El papel de la clase trabajadora y de su dirección


Mientras empeora cada día más la situación del pueblo pobre y trabajador de nuestro país, debemos preguntarnos ¿quién y cómo puede cambiar esto?

Según un encuesta de CIES-MORI para El Deber un 40 por ciento de la población está quedando sin “los víveres suficientes y ya no tiene dinero para comprarlos”. En todas las ciudades se aglomeran ambulantes sin autorización alrededor de los mercados habilitados y  el transporte presiona para volver al trabajo junto a los informales. En zonas de El Alto, Cochabamba, Yapacaní y Macha, hay bloqueos exigiendo, entre otras cosas, elecciones y que se les permita trabajar, es decir que termine la cuarentena. 

Los intentos de vincular estas protestas al MAS podrán tener algún efecto por un tiempo, pero no resolverán los problemas del gobierno. Por ser candidata, Añez y su gobierno ya no representan ni a la totalidad del frente político y social que impulsó el derrocamiento de Evo; su desastre en el manejo sanitario de la pandemia y sus intentos fallidos de amordazar la libre expresión la exponen a cuestionamientos de su mismo bando y a nivel internacional. Lo único que le queda, como señalamos desde el principio de esta crisis, es la gestión de la cuarentena y la percepción de su utilidad. 

Cuarentena: ¿si o no?

De hecho según los resultados de la misma encuesta mencionada el 51 por ciento de los entrevistados consideran positivamente el manejo de la pandemia por parte de Añez. En otra encuesta, elaborada por IPSOS para el canal alteño RTP, este porcentaje aumenta a casi el 70 por ciento. Esto no es difícil de entender. La pandemia ha llegado aquí después de haber colapsado el sistema de salud de los países capitalistas avanzados. Incluso, tuvimos tiempo de ver como una respuesta tardía ha contribuido a la difusión mortal del virus en Ecuador, Brasil o Chile, países gobernados por la derecha. 

Esta supuesta aprobación a la gestión de Añez es en realidad miedo a la pandemia. Los que salen a trabajar no lo hacen porque quieren, sino porque deben, como los comerciantes que son, a la fecha, el sector laboral más afectado. La gente que no tenemos dinero, por esto mismo sabemos que contagiarnos para nosotros es muerte. Prueba de aquello son las elevadas tasas de mortalidad entre los pueblos originarios amazónicos, a los cuales el virus está llegando con la actividad de perforación y explotación de pozos operados por las multinacionales, que no han parado de trabajar. 

Pero, el miedo es siempre pariente próximo de la rabia. El gobierno de Añez se mantiene al borde de la crisis política; sin embargo, ni la COB ni el MAS proponen nada para evitar que tengamos que escoger entre la muerte por hambre o por coronavirus. Independientemente de nuestras críticas al programa del MAS contra la pandemia, está claro a todos que este es un programa electoral y no de lucha. Así lo interpreta la misma base de este partido, que en los bloqueos exige elecciones y el fin del confinamiento. De esta manera defienden la línea del MAS, pidiendo a sus dirigentes que actúen con la misma velocidad de la crisis. Pero este reclamo aleja la base movilizada del MAS del sentimiento mayoritario en la población. Los buses de enfermeras y médicos apedreados en algunos bloqueos son el reflejo de las divisiones al interior del MAS en torno a la cuarentena y su falta de un plan para enfrentar con la lucha los efectos catastrófico de la crisis.

Qué quieren los trabajadores

El punto de vista de los trabajadores es diferente, empezando por los mismos salubristas que están pagando un precio muy alto en el combate a la pandemia. Las deficiencia de nuestros hospitales son motivo de protesta en todo el país. El mismo escándalo por la entrega por parte de Añez de ventiladores no aptos a la terapia intensiva se debe a estas protestas. Los trabajadores de salud que piden seguridad, equipamiento e ítems conectan naturalmente con las movilizaciones ciudadanas que exigen reforzar el sistema de salud público. Una protesta nacional de los salubristas haría precipitar rápidamente las contradicciones del gobierno de Añez que no podría disimular su ineficiencia. 

En la cuarentena la clase trabajadora ha estado pidiendo seguridad y estabilidad laborales. En la medida en que se reanuden más actividades laborales, estos pedidos emergerán con más fuerza por encima del debate sobre la cuarentena. La burguesía también pide al gobierno defender el aparato productivo del país, pero estos reclamos son sólo superficialmente similares. Según noticias de última hora los 7000 obreros de las 370 fábricas del Parque Industrial de Santa Cruz volverán a trabajar el lunes 18 de mayo. En realidad por lo menos un 20 por ciento de ellas nunca paró, aunque su producción no era esencial. Son decenas las denuncias de sindicatos de empresas donde no se han respetado las medidas de bioseguridad durante la cuarentena, algunas recogidas en la página Facebook de la Red de Noticias Obreras.

El Parque Industrial cruceño y sus villas aledañas son, de hecho, entre los primeros y los principales focos de contagio de la capital oriental. En el Beni tenemos el caso extremo de la empresa de la franquicia multinacional Coca-Cola donde la falta de equipos de bioseguridad ha causado infección en un gran número de trabajadores y la muerte de un obrero. Con estas premisas, he de esperarse nuevos casos de contagio y lucha de clases al interior de las empresas que vuelven a operar.

La burguesía defiende la cuarentena solo para que el contagio no estorbe sus negocios. Pero cuando esto ocurre, exigen flexibilidad. Los ganaderos de Santa Cruz, por ejemplo, han pedido que se abran más mercados para que no pare la cadena de suministro y ventas de carne. La alcaldía cruceña cerró 13 supermercados en zonas de alto contagio, donde hubo además trabajadores infectados; sin embargo en cinco días todos reabrieron sus puertas con un poco de lavandina echada en los pasillos. 

El “socialismo” de la burguesía

La cuarentena está llevando a la desesperación a muchos hogares de escasos recursos. Pero, aunque se levantara hoy mismo y nadie más se contagiara, la crisis del capitalismo amenaza con precipitar a dos millones de bolivianas y bolivianos de nuevo en la pobreza extrema. La Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), agencia de las Naciones Unidas, calcula que “en caso de reducirse las remesas provenientes de familiares que migraron, se acentuará la situación de pobreza de quienes las reciben en sus países de origen”. Para nuestro país, este cálculo significa más de otro millón de pobres por las consecuencias de la crisis internacional.

¿Cómo pudo un microorganismo prostar la economía mundial a estos niveles? La crisis viene de lejos y es de sobreproducción, es decir una producción que excede las capacidades del consumo. El estrepitoso colapso del precio de las materias primas es un claro índice de esto: bajan los precios porque no hay compradores. Es evidente que un virus que obliga a las personas en sus casas, que frena el consumo o lo concentra en productos de la canasta básica, funciona como gasolina sobre el fuego de esta crisis. 

Ahora la CEPAL propone a los gobiernos garantizar “un ingreso básico para ayudar a la población más vulnerable a superar los efectos del coronavirus”; el FMI sugiere un esquema de ingresos mínimos y rebajas de impuestos salariales y al consumo”; en un editorial del Financial Times, principal órgano de la burguesía financiera mundial, se leía “se necesita poner sobre la mesa reformas radicales que reviertan las directrices de política económica de las últimas 4 décadas. Los gobiernos deben aceptar un papel más activo en la económica. Ver los servicios públicos como inversiones más que obligaciones, y buscar la manera de hacer el trabajo más estable… la redistribución [de la riqueza] debe volver en la agenda… los bonos y los impuestos a la riqueza deben combinarse”. 

El papel de la clase trabajadora

El capitalismo necesita compradores y la burguesía teme revoluciones sociales, esto inspira su repentino cambio de perspectivas políticas. Que pero no resolverá nada. Los capitalistas necesitan extraer lucro de los trabajadores, pagándoles menos del valor que producen y aumentando su productividad. Por décadas han impulsado la gente a endeudarse, sacar créditos para consumir. Después de la crisis de 2008 recurrieron a planes de rescate de empresas y Estados, que dispararon aún más las deudas. Lo que obtuvieron es la gigantesca sobreproducción que tenemos. Solo la administración democrática y directa de la clase trabajadora sobre lo que produce podrá hacer coincidir las capacidades productivas de la sociedad con las necesidades reales de la humanidad.

La única forma posible y viable de socialismo es la que pone al centro este papel de la clase trabajadora. Para los marxistas este es irrenunciable y guía nuestro accionar. Pero aunque hablamos de un principio general, su validez es muy concreta. Una huelga general de los trabajadores en defensa de la vida y del empleo pondría de rodillas el gobierno de Añez. Ni la cuarentena pudo detener su trabajo, porque si para la clase trabajadora el mundo deja de girar. Los comités de huelga en las fábricas tendrían que abastecer a sus familias y barrios; para ello pondrían inmediatamente en piè una red de suministro de productos entre campo y ciudad, haciendo lo que el MAS ha intentado hacer obteniendo solo arrestos y represión por no contar ni apoyarse en la fuerza de la clase trabajadora.

Por décadas la mente de jóvenes y activistas ha sido envenenada de discursos que le han enseñado a dar la espalda al movimiento obrero. Intelectuales pseudo marxistas nos decían que la lucha de clases es solo una de las tantas contradicciones del capitalismo. Además, decían, los obreros ya no son los mismos, ni en cantidad ni en conciencia. Pero la crisis demuestra que el papel de la clase trabajadora va mucho más allá de su número. Un paro general de actividades cambiaría la escena política mucho más y más rápidamente de los bloqueos y daría perspectivas de lucha a cuantos están entre la espada del coronavirus y la pared del hambre. Si esto no sucede es porque ni el MAS ni la mismísima COB se lo plantean. Los primeros por seguir una línea electoral que desespera a su propia combativa base y la burocracia sindical porque ha cultivado por tantas décadas una relación de dependencia del Estado que ahora no es capaz de oponer nada concreto a los intentos de Añez de involucrarla en la “reactivación económica” según los planes de la burguesía.

El papel de la dirección

La conciencia, de hecho, no desarrolla en el vacío. Los trabajadores llegan a la necesidad del sindicato en la empresa, impulsados por la defensa de su vida, condiciones de trabajo y poder adquisitivo de sus salarios. Se agrupan en federaciones y confederaciones para las batallas que involucran a toda su clase, como la duración de la jornada laboral y para impedir que, al meterlo los unos contra los otros, la patronal los gane. En países como el nuestro el Estado intervino en la fundación de la organización sindical nacional de los trabajadores, para controlar su lucha. Esto ocurrió con la FSTMB que sin embargo llega décadas después del inicio del movimiento sindical minero. En todo caso este proceso lleva siempre a conclusiones que son políticas. 

Pero al llegar a este punto, la clase trabajadora ya no se mide con la empresa y sus capataces, lo inmediato y objetivo de su existencia como clase trabajadora, sino con ideas políticas, la parte subjetiva o en otras palabras, las direcciones establecidas del movimiento obrero. El objetivo de la lucha política de la clase trabajadora es el poder, como en cualquier lucha política, pero sólo los marxistas la acompañan para inculcarle la idea que el poder de los trabajadores empieza donde termina el Estado burgués, basado en la concentración de la economía, la política y la fuerza pública en pocas manos. 

De hecho, mientras hacía concesiones a multinacionales, agroempresarios y al Estado (FFAA, funcionarios etc.), el MAS no dejaba de describir el suyo como “un gobierno obrero-campesino” o “de los movimientos sociales”. Después del golpe sabemos que el tiempo dedicado por el MAS en componer la lucha de clases fue tiempo restado a la clase trabajadora para aprender y organizarse para hacer frente a la nueva situación que le impone la crisis. Este es un ejemplo “nuestro” de cómo las direcciones influyen en el curso de la lucha de clases.

La organización que necesitamos

Lo que hace la crisis es aclarar las cosas, los bandos en lucha y lo que se pelean. Los planes de reactivación económica burguesa no son gratuitos, son deudas e incluso cuando un sector de la clase trabajadora y sus direcciones creyera en todo lo que la burguesía compromete ahora, aprenderán muy pronto que las deudas se pagan. Pero ya ahora mismo es suficiente describir la realidad así como es para entender los planteamientos del marxismo y la exposición de su método. 

Ni con una pandemia mortal se pudo tener a obreros agrícolas, de industrias, esenciales y no esenciales, o trabajadores de servicios varios al seguro en sus casas. Este papel productivo es la fuerza de la clase trabajadora y lo que le permitiría sacudir desde los cimientos nuestro escenario político si fuera organizada. Esto, a su vez, sólo será posible cuando jóvenes, mujeres, campesinos, indígenas y las propias vanguardias obreras pondrán en pié una dirección política reconocida y claramente orientada a estos principios y a la clase trabajadora.

Luchas como la de ALTIFIBER nos demuestran además la necesidad del internacionalismo. Como explicamos en otros pronunciamientos, esta empresa no está en quiebra, ha simplemente deslocalizado su producción en Perú. El crecimiento de la “burguesía nacional”, independientemente de su “patriotismo”, internacionaliza sus intereses. En sus manos esto lleva a los conflictos nacionales; la clase trabajadora no tiene otra opción que la unidad más allá de las frontera en la común defensa del empleo.

La Corriente Marxista Internacional nos hemos desarrollado en los años bajo estos principios. Somos una internacional que además de organizar a las vanguardias unos cuarenta países, impulsamos luchas internacionales de trabajadores, de la industria automotríz, de los servicios etc. Vamos a organizar una corriente con estas capacidades también acá en Bolivia. Si al leer este análisis estás de acuerdo con lo que planteamos, no hay mucho más que necesites saber para sumarte a nosotros.