El Programa de la Internacional


La I y la II Internacional

Si una perspectiva, programa y política internacional, es imposible construir un movimiento que pueda afrontar las tareas la transformación de la sociedad. Una Internacional es un programa, una política, un método y su organización el medio para llevarlos a cabo. La necesidad de la Internacional surge de la posición de la clase trabajadora a nivel internacional. Esta, a su vez, ha sido desarrollada por el capitalismo, por la organización de la economía mundial como un todo indivisible. Los intereses de la clase trabajadora en un país son los mismos que los intereses de los trabajadores de los demás países. A causa de la división del trabajo establecida por el capitalismo, se han sentado las bases para la organización internacional del trabajo y la producción planificada a escala mundial. Así, la lucha de la clase obrera en todos los países es la base del movimiento hacia socialismo.

El capitalismo, a través de la propiedad privada de los medios de producción, desarrolló la industria y derribó el particularismo local del feudalismo. Rompió los arcaicos aranceles, peajes y extorsiones del feudalismo. Su gran creación es el estado nacional y el mercado mundial. Pero una vez que ha cumplido esta tarea, él mismo se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo de la producción. El estado nacional y la propia privada de los medios de producción estorban el desarrollo de la sociedad. Las posibilidades de producción sólo pueden ser plenamente utilizadas con la abolición de las fronteras nacionales y el establecimiento de una federación de estados obreros europeos y mundiales. Estos, con la propiedad estatal y dirigidos por los obreros, son un paso necesario en el camino del socialismo. Son estos factores los que dictaron la estrategia y la táctica del proletariado, tal como se refleja en su vanguardia consciente, en las frases de Marx: “Los trabajadores no tienen patria” y de ahí “Proletarios de todos los países uníos”.

Sobre estas consideraciones Marx organizó en primer lugar la Primera Internacional, como un medio de unión de las capas avanzadas de la clase trabajadora a escala internacional. En ella estaban los sindicalistas (tradeunionistas) ingleses, los radicales franceses y los anarquistas rusos. Dirigida por Marx, estableció la estructura para el desarrolló del movimiento obrero en Europa y América. En su día, la burguesía tembló ante la amenaza del comunismo en la forma internacional, que estableció profundas raíces en los principales países europeos. Después de la derrota de la Comuna de París hubo un avance del capitalismo a escala mundial. En estas condiciones las presiones del capitalismo sobre el movimiento obrero trajeron como consecuencia la división interna y el sectarismo. Las intrigas de los anarquistas renovaron su ímpetu. El crecimiento orgánico del capitalismo afectó, su vez, a la organización del proletariado a nivel internacional. En estas circunstancias, tras sugerir el cambio de la dirección a Nueva York, Marx y Engels decidieron que en aquel momento sería mejor disolver la Internacional.

El trabajo de Marx y Engels fructificó en la creación de organizaciones de masas del proletariado en Alemania, Francia, Italia y otras naciones, como Marx había previsto. Esto preparó, su vez, el camino para una organización internacional basada en los principios del marxismo, que abarcó masas más amplias. Así, en la década de 1890 nació la Segunda Internacional. Pero el desarrollo de ésta se dio principalmente en una etapa de crecimiento importante del capitalismo y, mientras defendían verbalmente las ideas del marxismo, las capas elevadas de la socialdemocracia mundial cayeron bajo las presiones del capitalismo. Los líderes de los partidos socialdemócratas y de las organizaciones sindicales de masas del proletariado, con sus costumbres de compromiso y negociación de las diferencias con la clase dominante, el continuo aumento del nivel de vida debido a las presiones de las organizaciones de masas, cambiaron las condiciones de existencia de las capas superiores de los partidos y sindicatos obreros. “Las condiciones de vida determinan la conciencia”. Las décadas de desarrollo pacífico que siguieron a la Comuna de 1871, cambiaron el carácter de las direcciones de las organizaciones de masas. Sosteniendo de palabra el socialismo y la dictadura del proletariado, defendiendo con frases el internacionalismo, en la práctica las direcciones estos partidos se habían convertido en sostenedoras del estado nacional. En el congreso de Basilea de 1912, debido a las crecientes contradicciones del capitalismo mundial y ante la inevitabilidad de la guerra mundial, la Segunda Internacional decidió oponerse por todos los medios, incluso la bola general y la guerra civil, al intento de lanzar los polos o una carnicería insensata. Lenin el bolcheviques con resolución Volvo, 300 líderes del movimiento participaron en la organización de la segunda internacional como el medio para liberación del género humano de las cadenas de capitalismo. En 1914 los líderes de la socialdemocracia en casi todos los países se unieron al apoyo de sus respectivas clases dominantes en la guerra. Era tan inesperada la crisis y la tradición que incluso Lenin creyó que la defensa de los créditos de guerra por parte de la socialdemocracia en Alemania a través de su órgano central Voerwarts, era una maniobra del Estado Mayor alemán. La Internacional se había derrumbado vergonzosamente en la primera prueba seria.

La III Internacional

Lenin, Trotsky, Liebknecht y Luxemburgo, McLean, Connolly y otros se vieron reducidos a líderes de pequeñas sectas. Los internacionalistas del mundo en 1916, como ironizaban los participantes en la conferencia de Zimmerwald, se podían reunir en unas pocas carrozas. La inesperada traición llevó a los internacionalistas, débiles y aislados, hacia la ultraizquierda. Para diferenciarse de los “socialpatriotas” y los “traidores al socialismo”, se vieron obligados a reafirmar los principios fundamentales del marxismo, la responsabilidad del imperialismo en la guerra, el derecho de autodeterminación de los pueblos, la necesidad de la conquista del poder, separación de la práctica y la política reformista. Lenin declaró que la idea de que la Primera Guerra Mundial era “una guerra para terminar con las guerras” era un peligroso cuento de hadas de los jefes obreros. Si la guerra no era seguida por una serie de revoluciones socialistas triunfantes, sería seguida por una segunda, una tercera e incluso una décima guerra mundial, hasta la posible aniquilación del género humano. La sangre y el sufrimiento en las trincheras en provecho de los monopolistas millonarios, provocaría inevitablemente una revuelta entre las masas contra la colosal matanza.

La fundación la III Internacional encontró su justificación en el triunfo de la revolución rusa de 1917 bajo la dirección de los bolcheviques. Esto fue seguido por una serie de revoluciones y situaciones revolucionarias de 1917 a 1921. Sin embargo, las jóvenes fuerzas de la nueva Internacional eran débiles y e inmaduras. Como consecuencia, aunque la revolución rusa provocó una ola de radicalización en la mayoría de los países de Europa Occidental, los partidos comunistas, débiles en aquel momento, no sacaron partido de la situación. Así, capitalismo pudo estabilizarse temporalmente.

En la situación revolución de 1923 en Alemania se perdió la oportunidad de tomar el poder debido a la política de la dirección, que atravesó una crisis semejante a la dirección del Partido Bolchevique en 1917. El imperialismo estadounidense se apresuró a acudir en ayuda del capitalismo alemán ante el miedo al “bolchevismo” en el oeste. Esto preparó el camino para la degeneración de la Unión Soviética debido a su atraso y aislamiento, y también por la corrupción y desenraizamiento de la Tercera Internacional. En 1924 era ya claro el comienzo de la consolidación de la burocracia estalinista y su usurpación del poder en la URSS. Un proceso similar al que había llevado a la degeneración de Segunda Internacional, unas décadas antes, se dio en un corto plazo de tiempo en la Unión Soviética. Después de conquistar el poder en un país atrasado, los marxistas se preparaban confiadamente para la revolución internacional como la única solución para los trabajadores de Rusia y del mundo. En 1924 Stalin surgió como el representante de la oficialidad que se había elevado a si misma por encima del nivel de las masas de obreros y campesinos.

Cuando, en vez de las ideas de Marx y Lenin sobre la participación del gobierno y la gestión de la industria por la mayoría, dijeron que “arte, ciencia y gobierno” era su lema, los ingresos ocultos de las capas privilegiadas salieron claramente a escena. En otoño de 1924 Stalin, violando las tradiciones del marxismo y bolchevismo, lanzó por primera vez la utópica teoría del “socialismo en un solo país”. Los internacionalistas bajo la dirección de Trotsky, lucharon contra esta teoría y predijeron que sus resultados serían el fracaso de la Internacional Comunista y la degeneración de sus sesiones nacionales. La teoría no es una abstracción sino una guía para la lucha.

Las teorías, para contar con el apoyo de las masas, tienen que representar los intereses y presiones de determinados grupos, castas o clases de la sociedad. Así, la teoría del “socialismo en un solo país” representaba la ideología de la casta dominante de la Unión Soviética, compuesta de burócratas que se habían consolidado como resultado de la revolución y que no querían ver amenazada su posición de privilegio. Fue esta perspectiva la que empezó a transformar la Internacional Comunista de un instrumento de la revolución mundial en un simple guardafronteras para la defensa de la URSS, que se suponía estaba construyendo activamente el socialismo por su cuenta.

La Oposición de Izquierdas

La expulsión de la Oposición de Izquierdas de los partidos comunistas, que se mantenían en los principios de internacionalismo y del marxismo, tuvo lugar en ese momento. Las derrotas de la huelga general británica y la Revolución China de 1925-1927 prepararon el camino para este proceso. A este nivel, era un problema de “equivocaciones” en la política de Stalin, Bujarin y sus satélites. Era el problema de su posición como ideólogos de las capas privilegiadas, y de las enormes presiones del capitalismo y el reformismo. Estos errores de dirección condenaron al movimiento del proletariado en otras naciones a la derrota y al desastre. Habiéndose quemado los dedos intentando conciliar a los reformistas en Occidente y la burguesía colonial en el Este, Stalin y su Pandilla oscilaron hacia una posición ultraizquierdista, arrastrando con ellos a la dirección de la Internacional Comunista. Dividieron a los trabajadores alemanes en vez de defender el frente único para impedir la llegada del fascismo al poder en Alemania, y así, prepararon el camino, con la paralización del proletariado alemán, para la victoria de Hitler. La degeneración de la Unión Soviética y la traición de la III Internacional prepararon, a su vez, el camino para los crímenes y la traición de la contrarrevolución estalinista en la URSS.

Aparte de la nacionalización de los medios de producción, el monopolio de comercio exterior y la economía planificada, no queda en la URSS nada de la herencia de Octubre. Las purgas, la guerra civil unilateral en la URSS tuvo su contrapartida en los partidos de la Internacional Comunista. La victoria de Hitler y las derrotas en España y Francia fueron resultados de este proceso. De 1924 a 1927, Stalin se había apoyado en una alianza con los kulaks, los “hombres de la NEP” y la “construcción de socialismo a paso de tortuga”. Al mismo tiempo, cara al exterior, el estalinismo optó por una “neutralización” de los capitalistas y la conciliación con la socialdemocracia como medio de alejar la amenaza de guerra. La derrota de la Oposición de Izquierdas en la URSS con su programa de vuelta a una democracia obrera y la introducción de los planes quinquenales, fue debida a las derrotas internacionales del proletariado, causadas por la política estalinista.

Arrastrándose ante los socialdemócratas y otros “amigos” de la Unión Soviética, la Internacional Comunista supera la política del “tercer periodo”. La crisis de 1929-1933 se pensaba “que era la última crisis del capitalismo”. El fascismo y la socialdemocracia eran hermanos gemelos y estas “teorías” emprendieron el camino hacia las terribles derrotas de la clase obrera internacional. Al mismo tiempo, la política de la Oposición de Izquierdas en Rusia ganó a los elementos más avanzados de los partidos comunistas más importantes del mundo. Lecciones de Octubre, un trabajo de Trotsky, trataba de las lecciones de la revolución abortada de 1923 en Alemania, y el programa general de la Oposición de Izquierdas, en el interior y en el exterior, tuvo por respuesta las expulsiones no sólo del partido ruso, sino de las principales secciones la Internacional. Hubo un gran aumento de grupos de oposición en Alemania, Francia, Inglaterra, España, EEUU, Sudáfrica y otros países. En esa época el programa de la oposición incluía una reforma de la URSS y en el aspecto internacional la adopción de una política correcta, tanto contra el oportunismo del periodo 1923-1927, como contra el aventurerismo del período 1927-1933.

Estas divisiones, como había subrayado Engels en otra ocasión, son un proceso saludable. Con ellas ese trataba de mantener las mejores tradiciones del bolchevismo y del ideal de la Internacional Comunista. La crisis de dirección era la crisis de la Internacional Comunista y de todo el género humano. Así, estas divisiones fueron un medio para mantener los ideales y los métodos del marxismo. En el primer periodo de su existencia, la Oposición se consideraba una sección de la Internacional Comunista, aunque expulsados, eran partidarios de la reforma de la Internacional. Las masas e incluso las capas avanzadas del proletariado, solamente aprenden con las lecciones de los grandes acontecimientos. La historia ha demostrado que las masas no pueden abandonar sus viejas organizaciones hasta que han sido probadas en el fuego de la experiencia. Hasta 1933 el ala marxista de la Internacional mantuvo su programa. Si era o no viable como organización, sería demostrado por la prueba de la historia. Así, la Oposición se mantuvo tenazmente como parte de la Internacional, aunque formalmente fuera de sus filas. La subida al poder de Hitler y la negativa de la Internacional Comunista a aprender la lección de la derrota fue lo que la condenó como instrumento de la clase trabajadora en su lucha por el socialismo. Lejos de analizar las razones de la fatal política del “socialfascismo”, las secciones de la Internacional Comunista declararon que la victoria de Hitler era una victoria de la clase obrera. En 1934 continuó la misma política suicida en Francia, al alimón con los fascistas contra los “socialfascistas” y el “socialfascista” radical Daladier, que si hubiera tenido éxito hubiese preparado el camino para un golpe fascista en Francia en febrero de 1934.

La Cuarta Internacional

Esta traición y el terrible efecto de la derrota ante Hitler condujeron a la reconsideración del papel de la Internacional Comunista. Una Internacional que podía cometer la traición de entregar al proletariado alemán a Hitler, sin que se disparase un solo tiro y sin provocar ninguna crisis en sus filas, ya no podía servir a los intereses del proletariado. Una Internacional que podía aclamar este desastre como victoria no podía cumplir el papel como dirección del proletariado. Como instrumento del socialismo mundial la III Internacional había muerto. La Internacional Comunista había degenerado, de ser un instrumento del socialismo mundial a ser una dócil herramienta del Kremlin, un instrumento al servicio de la política exterior soviética. Era necesario, entonces, preparar el camino de una Cuarta Internacional, limpio de los crímenes y traiciones que salpicaron las internacionales reformista y estalinista.

Después del colapso de la II Internacional, los internacionalistas revolucionarios permanecieron como pequeños grupos aislados. En Bélgica tenían un par de parlamentarios, lo mismo que en Austria, Holanda, etc., Las fuerzas de de la nueva internacional eran débiles e inmaduras, a pesar de que tenían la dirección y el apoyo de Trotsky, y las perspectivas de los grandes acontecimientos históricos. Se habían adecuado basándose en el análisis de la experiencia de la II y III Internacional, de las revoluciones rusa, alemana y china, de la huelga general en Inglaterra, así como los grandes acontecimientos que siguieron a la Primera Guerra Mundial. Los cuadros debían estar entrenados y educados como el esqueleto indispensable del cuerpo de la nueva Internacional.

Fue en ese periodo, debido al aislamiento histórico de este movimiento con respecto a las organizaciones de masas, como la socialdemocracia y los partidos comunistas, cuando evolucionó la táctica del entrismo. Para ganar a los mejores trabajadores era necesario encontrar la forma de influirlos. Esto sólo se podía conseguir trabajando con ellos en las organizaciones de masas. Así, empezando por PLI en Inglaterra, la idea del entrismo se realizo en las organizaciones de masas de la socialdemocracia en el momento en que estaban en una situación de crisis y giro a la izquierda. Debido a la crisis revolucionaria que se desarrollaba en Francia, se entró al Partido Socialista. En Inglaterra, la entrada del PLI en un estado de flujo y fermento después de romper con el PL, fue seguida de la entrada de muchos trotskistas en el OL, por consejo de Trotsky. En EEUU se entró masivamente al Partido Socialista. Principalmente el periodo de preguerra fue de preparación y selección de cuadros o elementos dirigentes, para ser entrenados y forjados directamente en la teoría y la práctica del movimiento de masas.

La táctica del entrismo, se consideraba también como un planteamiento a corto plazo, impuesto a los revolucionarios por su aislamiento de las masas y por la imposibilidad de que pequeñas organizaciones pudieran encontrar eco y apoyo entre las mismas. Fue el propósito de ganar a los elementos radicales que deseaban soluciones revolucionarias, lo que les hizo volverse en primer lugar hacia las organizaciones de masas. Pero siempre, bajo cualquier circunstancia, las ideas principales del marxismo y la bandera revolucionaria tendrían que llevarse por delante. Era un problema de adquirir experiencia y compresión combatiendo el sectarismo y el oportunismo. Era un medio de desarrollar una aproximación flexible, con la implacabilidad de principios, un medio de preparar los cuadros para los grandes acontecimientos pendientes.

Las derrotas de la clase obrera en Francia, Alemania y la guerra civil española, las derrotas del período de posguerra inmediato, debidas enteramente a la política de la II y III Internacional, abrieron el camino de la Segunda Guerra Mundial. La paralización del proletariado europeo, junto con la nueva crisis agravada del capitalismo mundial hicieron absolutamente inevitable la Segunda Guerra Mundial. En esta atmósfera tuvo lugar la fundación de la IV Internacional en 1938.

La perspectiva de Trotsky

El documento adoptado es en sí mismo una explicación de las razones de su construcción. El Programa de Transición de la IV Internacional está unido a la idea del trabajo de masas, dentro del marco de lucha por la revolución socialista. Esto indica que se considera la época como de guerras y revoluciones. Así, todo el trabajo tiene que ir unido a la idea de la revolución socialista. La perspectiva de Trotsky era que la guerra a su vez provocaría o desencadenaría la revolución. El problema del estalinismo se resolvería de una forma u otra, o bien la Unión Soviética se regeneraba por una revolución política contra el estalinismo, o bien el triunfo de la revolución en un país importante resolvería el problema a escala mundial. Con el triunfo de la revolución proletaria los problemas de las internacionales reformistas y estalinistas se resolverían de la misma manera. Esta predicción condicional que, revelando la comprensión de los procesos en la sociedad de clases, no fue confirmada por los acontecimientos. Debido a los peculiares acontecimientos militares y políticos de la guerra el estalinismo se fortaleció temporalmente. La ola revolucionaria que se produjo en Europa, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, fue traicionada esta vez por los estalinistas, en una forma todavía peor que la ola revolucionaria que se produjo después de la Primera Guerra Mundial que había sido traicionada por los líderes de la II Internacional.

La Internacional continuó, como debiera de haberlo hecho hasta hoy, los principios emanados de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, y en la experiencia de la lucha contra el estalinismo, el fascismo y los grandes acontecimientos que precedieron a la Segunda Guerra Mundial.

La idea de Trotsky de impulsar la fundación de una nueva Internacional en 1938 fue debida al colapso del estalinismo y el reformismo como tendencias revolucionarias de la clase obrera. Ambos se habían convertido en grandes obstáculos en el camino de la emancipación de la casa trabajadora; de ser un medio para la destrucción del capitalismo se han convertido en partidos incapaces de conducir el proletariado al triunfo de la revolución socialista. El problema de la creación de nuevos partidos y de una nueva Internacional era un problema de las perspectivas inmediatas que se presentaban. Una nueva guerra mundial provocaría, a su vez, la revolución en los países metropolitanos y entre las colonias. Los problemas del estalinismo en Rusia y en el mundo se resolverían dentro del desarrollo esta perspectiva revolucionaria. En estas condiciones era imperativo prepararse, tanto organizativa como políticamente, para los grandes acontecimientos que se avecinaban. Así, en 1938, Trotsky predijo que en el plazo de diez años, no quedaría nada de las viejas organizaciones traidoras, y la IV Internacional se habría convertido en la fuerza revolucionaria decisiva del planeta. No había nada incorrecto en el análisis básico, pero toda predicción es condicional. La multiplicidad de los factores políticos, económicos y sociales puede siempre tener un desarrollo diferente del previsto. La debilidad de las fuerzas revolucionarias ha sido, efectivamente, un factor decisivo en el desarrollo de la política mundial, durante más de treinta años, después de las predicciones de Trotsky.

Desgraciadamente, los mandarines la IV Internacional sin la dirección ni la presencia de Trotsky, interpretaron esta idea no como una tesis, sino como literalmente correcta.

Desarrollo de la posguerra y el papel de los “líderes” la IV Internacional

La guerra se desarrolló de forma diferente a lo que podían haber esperado incluso los mayores genios teóricos. El proceso se ha explicado en muchos documentos anteriores de nuestra tendencia. La victoria de Hitler en el primer período se debió a la política del estalinismo en el período precedente. El ataque a la Unión Soviética y los crímenes nazis (el fascismo es la esencia destilada químicamente del imperialismo, como explicó Trotsky), sin ninguna relación o balance por parte de la clase obrera alemana postrada y sin derechos frente a los monstruos nazis, significó que los obreros y campesinos de la URSS vieran como tarea inmediata la derrota de las hordas nazis y no la limpieza y restauración de una democracia obrera en el país por medio de la revolución política. Como consecuencia el estalinismo se fortaleció temporalmente durante todo un período histórico. La guerra en Europa evolucionó ampliamente hacia una guerra entre la Rusia estalinista y la Alemania nazi. El imperialismo angloamericano se equivocó totalmente en su perspectiva. Habían previsto que o bien la URSS sería derrotada, en cuyo caso dejaría fuera de combate a una Alemania debilitada y ellos aparecerían como los vencedores mundiales, o bien la Unión Soviética quedaría tan debilitada en el curso del sangriento Holocausto del frente oriental, que quedaría imposibilitada para dictar el curso de la política, la diplomacia y la redivisión mundiales, según sus caprichos y deseos. El cálculo de Trotsky demostró ser correcto en el sentido de que después de la Segunda Guerra Mundial siguió una ola revolucionaria todavía mayor que la que siguió a la primera. Pero las masas de los diferentes países de Europa estaban extraordinariamente ligadas a los partidos comunistas, que después de que Rusia fuese atacada por los nazis jugaron el papel principal en las organizaciones de resistencia contra los nazis, y también en algunos países a las socialdemocracias. Ya en esta época podía esbozarse el colapso de la nueva internacional, debido a las disputas que comenzaban a producirse.

En 1944 era necesario reorientar el movimiento para comprender que un largo periodo de democracia capitalista en el oeste y de dominación estalinista en Rusia estaba a la orden del día. En los documentos del PCR queda claro que el siguiente período Europa Occidental sería de contrarrevolución en una forma democrática. Esto era debido a la imposibilidad de la burguesía de mantener su dominio en Europa Central sin la ayuda de la socialdemocracia y el estalinismo. El Secretario Internacional se equivocó, el SWP y otros líderes contemporizaron con el problema y argumentaban que, al contrario, la única forma de dominio que podría mantener la burguesía en Europa era la de una dictadura militar y el bonapartismo. Incapaces de comprender el giro de los acontecimientos históricos, no podían entender que la Rusia estalinista saliese fortalecida de la guerra y que, lejos de estar el imperialismo a la ofensiva, se moviera a la defensiva. La alianza del imperialismo angloamericano estaba dictada por el temor a la revolución socialista en los países avanzados. Al mismo tiempo, la ola revolucionaria que se extendía por Europa y el mundo, hizo imposible al imperialismo angloamericano sacar provecho de la situación, interviniendo de una forma semejante a la de 1918, a pesar de estar en una posición fuerte respecto a Rusia, la cual estaba en un momento de debilidad. El imperialismo era impotente a causa de la ola revolucionaria. A pesar de esto, y sin comprender el cambio de la correlación de fuerzas, ni el significado de la gran marea revolucionaria, la Internacional (la IV), es su congreso mundial de 1945 declaró que “sólo la presión diplomática” bastaría para restablecer el capitalismo en la URSS.

El cambio de la correlación de fuerzas en Europa Oriental y China

Si con respecto a Europa Occidental su falta de perspectiva era total, en los problemas teóricos cara al movimiento en Europa Oriental, su posición era todavía peor. No comprendieron el impulso que dio la revolución el avance del Ejército Rojo, impulso que fue utilizado entonces por la burocracia para sus propios fines. Después de utilizarlo, estrangularon la revolución. El problema de los estalinistas no era la capitulación ante el capitalismo en esas condiciones, sino realizar la revolución, remodelándola a su imagen y semejanza bajo una forma estalinista-bonapartista. La “alianza” entre las clases en Europa Oriental era como en la España del “frente popular”: no una alianza con los capitalistas, sino con la sombra de la clase capitalista. Pero en España, los capitalistas, deben a su sombra el haber podido consolidarse. El poder real estaba en manos de la clase capitalista −en el Este−, pero la esencia del poder, la policía y el ejército, estaban en manos de los partidos estalinistas, que sólo permitían la sombra del poder a los demás compañeros de alianza. El estalinismo utilizó a su antojo la situación revolucionaria en todos estos países, donde la clase dominante había tenido que huir con los ejércitos nazis en su retirada, debido al temor de la venganza de las masas para su coloración con los alemanes. Con la retirada de los ejércitos nazis la estructura del ejército se derrumbó. El ejército y la policía fascista huyeron o se ocultaron. Así, la única fuerza armada en Europa Oriental era el Ejército Rojo. Oscilando entre las clases, la camarilla bonapartista comenzó a construir un estado según la imagen de Moscú.

Estos nuevos fenómenos históricos, aunque esbozados en los escritos de Trotsky, eran un libro cerrado para los llamados líderes de la Internacional. Declararon que las naciones de Europa Oriental eran estados capitalistas, mientras Rusia, desde luego, permanecía como un estado obrero deformado. Tal posición no era compatible con ningún análisis marxista. Porque si Europa Oriental, donde los medios de producción estaban nacionalizados, y ser realizaba una planificación de la producción, era capitalista, era absurdo mantener que Rusia, donde existían las mismas condiciones de dictadura burocrática, fuese cualquier tipo de estado obrero.

Las condiciones eran fundamentalmente las mismas. Así, tanto en Occidente como en Oriente estos líderes eran capaces de comprender las perspectivas y de apoyar en ellas la formación de nuevos cuadros revolucionarios. Fuerzas importantes se disgregaron en Francia y en otros países en las discusiones sobre estos problemas. Pero su record lo batieron con su posición respecto al segundo acontecimiento más importante en la historia de la humanidad: la Revolución China. Su posición fue en todo caso peor. Sin comprender el significado de la guerra campesina emprendida por Mao y sus seguidores, sin calcular la relación de fuerzas a escala mundial se contentaron, en esta época, con repetir las ideas que habían tomado de Trotsky, pero sin asimilarlas. Declararon que Mao intentaba capitular ante Chiang-Kai Chek, y que era una repetición de la revolución de 1925-1927. En primer lugar, la guerra civil se engendró por el problema de la tierra y las constantes ofertas de paz de los estalinistas chinos estaban basadas en la reforma agraria y la expropiación del “capital burocrático”, un programa que Chiang no podía aceptar. No habían comprendido que esto era una consecuencia de la revolución de 1925-27, y de la total incapacidad de la burguesía China para resolver los problemas de la revolución democrática, de la unificación nacional de China y la lucha contra en imperialismo, como se demostró en la guerra contra Japón. No comprendía que, en definitiva, se estaban abriendo nuevas perspectivas.

Por una parte estaba la pasividad de la clase obrera china, y por otra, la guerra campesina que apareció en China muchas veces en el último milenio, y la parálisis de imperialismo, debido a la ola revolucionaria que tuvo lugar después de la Segunda Guerra Mundial. Todos estos factores abrieron la posibilidad de una nueva dirección de los acontecimientos. En 1947, en un documento que analizaba la posición sobre China, el PCR esbozo los pasos que seguiría Mao en caso de ganar la guerra civil, victoria que era inevitable dadas las circunstancias. En ese tiempo la líderes del Partido Comunista Chino declararon que China estaba ante cincuenta años de democracia capitalista. Estaban aliados con los llamados capitalistas nacionales, pero el análisis de los marxistas no tendría esto muy en cuenta. El poder estaba en manos del Ejército Rojo. Así, predijimos que, siguiendo la pauta de Europa Oriental, Mao oscilaría entre las clases y con el cambio de condiciones nacionales e internacionales, construiría un estado obrero bonapartista. Los líderes del Secretariado Internacional y de la sección china mantuvieron que Mao estaba capitulando ante el capitalismo. Incluso después de la victoria total de los estalinistas chinos no comprendieron su significado, sino que declararon que China, como Europa del Este, era un estado capitalista, aunque sin definir este término.

A continuación vieron grandiosas perspectivas revolucionarias en China y Europa Oriental. Mao no podría mantener su “papel capitalista” por mucho tiempo. En Europa Oriental los regímenes de “estado capitalista” estaban en una situación de crisis inmediata, que conduciría a su derrocamiento inmediato. No comprendían que, al margen de los acontecimientos en las principales metrópolis capitalistas, sólo una revolución política triunfante en la URSS podía evitar que se mantuviera firmemente del poder, por una década o dos, por lo menos, los regímenes de Europa oriental y China. Continuaban repitiendo que la guerra mundial resolvería los problemas de la revolución, y en el caso de un líder, como la guerra no había resuelto los problemas, mantuvo que “la guerra continuaba”. Inmediatamente después de la guerra, declararon monótonamente cada año a partir de 1945  que se iba a producir el estallido inmediato de una nueva guerra mundial, y una guerra nuclear que llevaría al socialismo. Incluso hoy, no una forma diluida, repiten esta idea. En cada crisis del imperialismo, o a cada enfrentamiento del imperialismo contra la burocracia soviética, desenterraban los “tam-tam” y lanzaban el mismo mensaje vacío. Todavía hoy no han comprendido que el problema de la mundial en la época moderna es el problema de la correlación de fuerzas entre las clases, que sólo derrotas definitivas de la clase trabajadora en los más importantes países capitalistas, en particular Estados Unidos, pueden crear una base para una nueva guerra mundial.

Europa del este y los estados estalinistas

Como siempre, debido a los golpes que recibían sus ideas en base a los acontecimientos, la negativa a analizar sus errores les empujaba a otros opuestos y aún peores, de declarar a China y Europa Oriental estados capitalistas, pasaron al extremo opuesto. Una vez que la burocracia nacional de Yugoslavia, bajo Tito, entró en contradicción con la burocracia rusa, descubrieron en Yugoslavia “un estado obrero relativamente sano”.

Sin comprender la naturaleza del conflicto, en el que se debía haber dado un apoyo crítico a Tito, comenzaron a idealizar al “héroe Tito”, y a declarar que la nueva Internacional se consolidaría en territorio yugoslavo. Obligados a cambiar la caracterización de Yugoslavia de un estado capitalista a la de un estado obrero, declararon que también China era “un estado relativamente sano”. No tuvieron en cuenta las circunstancias y la forma en que se había producido la revolución en China. El inmenso retraso de China con respecto a la URSS, el hecho de que la clase obrera no hubiese jugado un papel independiente en estos grandes acontecimientos y, por lo tanto, permaneciese pasiva, y a escala mundial que el capitalismo hubiese conseguido establecerse en Occidente durante todo un periodo histórico, aunque temporalmente y que, la revolución socialista no era inminente en las metrópolis occidentales, significaba que los estalinistas y la burocracia china sufrían un estrangulamiento todavía mayor que el que habían sufrido los burócratas rusos. Tampoco se acordaron de que para la revolución socialista se requiere sobre todo la participación consciente y el control por parte de los trabajadores, control que será democrático en todo momento, posibilitando la dirección de la industria y el estado por la clase obrera. Todavía hoy, estos “líderes” no han comprendido el problema, todavía consideran que China y Yugoslavia son estados obreros “relativamente sanos”, que requieren simplemente una reforma parecida a la Rusia de 1917-1920, y en absoluto una revolución política, tal como dijo Trotsky.

De esta forma reforzaron los errores de su postura anterior, violando algunas de las ideas fundamentales del marxismo, pero ahora en el polo opuesto. Repitieron este proceso al igual que ante lo bien hecho los estalinistas, oscilando de una posición a otra sin utilizar nunca el método marxista para analizar los acontecimientos en su dinámica, corrigiendo los errores y preparando el camino para alcanzar un mayor nivel de pensamiento sobre estas bases. Cada cambio de línea, de táctica, caía bruscamente como nuevo “descubrimiento” desde lo alto, para ser suministrado a los “creyentes” en resonantes discursos y documentos. Era esto, entre otros factores, una de las causas principales de la incapacidad total de orientarse correctamente en la evolución de los acontecimientos. La honestidad de intención sólo se puede obtener de aquellos que confían en sí mismos, en sus ideas y en la autoridad política que emana de la correcta interpretación de las mismas. Sólo con estos medios pueden crearse, forjarse y educarse los cuadros del movimiento revolucionario, para la gran tarea que tiene pendiente la humanidad.

Después de mantener que la totalidad de Europa Oriental y China era una forma peculiar de capitalismo de estado, que no se definió, ni se analizó y explicó nunca, dieron un giro de ciento ochenta grados, sin explicación ni análisis de las razones de este cambio impresionante. Una vez que el régimen yugoslavo rompió con Stalin, a causa de los intereses ocultos de la burocracia yugoslava, descubrieron en Tito un nuevo redentor de la IV Internacional. Yugoslavia se transformó de la noche a la mañana en un estado obrero “relativamente sano”. Desde luego era necesario dar un apoyo crítico a la lucha del pueblo yugoslavo contra la opresión nacional de la burocracia rusa, pero explicando al mismo tiempo los intereses de la burocracia en Yugoslavia. En vez de esto idealizaron el titismo. Mientras que en la URSS,  seguía haciendo falta una revolución política. Las razones las explicó Trotsky advirtiendo de la necesidad de la misma. No obstante, no explicaron las razones de su cambio. Deutscher se las arregló para hacer la transición y descubrir que la revolución política no era necesaria en la URSS. Descubrieron entonces que en Yugoslavia se había producido una revolución durante el periodo de la guerra y la posguerra.

Como consecuencia de esto, la revolución socialista había tenido lugar en Yugoslavia, mientras que la revolución socialista en Rusia había quedado aislada. Sin embargo, la revolución en Yugoslavia no sería aislada debido a la existencia de la revolución rusa. Dijeron que la causa del desarrollo del estalinismo en Rusia se debía al hecho de ser la única nación donde la revolución había triunfado, ahora que la revolución se había generalizado no había lugar para un proceso semejante.

Por lo tanto, concluyeron triunfalmente, no podía haber una repetición en Yugoslavia y, consecuentemente, en Yugoslavia había “un estado obrero sano, con deformaciones menores”. Comenzaron a organizar equipos internacionales obrero para ayudar a “la construcción del socialismo” en Yugoslavia.

Su propaganda eran tan acrítica y laudatoria como la de los equipos de jóvenes estalinsitas “para la construcción del socialismo en Rusia”. Todo este episodio es una muestra del método “sociológico” de esta tendencia. Germain (Mande) y compañía lanzaron el mismo argumento respecto a la llamada “revolución cultural” en China y también, hasta hoy, por Cuba. En primer lugar, era el retraso de la Unión Soviética, junto con el aislamiento y las derrotas de la clase trabajadora mundial lo que motivó la subida al poder de la burocracia estalinista en Rusia. Pero una vez en el poder, la burocracia, con el poder estatal en sus manos, se convierte en un factor independiente de la situación. La burocracia estalinista de Yugoslavia no era esencialmente distinta de la rusa. La camarilla de Tito empezó donde terminó Stalin. No hubo en ningún momento una democracia obrera como en la Rusia de 1917-26. El movimiento en Yugoslavia, durante la guerra, fue fundamentalmente una guerra de campesinos por su liberación. El estado que se construyó era un régimen totalitario de partido único, a imagen de Rusia, con el perfeccionamiento del aparato estalinista.

Yugoslavia era un país muy atrasado. Por tanto en el aparato del estado estaban incorporados los elementos de la antigua clase dominante, en la diplomacia, el ejército, etcétera.

Era el mismo proceso que había tenido lugar en Rusia. Pero sin el control inherente a la democracia obrera, no podía haber ni un átomo de estado obrero sano. Un movimiento hacia el socialismo en una economía de transición requiere el control y la participación consciente de la clase obrera. Así, circunstancias, condiciones y causas iguales dan y tienen que dar los mismos resultados. Dejando a un lado esta o aquella particularidad secundaria, las características fundamentales del régimen yugoslavo no eran diferentes de las del estalinismo ruso. Era necesaria una revisión total  del marxismo para insinuar otra cosa.

Hasta ahora ninguna de las tendencias que defendieron esta postura, desde Pablo, pasando por Posadas, Healy, Germain y Hansen, ha reconsiderado su actitud teórica a la luz de los acontecimientos. Lógicamente en sus escritos consiguen amontonarse las más extrañas combinaciones de ideas. Healy encuentra muy consistente caracterizar a Cuba como un capitalismo de estado, mientras vitorea la que llama la nueva versión de la Comuna de París: la revolución cultural china. La tendencia Voix Ouvriere de Francia, todavía en la postura del SUCI (Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional) de 1945-47, después de 25 años de acontecimientos, encuentra compatible decir que Rusia es un estado obrero degenerado, mientras que Europa Occidental, Yugoslavia y Cuba son estados capitalistas. Todas estas tendencias declaran que Siria y Borneo son estados capitalistas. El mismo SUCI, a través de todas sus oscilaciones, paga la factura de su falta de honestidad teórica, transigiendo con los errores del pasado.

Así, hasta hoy, se mantienen oscuros respecto al problema de si es necesario o no una revolución política en China y Yugoslavia. La mayoría cree que siguen siendo “estados obreros relativamente sanos” y por lo tanto no necesaria una revolución política sino solamente una reforma.

Evolución de los estados estalinistas

Durante el último cuarto de siglo esta tendencia ha perdido por completo los fundamentos teóricos. Cogidos por sorpresa por el curso de los acontecimientos, han reaccionado siempre empírica e impresentablemente, capitulando ante la realidad inmediata, sin ver la evolución futura, inevitable en estas circunstancias de disgregación y tendencias (no sólo respecto a Tito en Yugoslavia), lo cual surge del análisis incorrecto y la falta de compresión del bonapartismo proletario, y de todos los grandes acontecimientos en los países del bloque estalinista.

El movimiento de 1956 en Hungría, que tomó la forma de derrocamiento total de la burocracia y el comienzo de una revolución política general, no puede explicarse sin abandonar cualquier pretensión de mantenerse en la tradición del trotskismo, dados los errores anteriores. Pero esto no les impidió elevar a la misma categoría el movimiento polaco de la misma época.

No vieron que en Hungría hubo una destrucción casi completa del llamado Partido Comunista y el comienzo de la organización de un nuevo movimiento obrero. Los trabajadores húngaros después de la experiencia del totalitarismo estalinista no estaban dispuestos a tolerar en ningún momento la construcción de un nuevo estalinista totalitario en el curso de la revolución. Los acontecimientos se desarrollaron en Polonia de una manera distinta. La lucha nacional contra la opresión de la gran burocracia rusa fue desviada por una parte de los burócratas polacos hacia unas líneas del estalinismo nacional. Sin comprender esto, los líderes de la IV vieron en Gomulka el representante del “comunismo democrático”, no vieron que representaba al ala de la burocracia polaca que quería establecerse como “amos de su propia casa”, relativamente independiente de la burocracia rusa. El hecho de que no había ninguna diferencia fundamental entre ellos y el ala reformista de la burocracia rusa no estaba claro para los líderes de la nueva internacional. En realidad no deseaban, los polacos, más que Kruschev renovar la base de de la revolución o volver a la Rusia de 1917. Más exactamente, se opusieron al intento de instaurar la democracia socialista en Hungría. Así, la revolución política potencial en Polonia se desvió en líneas de nacionalismo estalinista. Como sus hermanos nacional-estalinistas rusos, los burócratas polacos sólo podían oscilar entre la represión y la reforma, mantiene, manteniéndose  intacto el aparato estalinista.

Vieron en Gomulka el comienzo de un cambio completó de la situación en Polonia, de la misma manera que habían tenido grandes esperanzas en la desestalinización en la URSS. Ante los acontecimientos, buscaban siempre una especie de nuevo Mesías para salvarles del aislamiento y la falta de fuerza entre las masas. En todas las ocasiones han sido condenados a la desilusión y al desaliento.

No satisfechos con haberse pillado los dedos con el maoísmo, el enfrentamiento entre Rusia y China, que les cogió por sorpresa, se resolvió en un resurgimiento de las ilusiones en el maoísmo. Desempolvaron la secreta idea de que China “era un estado obrero sano, con defectos menores”, un estado que requería una simple reforma y no un derrocamiento. Mao iba a ser el nuevo redentor, y malinterpretaron por completo significado revolución cultural china. Trotsky ya había explicado que el bonapartismo proletario permanecía a veces entre los obreros y campesinos, para evitar los peores excesos de la burocracia rapaz y ambiciosa. En la introducción de los planes quinquenales en Rusia, Stalin estuvo apoyado durante un tiempo por obreros y campesinos, e incluso provocó entusiasmo entre los trabajadores por lo que consideraban la construcción socialista soviética. Pero esto no alteraba el carácter, la política, ni los métodos del estalinismo ni cambiaba el carácter del estado. Tomando a individuos o incluso a la sección más débil de la burocracia como chivos expiatorios, lejos de cambiar cualquier cosa fundamental reforzaba el papel de la burocracia. Si el maoísmo y la revolución cultural no cambiaron nada fundamental en China, Mao, apoyándose en obreros y campesinos golpeó a secciones de la burocracia que habían acumulado privilegios y una posición material excesiva para lo que podía mantener la debilidad de las fuerzas productivas chinas. La diferencia entre obreros y campesinos y las capas burocráticas había alcanzado la suficiente magnitud para provocar la insatisfacción entre aquéllos. Así, si los obreros y campesinos tenían que ser arrastrados a las tareas de armas nucleares, industria pesada y el reforzamiento la producción china, era necesario, aunque sólo fuera temporalmente, cortar estos privilegios. Pero la “revolución cultural” se organizó desde arriba desde el principio al fin. Hablar de nuevas versiones de la Comuna de París en Shangai, Pekín y otras ciudades chinas era salpicar con barro la tradición de la Comuna y la revolución rusa. El final inevitable de esta experiencia, como la Gomulka en Polonia, era el reforzamiento del poder de la burocracia.

Este camino estaba cerrado por las masas chinas y polacas. La busca constante de medios para resolver mágicamente los problemas ha sido siempre un síntoma de utopismo pequeño burgués, que sustituye el análisis marxista por esperanzas histéricas en este o aquel individuo o tendencia.

La capitulación de las diferentes marcas estalinismo o utopismo durante el desarrollo de los acontecimientos hizo muy difícil la creación de un movimiento viable. En Italia fueron los llamados líderes de los trotskistas quienes contribuyeron a la formación de un amplio movimiento maoísta de 100.000 miembros. Reeditando entusiasta y acríticamente los trabajos de Mao, distribuyéndolos en el PCI, crearon las bases del maoísmo en Italia. Los líderes de estas tendencias hicieron preciosos viajes a la embajada china en Suiza para conseguir este material. La consecuencia de la aceptación acrítica del maoísmo fue que no ganaron un solo miembro entre los 100.000 sino que perdieron miembros de sus filas. La confusión teórica, sobre todo en una tendencia débil, se paga por entero. Todavía peor es la confusión y la desorganización sembrada entre sus propias filas. La tarea en aquellas circunstancias era, al mismo tiempo que adoptar una actitud amistosa hacia los miembros del PC, que tendían al maoísmo y que estaban en contra de la dirección, criticar duramente, tanto al ala oportunista pro-rusa, como a la posición ignorante de los maoístas, empezando por sus líderes de Pekín.

La revolución colonial: Argelia

Desmoralizados por su derrota (en parte debido a las condiciones objetivas, en parte a su política falsa) echaron la culpa de ello a la clase obrera. Los trabajadores occidentales estaban corrompidos por la prosperidad. Sin embargo, buscaban un nuevo talismán que renovase y resucitase la fortuna de la Internacional y la clase obrera; lo encontraron en la revolución colonial. Los documentos anteriores explican el significado y la evolución de la revolución colonial. Baste decir aquí que las sublevaciones del llamado tercer mundo surgen de la imposibilidad del imperialismo y el capitalismo para desarrollar al máximo las fuerzas productivas en estas zonas. Dadas las condiciones mundiales, la existencia de fuertes estados obreros bonapartistas y el equilibrio de fuerzas entre imperialismo y los países capitalistas, la evolución en estas zonas ha tomado una forma específica. En estas condiciones había que mantener implacablemente las tesis de la revolución permanente, y mantenerse al margen de todas las tendencias nacionalistas burguesas y pequeño burguesas, estalinistas y reformistas.

En Argelia se sometieron a la bandera del FLN, aunque su posición era mejor que la de los lambertistas y healystas que apoyaron al MNA, que comenzando con una postura a la izquierda del FLN, pero subordinado completamente su trabajo al movimiento nacionalista sólo podía conducir a la pérdida de sus fuerzas durante la guerra de liberación. Mientras se mantenía un apoyo total a la justa lucha por la independencia, era necesario mantener una postura interna internacionalista. Sólo así se podía unir la lucha por la liberación nacional con la lucha de la clase obrera por el socialismo. La traición de las organizaciones reformistas y estalinistas francesas, que ayudaron a que la revolución en Argelia tomara un cariz nacionalista, no era razón para abandonar la línea marxista leninista. Debería haber estado claro que aún en el mejor de los casos, después de la victoria sobre los franceses sería imposible construir una democracia obrera en un país como Argelia. El resultado sería una versión burguesa proletaria del bonapartismo. Casi sin industria, con la población diezmada por la guerra, sin un proletariado indígena fuerte, con la mitad de la población en paro, sin un partido obrero revolucionario, no podía ver una solución real, aparte del desplazamiento del imperialismo, para un pueblo argelino.

Las ilusiones que sembraron sobre control obrero en las haciendas agrícolas, abandonadas por Francia, mostraba una total falta de dominio teórico en este tema.

El control obrero por su propia naturaleza debe proceder de los obreros industriales y no de las masas semicampesinas que tomaron el control porque los dueños habían huido. En el mejor de los casos eran versiones primitivas de cooperativas y no siempre de control obrero. Por su propia naturaleza eran estructuras temporales sin ningún futuro; dado que la revolución socialista no se extendió a las zonas avanzadas, estaban condenadas a ser una curiosidad interesante del desarrollo social, muestra de los esfuerzos instintivos del semi proletariado agrícola.

El golpe de Bumedian los cogió por sorpresa. Sin embargo, un desarrollo similar de los acontecimientos era inevitable en Argelia. En todos los países coloniales donde la lucha por la expulsión de los dominadores imperialistas había triunfado, han tenido lugaar desarrollos parecidos. Aunque la independencia política se había ganado, todavía permanecían económicamente dependientes de los países industrializados. Esto, desde luego, señala un enorme paso adelante en el desarrollo de los países coloniales. Sin embargo, la independencia nacional con el dominio imperialista de los mercados mundiales, por un lado, y la fuerza del bonapartismo estalinista por el otro, ha significado para estos pueblos el planteamiento de los problemas de carácter formidable. La burguesía nacional es incapaz de resolver estos problemas. Así, los antiguos territorios coloniales de África, en las zonas semi coloniales de Latinoamérica, y la mayoría de los países de Asia han tomado el poder estados militares policiacos, de un tipo u otro. La crisis de estos regímenes ha forjado un movimiento hacia el bonapartismo, bien proletario, bien capitalista.

Subrayando la revolución colonial como solución al problema de la IV Internacional, al mismo tiempo no habían comprendido en absoluto la dialéctica de este proceso. Todo el desarrollo de la revolución colonial ha tomado un aspecto deformado a causa del retraso de la revolución en occidente (Estados Unidos y Japón incluidos). La debilidad de las fuerzas marxistas leninistas debido a los factores históricos que se han señalado, tuvo una enorme importancia en este proceso. A su vez significaba que con la madurez del mundo colonial para la revolución social, hubiera tomado todas las formas de burdas aberraciones. Era el deber de la dirección marxista reconocer el proceso y dar una dirección a las jóvenes y débiles fuerzas del marxismo en el mundo colonial. El lugar de esto la dirección (a pesar de las lecciones sacadas por Trotsky y de la experiencia del PCCh con el Kuomintang en China, y las ricas experiencias de Yugoslavia, China, Rusia y las naciones africanas) no sacó conclusiones necesarias, y se inclinó ante la vigorosa revolución colonial. Es mejor participar que oponerse; pero sumergirse indistinguiblemente con los nacionalistas pequeño burgueses, capitular ante las utopías de la clase media, era disolver la vanguardia en el marasmo nacionalista.

América Latina: Cuba

La total falta de método marxista en sus análisis se ve por su actitud ante la revolución cubana. Ésta, dicen, es una muestra del método marxista. En realidad, el ejército de Castro está unido por un programa democrático burgués, estaba compuesto principalmente por obreros agrícolas, campesinos y elementos lúmpemproletarios. Castro comenzó como un demócrata burgués, con Estados Unidos como modelo social. La intervención de la clase obrera tuvo lugar cuando la lucha entraba su etapa final, cuando Castro marchaba sobre La Habana, los trabajadores convocaron una huelga general en su apoyo. La caída de La Habana significó el derrumbamiento de los odiados ejército y policía de Batista. El poder estaba firmemente en manos de las guerrillas de Castro. La evolución del régimen hacia la destrucción de capitalismo y los terratenientes no tuvo lugar como proceso consciente y pensado. Por el contrario, se debió a los errores del imperialismo norteamericano, que lanzaron a Castro por el camino de la expropiación.

Con el 90% de la economía en manos de capitalistas americanos, la clase dominante americana impuso un bloqueo a la isla, cuando Castro sólo estaba realizando reformas democrático burguesas.

Los monopolios que controlaban Cuba se opusieron a las tarifas aduaneras que quería imponer Castro para financiar las reformas. Aunque estos impuestos eran menores que los que tenían que pagar en el resto del continente, se opusieron furiosamente y pidieron el apoyo de Washington. Como respuesta al bloqueo, el régimen cubano se apoderó de las posesiones norteamericanas en Cuba. Esto significaba que nueve décimas partes de la agricultura y la industria estaban en manos del Estado, y así, el régimen nacionalizó la décima parte restante. Tenían los modelos de China, Yugoslavia y Rusia establecieron un régimen según esta imagen. En ningún momento hubo democracia obrera Cuba. El bonapartismo del régimen tomar cuerpo en el papel de Castro y los discursos en la Plaza de la Revolución, donde la única contribución de las masas era decir “sí” a las exhortaciones de Castro. Cuba ha permanecido como en estado de partido único, sin soviets y sin control obrero de la industria del estado.

Por lo tanto se ha burocratizado más y más. Era inevitable, dado el aislamiento de la revolución y la forma en que se había desarrollado. Se desarmó a la milicia obrera, la diferencia entre los burócratas -especialmente los altos- y la clase obrera crece constantemente; el desarrollo del aparato del estado independiente y por encima de las masas se dio con rapidez. Detrás del escenario, Castro intentó negociar un acuerdo con el imperialismo norteamericano para conseguir su reconocimiento y ayuda; y los acuerdos son inevitables posiblemente en el próximo periodo. Esto terminará con las llamadas “revolucionarias” que Castro dirige a América Latina. Cuba, en la mente de sus líderes, se ceñirá más y más a las estrechas costas de la isla, en sus relaciones con los países y las clases en el mundo. Así, la burocracia estalinista en Rusia ayuda Cuba con un millón de libras diarias sin las cuales el régimen no podría sobrevivir. La burocracia de la Unión Soviética no daría un solo kopek a un régimen de democracia obrera. Sólo debido a que el régimen, en su esquema básico, se parece cada vez más a los otros estados obreros bonapartistas, la burocracia se puede permitir el lujo de la ayuda fraternal a Cuba.

Una vez que la dirección comete un error teórico, se pueden acumular los errores una detrás de otro. Así, el SU de la IV Internacional está totalmente ciego acerca del proceso que tiene lugar en Cuba. Se niegan a enfrentarse a la inevitable de generación y decadencia del régimen en líneas totalitarias y persisten en su sueño reaccionario de una Cuba agrícola y atrasada que avanza hacia el socialismo. ¡Aparentemente sólo se necesitan reformas menores en Cuba para que sea un modelo democracia obrera!

No es cuestión de una revolución política, que significaría control de la industria y del estado por la clase obrera, sino otra vez reformas que instaurarían la democracia obrera: ¡el control de la industria del estado se logrará convenciendo a Castro de que es necesario! Por otra parte argumentan de la forma más oscura posible sobre el hecho de que Cuba es más democrática que la Rusia de 1917-20. En realidad, si Castro tan sólo intentará tales actos sería destituido por la burocracia. Aparte de que Castro, sin ningún fondo teórico, crea que el régimen actual que está construyendo es socialismo, no podría representar su actual papel sin desviaciones teóricas. Pero los sectarios, sin embargo, sucumbieron ante esta variante de estalinismo, cayendo en desviaciones teóricas al ceder a las presiones de la burocracia y a la situación.

Hasta hoy, con la experiencia de todo un cuarto de siglo, esta tendencia (el SU) no ha aprendido nada y lo ha olvidado todo. Repiten en América Latina los errores de Argelia y de forma diferente, la evaluación de China, Yugoslavia y Cuba. Ahora Bolivia se ha convertido en el instrumento mágico por el que se puede transformar la situación mundial. Se sumergen en las guerrillas pequeño burguesas intentando repetir la experiencia de Cuba. Castro, “el trotskista inconsciente”, es el nuevo Mesías del marxismo, es el ejemplo que desean emular. Sin tener en cuenta el cambio de circunstancias, las condiciones diferentes, la vigilancia de la clase dominante y el imperialismo, apoyan aventuras como las del Che Guevara, intentando inyectar artificialmente la guerra de guerrillas entre los campesinos.

El heroísmo del Che Guevara no debe ocultarnos su bancarrota teórica. Intentar repetir en los países de América Latina la política del castrismo en Cuba es cometer un crimen contra la clase obrera internacional; la literatura marxista está llena de explicaciones del papel de las diferentes clases de la sociedad; el del proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía y la burguesía. Esto, aparentemente, es un libro cerrado para ellos. El marxismo ha explicado que la revolución colonial es el proletariado quien tiene que jugar el papel principal. El proletariado se aglutina cooperativamente en el proceso de producción. Se ven impulsados a unirse para protegerse de los exportadores. Esta es la causa de que el proletariado sea la única fuerza capaz de consumar la revolución socialista.

Pero incluso el proletariado es material de explotación hasta que se vuelve, no una clase en sí misma, sino para sí misma. Esta conciencia se desarrolla con la experiencia de clase y con las mejores condiciones de vida. Incluso aquí se necesita el partido y la dirección de la casa obrera. Los campesinos, la pequeña burguesía y el lúmpemproletariado, no pueden jugar un papel independiente. Don de los intelectuales pequeños burgueses y ex marxistas organizan la lucha en base a la guerra campesina, el nivel de conciencia sólo puede ser muy bajo. Sin embargo, si en China y Yugoslavia el proletariado, la pequeña burguesía y el lúmpemproletariado organizados en estos ejércitos de liberación nacional pudieron derribar arraigados regímenes semifeudales, fue sólo debido al proceso histórico que hemos explicado en muchos de nuestros documentos. Es cierto que Lenin había visto la posibilidad de que el África tribal pasara directamente al comunismo. Pero esto sólo se podía hacer con la ayuda y el apoyo del socialismo en los países desarrollados. No se podía realizar en base a sus propios recursos. Las condiciones materiales para el socialismo no existen en ningún país colonial, sólo cuando éstas se dan a nivel mundial, y con la decadencia del sistema capitalista mundial, es cuando se pueden sentar las bases de la revolución socialista en las zonas atrasadas del mundo. Estos “marxistas” a su estilo vuelven al revés las elecciones del marxismo. Adaptan inconscientemente sus ideas al papel de las diferentes clases sociales. Para Bakunin los campesinos y el lúmpemproletariado eran las clases más revolucionarias de la sociedad. Esta concepción surgió como método y teoría para los anarquistas. Y, en consecuencia, defienden la idea de la propaganda individual por medio de acciones de terror y las expropiaciones individuales.

Las guerrillas del marxismo

Es en este marco y con gran descrédito del Partido Comunista y los reformistas en América Latina, en el que el programa de la guerrilla campesina, incluso peor, la guerrilla urbana, se ha desarrollado. Las jóvenes y débiles fuerzas del castrismo, desorientados por los zig zag de los últimos 25 años, se han visto envueltas en esta confusión. En América Latina deberín estar enseñando a los elementos avanzados de los intelectuales, los estudiantes, y sobre todo de la clase obrera, las ideas básicas y fundamentales del marxismo.

El movimiento de liberación nacional y social en América Latina: Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Guatemala etcétera sólo puede proceder de movimiento de las masas obreras y campesinas. Los atentados, secuestros desesperados, atracos a bancos… sólo darán como resultado el exterminio de las fuerzas jóvenes, valientes y sinceras sin cosechar apoyo entre las masas. Para estos elementos la lucha su combate en solitario, contra las fuerzas de la clase dominante, el ejército y la policía secreta, sin relación con la lucha real del proletariado para derrocar a las corrompidas camarillas de la oligarquía y la policía.

Puede parecer duro, en un sentido lo es, pero sólo organizando a la clase obrera, por encima de todo, en la lucha por la liberación nacional y social, se puede consumar una revolución socialista capaz de desarrollarse en líneas sanas. Debido a la multiplicidad de factores históricos en la relación peculiar de las fuerzas de clase mundiales, no se puede descartar el posible triunfo de una guerrilla campesina, pero entonces su modelo no sería el del proletariado como fuerza dirigente de la revolución que llevó la victoria de 1917, sino como mucho el de Cuba.

El movimiento de masas del proletariado es perfectamente posible en estos países. Las huelgas generales en Chile, Argentina, Uruguay, en el periodo reciente sólo son una prueba de ello. Una tendencia marxista revolucionaria tiene que conseguir con esas perspectivas que una insurrección de masas en las ciudades principales pueda conducir a la victoria de la revolución socialista, que en estas condiciones se extendería rápidamente por toda América Latina.

Es en las elecciones de la revolución rusa donde tienen que aprender a desarrollarse los cuadros obreros, y no en los ejemplos de la revolución china, cubana o yugoslava. La idea de Marx de la revolución del proletariado en las ciudades, con el apoyo de los campesinos, tiene que ser el ideal sobre el que deben trabajar. La tarea principal en estos países es explicar pacientemente el papel dirigente del proletariado en la lucha por el poder obrero y el socialismo.

No es la guerrilla urbana, sino la fuerza de las masas obreras armadas organizadas, lo que tiene que ser contrapuesto al estado capitalista. Una vez convencido de esta necesidad, el proletariado tomará las armas necesarias. El ejército que se utiliza en su contra, compuesto principalmente por campesinos, se dispersará frente al movimiento de masas y se volverá del lado de la revolución. El ejército (la tropa) podrá ser ganado con el programa de la revolución agraria y la revolución nacional contra el imperialismo, ambas están incluidas en la bandera del proletariado. Capitular a todas las presiones del anarquismo pequeño burgués en trance de desaparición, es traicionar la misión del marxismo. La tarea de los marxistas es polemizar, siempre de forma amistosa, con los idealistas, sobretodo con los sinceros, que están llevando la revolución y a sí mismos a un callejón sin salida. Hay que emprender una lucha implacable contra los métodos y la política del anarquismo. Lejos de hacer esto, los falsificadores de la tradición del trotskismo han adoptado, con todo el equipaje, las ideas de los adversarios teóricos del marxismo y sus descendientes degenerados, en vez de las claras ideas de clase, arraigados en los siglos de experiencia de la lucha de clases y del movimiento de liberación nacional.

No está en la tradición del marxismo apoyar un movimiento guerrillero campesino, separado y al margen del movimiento de la clase obrera, que es lo decisivo. Los esfuerzos y el trabajo de los marxistas deben concentrarse ampliamente den las ciudades y entre el proletariado. Aunque desde luego, siempre y en cualquier circunstancia, la lucha de las demás clases oprimidas debe ser apoyada por los marxistas.

La discusión sobre las guerrillas campesinas tiene, en última instancia, sentido teniendo en cuenta la experiencia de los últimos 30 años. Pero, incluso en este caso, la tarea de los marxistas no es simplemente derribar el régimen capitalista, sino preparar el camino hacia el futuro socialista de la humanidad. Pero precisamente a causa de la impotencia del campesinado como clase para afrontar las tareas de socialismo, su triunfo inevitablemente alza obstáculos en este camino. Es decir, la victoria de la guerra campesina, dada la correlación mundial de fuerzas y la crisis del capitalismo y el imperialismo en todos los países subdesarrollados, sólo puede dar como resultado una forma de estado obrero deformado. No puede desarrollar el control consciente de obreros y campesinos de la industria, la agricultura y el estado, porque los países coloniales y semi coloniales no han creado la base material para el socialismo. La posibilidad de que existan condiciones tan peculiares es a causa de la madurez a escala mundial de las fuerzas productivas para el socialismo. La técnica necesaria, la capacidad productiva y los recursos serán a escala mundial. Esto es lo que hace posible una dictadura de proletariado sana no sólo en las zonas coloniales, sino también en los países donde la revolución ha nacido distorsionada desde sus inicios como en China, Yugoslavia y Cuba.

Pero donde la revolución se realizó de una forma distorsionada, o en el caso de la revolución rusa de una forma correcta, pero en condiciones de atraso y aislamiento, el surgimiento de la dictadura estalinista bonapartista significa que el proletariado y los campesinos en estos países elevan sobre ellos a una elite privilegiada y un aparato de estado independiente del control de obreros y campesinos. Esto significa que tiene que realizar una nueva revolución política antes de poder realizar la transición al socialismo. En China, Cuba, Rusia… el proletariado tendrá que hacer la revolución política antes del comienzo de la desaparición del estado. Todos estos problemas están unidos al futuro de la revolución colonial.

En América Latina, el inclinarse ante teorías extrañas y el aguar las ideas básicas de la revolución permanente, significa abandonar las ideas básicas del marxismo leninista o es decir, abandonar la tradición marxista. No mantener las ideas básicas del marxismo es perderse en el barrizal del nacionalismo pequeño burgués, además de una gran falta de confianza en el poder del proletariado. Sobretodo, es un abandono de la perspectiva de la revolución mundial, en la que se basa nuestro internacionalismo marxista. El abandono del internacionalismo por la hazaña pequeño burguesa es el abandono del programa marxista.

En América Latina, especialmente en Brasil, Chile, Argentina, Uruguay y México, es donde tienen que concentrarse las fuerzas del marxismo. Los intelectuales, estudiantes… tienen que ser educados en los principios de la ruptura con sus tradiciones de clase media y la comprensión del callejón sin salida del capitalismo y el imperialismo. Sólo en la lucha contra todas las demás tendencias, el trotskismo podrá preparar los cuadros necesarios, especialmente entre los trabajadores avanzados, para conducir al triunfo de la revolución.

En primer lugar, una firme crítica del desarrollo burocrático en Cuba y de los excesos cambiantes del castrismo tienen que formar parte del reequipamiento ideológico de los revolucionarios en América Latina. Al mismo tiempo que defienden los logros de la revolución cubana y subrayan sus lados positivos, hay que dar a conocer sus rasgos negativos, en lo que respecta a los trabajadores avanzados y a la juventud. Sólo así se puede combatir con éxito el izquierdismo infantil del castrismo en América Latina.

Partidos de masas. Entrismo. Métodos de trabajo

Sobre la cuestión del entrismo, la política de los marxistas se apoya en los principios, como cualquier otra parte de su bagaje ideológico. En Inglaterra, suscitaron el problema del entrismo en la posguerra inmediata, a causa de las condiciones de decaimiento y a la existencia de una izquierda fuerte y desarrollada en el Partido Laborista. Contra la concepción de Trotsky de ganar a los elementos avanzados manteniéndose firmes en los principios políticos, adoptaron la política de ganar a los elementos avanzados sin un programa político intransigente. Aguaron su programa para encontrar el medio de adaptarse a los líderes reformistas de izquierda. No mantuvieron en ningún momento el programa del marxismo, sino que al contrario, adoptaron el programa de adaptación a los individuos reformistas, que no representan a nadie más que a sí mismos. Adoptaron lo que se llama una política de “entrismo profundo”. Mezclando los factores objetivos y subjetivos, sin tener en cuenta de modo alguno el proceso de desarrollo de la conciencia de las masas, explicando a sus miembros que organizarían el ala de izquierdas. Si la cuestión era organizar un movimiento sobre la base de trampas, maniobras… la perversión estalinista del marxismo sería correcta. Dejando a un lado la política incorrecta, incluso con una estrategia y tácticas correctas, el desarrollo de la conciencia de las masas no es arbitrario, sigue sus propias leyes, que dependen del proceso molecular de la conciencia, que se desarrolla sobre la base de la experiencia de los acontecimientos. El intento (que tuvo un éxito parcial) de aparecer como reformistas de izquierdas (como adaptación al medio) resultó en su transformación en una amplia extensión de “reformistas de izquierdas”. A largo plazo esta política es desastrosa y deja las semillas para un retroceso en la dirección del socialismo. Los dos surgen, por un lado, de la incapacidad de mantenerse en principios firmes, de ver la situación objetiva tal y como es de unir el factor subjetivo con el desarrollo objetivo de los acontecimientos.

Los acontecimientos por sí mismos evidentemente no resolverán el problema de la organización; y por otra parte, la organización se fortalecerá en la medida en que haya una comprensión de los procesos objetivos, una orientación de la organización en base al movimiento real de conciencia entre los trabajadores avanzados. El ala de izquierda como tendencia de masas, evolucionará sobre líneas reformistas de izquierda y centristas. Las fuerzas revolucionarias pueden tener un papel en el desarrollo del ala de izquierdas, pero con el movimiento de masas, son los turbios centristas u lo reformistas de izquierdas los que llegarán a la cima. Formarán inevitablemente la dirección en sus primeras etapas y sólo la prueba de la experiencia unida al criticismo marxista llevará a su sustitución por cuadros marxistas. Hasta hoy los líderes de la Internacional no han comprendido ni el ABC de este problema.

En Inglaterra proclamaron constantemente la guerra mundial inmediata todos los años, haciendo coro a la propaganda oportunista de los líderes laboristas en las elecciones generales de 1951, declararon que la victoria de Churchill significaría una guerra mundial. ¡Como si el programa de la guerra y la paz fuera decidido por el antojo de un individuo! Así, en vez de elevar el nivel de los trabajadores a los que podrían llegar, simplemente consiguieron confundirlos. De nuevo, en 1951, declararon que el problema era entre socialismo y fascismo en Inglaterra en el plazo de 12 meses. Uno podría imaginarse leyendo sus publicaciones y la de otros antiguos discípulos de la LSO (Liga Socialista Obrera) que no habían leído nunca los trabajos de Trotsky ni de ningún otro teórico marxista del movimiento de las fuerzas de clase. No es un problema de que la clase dominante decida en cualquier momento si va en coche en lugar de viajar en tren, más bien, es un problema de relación entre la clase media, los trabajadores y la misma clase dirigente.

No sólo en Inglaterra no asimilaron nunca las lecciones de la experiencia, sino en todas partes donde han ejercido su táctica, han fracasado tristemente en los objetivos que se habían asignado.

Esto era causa del largo auge económico de los principales países capitalistas, que llevaron durante un cuarto de siglo a la renovación de la socialdemocracia en países como Alemania Inglaterra, y del estalinismo en países como Francia e Italia. Dada la imposibilidad del avance teórico y la misma situación objetiva, el SUCI creó una teoría del entrismo general en los partidos socialdemócratas y comunistas, según el que fuera más fuerte. Esta erala táctica correcta, dadas las circunstancias, pero desgraciadamente, como en Inglaterra, trabajaron con una táctica oportunista. En el PCF y en el PCI se adaptaron al estalinismo, sin lanzar una firme línea leninista. Incluso en circunstancias difíciles habría sido posible contrastar la política de la dirección con la de Marx y Lenin.

El entrismo se impuso por la situación objetiva y la debilidad de las fuerzas revolucionarias, pero lo realizaron de una forma puramente oportunista. Consecuentemente, no se consiguió nada en Francia ni en Italia, abandonaron los PC prácticamente con el mismo número con que habían entrado. Como siempre oscilaron desde la adaptación oportunista a una posición ultraizquierdista hasta el Partido Comunista, bloqueando así el camino a sus propias filas. En los partidos socialdemócratas capitularon ante los reformistas de izquierda, en Alemania, Inglaterra, Holanda y Bélgica. Esto no podía dar ningún resultado, y así llegaron a la conclusión de que estos partidos ya no existían como partidos de masas obreras, y adoptaron respecto ellos una política totalmente ultraizquierdista. Desgraciadamente el PCF, el PCI y la socialdemocracia en otros países todavía tienen el apoyo aplastante de la mayoría de la clase obrera y como resultado, apenas notaron el disgusto de estos ultra izquierdistas y apenas notaron su marcha.

Keynesianismo en vez de marxismo

En la posguerra inmediata de la Segunda Guerra Mundial, fueron culpables de casi todos los problemas con una actitud ultraizquierdista infantil. Negaban la posibilidad de un auge económico en la posguerra del capitalismo europeo y mundial, que era inevitable, dada la política del estalinismo y reformismo, que pusieron las premisas políticas para una resurrección del capitalismo. Declararon que la economía de los países capitalistas no podría ser reconstruida. ¡Nos enfrentábamos a la recesión de la posguerra a la que el capitalismo no podía encontrar salida! Ridiculizaban nuestros argumentos cuando citábamos a Lenin para hacer notar que si no es destruido, el capitalismo siempre encuentra una salida. Cuando sus predicaciones eran ratificadas por los acontecimientos, pontificaban solemnemente que marxistamente “había un techo en la producción”, este techo era el más alto nivel que el capitalismo había alcanzado en el periodo de la preguerra. Por desgracia para nuestros economistas “marxistas de estilo propio”, el “techo” se rompió pronto con el auge de la economía mundial.

Declararon que era imposible que el imperialismo norteamericano ayudara a sus rivales. ¿Cómo podría Estados Unidos sostener sus rivales? Reían irónicamente. ¿Iban los filántropos capitalistas a mantener a sus competidores? En otras palabras, no tenían el más lejano conocimiento de las relaciones de fuerza entre las clases y los países, de la correlación de fuerzas entre EEUU y Rusia. Su análisis estaba a nivel del de los estalinistas del “tercer período” del capitalismo los años 30.

A nuevos periodos, nuevos dioses. En los años siguientes, como consecuencia del derrumbamiento de sus duras teorías, dieron un nuevo giro. No es que su análisis fuera incorrecto, sino que evidentemente el capitalismo había cambiado. Secretamente creían que ya no era válido el análisis marxista de la crisis. Sin atreverse a declarar eso abiertamente, por miedo a ser denunciados como revisionistas, aceptaron, sin embargo, los postulados básicos del keynesianismo, de que la depresión se podría evitar con la intervención del estado y la financiación del déficit. Esto aparece en sus documentos económicos durante un período de dos décadas. Está claramente establecido en su documento del Congreso Mundial de 1965: La evolución del capitalismo en Europa Occidental y las tareas de los marxistas revolucionarios.

Citamos: “Si este auge continúa en 1965 y la primera mitad de 1966, es probable que no haya ninguna recesión en Europa Occidental. Si, por el contrario, comienzan la recesión en Estados Unidos en 1965 o a principios de 1966, es probable que esto coincida con una recesión general en Europa Occidental y que por primera vez desde la Primera Guerra Mundial, tendrá lugar la sincronización de los ciclos económicos de todos los países capitalistas importantes. Incluso en el último caso, sólo habría una recesión y no una crisis económica como la de 1929 o 1938. La razón de esto, considerada ampliamente en anteriores documentos de la Internacional, es la posibilidad que tiene el imperialismo para ‘amortizar’ las crisis aumentando los gastos del estado a costa de rebajar constantemente el poder adquisitivo del dinero”. (El subrayado es nuestro)

Esta posición es hoy rechazada universalmente por los mismos economistas burgueses serios. Los miembros del SUCI no explicaron la evolución del auge económico en la línea de nuestros documentos, sino al contrario, se adaptaron a las presiones de los “teóricos” burgueses (para una explicación más completa ver ¿Habrá de recesión? y Perspectivas Mundiales). Cambiaron sus ideas en esto también, ahora que aquellas ideas están completamente desacreditadas. Los acontecimientos económicos que escogieron por sorpresa y por lo tanto se adaptaron a todas las corrientes de la socialdemocracia, el estalinismo e incluso a las corrientes burguesas del pensamiento, una mezcla totalmente ecléctica que hacían pasar por teoría marxista.

Los problemas de la guerra

En los documentos de la posguerra explicamos que no existía la inminencia de una nueva guerra mundial contra la Unión Soviética, a causa de la ola revolucionaria subsiguiente a la Segunda Guerra Mundial. La burguesía de Europa Occidental sólo se podía consolidar por medio de la concesión de derechos democráticos y como consecuencia de la existencia y el fortalecimiento de poderosas organizaciones obreras de masas. Consecuentemente, las condiciones políticas previas para un asalto a la Unión Soviética o a la revolución china no existían. Al mismo tiempo, pocos años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, debido a la forzada desmovilización de las fuerzas anglo-americanas, por la presión de los soldados y la opinión de las masas de sus países, la correlación de fuerzas, en tanto que concernían a las fuerzas convencionales en Europa, había cambiado drásticamente a favor de la URSS.

Con 200 divisiones movilizadas, contra un poco más de la cuarta parte que poseían los países occidentales, de llegarse a una guerra convencional en Europa, los rusos barrerían, incluso más deprisa que las fuerzas de Hitler barrieron Francia y ocuparon toda Europa Occidental. Con una superioridad aplastante en tanques, aviones y armas, las fuerzas que podrían movilizar las potencias occidentales serían barridas en cuestión de días en Alemania y en cuestión de semanas en Francia.

En Asia, China era la mayor potencia militar del continente y, aquí también, todo el poder de la guerra revolucionaria o semi-revolucionaria, ganándose a los campesinos, las fuerzas chinas podrían haber podido extenderse igualmente por toda Asia.

Como resultado, el equilibrio mundial de fuerzas cambió drásticamente en perjuicio del imperialismo. Sin haber aprendido nada en la escuela de Lenin y Trotsky, estos “dignos estrategas” sólo podían continuar repitiendo el cliché: “capitalismo significa guerra”, como lo hubiera entendido un niño de 12 años que leyera los trabajos de Lenin. Pero estas palabras no dicen cuándo, cómo ni en qué condiciones estallará la guerra mundial. Especialmente en la etapa moderna, la guerra no sólo es un problema de relación entre potencias, si no, sobretodo, de relación entre las clases. Sólo en un enfrentamiento sangriento y decisivo con los trabajadores sería posible esta guerra mundial. Las derrotas de los trabajadores en Francia, Italia y España prepararon el camino de la Segunda Guerra Mundial; por la destrucción de sus organizaciones de clase. Después de ésta el poder de los trabajadores creció enormemente y, por lo tanto, los imperialistas tienen que ser prudentes.

Es cierto que guerras locales contra la revolución colonial y entre poencias menores han tenido lugar constantemente desde la guerra mundial. De manera similar, después de la Primera Guerra Mundial hubo cada año una guerra hasta el holocausto final de 1939. Además de todos estos factores existe el problema de los medios de destrucción nucleares y otros no menos mortíferos. Los capitalistas no comprenden la guerra por la guerra, sino para extender su poder, sus rentas y beneficios. La idea de la guerra imperialista no es aniquilar al enemigo sino conquistarlo. Destruir al enemigo y destruirse a sí mismo no tienen el menor provecho. Si para destruir a la clase obrera es necesaria una guerra nuclear esto sería como matar a la gallina de los huevos de oro. La destrucción mutua sería también la destrucción de la clase dominante. Por lo tanto, son sólo los regímenes totalitarios fascistas, completamente desesperados y desequilibrados, los que pueden tomar este camino. Y este es, otra vez, un problema de lucha de clases. El burgués no entregará fácilmente su destino a nuevos maniacos dictatoriales como Hitler o Mussolini. En todo caso, antes de hacerlo sería necesaria la derrota sangrienta del proletariado.

Así, trabajar con la perspectiva de la guerra mundial en realidad no sólo mostraba una falta de comprensión de las fuerzas sociales y militares implicadas, sino además era consecuencia de un profundo pesimismo.

Imaginar una guerra revolucionaria que solucionase los problemas de la revolución socialista, era estar tan iluminados como los estalinistas, que imaginaba que en Alemania la llegada el poder de los fascistas prepararía el camino para el socialismo. En realidad, el estallido de la guerra mundial significaría una derrota decisiva para el proletariado.

Un holocausto nuclear significaría la destrucción, verosímilmente, de países y clases. Como mucho un puñado de supervivientes lograría crear algunas formas de estado esclavista, y comenzaría de nuevo el necesario desarrollo de las fuerzas productivas materiales, que junto con la clase obrera son los requisitos previos e indispensables para el socialismo. Los posadistas sólo han llevado a su extremo las ideas de Pablo, Hansen, Germaine, Healy y compañía. En cualquier caso eran incapaces de ver las contradiciones que todavía existen entre los mismos imperialistas.

Las potencias imperialistas de Europa Occidental, incluyendo Inglaterra, no estaban interesadas en la victoria del capitalismo en abstracto, o del imperialismo norteamericano, sino en la de sus intereses nacionales de clase. Una guerra mundial significaría en el mejor de los casos la destrucción de Europa Occidental, como han sido destruidos Vietnam y Corea por los bombarderos norteamericanos. Por tanto, estas potencias no tienen el menor interés en una guerra que no podrían ganar, que se libraría ende sus territorios, y que en el caso más favorable sólo beneficiaría el imperialismo norteamericano.

Una guerra convencional sería para los norteamericanos una visión amenazadora. Empezar en Calais y atravesar el continente hasta Shangai, Calcuta y Vladivostok sería una cosa imposible. La guerra mundial nuclear significaría por primera vez la guerra mundial en suelo norteamericano. Significaría la destrucción de su propia base, de las ciudades y el poder industrial de Estados Unidos. Así, el tema de la “guerra-revolución” no sólo es reaccionario, sino también una fantasía. La postura de esta tendencia mostró una completa ignorancia de los verdaderos factores sociales en relación con la guerra, un problema que no han comprendido hasta hoy. En cada crisis, en cada conflicto entre los imperialistas, EEUU y URSS, alzaron el hecho del “inminente Armagedón”. En realidad, tanto la guerra de Corea, como la de Vietnam, como las demás guerras de la época de la posguerra, estaban localizadas y limitadas por el acuerdo deliberado entre el imperialismo y la burocracia de Rusia y China, durante todo el período, el imperialismo ha estado a la defensiva contra las incursiones de la revolución colonial, y la fuerza militar, industrial y estratégica de la URSS y China.

Ultraizquierdismo y estudiantilismo

Debido a sus pequeños resultados, a partir de su versión de la política del entrismo, giraron entonces a una carrera ultraizquierdista en los países capitalistas occidentales. Sin haber sacado una lección honrada de la experiencia del entrismo en los partidos socialdemócratas y comunistas, avanzaron hacia la política del ultraizquierdismo en Alemania, Francia e Italia. Sin embargo, en gran medida se las arreglaron para combinar esto con el oportunismo. El gobierno de Wilson en 1964 era la llegada de un gobierno socialdemócrata de izquierdas, escribió uno de sus partidarios en Inglaterra. Sus perspectivas eran defendidas calurosamente por sus partidarios en Inglaterra. Al mismo tiempo, consiguieron encontrar una diferencia fundamental entre el gobierno Wilson en Inglaterra y el de Willy Brand en Alemania.

El eclecticismo no podía llegar más lejos. Las diferencias entre individuos no son importantes; aún suponiendo que hubiese alguna diferencia personal entre Brand y Wilson. En Inglaterra al llevar una política oportunista en el Partido Laborista, sólo era un paso hacia posteriores y estériles aventuras en la izquierda.

En Alemania, se negaron a participar en las masivas Juventudes Socialdemócratas y, en cambio, dirigieron su atención hacia el movimiento estudiantil. Habría que prestar cierta atención a los estudiantes pero con el propósito fundamental de educarles para que comprendan la necesidad  de volverse hacia el movimiento obrero.

La clase obrera alemana, como sus hermanos de Inglaterra, tiene que pasar por la experiencia de un gobierno socialdemócrata para comprender que el reformismo no puede resolver sus problemas. La clase obrera alemana que ha sido lanzada hacia atrás por la experiencia del fascismo, y las políticas del reformismo y el estalinismo, sólo puede educarse en las ideas revolucionas a través de la prueba de sus líderes en la experiencia de gobiernos reformistas. De nuevo elementos valiosos entre los estudiantes han sido educados abandonando los principios marxistas. Esto significa que en un estadio posterior, se desilusionarán y se marcharán. Y entonces culparán a los trabajadores por los que son sus propios defectos. En esto como en todo, esta tendencia se las arregló para obtener los peores resultados de la experiencia. En Alemania la tarea principal habría sido acercarse a los obreros socialdemócratas, especialmente a la juventud, tarea que son incapaces de llevar a cabo debido a sus fallos en el pasado.

No sólo en Alemania, sino también en Italia, Francia, EEUU y por todo el mundo, esta tendencia ha caído en lo que se puede llamar el estudiantilismo. El aspecto progresivo es la ruptura estudiantil con la ideología burguesa, que se ha convertido en un fenómeno mundial, tiene que ser reconocido y utilizado para llevar a los estudiantes a las ideas del marxismo. Sobre todo, había que haber explicado a los estudiantes que este fenómeno es un aspecto de la crisis social del capitalismo. Es un síntoma del movimiento hacia la izquierda que está tomando en general una perspectiva mundial. En los países coloniales, en los países capitalistas desarrollados y en los estados obreros bonapartistas se observa el mismo fenómeno. Es el termómetro de la creciente crisis social, pero a no ser que se arraigue en los sindicatos y en los movimientos de la clase obrera está condenado a ser estéril e inafectivo. A no ser que los estudiantes conquisten la disciplina de las ideas y el método marxista, el movimiento será estéril y degenerará en diversas formas de utopismo y anarquismo. Los estudiantes pueden ser una ayuda valiosa para la difusión de las ideas revolucionarias pero sólo en base a las ideas marxistas y a la comprensión de las limitaciones de los estudiantes y su papel social.

Los acontecimientos de Francia proporcionan una nueva y quizás decisiva prueba para todas las tendencias del movimiento revolucionario. La verdadera prueba para los revolucionarios es la revolución. En este crisol, el oro de las ideas revolucionarias se separará pronto de las aleaciones y elementos inferiores. Una vez que habían negado la posibilidad de la revolución en occidente por todo un período, es natural que los acontecimientos en Francia les cogieran por sorpresa. Habiendo comenzado en un pesimismo profundo respecto a las potencialidades de la clase obrera en los países occidentales pasaron al ultraizquierdismo más irresponsable.

La completa falta de comprensión del siguiente período histórico, del papel decisivo de los PC, les condena al sectarismo total. Imaginar que los procesos revolucionarios que comenzaron a desarrollarse en Francia tendrían desenlaces en cuestión de días o semanas era no comprender el ABC de la revolución. La debilidad de las fuerzas revolucionarias como un factor de la situación y la necesidad de acercarse a las masas del PC no eran tenidas en cuenta. En su lugar, la necesidad de congraciarse con las ideas vagas y salvajes de la izquierda estudiantil les condujo a realizar toda una serie de movimientos ultraizquierdistas. El boicot de las elecciones y el boicot de las elecciones estudiantiles que las siguieron, era simple irresponsabilidad que sólo favorecería, su utilización, para el PC, donde se encuentra encuadrada la mayoría aplastante de la clase obrera.

El hecho de que el PC recuperase sus fuerzas perdidas, presentándose como una alternativa al partido gaullista, no lo tomaron en consideración, hasta entonces no habían preparado a sus seguidores para un nuevo e inevitable período de frente populismo, que utilizaría la burguesía como medio para romper la nueva ofensiva de la clase obrera.

Nuestra tendencia ha analizado el desarrollo de la revolución en Francia, que sólo está en su inicio, en otros documentos por tanto no es necesario repetir aquí nuestras ideas. Si es importante añadir que todas las tendencias de la izquierda revolucionaria están en decadencia en Francia en este momento a causa de su falta de análisis y comprensión del flujo y reflujo del cambio de la revolución; que períodos de calma e incluso de reacción prepararán el camino para la movilización de las masas y una ofensiva renovada por parte de la revolución.

Los acontecimientos en Francia indican (y en todos los países donde el PC es la parte más importante de la clase obrera) que sólo una escisión masiva del PC puede preparar el camino para el desarrollo de un partido revolucionario de masas como alternativa. En los países donde la socialdemocracia es la fuerza dominante se pueden sacar conclusiones semejantes. La experiencia histórica de las cinco o siete últimas décadas indica la corrección de este análisis.

Las resoluciones del penúltimo congreso en el que se expulsó a la sección inglesa y el documento de nuestra expulsión han mostrado su capacidad de no tolerar una tendencia verdaderamente marxista y honrada entre sus filas. Las negativa a discutir o a tolerar una ola marxista entre sus filas es una indicación de los procesos reales de esta organización y su tendencia hacia el sectarios pequeño burgués, el utopismo y el oportunismo.

La historia de la organización en Ceilán proporcionar una lección instructiva de lo que sucede cuando no se extraen enseñanzas de la experiencia. Era la única organización de masas de la IV Internacional y el partido de masas de la clase obrera de Ceilán. Pero precisamente por esto fue presa de todas las tendencias degeneradas, de todas las presiones de fuerzas de clase hostiles, a las que están sujetas todas las organizaciones de masas. La política incorrecta durante más de 25 años de la llamada dirección internacional significa que respecto a Ceilán no tenían ningún control sobre el MP o su dirección. Siendo pequeños grupos en la mayor parte del mundo, sólo podían tener una autoridad política más que organizativa. Habiendo fracasado en esto sus débiles intentos y gestos organizativos sólo podían ser tratados con desprecio. Su actuación precipitó el apoyo para una expulsión inmediata, cuando el PLSS tomó una postura oportunista respecto a un gobierno de coalición, que sólo podía aislar a los elementos revolucionarios y hacerles inoperantes y ultraizquierdistas.

La consecuencia ha sido el reforzamiento de la postura del PLSS y la decadencia y las escisiones en la sección que se escindió. La tarea inmediata de cualquier grupo dentro o fuera del PLSS tendría que estar enfocada hacia las organizaciones de masas de los trabajadores, en este caso el mismo PLSS. La autoridad política sólo se conquista a través de la demostración de la corrección de nuestras ideas revolucionarias, de nuestro método y análisis. Desde luego esto es algo que falta de forma llamativa en su actuación. Intentaron sustituir esta autoridad genuina y real por una serie de medidas administrativas, que tuvieron como resultado una serie de escisiones humillantes y debilitadoras.

La necesidad de la teoría marxista

En el penúltimo congreso lanzaron una nueva teoría, la del capitalismo y el estado “fuerte”. Era una extensión de la teoría de que los estados bonapartistas estaban a la orden del día en Europa Occidental. Que el capitalismo ya no podía permitir la existencia de la democracia y por lo tanto se establecerían regímenes dictatoriales en Europa Occidental.

En Francia, Alemania e Inglaterra, en todas partes, la burguesía iba a reemplazar la democracia por regímenes bonapartistas. Este análisis no tenía en cuenta la fuerza de la organización de la clase obrera, el cambio de la relación de fuerzas entre las clases, la vacilación de la pequeña burguesía y que en estas condiciones, estando la burguesía muy lejos de poner imponer su voluntad en la sociedad, la tendencia era hacia la izquierda.

El intento de imponer la política de precios y salarios ha fracasado en los principales países capitalistas, lejos de que el estado asumiese poderes dictatoriales, excepto en Grecia (por razones especiales), la tendencia ha sido hacia el sentido opuesto al que ellos propugnaban. En algunos países ha habido una radicalización de masas, pero en ninguna parte ha sido posible para la burguesía imponer su mandato por medio de un estado policiaco militar (bonapartismo).

La radicalización del movimiento estudiantil, en el que tienen puestas tantas esperanzas, va en contra de sus previsiones.

El único estado “fuerte” de Europa es el de De Gaulle, fue derribado por el primer movimiento de masas real de la clase obrera francesa. En cualquier caso el bonapartismo de De Gaulle era la forma más democrática de bonapartismo que ha existido, y no por casualidad, su debilidad era la expresión del enorme poder latente de la clase obrera.

El mismo desarrollo de la industria ha significado a su vez un enrome refuerzo del poder de la clase obrera. Antes de que pueda haber un movimiento hacia una reacción, tendrá que haber un enfrentamiento sangriento con la clase obrera. Pero esto significaría a su vez plantear el destino de la burguesía como parte de la lucha, por lo tanto, es muy difícil que la burguesía opte por este camino. No hay organizaciones fascistas fuertes en ningún sitio, como existieron en el período de la preguerra, en los años treinta. Tras la experiencia con los maniacos fascistas, sólo en extremos se pondrá la burguesía en manos del fascismo. Por otra parte, un estado “fuerte” en su forma bonapartista no es capaz de mantenerse, sin una base de masas, por mucho tiempo. Por esto el que haya algunas leyes y métodos reaccionarios por parte del estado burgués no quiere decir que exista una dictadura policiaco militar. En todo el mundo burgués, en el crepúsculo del capitalismo, no hay estados “fuertes”, sino estados paralizados y sumamente débiles a los que se tiene que enfrentar la clase obrera y el movimiento revolucionario en Europa Occidental.

Toda la táctica de la llamada oposición extra parlamentaria en Alemania, Francia, Italia e Inglaterra, son meras oposiciones de carácter verbal. Son indicios de ideas anarquistas y de clase media, más que marxistas. La tarea de los estudiantes y los radicales en general es educarse ellos mismos en primer lugar con las ideas del marxismo revolucionario, en vez de declaraciones de romanticismo revolucionario, y acercarse a las masas. La capitulación de esta tendencia a su radicalización verbal es una expresión de su falta total de comprensión de la dialéctica de la lucha de clases y de los métodos de concienciar a la clase obrera.

La tarea es mantener el mismo tiempo la intransigencia teórica y la flexibilidad táctica para acercarse a la clase obrera. Históricamente el movimiento marxista ha sido lanzada para atrás por su aislamiento del movimiento de masas. Este aislamiento de la IV Internacional de las masas se puede considerar históricamente hasta afortunada. Si en vez de pequeñas sectas, fueran organizaciones de diez o quince mil militantes en todos los países, se habría hecho un enorme daño al movimiento de masas por el curso ultraizquierdista de este grupo y de los que están a su alrededor. Habría sido como la política del Komintern en su fase ultraizquierdista de los años treinta, cuando la política, las actitudes de iluminados frente a las organizaciones de masas dieron como resultado el aislamiento de la clase obrera. La victoria de Hitler en Alemania se preparó de esta manera. A su modo, las peculiaridades de todas sus tendencias en Francia ha facilitado enormemente el que la dirección del PC y los reformistas hayan ganado un nuevo prestigio y poder sobre la clase obrera. En otros países han contribuido a aislar a los estudiantes del movimiento obrero.

La simpleza teórica y los errores políticos fundamentales de la camarilla que reclama la representación de la IV Internacional, les mantiene aislados de las masas. Habiendo aprendido muy poco de la escuela de Trotsky, eran incapaces de reorientar el movimiento en los grandes acontecimientos. Si hubieran realizado una autocrítica honrada de sus errores en esta época y analizado en profundidad los mismos y los motivos de estos, podrían haber construido un movimiento sobre bases firmes. Pero habiéndose pillado los dedos, repitiendo recetas de Trotsky, estos “cocineros” decidieron que “el libro de cocina de la revolución” no era bueno y procedieron a tirarlo por la venta sin más ceremonias, rehusaron a las enseñanzas de os grandes maestros. Abandonaron las ideas teóricas del marxismo y actuaron únicamente en base al empirismo y la impresión.

Nuestra tarea, a nivel nacional e internacional, es básicamente la misma que en las dos últimas generaciones. Esta tarea es la defensa y extensión de las ideas revolucionarias básicas del marxismo. La razón de la degeneración de las sectas, la más importante de todas es la que se agrupa bajo la bandera de la sección USA, está en el desarrollo histórico de nuestro tiempo. La presión del capitalismo, el reformismo y el estalinismo, en un período de auge capitalista en occidente, de consolidación temporal de estalinismo en él, la desviación de las revoluciones coloniales a causa de los factores mencionados… todos estos factores, tal como hemos explicado en las páginas anteriores fueron las causas de la degeneración de todas las sectas que se reclaman de la IV Internacional.

La cuestión no es el haber cometido un fallo. Ya que hasta las tendencias más revolucionarias y clarividentes cometerán fallos, pero la repetición continua, el continuo zig zag entre el oportunismo y el ultraizquierdismo, deja de ser un error para ser una constante. Esta tendencia que hemos analizado, como antes que ellos los reformistas y estalinistas, se niegan a analizar sus fallos para corregirlos. Una tendencia de este tipo nunca puede cumplir las tareas planteadas por la historia, no podrá continuar las tradiciones del bolchevismo, del trotskismo. Son el estiércol de la historia, que si no se ara en los campos no pueda dar frutos revolucionarios, sino que dejado a parte empieza a oler. Muchos de los elementos más jóvenes pueden conseguir romper con este ambiente venenoso y ayudar a construir la nueva internacional.

Para una pequeña tendencia revolucionaria es absolutamente necesario mantener las ideas básicas, ampliándolas consciente y abiertamente en base a la experiencia. Sin esto la tendencia morirá como fuerza revolucionaria. Si una tendencia no puede aprender de la experiencia, de los hechos esta condenada a seguir siendo siempre una secta, y a provocar posteriores derrotas y la desintegración del movimiento obrero. Los errores son penosos, pero el no reconocerlos es fatal. Lenin y Trotsky corregían meticulosamente hasta el menor detalle cualquier error teórico. Los estalinistas y reformistas tienen organizaciones de masas, los marxistas tienen la teoría revolucionaria que cambiará históricamente de una pequeña cualidad a una cantidad revolucionaria. Sin organizaciones de masas ni teoría marxista no hay ningún futuro.

El fallo de las fuerzas del trotskismo para construir una internacional viable se puede comprender en base a la experiencia de la época. Al mismo tiempo, revolucionarios y contrarrevolucionarios, con el proletariado enfrentado a obstáculos formidables en forma de organizaciones socialdemócratas y estalinistas, se comprende que surgiesen grandes dificultades en el proceso de creación de una internacional revolucionaria. El nuevo período abierto por la revolución francesa comienza un estadio completamente nuevo en el desarrollo del proletariado. La iniciativa y la acción de masas pondrá a prueba las poderosas organizaciones del estalinismo y la socialdemocracia. En estos grandes acontecimientos, en las organizaciones de masas surgirán tendencias revolucionarias o casi revolucionarias. Pero aquellas organizaciones están condenadas a una serie de escisiones catastróficas tanto hacia la derecha como hacia la izquierda. En el curso de esta experiencia, los trabajadores pondrán a prueba no sólo a las organizaciones de masas estalinistas y reformistas, sino también todas las variedades del sectarismo y tendencias centristas-maoístas, castristas, guevaristas y otras tendencias que han proliferado porque no ha habido un polo de atracción revolucionario de las masas. Los acontecimientos expondrán políticamente la inadecuación e inefectividad de todas las variedades de reformismo y estalinismo, las fuerzas de refresco de la nueva generación, no sólo entre los estudiantes, sino muchos más importante, entre la clase obrera, buscarán el camino revolucionario.

En base a los acontecimientos se formarán tendencias revolucionarias de masas en los países de occidente, donde la corriente principal es el estalinismo en los partidos comunistas y donde los reformistas son una tendencia de masas en los partidos socialdemócratas. El período que Trotsky pensaba que se daría en la inmediata preguerra, se abre ahora en circunstancias históricas diferentes. Las ideas del marxismo, que hemos mantenido durante toda una generación, empezarán a tener audiencia entre las masas. A nivel nacional e internacional las ideas de los marxistas pueden conquistar un apoyo de masas. Esta lucha para construir la sección y para construir el movimiento tendrá su efecto a nivel internacional. Nuestra tarea es la construcción de una corriente que tenga los recursos y la autoridad para conseguir una audiencia entre los elementos avanzados de todo mundo. Es imposible detallar los caminos para hacer esto, pero con ímpetu e iniciativa podemos conseguir extender nuestra influencia.

En los días oscuros de la Primera Guerra Mundial, los marxistas quedaron reducidos a pequeños grupos, apoyándose en los hechos históricos llevaron a cabo una revolución victoriosa en Rusia en 1917 y prepararon el camino para la construcción de partidos revolucionarios de masas.

Históricamente los bolcheviques mantuvieron una rigidez en las ideas revolucionarias debido a la influencia de Lenin y Trotsky. En los últimos años de contracorriente histórica las ideas se dejaron a un lado. En una época histórica nueva, las ideas ganarán en audiencia de masas reforzadas por la rica experiencia del último cuarto del siglo. Las otras tendencias que se reclaman trotskistas serán puestas a prueba. Quedarán reducidas a cenizas bajo el fuego de los acontecimientos.

El capitalismo por un lado, se encontrará en un callejón sin salida en el mundo desarrollado y subdesarrollado. El estalinismo, por otra parte, revela cada vez más en los países no capitalistas su incompatibilidad con la nacionalización y la economía planificada. Este callejón sin salida de la burguesía y la burocracia estalinista se refleja en la pobreza de sus teóricos en la política y en la economía. El colapso de los estalinistas en grupos nacionales en los países en donde tienen el poder y en los que están en la oposición indica el fracaso del estalinismo. Por otra parte, reformismo ha demostrado sus funestos efectos en los países donde está gobernando, como en los países donde está en la posición. El dominio del movimiento obrero por estas tendencias ha extendido su influencia corruptora hasta las pequeñas y débiles tendencias del trotskismo. Para ellos no existe salida, pero en base al gran ascenso revolucionario que se avecina, la juventud será atraída por las ideas del marxismo. Los bolcheviques en 1917, aunque no existía una internacional revolucionaria, llevaron a cabo su revolución con el método, las ideas y el nombre de la internacional. Eran profundamente internacionalistas. La mayor tarea internacional de los marxistas revolucionarios es la construcción de una potente tendencia revolucionaria, imbuida de los principios, tradiciones del internacionalismo, que pueda preparar el camino para la creación de la IV Internacional.

Como se organizará la internacional

Lenin y Trotsky señalaron muchas veces que si un error no se corregía podría convertirse en una tendencia. El análisis de su documento demuestra cómo durante 25 años el SUCI ha salto de un error a otro. Desde una política equivocada a su contraria, y otra vez lo mismo, cada vez con un mayor nivel de errores. Esta es la marca de una tendencia profundamente pequeño burguesa. En lo que concierne a esta tendencia (SUCI), por lo menos en su alta dirección, esto ya es algo orgánico. Toda su perspectiva está modelada por los errores de un cuarto del siglo, y ha pasado a formar parte de sus métodos de pensamiento, de sus hábitos de trabajo y de toda su perspectiva. Llamar a esta tendencia centrista sería un elogio que la dignificaría.

En el caso de la II Internacional, que es un movimiento de masas, su degeneración se puede explicar por las presiones de la sociedad, en la historia de la última parte del siglo XIX y principios del XX. Pero también se explica por alejamiento entre la dirección y la base, y entre ésta y el movimiento de masas.

La III Internacional surgió de la tendencia de masas más revolucionaria que se ha conocido en el mundo, una tendencia de masas internacional y revolucionaria. En una época revolucionaria (a la vez revolucionaria y contrarrevolucionaria) la degeneración de la Internacional, dejando a un lado el problema del partido ruso, se ha explicado en muchos documentos como resultado de la presión de la burocracia y su elevación sobre las masas.

A nivel internacional, la degeneración de la III Internacional comenzó con la negativa a aprender y analizar las lecciones de los acontecimientos y a corregir los fallos de la dirección estalinista. Este, entre otros factores, no fue el menos importante.

El trotskismo, las tendencia más honrada y revolucionaria de la historia, comenzó su trabajo sobretodo con un análisis de este proceso. Empezando sin las amplias masas sólo podía tener éxito como tendencia revolucionaria con una actitud seria ante la teoría y los acontecimientos. Esta era la lección de los trabajos de Lenin y, quizá más todavía los trabajos y la actividad de Trotsky en el período de decadencia y degeneración teórica de la Internacional Comunista. Abandonando esta valiosa herencia, y sin el correctivo de la presión revolucionaria de las masas, el SUCI y otras tendencias como ella se volvieron irresponsables. Los problemas teóricos no se consideraban seriamente sino que pasaron a ser parte de caprichos arbitrarios entre la camarilla dirigente. Veinticinco años de este proceso han demostrado que son orgánicamente incapaces de la transformación organizativa y política hacia el marxismo.

Sería un trabajo desagradable documentar las maniobras organizativas de esta tendencia zinovievista. Basta con mencionar aquí el documento que publicamos sobre la expulsión de la entonces sección ingreso en el congreso 1965. Lenin llamó irónicamente a la II Internacional una oficina de correos. Esta camarilla no puede ser llamada ni siquiera eso.

¿Cómo se construirá entonces la internacional? Hemos señalado muchas veces que la internacional se construirá basándose en los acontecimientos. La internacional surgirá del desarrollo y aprovechamiento de la crisis de los partidos de masas socialdemócratas y estalinistas. Los acontecimientos en el Este y en Occidente se influenciarán mutuamente. Pero sobre todo es el desarrolló de los países industriales claves, en donde el movimiento será decisivo. Se abre un nuevo período en la historia del capitalismo en occidente y en la del estalinismo en el este. Los acontecimientos de mayo del 68 en Francia y de 1969 en Italia son sólo el principio. El contorno de la crisis en la relación entre las clases, no sólo en Europa, sino también en Japón y Estados Unidos, y otros centros importantes, comienza a mostrarse actualmente. Bajo los martillazos de los acontecimientos, el desarrollo es inevitable el desarrollo de grupos centristas de masas en los partidos estalinistas y reformistas. Las escisiones masivas de estas tendencias estarán a la orden del día en la próxima década o próximas décadas. Los acontecimientos en Rusia pueden cambiar la situación internacional. De manera semejante en EEUU y otros países industriales de occidente. Con el desarrollo de grupos centristas de masas con un amplio número de trabajadores que piden una dirección revolucionaria, este será un método favorable para la recepción de las ideas marxistas. Tenemos que intentar llegar a estos elementos a nivel internacional con las ideas y métodos de Trotsky. A partir de estas fuerzas de masas en desarrollo en estas organizaciones es donde surgirá la internacional. Los grandes acontecimientos serán harán  nuestras ideas y política más aceptables para estas capas, especialmente los obreros. Llegar a estos elementos es una parte importante de nuestro trabajo futuro.

Los acontecimientos también harán que los elementos más jóvenes e inteligentes de otras organizaciones que reclaman el trotskismo, se puedan hacia nuestras ideas. Muchos de los elementos jóvenes se ganarán en estas circunstancias.

Será de nuevo la revolución española, pero con una crisis orgánica del estalinismo y el reformismo, quién preparará las bases para una ofensiva de la clase obrera a escala internacional. Hoy la clase obrera española es mucho más fuerte que en 1936 y la reacción internacional mucho más débil. Esto favorecerá el proceso. Tras un periodo de derrota y reacción de una forma u otra, tanto como de importantes conquistas y victorias, vendrá un saldo hacia delante de los trabajadores y el camino para la formación de tendencias centristas estará preparado. La revolución rusa se desarrolló durante nueve meses, debido sobretodo a la fuerza del bolchevismo.

La revolución española se desarrolló 6 o 7 años, debido a la debilidad de las fuerzas revolucionarias. Es en este largo proceso en el que se nos ofrecerá la posibilidad de intervenir más activamente, para ganar la dirección de las masas. Los elementos revolucionarios que surgirán dentro de los partidos centristas de masas buscarán ideas revolucionarias, política y métodos de trabajo consistentes.

El bolchevismo creció internacionalmente a través de la victoria de la revolución de octubre. Ésta su vez dependía de la organización del partido ruso, tanto como de las ideas teóricas y de la política de Lenin y Trotsky. Nos enfrentamos con un proceso semejante, guardando las proporciones, en el que todavía tenemos que superar la prueba de la historia y construir una tendencia de masas.

Ted Grant

Mayo 1970


El Programa de la Internacional

El Programa de la Internacional


La I y la II Internacional Si una perspectiva, programa y política internacional, es imposible construir un movimiento que pueda afrontar las […]