¡Abajo Erdoğan y su gobierno de ladrones! ¡Apoyo a los trabajadores y jóvenes revolucionarios! Declaración de la CMI sobre Turquía


Cuando los manifestantes de Occupy Gezi fueron brutalmente atacados por la policía el 28 de mayo de 2013 y los días siguientes, el movimiento se convirtió rápidamente en una revuelta nacional contra el gobierno corrupto y reaccionario del AKP dirigido por Recep Tayyip Erdoğan.

201306-occupygeziLos comentaristas capitalistas están desconcertados. Turquía ha tenido altas tasas de crecimiento económico y se ha considerado como un modelo de estabilidad. Pero esta súbita explosión demuestra que debajo de la superficie había un fermento de descontento.

El gobierno del AKP llegó al poder en las elecciones generales de 2002 y desde entonces ha aumentado su voto. Erdoğan pudo permanecer en el poder debido al crecimiento económico de Turquía en la última década. Pero los pobres recibieron poco provecho de este crecimiento. En una población de 75 millones, el 20 por ciento más rico cuenta con más de la mitad de los ingresos nacionales, mientras que el 20 por ciento más pobre tiene sólo el 6 por ciento.

Un sistema fiscal injusto pone toda la presión impositiva sobre los trabajadores y los pobres. La desigualdad se ha disparado. Los sindicatos son reprimidos y los derechos pisoteados. Se ha abierto un abismo sin fondo entre ricos y pobres, entre gobernantes y gobernados. Los acontecimientos de la plaza Taksim han sido sólo la chispa que ha encendido un polvorín que había estado creándose durante la última década.

El gobierno del AKP ha sido muy represivo y antidemocrático. Erdoğan es arrogante y autocrático. Ha llevado a Turquía al borde de la guerra con Siria, lo cual es muy impopular, y ha infligido normas islámicas que socavan el carácter laico del Estado.

El crecimiento de la economía se basa en un flujo masivo de inversión extranjera directa, atraída por la privatización de la propiedad estatal. Sin embargo, Turquía ha acumulado una enorme deuda externa y el crecimiento es ahora casi estacionario y los niveles de vida están cayendo.

A pesar de la afirmación de Erdoğan de que el movimiento se compone de “extremistas”, éste tiene un carácter muy amplio. Las manifestaciones masivas en todo el país se componen de trabajadores, estudiantes, pensionistas, kurdos y alevitas, e incluso aficionados al fútbol de clubes rivales en  Estambul como Fenerbache, Besiktas y Galatasaray. Las banderas rojas de las organizaciones socialistas y comunistas se pueden ver junto a retratos de Ataturk, y las banderas kurdas vuelan junto a las nacionalistas turcas, lo que en el pasado hubiera sido impensable.

Al menos 2.000 personas han sido detenidas y al menos tres han muerto, pero la represión brutal policial sólo ha conseguido echar más leña al fuego. Las manifestaciones se han extendido a por lo menos un centenar de ciudades grandes y pequeñas. Las masas están luchando contra la policía y, en algunos casos, les han obligado a retroceder.

El movimiento de protesta ya ha logrado varias victorias importantes. Obligó a la policía a retirarse, al menos temporalmente, en algunas áreas. Esto ha arrinconado al gobierno. Las amenazas violentas de Erdoğan de los primeros días han sido sustituidas por ruidos conciliatorios. Estas son más peligrosos que los gases lacrimógenos y las porras de la policía. No hay que fiarse en absoluto de esta falsa e hipócrita conciliación.

Todas las ofertas del gobierno son mentiras, destinadas a dividir y desmovilizar al movimiento. El gobierno dice que no va a construir un centro comercial en la plaza de Taksim, sino sólo una mezquita. Esta declaración es una provocación estúpida y un insulto a la gente de Estambul.

El pueblo turco está cansado ​​de tener sus derechos democráticos pisoteados por una camarilla que habla en nombre del Islam, pero cuyo verdadero dios es el dinero, cuya principal mezquita es la bolsa de valores y cuyos sumos sacerdotes son los especuladores codiciosos. Lo que este gobierno defiende son sus intereses y nada más.

El gobierno ahora dice que “respeta el derecho a la manifestación pacífica”, mientras que la policía, junto con los matones fascistas del AKP, golpean, gasean y disparan a hombres y mujeres indefensos en las calles y miles son arrestados por el “delito” de manifestarse.

En esta etapa, las principales reivindicaciones de la gente son por la democracia y la justicia social. Pero no se puede hablar de democracia, siempre y cuando el gobierno esté en manos de Erdoğan y su pandilla. La primera condición para una Turquía verdaderamente democrática es echar a los gánsteres corruptos de Ankara. La principal consigna debe ser: ¡Abajo Erdoğan! ¡Abajo el gobierno de ladrones y opresores!

La Corriente Marxista Internacional (CMI) expresa su total solidaridad con los trabajadores y jóvenes revolucionarios de Turquía que luchan valientemente por sus derechos. Hacemos un llamado al movimiento obrero en todas partes para organizar protestas contra la represión brutal de la policía organizada por el gobierno turco.

• Por el cese inmediato de la represión y la liberación inmediata de todos los manifestantes detenidos y todos los presos políticos recluidos en las cárceles turcas.

• Arresto y juicio público de todos los elementos implicados en los ataques contra los manifestantes, no sólo los agentes de policía y sus auxiliares fascistas del AKP sino también los jefes de policía y ministros que desataron la represión salvaje, empezando por Erdoğan.

• Plenos derechos democráticos, incluidos la libertad de manifestación y el derecho de reunión.

• Suspensión inmediata de todas las restricciones a la actividad sindical y política en las escuelas y universidades.

• ¡No más censura! Los manifestantes, los sindicatos, los trabajadores y los estudiantes deben tener garantizado el acceso a los medios de comunicación para plantear sus posturas libremente ante el pueblo turco, al cual le ha sido denegado el acceso a la información y ha sido alimentado con una dieta de mentiras por parte del gobierno.

Estamos de acuerdo en que es necesario luchar por cada reivindicación democrática. La clase obrera quiere la máximo democracia con el fin de preparar el terreno para la lucha por el socialismo. Pero el movimiento revolucionario necesariamente irá más allá de las reivindicaciones democráticas formales.

Los problemas a que se enfrenta el pueblo turco no se pueden resolver simplemente reorganizando ministros y gobiernos. Estos problemas no son sólo una cuestión de parlamentos, leyes y constituciones, sino que tienen sus raíces en la naturaleza de clase de la sociedad misma.

¿Cómo se puede hablar de justicia cuando toda la riqueza creada con la sangre, el sudor y las lágrimas de los trabajadores turcos es expropiada por un puñado de ladrones y parásitos? Nunca puede haber justicia social en Turquía, siempre y cuando la tierra esté en manos de los terratenientes, los bancos en manos de los banqueros y las industrias en manos de los capitalistas privados.

Bajo Erdoğan la desigualdad se ha disparado. El centro comercial planeado en Taksim es visto como un símbolo de desarrollo urbano especulativo, de desplazamiento de la clase trabajadora a las afueras de la capital, de acuerdos de construcción de mala calidad para compinches del partido en el poder y como una contradicción flagrante entre ricos y pobres. Actuó como un catalizador que ha llevado a todas las contradicciones a la superficie.

El actual movimiento de masas podría poner al gobierno de rodillas. Sin embargo, para derrocarlo, se necesita algo más que manifestaciones de masas en las calles. La fuerza más poderosa en la sociedad es la clase obrera. ¡Ninguna bombilla se enciende, ningún teléfono suena y ninguna rueda gira sin el permiso de la clase obrera!

El proletariado de Turquía indudablemente es muy fuerte y tiene tradiciones revolucionarias maravillosas. Ha habido algunas huelgas, pero lo que hace falta es convocar una huelga general indefinida para unificar el movimiento y dotarlo de un objetivo central. Los sindicatos deben reunirse y ponerse de acuerdo en una fecha. En cada fábrica, oficina y taller deberían convocarse asambleas para discutir las cuestiones y hacer planes.

Con el fin de organizar las poderosas pero dispersas fuerzas de la revolución, se deberían establecer comités de acción en cada fábrica, universidad, escuela, barrio y pueblo. Hay que atraer las capas más amplias de los trabajadores, campesinos y jóvenes no organizados, las mujeres, los kurdos y otras capas oprimidas.

El establecimiento de comités de acción democráticos en todos los niveles, local, distrital, regional y nacional, es la única garantía de que la iniciativa se mantenga en manos de los revolucionarios y que la revolución turca no sea secuestrada como lo fue la egipcia.

A los trabajadores y campesinos no les importa si éstos que les roban y oprimen hablan en nombre de la Nación, la Democracia o el Sagrado Corán. El pueblo de Egipto fue despojado y oprimido por Hosni Mubarak antes, y es despojado y oprimido por los Hermanos Musulmanes ahora. Los mismos ladrones y opresores están sentados en Ankara y El Cairo o, ya que viene al caso, en Washington y Londres.

Las repercusiones del movimiento revolucionario en Turquía se harán sentir en Europa y el Medio Oriente. Un movimiento de masas contra un gobierno capitalista conservador islámico en Turquía sólo servirá para debilitar el atractivo de los islamistas en otros países y, al mismo tiempo, para fortalecer el movimiento revolucionario contra los gobiernos islámicos en Túnez y Egipto.

Las causas de la insurrección de Turquía son las mismas que las que desencadenó las revoluciones en Egipto y Túnez. Son una expresión de la crisis global del sistema capitalista, de la riqueza obscena paralela a una miseria horrible, de la falta de vivienda, del desempleo juvenil, y de los gobiernos burgueses corruptos y dictatoriales, respaldados por el imperialismo de EE.UU., que pisotean los derechos de los pueblos con el fin de enriquecer a sus partidarios súper ricos.

Los trabajadores de Grecia, Chipre y Turquía, los trabajadores de toda Europa, Egipto y del mundo entero tienen los mismos problemas y están luchando contra el mismo enemigo. Es hora de unirnos en una lucha común internacional de la clase obrera contra la dictadura del capital, que es el principal obstáculo en el camino del progreso humano.

La valentía y determinación mostradas por el pueblo turco ha demostrado una vez más que hay un poder en la sociedad que es mucho más fuerte que cualquier Estado, ejército, gobierno o policía. Es el poder de las masas que, una vez que se movilizan para luchar por un cambio en la sociedad, no hay fuerza en la tierra que pueda resistirlas.

La CMI está hombro a hombro con el pueblo revolucionario de Turquía:

• ¡Pleno apoyo para los trabajadores y jóvenes revolucionarios de Turquía!

• ¡Abajo Erdoğan y su gobierno de ladrones!

• ¡Por la formación de comités de acción para preparar una huelga general indefinida que derroque el gobierno!

• ¡Para un gobierno obrero y campesino!

• ¡Viva la revolución socialista!

• ¡Trabajadores del mundo, uníos!

Londres, 05 de junio 2013