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La disgregación de Iraq: las fuerzas detrás de la rebelión


La actual situación en Iraq tiene sus raíces en la intervención imperialista de 2003, presentada como una “guerra justa” por Bush y Blair, finalizada al derrocamiento “del odiado dictador Saddam Hussein”. En aquel entonces explicamos que la tarea de derribar a Saddam correspondía al pueblo iraquí y nadie más. En vez de asistir a la construcción de un régimen estable, democrático y burgués (el objetivo declarado por Bush y Blair), hemos visto perfilarse los peligros de desintegración en líneas étnicos-religiosa de Iraq y de una sangrienta guerra civil.

El aspecto más irónico – entre comillas – de todo es que antes de la guerra Iraq no había ni al-Qaeda ni otros grupos fundamentalistas islámicos en Iraq. Solo después de la devastación infligida por el imperialismo al país, es que estos grupos han tenido la oportunidad de penetrar en la región. Desde la guerra por la supuesta defensa de “valores occidentales”, la invasión de Iraq de 2003 se ha convertido ella misma en un “casus belli” para las operaciones de grupos como al-Qaeda.

El gobierno de Maliki se basa en divisiones sectarias

Después de la guerra los imperialistas dejaron una administración civil liderada por Nouri al Maliki, que asumió como primer ministro en 2006 con la aprobación de los EEUU. Estos son algunos resultados de la administración de Maliki: en 2012 Iraq ha sido clasificado como octavo país más corrupto en el mundo y su estatus por lo que concierne el respeto de los derechos humanos es definido “bajo” por las organizaciones internacionales, por las detenciones indiscriminadas y las torturas. Hasta Human Rights Watch, organización que apoya el gobierno estadounidense, tuvo que coincidir con este triste cuadro de la situación.

Todo esto es años luz del régimen democrático burgués que prometían Bush y Blair hace once años. La verdad es la invasión de Iraq nunca sirvió a promover la democracia. El hecho que las “democracias occidentales” (es decir los imperialismos europeos y norteamericanos) no tengan problemas a hacer negocios con regímenes despóticos como el de Arabia Saudí y otros demuestra que promover las “democracias de tipo occidental” no sea su principal interés. El único objetivo del imperialismo es establecer regímenes que puedan defender sus intereses, nada más.

Desde el punto de vista socioeconómico la situación no es ciertamente mejor. Los imperialistas han gastado sumas enormes para bombardear y ocupar Iraq, pero han sido mucho más avaros cuando se ha tratado de mejorar las condiciones de vida para las masas de trabajadores y trabajadoras. El desempleo de masas y la pobreza involucran gran parte de la población. La tasa de desempleo oficial estimada para 2012 era del 16%, pero el dato real es con toda probabilidad mucho más grande. Según Iraq Business News (revista iraquí de negocios)iraq-disintegration

“La pobreza y el desempleo de Iraq aumentan cada año pese a los esfuerzos del gobierno para implementar programas que los reduzcan. Las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales han publicado datos en base a los cuales más del 23% de la población iraquí vive por debajo del umbral de pobreza. Si el 23% es el dato oficial, el dato real supera el 35% (12 millones de personas). Los iraquíes tuvieron que soportar adversidades y sufrimientos indecibles en las últimas cuatro décadas de guerra, además de sanciones capaces de parar la economía de un país (5 de marzo de 2014)”. 

Es fácil entender como en estas condiciones no sea posible establecer un régimen democrático burgués estable; el capitalismo iraquí no puede resolver estos problemas básicos. En el contexto de esta situación económica, las divisiones étnico-religiosas al interior del país producen más inestabilidad, convirtiéndose en una fuente de conflicto. Las clases dominantes de todo el país encuentran en estas divisiones chivos expiatorios y espejuelos, utilizándolas para desviar la atención de las masas de los verdaderos culpables de la situación – el gobierno – para culpar quien habla otro idioma o profesa una diferente variedad del Islam.

Étnicamente los iraquíes se dividen en un 75-80% de árabes, 15-20% de curdos y 5% de turkmenos, asiros y otras etnias. Otras divisiones se basan en la religión; el 95% de musulmanes está dividido entre chiíes (62%) y sunnitas (35%). Existe también una pequeña minoría cristiana. Los sunnitas están divididos casi igualmente entre árabes y curdos.

La herencia de un pasado colonial

La fuente de estas divisiones remonta a la época del colonialismo, a ser precisos a la repartición del decadente Imperio Otomano entre los imperialismos franceses y británicos. Si miramos un mapa de Oriente Medio notamos líneas de confín rectas como espadas y largas centenares y centenares de kilómetros. Esto porque aquellos confines fueron decididos por los imperialistas – sentados a una mesa con un mapa, un lápiz y una regla – sin ningún respeto para las personas que vivían en aquellos territorios.   

En realidad prácticamente todas las nuevas “naciones” nacidas después del fin de la Primera Guerra Mundial han sido creadas incorporando una división étnica permanente, sobre base religiosa o lingüística, de manera que los conflictos internos de estos neonatos países permitiesen al imperialismo de seguir con su dominio después del fin de las ocupaciones físicas y militares. Este método ha sido fuente de innumerables conflictos, como los de Pakistán, India, Nigeria, Chipre e Irlanda del Norte.

El general Jonathan Shaw, ex comandante de las fuerzas británicas en Basora, escribiendo para el The Telegraph (12/6/2014) ha admitido:

“Iraq es creación de líneas trazadas en un mapa por franceses y británicos después de la Primera Guerra Mundial. Desde entonces el reto ha sido de unir intereses divergentes y diferentes lealtades de un pueblo dividido por la religión, la étnica y el lugar de residencia. El iraquí es un pueblo ulteriormente dividido en tribus, que no limitan sus movimientos e influencias en base a líneas trazadas en un mapa”.

La irresuelta cuestión nacional

Esta irresuelta cuestión nacional en Iraq es un elemento central para la comprensión de los acontecimientos recientes. La administración Maliki, incapaz de solucionar las cuestiones económicas más acuciantes para la población iraquí, ha preferido jugar la carta de las divisiones étnicas, basando su apoyo en la mayoría chií de la población jugando el viejo juego del “divide y reinarás”.  Esto ha causado enorme resentimiento en la minoría árabe sunnita, que ahora respalda la rebelión en los territorios sunnitas. Los curdos gobiernan la que en los hechos es ya una región independiente, casi una nación.

En el periodo reciente hubo un creciente movimiento de protesta, prevalentemente en las áreas sunnitas, pero también en otras regiones del país. Las protestas comenzadas en diciembre de 2012 eran por una serie de problemas, desde la corrupción al desempleo, desde el bajo nivel de los salarios a la falta de servicios. Algunos protestaban contra el maltrato a los prisioneros, la mayoría encarcelados de manera arbitraria por las fuerzas de seguridad iraquíes, mientras otros contra la reducción de salarios o la discriminación a los sunnitas. Las protestas se han desarrollados en ciudades como Faluya, Mosul, Kirkuk, Baiji, Tikrit, al-Daur, Ishaqi, Jalawla, Dhuluiyah, Baquba, Ramadi, algunos barrios de Bagdad, Albu Ajil, Nassiriya y otras ciudades y aldeas.

La respuesta del gobierno de Maliki a estas que en la mayoría de los casos eran protestas pacíficas, ha sido de desencadenar el aparato represivo del Estado, tratando a los manifestantes como terroristas, arrestándolos y en muchos casos asesinándolos. Maliki ha llegado a bombardear la población de la ciudad de Faluya. Los pobladores de las áreas sunnitas se ha acostumbrado a ver las fuerzas armadas iraquíes más como una fuerza de ocupación que como un presidio del orden y la ley, y menos que nunca de defensa de la justicia. Ven el actual gobierno como una continuación de la ocupación estadounidense, contra la cual muchos de ellos han combatido. Para citar nuevamente al general británico Jonathan Shaw; “el gobierno de Maliki ha sido caracterizado por la paranoia y el sectarismo, que lo han deslegitimizado a los ojos de curdos y sunnitas”.

El colapso del ejército iraquí

En este contexto es posible enmarcar y entender los recientes desarrollos de la situación. El ejército iraquí ha colapsado ante fuerzas combatientes técnicamente mucho más débiles. La razón principal debe buscarse en la composición religiosa de las fuerzas enfrentadas. La mayoría de los soldados y policías son chiíes. Maliki ha voluntariamente promovido la “chiización” del ejército como factor político para el control, con el terror, de los demás grupos sociales. Consecuentemente, frente a la avanzada de las fuerzas del Ejército Islámico de Iraq y el Levante (EIIL) que declaran de luchar para liberar a los sunnitas de la opresión, las fuerzas armadas y de seguridad iraquíes han entendido que el EIIL hubiera sido recibido con favor por la población sunnita, después de la experiencia de esta con la brutalidad y la ineficiencia de Maliki. 

Los medios de comunicación occidentales a un principio han relatado el éxodo de medio millón de personas dejando Mosul durante la avanzada de los fundamentalistas. Pero las noticias de los días siguientes han revelado que un significativo número de personas empezaba a retornar a Mosul. Un interesante artículo de la agencia de prensa AP del 15 de junio refiere la opinión de un octogenario hombre iraquí: “espero que Dios los ayude y los haga vencer contra la opresión de Al Maliki”.

En el mismo artículo se transcriben otros testimonios de ciudadanos de Mosul, que explican que, después de la conquista de la ciudad por parte de los rebeldes, los servicios del agua y la electricidad han mejorado y los precios han rebajado. “Los ciudadanos que regresan a Mosul aseveran de haber sido informados por sus parientes que los rebeldes han rebajado los precios de muchos productos básicos. Un litro de gasolina para autos o diésel para generadores eléctricos, que son necesarios por los frecuentes apagones, ha bajado de 42 a 30 centavos, según el taxista Abu Mohammed. Una garrafa de gas cuesta 3,4 dólares en vez de los 6,85 de antes. Los milicianos del EIIL han obligado los comerciantes a reducir los precios de verduras y muchos alimentos”.

La población que regresa ha explicado que la razón por la cual había abandonado la ciudad no era tanto el miedo a las acciones que hubieran emprendido los fundamentalistas cuanto la brutalidad de la reacción del gobierno de Maliki. De hecho en el último periodo el gobierno ha bombardeado frecuentemente las áreas de las cuales había perdido el control, matando de manera indiscriminada a militares y civiles. 

Se prepara la revuelta en la población sunnitaAQIforwardslashISIL-area-of-operation

Lo que teníamos era una rebelión fermentando entre la población sunnita contra lo que percibía como un régimen opresivo. Son trabajadores comunes, en aquellas zonas, los que han alcanzado los límites de la humana tolerancia. Estaba abriéndose una situación de vacío de poder, en la cual el Estado no era suficientemente fuerte como para controlar la situación pero al mismo tiempo el pueblo no tenía a su disposición una alternativa ya lista. En este vacío se han introducido los grupos combatientes.

De haber habido organizaciones de masas de la clase obrera, capaz de unir a los trabajadores como una fuerza independiente, este vacío hubiera podido coincidir con el principio de un movimiento revolucionario. Y si este se hubiera basado sobre cuestiones de clase, un levantamiento de los sunnitas hubiera podido arrastrar a los trabajadores y los pobres chiíes: el fin de Maliki. Pero no existen semejantes organizaciones significativas y en política un vacío no puede durar por mucho tiempo, algo acabará para llenarlo. En este caso se ha tratado del EIIL y de otros grupos armados y organizados sunnitas, lo cual ha convertido la revuelta en un conflicto étnico-religioso, con todas las consecuencias reaccionarias que esto puede tener.

De hecho en el artículo de la AP antes mencionado descubrimos que “solo los árabes sunnitas parecen estar volviendo a Mosul, sugiriendo la idea de un cambio fundamental en la demografía de la ciudad”. De esta manera vemos como, a pesar que los fundamentalistas proclamen de querer mejorar las condiciones de vida de las poblaciones locales para ganar su confianza y respeto, esto se aplica solo a los árabes sunnitas.

Parece que el EIIL no quiera aplicar la ley islámica (sharía) de inmediato; no tiene las suficientes fuerzas para hacerlo. Como informa AP: “parece que el EIIL se ha cuidado de imponer su versión extremista de la ley islámica porque necesita en primer lugar pacificar a los demás grupos armados sunnitas y tribales, además de los baathistas (militantes del Baath – “renacimiento” – el partido nacionalista de Saddam) laicos leales a Saddam que junto a los fundamentalistas han luchado por tomar el control de la ciudad”.

Los turcomanos 

Sin embargo no solo los chiíes temen a grupos como el EIIL, sino también otras minorías más pequeñas como los turcomanos (ellos también divididos entre chiíes y sunnitas). Nazar Ali, turcomano chií, ha declarado “esta es una guerra sectaria. Somos turcomanos y tememos convertirnos en un blanco”. Chiíes turcomanos ya han sido matados en enfrentamientos con militantes sunnitas. Un grupo de aldeas en la región de Kirkuk ha sido atacado por combatientes sunnitas y la población local ha buscado refugio en las zonas controladas por los Peshmerga – las milicias – curdas.

Consecuencia de esta situación hasta algunos turcomanos nacionalistas están tomando las armas, creando su propia milicia. Los curdos esperan de poder utilizar en futuro el arma de un referéndum para anexar Kirkuk al resto del Kurdistán. Pero los turcomanos preferirían una administración federal controlada conjuntamente por los turcomanos, los curdos y los árabes. Otros quisieran una región turcomana autónoma. Según el sitio web Al-Monitor ha habido incluso enfrentamientos entre turcomanos chiíes y sunnitas, con los chiíes que se orientan al ejército iraquí y los sunnitas que, por ahora, se apoyan en los curdos.

Además se sienten traicionados por Turquía, a la cual los turcomanos se orientan naturalmente para obtener protección. La Turquía, por sus propios intereses materiales y estratégicos, se ha acercado más al Gobierno Regional Curdo del norte de Iraq. La difícil situación de los turcomanos subraya la complejidad de la cuestión nacional en el mundo contemporáneo. Iraq se está desintegrando según sus componentes regionales, principalmente las zonas chiíes, árabe sunnita y curda. Pero al interior de estas áreas hay ulteriores divisiones y grupos, como los turcomanos, que a pesar de su actual orientación hacia los Peshmerga curdos para recibir la protección de estos, ciertamente no se alegra ante la perspectiva de un futuro como minoría en un estado curdo iraquí independiente.

Sobre bases capitalistas no hay fin para este dilema, que solo puede ser solucionado sobre bases socialistas con la creación de una República Federal Socialista de Iraq, que reconozca plenos derechos de autonomía a todos los pueblos de Iraq, en el contexto de una más grande federación socialista de Oriente Medio. Esta es la tarea de la clase obrera.

Las fuerzas en el campo

Todos los medios de comunicación utilizan el termino EIIL para referirse a todos los grupos armados que han tomado posesión de amplias zonas de Iraq, sin embargo diferentes informes señalan que el EIIL es solo uno de los muchos grupos armados que han conquistado Mosul (aunque sea por cierto el más numeroso). También la BBC admite que “la mayor parte de la atención respecto a la rebelión en curso se ha enfocado en el EIIL – el Estado Islámico de Iraq y el Levante – pero este es solo uno de los grupos y milicias que están combatiendo ahora mismo” (14/6/2014). El mismo artículo cita al ex general Muzhir al Qaisi, portavoz del Consejo Militar General de los Revolucionarios Iraquíes quien “ha tomado el control de Mosul junto al EIIL”. El mismo explica que “Mosul es una ciudad demasiado grande para que el EIIL pueda conquistarla por sí solo” y describe a los miembros del EIIL como “barbaros”.

Según diferentes fuentes el grupo yihadista extremista EIIL no tiene más de 10-12 mil miembros armados. Semejante fuerza no puede conquistar y controlar áreas tan extensas. Pero, como hemos visto, sentimientos de rebelión fermentaban desde hace tiempo entre los árabes sunnitas. No se estaba preparando un levantamiento popular general, sino la intervención de diferentes grupos armados y organizados. 

No olvidamos que bajo Saddam Hussein los árabes sunnitas – mejor dicho la clase dominante de este sector de la población – estaban en posiciones de poder mientras la mayoría chií junto a los curdos y otras minorías eran oprimidas. Los sunnitas han sido apartados del poder después de la caída de Saddam. Esto explica porque los jefes tribales sunnitas – que por cierto no pueden ser definidos “progresistas” – se estuviesen organizando por sus propios intereses en las regiones opositoras a Maliki. Hay jefes tribales como Sheik Hadith al Dari, presidente de los Ulema (los magistrados musulmanes considerados los árbitros de la sharía), en oposición frontal al régimen del chií Maliki.

Algunos comentaristas informados habían pronosticado esta situación. Ya en marzo el Washington Post había publicado un artículo con el muy elocuente título: “Los jefes tribales sunnitas iraquí afirman que la lucha por Faluya es parte de una revolución”, que explica que cosa estuviesen preparando los jefes tribales y religiosos iraquíes. Según este artículo, se preparaban para una “revolución”, es decir el derrocamiento violento del gobierno de Maliki. El artículo explica que “en los últimos meses la influyente Asociación de Estudiosos Musulmanes de Iraq, encabezada por un grupo de religiosos sunnitas, ha establecido estrechos contactos con un comando militar emergido después que en enero las fuerzas de seguridad iraquíes han intentado recuperar Faluya, conquistada en diciembre por los islamistas”.

Este mismo artículo describe este nuevo comando, el Consejo Militar General de los Revolucionarios Iraquíes, nacido como dirección unificada de una serie de consejos militares regionales: “los consejos incluyen jefes tribales y ex líderes rebeldes, pero están dirigidos por ex altos oficiales, entre los miles de oficiales apartados cuando los EEUU han disuelto el ejército después de la caída de Saddam en 2003. La asociación de los estudiosos musulmanes afirma de no ser parte del consejo militar sino de coordinar con este, y algunos admiten de estar en una temporánea alianza con al-Qaeda que en enero ha repudiado al EIIL”.

Es más: “después de la invasión americana de 2003, diferentes tribus en la región de Anbar formaron una alianza con al-Qaeda. La brutalidad del grupo alejó muchos iraquíes y al-Qaeda por esto tiene un apoyo popular muy limitado, pero las protestas por mucho tiempo reprimidas de los sunnitas contra las acciones del gobierno chií – detenciones masivas, ejecuciones sumarias, desempleo y falta de servicios – ayudan a fomenta el actual conflicto en Anbar”.

El fortalecimiento del grupo yihadista EIIL es un efecto colateral del conflicto en Siria y de la militarización del movimiento nacionalista sunnita en Iraq. Los EEUU han inicialmente apoyado a los grupos islámicos que combaten el régimen de Assad. Los mismos grupos han recibido armas y financiación de los reaccionarios estados árabes del Golfo Persa. Esto ha permitido al EIIL de moverse desde el Iraq a Siria y viceversa. Ha formado un núcleo duro de elementos fanáticos dándole la moral y la determinación para combatir. Pero hay también otras fuerzas en el campo. Entre estas hay grupos sunnitas moderados, salafíes y veteranos de la casta de oficiales creada por Saddam y removida en parte por la invasión imperialista.

La inevitable oposición a los yihadistasDFv3J.AuSt.91

En realidad el régimen de Maliki está interesado a exagerar las fuerzas y la efectiva influencia del EIIL. No puede admitir de ser responsable de la presente situación y de la opresión de los árabes sunnitas. Prefiere presentar la situación como un complot elaborado por fundamentalistas islámicos. Utiliza la naturaleza extremista del EIIL para pintar esta fuerza como una amenaza para los chiíes y promover la creación de milicias voluntarias que “combatan el EIIL”. Así está preparando el terreno para una sangrienta guerra civil, que amenaza desintegrar y dividir Iraq.

Sin embargo la verdad es que los árabes sunnitas han ayudado el EIIL solo en la medida en que este combate Maliki, visto como un enemigo común. El EIIL ha impuesto sus propias severas reglas en lugares como Raqqa en el norte de Siria, provocando el levantamiento de la población local. Algo similar ocurrirá también en Iraq, donde estos extremistas intentarán imponer su restrictiva visión de la ley islámica.

Esto significa que, en un determinado momento, si y cuando estos grupos consoliden su control de las áreas árabes sunnitas, habrá enfrentamientos entre los diferentes grupos extremistas, como parece ya emerger según algunos informes. Para el Washington Post “…algunos jefes tribales sunnitas parecen haber estrechado alianzas con al-Qaeda por pura conveniencia, considerándola un mal menor respecto al gobierno iraquí, por ahora”. Sheik Mohammad Bashar Faidhi, un referente en la asociación de estudiosos musulmanes, ha aseverado “a veces al-Qaeda se une a la lucha, otras veces no combate, permanece a mirar y nada más. Esperamos de tener que luchar contra este grupo algún día”.

La verdad es que los iraquíes comunes no son yihadistas. Como todos los trabajadores, quieren vivir en paz y de manera digna. Es la situación concreta creada por la invasión de Iraq en 2003 y por el gobierno de Maliki después lo que ha empujado a la gente a dar apoyo a estos grupos.

Los curdos aprovechan la oportunidad

El área curda de Iraq del norte ya se había convertido de hecho en un pequeño Estado independiente, formalmente parte de Iraq pero con una autonomía de gestión y fuerza armadas propias, los Peshmerga. La crisis actual ha brindado a los curdos la oportunidad de ocupar áreas contendidas, como el centro petrolero de Kirkuk. Esta ciudad es considerada por los curdos como su propia capital, a pesar que la región sea poblada tanto por curdos como por árabes, además de una significativa minoría turcomana. Con el colapso del ejército iraquí en la zona, los Peshmerga son la única fuerza que pueda mantener bajo control la situación, control que el gobierno regional curdo no tiene ninguna intención de ceder, como es obvio.

Kirkuk es importante porque ahí se encuentran algunos de los yacimientos de petróleo más grandes de Iraq y controlar estos importantes pozos es considerado un medio importante para alcanzar el fin de un Estado curdo independiente. Multinacionales del petróleo como ExxonMobil y Total ya firmaron acuerdos con las autoridades del Kurdistán iraquí para la explotación futura del petróleo en la zona.

Al momento de la escalada de violencia los políticos curdos ya estaban negociando con comandantes sunnitas de la vecina provincia de Ninive (cuya capital es Mosul), para discutir de la fragmentación de Iraq y presentarla como “federalización” del país.

El papel de Irán

El régimen de Teherán no ha perdido la oportunidad de incrementar la propia presencia e influencia en Iraq. Según la BBC “Qasem Suleimani, el comandante de una unidad de élite de las Guardias Revolucionarias iraníes, estaría en Bagdad para ayudar a los comandantes militares y las milicias chiíes a coordinar su campaña contra los rebeldes”. Irán ya está proveyendo armas y consejeros militares al gobierno iraquí para ayudar Maliki, sobre el cual tenía ya una gran influencia por la afinidad religiosa. Ahora, bajo el pretexto de “ayudar” al gobierno Maliki, Irán se está en realidad preparando a fortalecer su propia influencia sobre Iraq.

En realidad Irán está saliendo fortalecido de esta crisis. Es irónico que la guerra tan deseada por Bush y Blair haya acabado por fortalecer a Irán en vez de las posiciones del imperialismo norteamericano en la región. El régimen de Teherán logrará un control cada vez mayor sobre Bagdad, a consecuencia de los conflictos internos detonados en Iraq. Pero el gobierno estadounidense necesitará a Irán para estabilizar a Iraq, como ya ocurrió en Afganistán.

Esto tiene muchas consecuencias sobre las relaciones internacionales, dado que el viejo “enemigo” ahora está negociando con la administración Obama los términos de una posible colaboración en el esfuerzo de estabilizar la situación iraquí. Las relaciones entre EEUU e Irán ya han pasado a una fase de “deshielo” en el último periodo, cuando Obama ha comprendido que es imposible controlar Iraq sin la cooperación de los iraníes, mientras al mismo tiempo el régimen iraní ha empezado a buscar una manera de superar las sanciones económicas que los enjaulan y obtener las inversiones que necesita para reconstruir su infraestructura y relanzar su economía estancada.

Es cómico en estas situaciones ver que tan velozmente el gobierno británico ha anunciado la reapertura de su embajada en Teherán solo tres años más tarde de la suspensión formal de las relaciones diplomáticas entre estos dos países en 2011. Ahora tienen un interés común para contrastar el EIIL e intentar de apuntalar el régimen de Maliki.

Esto significa que colaborarán para dar suportar al mismo régimen que en realidad es el responsable del actual caos. Esto no convencerá a los árabes sunnitas de las buenas intenciones de Irán, al contrario revelará la verdadera relación entre imperialismo norteamericano, los gobiernos europeos y el régimen iraní. Cuando hablamos de los intereses fundamentales de clases, cuando es amenazada la estabilidad de la región, entonces los ladrones burgueses de ambos lados se unen en un solo frente. Irán ya no es representado como un régimen monstruoso, sino como una fuerza “responsable”. Y sin embargo la intervención de Irán no puede hacer otra cosa que exacerbar las tensiones étnico-religiosas del país. 

Turquía

Turquía siempre tuvo ambiciones en Iraq, particularmente en la zona norte, rica de petróleo. Con el debilitamiento de la autoridad central de Bagdad, Turquía está desarrollando vínculos más estrechos con los curdos iraquíes, forjando una alianza informal con el gobierno regional curdo y dándole la oportunidad de exportar petróleo a través de puertos turcos.

Coherentemente con la “suavización” de su posición con respecto a los curdos iraquíes, las autoridades turcas han cambiado actitud hacia los curdos residentes en Turquía, entrando en negociaciones con el PKK y luego encerrándolas según las necesidades del momento.

Sin embargo, el “apoyo” de Turquía a los curdos no es desinteresado. Su objetivo no es ciertamente la defensa de los intereses curdos. La historia de Turquía con los curdos residentes ahí es una historia de opresión brutal, y lo último que la clase dominante turca quiere es la afirmación de un Kurdistán independiente, lo cual desestabilizaría profundamente la misma Turquía.

El interés de Turquía es de explotar las reservas de petróleo del norte de Iraq, no fortalecer al nacionalismo curdo. Pero como todos los cínicos imperialismos, también el turco será capaz de acuerdos con las autoridades curdas hasta cuando esto servirá a sus propios intereses materiales. Al momento un fortalecimiento de la región autónoma curda del norte de Iraq sirve para balancear la influencia de Irán, principal competidor de Turquía en la región. Desde hace un tiempo, alrededor de 1500 soldados turcos están en territorio curdo iraquí y este número puede ser destinado a aumentar en el próximo periodo si la “ofensiva del ISIS” le dará el pretexto necesario para hacerlo.

Más que la “defensa de los curdos”, la reciente posición turca es un medio a través del cual esperan de poder extender su propia influencia en las ricas zonas de petróleo del Kurdistán iraquí y sirio. Turquía no tiene ninguna intención de cambiar los confines y alentar las reivindicaciones curdas, ni el gobierno turco se opondrá a los EEUU, cuya principal preocupación es por el momento la estabilización de Iraq.

Hasta los estados del Golfo han perseguido sus propios intereses en la región, financiando grupos de fundamentalistas islámicos que combaten en Siria y ahora en Iraq. Esto porque el régimen de Assad es aliado de Irán, con el cual los saudíes combaten guerras por procura no solo en Siria, sino también en Beluchistán (provincia pakistaní) y ahora en Iraq.

No a la intervención imperialistavignetta iraq

Sin una poderosa intervención extranjera Maliki no logrará reconquistar los territorios sunnitas. Ha pedido ayuda militar a los EEUU porque el ejército iraquí se ha revelado débil ante la avanzada de los fundamentalistas. Obama, sin embargo, no tiene intención de volver a Iraq con tropas terrestres y recomenzar una guerra ya acabada y perdida en pasado. Obama ha declarado que Washington podrá proveer ayuda de la aviación, y solo en la forma relativamente limitada de los ataque de aviones no tripulados.

Pero los ataques de los aviones no tripulados son conocidos por haber enajenado las simpatías de la gente común de Afganistán y Pakistán, donde en este tipo de ataques fueron asesinados principalmente civiles inocentes. Operaciones como estas en las áreas sunnitas, más que fortalecer las posiciones del gobierno de Bagdad, fortalecerán la determinación y combatividad de la población sunnita.

Esto explica porque Obama ha afirmado que Maliki debe irse, dejar paso a un gobierno de unidad nacional entre chiíes, sunnitas y curdos. Los imperialistas norteamericanos entienden que en la situación actual, con el gobierno chií de Maliki en el poder, Iraq no podrá mantenerse unido. Pero es muy poco y muy tarde. Los EEUU fueron determinantes en el ascenso al poder de Maliki y le han permitido de realizar su política chauvinista de opresión de la minoría sunnita.

El problema es que Maliki cuenta con el apoyo de Irán, una potencia mucho más fuerte en la región que el imperialismo norteamericano. Es esta presencia fuerte iraní lo que impulsa a los regímenes árabes sunnitas con al frente Arabia Saudí a financiar a los rebeldes, exactamente como han sostenido a los grupos fundamentalistas islámicos en Siria.

Lo que está pasando es una disgregación de hecho de Iraq. El EIIL y otros grupos sunnitas no lograrán penetrar en el sur, densamente poblado por chiíes. Samara, sede de un importante santuario chií, quedará en la línea del frente. En Bagdad y en el Iraq del sur vemos un crecimiento de las fuerzas armadas voluntarias chiíes: aun con una eventual destitución de Maliki, el sistema político sectario sobre el que ha basado su propio gobierno sin duda sobreviviría a la caída de él. 

En las áreas chiíes hay una movilización general sobre bases religiosas que inevitablemente llevará a la guerra civil abierta, a terribles masacres y a la limpieza étnica. Esto ocurrirá también en Bagdad, donde sunnitas y chiíes han vivido por mucho tiempo segregados los unos de los otros después de la guerra civil de 2006-2007.

Este es el resultado final de la invasión imperialista de Iraq en 2003. A lo contrario que estabilizar la situación, los imperialistas han exacerbado las contradicciones latentes en la región de manera increíble. Pueblos que habían convivido más o menos pacíficamente por décadas ahora están en una situación de guerra civil.

Incluso desde el codicioso punto de vista de su clase burgués, han cometido un error tras otro. En pasado sostuvieron al régimen de Saddam para contrabalancear el poder iraní. Después, bajo el gobierno de Bush, han decidido demostrar al mundo que solo los EEUU podían ambicionar al papel de potencia mundial y dictar ley en todo el mundo. Con las invasiones de Iraq y Afganistán han querido enviar un mensaje a cualquier régimen no alineado, intimidando a los opositores internacionales con el poderío del aparato bélico de EEUU. Ahora el imperialismo norteamericano se muestra nudo e impotente frente al resto del mundo. Han amenazado con bombardear Siria para luego retirarse. Han hecho gran escándalo por Ucrania, pero han tenido que aceptar la anexión de Crimea por parte de Putin.

En vez de un imperialismo fuerte, lo que tenemos ahora es un gigante con los pies de barro. En este contexto Irán emergió como más fuerte y todo lo que harán los norteamericanos será equivocado. Bombardeando las zonas sunnitas de Iraq empeorarán la situación y las divisiones en el país. Si no hacen nada dejarán Irán aún más fuerte.  En todo esto lo que pagarán el precio más alto serán los trabajadores y la gente común de Iraq, independientemente de su etnia respectiva. La situación precipita siempre más hacia la guerra civil y al horizonte se ve masacres étnicas y columnas interminables de refugiados. La fragmentación de Iraq está ocurriendo en este momento, bajo nuestros ojos, y esto repercutirá en toda la región: de Siria a Líbano, a Turquía y hasta Jordania.

¿Cuál es la solución para este caos? Lo primero que hay que entender y remarcar es que no existe solución posible sobre la base del capitalismo. El imperialismo sostiene a los decadentes regímenes de la región porque esto es en su propio interés material y estratégico. La solución de esta crisis se halla en una estrategia de desarrollo económico que pueda beneficiar las personas que viven en la región. Pero esto significa arrancar de las manos de los gobiernos corruptos de la región y las multinacionales los enormes lucros que estas realizan ahí; arrancar estos lucros de las manos de estos parásitos y utilizarlos para desarrollar una infraestructura moderna, viviendas, salud, educación y sobre todo trabajo bien remunerado.

La cuestión nacional es fundamental una cuestión material: una cuestión de pan. Los trabajadores curdos no tienen intereses a oprimir los trabajadores turcomanos, los trabajadores chiíes no tienen interés a oprimir a los trabajadores sunnitas y los trabajadores iraníes no tienen interés a apoyar las codiciosas ambiciones de sus gobernantes de Teherán. Los trabajadores de la entera región tienen todo el interés a derrocar a estos regímenes corruptos.

La llamada primavera árabe de 2011 es antes que esta el movimiento revolucionario en Irán en 2009, han señalado el camino, la salida: una revolución general en Oriente Medio. Esta es todavía la tarea de las clases trabajadoras de estos países.

Esta en Iraq puede parecer una perspectiva distante sin embargo Iraq tiene una moderna clase trabajadora concentrada en grandes aglomerados y centros urbanos. Esta clase obrera es la fuerza que puede dar una solución decisiva. Todos los socialistas honestos de la región deben unirse bajo la bandera del marxismo y explicar a todos los trabajadores de todas las parte en conflicto que solo la revolución socialista puede resolver sus problemas. 

Deben convertirse en la memoria histórica de los trabajadores iraquíes. Deben recordar a los chiíes que el imperialismo no es su aliado. En 1991 cuando los chiíes de Basora se rebelaron a Saddam, los norteamericanos quedaron a mirar mientras el movimiento revolucionario era aplastado por Guardia Republicana de Saddam. ¡Los imperialistas preferían Saddam a la revolución!

Ninguna de las potencias que luchan para el control de Iraq se preocupa de los intereses de los trabajadores. Lo que es necesario es un levantamiento general de la población, no solo por una verdadera democracia y por los derechos de los diferentes grupos étnicos y nacionales, sino por una revolución socialista que ponga en manos de los trabajadores los recursos para reconstruir una sociedad y poner fin una vez por todas a los conflictos nacionales que el capitalismo inevitablemente produce.