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Hacia las movilizaciones del 21F: la alternativa es posible


Debilidades especulares se confrontarán en el aniversario del referéndum constitucional del 21F de 2016, en un contexto de polarización palpable incluso en las tragedias y las fiestas de estas últimas semanas.

El frente contra el nuevo Código del Sistema Penal sobrepasó la histeria reaccionaria de la clase media y la capacidad de convocatoria de la derecha. Sindicatos, vecinos de barrios populares e incluso sectores orgánicos al MAS engrosaron las protestas movidos por intereses gremiales y en rechazo a la concentración de poderes y los abusos de Estado contra las luchas sociales contenidos en una norma que, por admisión del propio Presidente del Senado, nació plagiada y contradictoria.

La abrogación de esta ley inevitablemente restará fuerza al paro cívico, no solo porque elimina este eje articulador de intereses sociales opuestos entre sí, que mantuvo la relativa independencia de las movilizaciones respecto a la derecha, sino y sobre todo porque restituye transitoriamente al pueblo pobre y trabajador que mira al tema de la reelección pragmáticamente la imagen del gobierno “que escucha al pueblo”. El paro probablemente será acatado con cierta fuerza solo en aquellas ciudades y entre aquellos sectores sociales que, por diferentes motivos, ya han madurado aversión al MAS, como por ejemplo Santa Cruz o Potosí.

Por otro lado el MAS convoca a otra proclamación de la candidatura de Evo, a pocos meses de la primera y cuando faltan dos años a las elecciones, con el objetivo de oponer la “voluntad popular” de las mayorías subalternas a la “presión ciudadana” de clases medias urbanas y derecha. Sin embargo no es con las aclamaciones de Evo que se resolverá el problema de su liderazgo único pero objetivamente desgastado y la crisis hegemónica del MAS.

En el periodo anterior al referéndum del 21F de 2016 el gobierno marchó en contra de las más avanzada reivindicaciones populares, como cuando salió en defensa de las multinacionales mineras contra los pedidos de nacionalización que surgieron en el paro cívico potosino, perdiendo en este departamento más de los cien mil votos que definieron su derrota electoral.

Su política para con la ralentización económica ha debilitado las nacionalizaciones y a las bases obreras y campesinas, conciliando con la burguesía nacional y concediendo a las multinacionales una cuota siempre mayor del negocio del gas justo cuando se agudizaban los problemas sociales. Que en una ciudad de casi medio millón de habitantes como Oruro no hay hospitales para atender a las víctimas de un atentado es una dramática prueba de aquello.

Sin embargo el resultado negativo para el MAS del referéndum del 21F ha sido revertido con una sentencia del TCP apoyada por autoridades electas opositoras. No es lo mismo: cuando el fin no está justificado, los medios lo determinan, y esto es lo que motiva el escepticismo que está desgastando al MAS. Dicho de otra manera, ante las crisis en la salud, los problemas de desempleo y laborales, las dificultades de acceso a vivienda y calidad educativa, la pregunta que frena la movilización popular es: ¿de qué sirve la reelección si no es para nacionalizar y defender que las nacionalizaciones son para servir al pueblo?

Las proclamaciones de Evo eluden estos temas e impiden sacar un balance real de las contradicciones que han provocado la derrota electoral del 21F. A pesar de los dos atentados de Oruro, ni siquiera se ha modificado la convocatoria a estos actos para llamar el pueblo a luchar contra el terrorismo, como sería necesario. Se trata por esto fundamentalmente de movilizaciones de aparato.

Mientras tanto se está inaugurando en Santa Cruz el Congreso de la COB organizado por la fracción sindical del MAS. La lógica conclusión de este congreso sería pasar de la “alianza estratégica” a la militancia orgánica del movimiento obrero con el gobierno y el MAS. La burocracia sindical afín al oficialismo lo propone de manera directa. Sin embargo ni siquiera en su propio escenario podrán esclarecer el debate sindical como quisieran.

En Huanuni por ejemplo votaron participar a este congreso pero para reclamar lo que corresponde al sindicato minero más grande en el país. Por otro lado se mantiene todavía el veto del CEN de la FSTMB a participar a las reuniones de la CONALCAM.

Todo esto nos confirma que una alternativa es necesaria y posible. Necesaria en un contexto siempre más polarizado que el MAS afronta sin la misma capacidad de convocar al pueblo pobre y trabajador a luchar contra los intentos de desestabilización. Posible porque apoyaría en los sectores de la clase obrera y el movimiento campesino e indígena que buscan como afirmar sus necesidades más urgentes rompiendo con la conciliación de clases que le imponen desde el Estado.

Nosotros, como es obvio, no estaremos en un paro cívico más nítidamente de derecha, pero tampoco en una proclamación electoral despojada de contenido social. Seguimos en nuestra lucha por una alternativa basada en la militancia activa obrera y campesino-indígena y en su propio programa de reivindicaciones sociales siempre más evidentemente incompatibles con la economía capitalista en la que todavía vivimos. Ayúdanos en esta batalla.