas durante la cuarentena. No existe posibilidad alguna de levantar semejante programa sin atacar frontalmente los intereses de la burguesía, los industriales, los bancos, el agronegocio, las multinacionales y los organismos financieros.