Chacon

En defensa de la lucha


La represión en Chaparina fue una cobarde barbaridad que suscitó una reacción airada en todo el país, canalizada y exteriorizada en las masivas marchas de repudio convocadas por la COB. El propio Evo Morales reconoció aquello públicamente, mientras los medios estatales y voceros gubernamentales referían de una situación “felizmente pacificada”. Sin embargo cuando ya ha transcurrido un año, aquel acto vergonzoso no tiene culpables, más bien la mayoría de los que fueron investigados han sido ascendidos a mejores cargos, como el actual comandante de la Policía y el mismo Sacha Llorenti, cuyo nombramiento ante la ONU es – como justamente dice la compañera Chacón – validar y justificar lo ocurrido en Chaparina.

Sin embargo más allá de la indignación sobre este caso concreto – que es también nuestra – lo que impacta en la carta de la compañera Chacón es el estado de ánimo que la impregna. La integridad moral de la militante que no puede “volcar la mirada al otro lado” y la lealtad al proceso reafirmada desde la decisión misma de no dejar su pensamiento a la manipulación de los medios, se combinan con un profundo sentimiento de impotencia al ver como inclusive la crítica constructiva se ha convertido en un delito en la fase que atravesamos, dejando así solo una esperanza “casi arrebatada” – como dice la compañera – en la posibilidad de rescate del proceso.

Como marxistas y militantes revolucionarios comprendemos estos sentimientos pero no los compartimos. Cuando el MAS ha avanzado en las nacionalizaciones y la afirmación de derechos democráticos para las mayorías oprimidas, ha encarnado la voluntad de un pueblo en lucha, ratificada en las elecciones de 2009, cuyo mandato fue para acelerar con el socialismo como el propio Evo Morales correctamente resumió.

Todo lo que nos ha alejado de este camino principal – por el poder condicionante de multinacionales (como con el gasolinazo), el latifundio etc. – ha abierto una fisura entre el gobierno y la voluntad popular, fisura en la cual la derecha intenta infiltrarse y el gobierno ha empezado a colmar con la maniobra, el equilibrismo político que secunda intereses corporativos, la cooptación que alimenta buscapeguismo y arribismo, el tutelaje paternal sobre los movimientos sociales. Todo esto, combinado con la ausencia de puntos de referencia claros y no “contaminados” para una batalla política interna al proceso, es lo que permite que el poder pueda desbordar.

El primer “que hacer” es individuar el terreno concreto de la lucha, que es el que señalan los compañeros mineros de Colquiri, cuya movilización va más allá de un tema local o sectorial y no solo no se presta a ninguna transversalidad política, sino que sirve de palanca incluso para luchar contra las presiones procapitalistas al interior del MAS y el gobierno. Dar batalla a cualquier avance de la derecha, batalla que la misma compañera Chacón reconoce necesaria y respecto a la cual el problema no es de no “sacrificar la democracia a la eficacia“, porque la historia revolucionaria de América Latina demuestra que toda vez que la izquierda defiende una concepción abstracta de la democracia es duramente derrotada. De lo que se trata es llevar esta batalla con el apoyo, la participación activa y el indispensable protagonismo de las masas, no por encima de ellas.

La compañera Chacón afirma que “una revolución, si es autentica, no tiene partido”; es esta es la raíz de la impotencia. Las revoluciones necesitan partidos que le den forma. Más que cartas, ensayos y artículos, es necesario organizar la lucha cotidiana en todos los ámbitos – sindicales y de partido – y sin temor a ir contracorriente. Inclusive una revista como la nuestra sería totalmente inútil si no sirve a organizar y estructurar esta lucha, dándole visión, visibilidad y perspectivas.

La compañera Chacón se reconoce y adhiere al pensamiento expresado por Rafael Puentes. Nosotros invitamos a ella, a Rafael Puentes y todos los demás compañeros que en el MAS manifiesten una posición legítimamente critica, a no canjear la lucha por la esperanza, a invertir su autoridad para convocar y organizar esta lucha para reconducir el proceso a su camino principal, tarea que nos ve empeñados en primera persona.