Encubriendo el capitalismo


La experiencia nos enseña que tan peligroso es el enemigo de clase cuando nos referimos a la cotidianidad de la lucha de los pueblos en contra de los grupos de poder, en estos tiempos el capitalismo y su envoltura  refinada el imperialismo en sus diferentes gamas de modelos para someter y sojuzgar, aplastar naciones con invasiones de saqueo de recursos naturales.

 

Como así mismo es peligroso también el  enemigo interno  en sus diferentes tonalidades, desde el burocratismo insensible, pasando por la falta de consciencia revolucionaria para aterrizar con los “profesionales”  de la política oportunista  que se autodefinen  como “revolucionario” y además con “una larga trayectoria”, estos infiltrados son capaces de citar como una letanía de corrido, pensamientos de los griegos, de los socialistas utópicos pasando por los enciclopedistas francés, saben recitar casi de memoria a todos los clásicos desde Marx  hasta llegar a Fidel y así justificar su oportunismo sectario y desmovilizador.

 

Estos enemigos internos incrustados uñas y dientes en organizaciones, partidos políticos, sindicatos  y en gobiernos en procesos de cambios, son  peligrosos  en su objetivo final de tergiversar, desviar los procesos, revisar  y tratar de deslegitimar la teoría y la práctica de la ciencia marxista forjada en la lucha de los pueblos como el único instrumento científico de análisis de la  interpretación y transformación de la sociedad, que empieza con el desmenuzar sistemático de  toda la implicancia y la esencia del  capitalismo como un instrumento de explotación y al mismo tiempo como lo demuestra  la práctica de la realidad ,el marxismo es la única herramienta viable para la lucha de los pueblos en su ruta al socialismo y a su etapa superior el comunismo.

 

En esto radica principalmente el Alma Mater de la cuestión, en que el sistema capitalista como sistema de solución de todos los problemas de la humanidad y el medio ambiente, ha fracasado pero hasta el presente ha tenido la capacidad de reciclarse eso hay que  reconocerlo, pero  no aceptarlo como un don divino, fracasa en cada uno de sus modelos que va ensayando y sobre la marcha los va modificando sin alterar la esencia del sistema, haciendo recaer sobre los pobres del mundo todos y cada uno de sus experimentos criminales por mantener vivo sus sistema de explotación.

 

Hasta aquí lo va logrando por la fuerza de su poderío bélico y económico y también por la falta de consciencia política de los pueblos, por los infiltrados en su seno y sus direcciones políticas  que son quienes tienen la mayor responsabilidad de trasmitir a las mayorías toda la información, labor que no ha sido suficiente por errores u omisiones ideológicas interesadas  sobre las bondades de lo  que significa el marxismo como  instrumento de los pobres en su camino hacia el socialismo y el comunismo como un sistema de solución a los problemas de la humanidad y del planeta, en libertad y  en igualdad solidaría plena, es decir en un mundo comunista. Donde todo es de todos y en beneficio de todos.

 

Ahora que hay un nuevo despertar en América latina y el mundo, las condiciones objetivas y subjetivas se muestran cada día más claras y además con algunos gobiernos que comienzan a transitar hacia la liberación nacional ratificados con el pleno apoyo de mayorías  y cuando el imperio redobla sus arremetidas por recuperar sus espacios de intromisión en nuestra América, es urgente y necesario como la mejor respuesta a ese embate del enemigo de los pueblos, encaminarse  de frente y sin miedos hacia el sistema socialista en una soberana y contundente respuesta de autodeterminación.

 

Porque de no concebir así la lucha antiimperialista y en actitudes vergonzantes y timorata le inventamos diferentes nombres a los procesos y movimientos de liberación, estamos incitando al pueblo  a actuar en forma oportunista con el discurso fácil de que somos “socialistas” y que se busca “la igualdad de todos”, pero  sin afectar mayormente al  sistema capitalista, eso  en todos los idiomas se llama “conciliación de clases” y es el camino más expedito a la corta o a la larga del retorno de los grupos de poder, por  la fuerza  fascista o su versión moderna a la “hondureña”.

 

Son los hechos concretos los que elevan la consciencia más rápido de los pueblos, mucho mejor que las posturas revolucionarias, los discursos, los  seminarios, talleres, etc., expropiar  bancos, empresas que especulan con sus productos y no cumplen una función social y más aun defraudan impuestos al estado, decimos  revertir (no comprar a precio de “mercado”), revertir latifundios ociosos y repartirlo a comunidades campesinas (no individualmente), fomentar la creación de empresas del estado con gestión obrera, fomentar y apoyar a emprendimientos comunitarios o cooperativos, son algunas medidas y hechos importantes y concretos para que el pueblo sepa y sienta que verdaderamente existe el cambio y que se está construyendo socialismo camino al comunismo.

 

Pretender alardear de anticapitalista, antiimperialista, antifascista sin sostener en la práctica que vamos en oposición a este sistema caduco hacia la construcción del socialismo y su etapa superior el comunismo, estaremos jugando con fuego que al final nos quemará a todos.

 

Al imperio le gusta que no mencionemos la palabra comunista,  y no le importa que manoseemos la palabra socialismo o socialista de arriba para abajo, pero que siempre se diga que “se respeta la propiedad privada” y la “libertad de empresa” o “la economía plural”, sabiendo que esas tres reglas sacrosantas son la mejor manera de conservar el sistema capitalista.

 

Es verdad  que no es fácil, no se puede hacer todo en pocos días  o algunos  años, pero hay que empezar con la línea correcta. Sería irresponsable con la historia y los pueblos esperar décadas como si fuera  fruta madura  para que  el sistema se caiga por si solo al piso, estamos en una excelente oportunidad,  todo lo que se arriesgue hoy será para beneficio del mañana que ya está llegando. No seamos parte de camuflar al capitalismo, luchemos de frente sin temores en contra de él, ¿si no vamos hacia el socialismo camino a un estado comunitario solidario y en libertad, a que estamos jugando  entonces?

 

José Justiniano Lijerón

Es ex Dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB)