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Inédita huelga de los oficiales de bajo rango: ¿qué política para las FFAA?



Tras la ruptura del dialogo auspiciado por el gobierno con el Alto Mando Militar, la Asociación Nacional de Suboficiales y Sargentos de las Fuerzas Armadas (ASCINALSS), por boca de su Presidente suboficial Johnny Gil, ha convocado a los militares de “las tres fuerza a unirse” a un paro indefinido. Mientras tanto la directiva de la asociación de las esposas de suboficiales y sargentos anuncia la instalación de un piquete de huelga de hambre.

La “descolonización de las FFAA”

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La Ley Orgánica de las FFAA vigente divide la jerarquía militar en dos categorías: oficiales por un lado, suboficiales y sargentos por el otro. El grado máximo al que estos últimos pueden ascender es el de Suboficiales Maestres. El principal pedido de la ASCINALSS es justamente que también suboficiales y sargentos puedan ascender a los grados mayores hoy prerrogativa de los egresados de los Colegios Militares. En su pliego petitorio justifican esta su reclamo como una “urgente necesidad de equidad y justicia social… habida cuenta que el sistema colonial se mantiene intacto al interior de la estructura de las Fuerzas Armadas… integrada por clases sociales con marcadas diferencias, unos con privilegios y otros marginados”.

La referencia a las clases sociales no es un simple expediente retorico. Como ejemplo baste citar que entre los requisitos de admisión a los Colegios Militares se pide una “carta de recomendación”, que sirve a las instituciones castrenses a seleccionar sus futuros cuadros al interior de las mismas elites y clases, perpetuando su poder. Sin tomar en cuenta la enormidad del gasto en decenas de miles de bolivianos en prendas, cursos, documentación etc., que debe sostener quien sea admitido.

Los militares de bajo rango están exigiendo además que cesen todas las represalias a los promotores de su movimiento. De hecho mientras acudía al dialogo el Alto Mando Militar ha dispuesto la baja de unos 60 alumnos de la Escuela Militar de Ingeniería (EMI) y cerrado la Escuela de Perfeccionamiento Técnico Aeronáutico (EPTA) de Cochabamba donde, como reconocido por la ASCINALSS, se ha gestado su movilización. Aun sin dar crédito a las esposas de los militares movilizados que denuncian “una cacería de brujas”, resulta igualmente increíble la versión del Ministro Saavedra, según el cual no habrían ni bajas ni represalias sino “simples” procedimientos disciplinarios internos contra alumnos que se faltan a sus clases.

El punto de vista del Alto Mando

Sobre todo cuando un documento interno del Comando Estratégico Operacional, los servicios de inteligencia militar, filtrado y publicado por ERBOL anunciaba estas sanciones ya desde el 4 de abril. Dejamos de lado ahora la pregunta de quién y con cuales intereses (apoyar el reclamo de los suboficiales, provocar y desprestigiar al Alto Mando Militar o al gobierno, o a los dos) ha dado acceso a comunicaciones internas de las FFAA al equipo periodístico de ERBOL. Porque hay aspectos de este documento que vale la pena resaltar.

El documento – un informe sobre las “actividades de suboficiales y sargentos” de Cochabamba – señala en primer lugar que “en fecha 4 de enero de 2014, la vicepresidenta del MAS Concepción Ortiz posesionó a las presidentas de la Asociación Nacional y Departamentales de Esposas de Suboficiales y Sargentos de las Fuerzas Armadas… quienes ratificaron su apoyo al proceso de cambio del actual gobierno y de las FFAA”. Así de un documento interno de la inteligencia militar sabemos que la titularidad del proceso de cambio no le pertenece a los hombres y las mujeres de la clase obrera, el movimiento campesino-indígena y la juventud que lucharon por él, sino a funcionarios de gobierno y al alto mando militar, que en la lucha o nunca estuvo o estuvo con el otro bando.

Tuvimos que estar distraídos en los últimos años porque no vimos ni siquiera  la sombra de un Torres en las jerarquías militares, sino generales que se rehusaron a que se haga justicia del pasado de dictaduras o que acuartelaron las tropas frente al golpe y pese a ello fueron nombrados embajadores para demostrarles la actitud “amistosa” del gobierno. El documento sigue individuando a los agitadores entre los suboficiales, disponiendo para ellos “sanciones drásticas” y la prohibición de cualquier reunión “que no sea de orden estrictamente militar”.

Conjeturas…

Hacemos una hipótesis, la misma a la que alude el documento que citamos: que de alguna manera un sector de la dirección del MAS ha contribuido a organizar o a dar coraje al movimiento de suboficiales y sargentos, con el objetivo de favorecer un recambio en los altos mandos militares. De hecho, como afirmado por la delegación de la ASCINALSS que fue a visitar a la CSUTCB pidiendo su apoyo, los suboficiales y sargentos son en su mayoría de extracción y “sangre” campesino-indígena.

Esto explicaría el apoyo al reclamo de los militares de bajo rango manifestado en un primer momento por ministros como Quintana, las invitaciones al Alto Mando para que dialogue del viceministro de descolonización Cárdenas etc. Y demuestra una vez más lo imprescindible de la concepción marxista del Estado. Pensar que las altas jerarquías militares – así como los poderíos económicos – puedan renunciar a sus privilegios a pedido de las bases o por lealtad al “proceso de cambio” es desconocer siglos de historia. Pensar que la jerarquía militar hubiera permitido al gobierno de erigirse a árbitro que dirime el conflicto entre vértices y bases de las instituciones castrenses es de una ingenuidad desconcertadora. Están limpiando las FFAA de los agitadores y recordándole al gobierno que este es “el proceso de cambio del gobierno y de las FFAA”. 

¡Por una política de clases!evoaltomando

El Estado es una maquinaria compuesta de aparatos burocráticos, coercitivos e ideológicos para la dominación de una clase sobre la otra. Un Estado creado y afinado a lo largo de siglos para defender los privilegios de una minoría y su propiedad privada sobre los grandes medios de producción (tierras, bancos, fábricas, minas etc.), no puede ser reformado: debe ser destruido y sustituido por instituciones que garanticen la democracia y los derechos de las mayorías.

En “todos los periodos normales”, para utilizar la cuidadosa generalización de Engels, el Estado está directamente a servicio de una clase. Sin embargo en determinados momentos históricos del desenvolvimiento de la lucha de clases, el Estado puede asumir una relativa independencia. En un país como el nuestro, ante la inestabilidad de las instituciones burguesas, la ausencia de un partido revolucionario de masas y la influencia de corrientes nacionalistas, hemos vividos en muchas circunstancias periodos excepcionales en que las FFAA asumieron la dirección del país, conduciéndolo hacia la ultra derecha o el nacionalismo de izquierda.

El nacionalismo castrense fue justamente definido por Marcelo Quiroga Santa Cruz como “incidentalmente antiimperialista”, porque incapaz de romper con el orden constituido y las estructuras de la dominación imperialista. Torres por ejemplo se rehusó a armar al pueblo contra el golpe y Villarroel hizo de Bolivia un país fundador de aquel Fondo Monetario Internacional que nos condenaría a la dependencia. Ni Villarroel ni Torres eran del alto mando militar: vale recordarlo al Ministro Quintana según el cual “las FFAA que deliberan son una amenaza para la sociedad”. La amenaza siempre ha venido de las deliberaciones de los altos mandos.

Como marxistas defendemos la reforma estructural de las FFAA, la abolición de cualquier discriminación, privilegio y abuso a su interior para traguetear esta pieza clave de la dominación de clases hacia su transformación en herramienta a través de la cual el pueblo en armas pueda defender sus conquistas sociales y democráticas. La actual movilización de los militares de bajo rango demuestra que esto no podrá ocurrir sin un programa que defienda:

  • El reconocimiento pleno de derechos políticos y democráticos para los soldados y oficiales de bajo rango, como el derecho a la afiliación política, a la asamblea, el sindicato y los derechos de asociación, reunión y prensa;
  • El reajuste salarial para soldados y oficiales de rango inferior, reduciendo el salario de los altos oficiales. Que ningún oficial gane o pueda jubilarse con más del sueldo o la jubilación de un obrero especializado;
  • La posibilidad de impugnar las sanciones antes de que sean cumplidas, permisos para los soldados que lo necesiten;
  • Que los oficiales sean elegidos y revocables mediante asamblea;
  • No al ejército profesional: por el entrenamiento militar a toda la población trabajadora y la incorporación de milicias obreras y populares a la tarea de defensa de las conquistas sociales, como en parte ya ocurre con el adiestramiento militar a los trabajadores de Venezuela.

Este es el programa que defendemos ante los oficiales de bajo rango hoy movilizados y por sobre todo ante la clase trabajadora, el movimiento campesino-indígena y el movimiento revolucionario en su conjunto, que hasta hoy recibimos de las FFAA no solo discriminación, sino principalmente represión a la lucha por nuestra emancipación de clase y nacional.