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La economía para el MAS y sus perspectivas


Lo dijo Evo: el 2017 ha sido el peor año para la economía boliviana durante su gobierno. Mirando a las cifras en sí y en comparación al panorama regional la afirmación parece exagerada. Además la tasa de crecimiento de 2009 fue menor. Sin embargo aquello fue un paréntesis, con efectos muy parciales, en una dinámica de expansión; hoy en cambio la desaceleración es una tendencia que nuestra economía arrastra desde hace casi 3 años.

Del desempeño económico depende la hegemonía del proyecto del MAS, que consiste justamente en afirmar la autonomía de la esfera política – gobierno y Estado – de las fuerzas económicas, que en un país subdesarrollado como el nuestro tienen en el capital extranjero su actor principal. Es la conquista de esta autonomía lo que permite al MAS de atraer y juntar a moros y cristianos, empresarios y obreros, clase política del nacionalismo, el reformismo de izquierda y al propio aparato estatal como las FFAA. Claro, siempre y cuando las incursiones en la propiedad privada se limiten a parte de los sectores estratégicos, hidrocarburos y minería, para mantener el sistema general de producción mediante la explotación del trabajo.

Cuando en cambio tenemos problemas sociales irresueltos, la salud por ejemplo, y toda clase de atropello laboral etc. y el gobierno va desde la devolución a las multinacionales de parte mayor de la renta gasífera, hasta una serie de conciliaciones con el empresariado privado, como la última en beneficio de los constructores, que, pese a todos los casos de corrupción y mala ejecución, ahora podrán recuperar el 70% de las boletas de garantías sin entregar la obra ultimada. Es evidente que aquella autonomía se ha perdido, el ciclo se ha agotado y el sesgo del gobierno para afrontar el entorno económico desfavorable se retuerce en su contra y contra las luchas populares que lo llevaron al poder.

El gobierno se espera para este año un repunte de la economía que le permita dejarse atrás estas dificultades. Hay factores que jalan en esta dirección: mejores precios de las materias primas, los efectos inmediatos de la liberalización de las exportaciones, las plantas de urea y carbonato de litio, el flujo de dinero que la compra de FINO y ADM SAO por parte de la multinacional ALICORP traería a Bolivia, entre los principales. Sin embargo otros hechos de diferente naturaleza dejan todavía bastante incertidumbre.

Un problema fundamental de los últimos años ha sido el histórico déficit de la balanza comercial, es decir el hecho que las importaciones superan las exportaciones. Cuando se da este déficit hay más importadores que requieren dólares para pagar a sus proveedores internacionales, que exportadores que quieren cambiar los dólares ganados. Así las reservas en moneda extranjera en el país se reducen y, por efecto de la demanda y de la oferta, el dólar se aprecia. Si nuestra moneda nacional siguiese empujada hacia la devaluación, esta consumiría parte del crecimiento económico destinándolo a reponer esta diferencia.

Ahora bien, este déficit de la balanza comercial se ha parcialmente aliviado solo en enero de este año y cuando el precio del petróleo ha superado en una semana los 62 $us por barril. Pero el panorama de la economía mundial sigue sombrío. De hecho no tuvo tiempo Evo Morales de alegrarse con los pronósticos de incremento de la renta petrolera, que un desplome significativo de las bolsas valores del mundo ha reavivado los temores de un nuevo colapso en ciernes.

Además el tema de fondo y la causa última del déficit comercial es el carácter parasitario de la burguesía boliviana que ni siquiera en el más importante auge económico del país ha podido sustituir importaciones, ni de alimentos, con la producción interna. Esto puede ser solo temporáneamente paliado con el incremento de la renta, no solucionado bajo el capitalismo.

El pronóstico de un crecimiento económico que posibilite el doble aguinaldo ya es revisado a la baja por efecto de las inundaciones y sus consecuencias en la agricultura. No cumplir con esta expectativa de la clase trabajadora tendría este año consecuencias posiblemente explosivas. La fracción sindical del MAS que ha contribuido al paralelismo en la COB debe ahora poderse presentar a las bases con algunas concesiones que sustenten su maniobra. Algo, tal vez en el marco de un aumento salarial superior al año pasado, reclamarán y esto, junto con las promesas clientelares que los ministros están haciendo bajando a todas las bases después de las luchas contra el Código Penal, tendrá sus repercusiones sobre los resultados económicos.

Aquí vemos en acción lo que los marxistas llamamos la relación dialéctica entre economía y política: un hecho económico se traslada a la política, y viceversa, generando un nuevo hecho que influye respectivamente en la estructura económica o la superestructura política. El estudio de estos cambios, posiblemente siempre más rápidos y profundos, deberá ser cuidadosamente estudiado, sin perder pero de vista la perspectiva general.

Nosotros no queremos que al MAS le vaya mal: nosotros sabemos que al capitalismo le irá mal. Pensamos además que para superar las contradicciones del desarrollo capitalista boliviano se debe romper con este, algo que un partido como el MAS totalmente fusionado al aparato estatal e inmerso en una crisis estratégica que ni siquiera reconoce, difícilmente podría hacer. Un futuro de lucha se nos depara frente a nuestros ojos, lucha de clases.