La lucha de clases en Grecia


En los últimos tres años, Grecia ha vivido alrededor de veintiún huelgas generales de 24 horas y tres huelgas generales de 48 horas. El número total de días perdidos por huelga general asciende a aproximadamente a un mes. Estas cifras no incluyen un gran número de huelgas parciales y huelgas en diferentes sectores. El problema es que no han sido huelgas unificadas y, por lo tanto, han perdido gran parte de su impacto potencial. Como el vapor, que se disipa en el aire a menos que se concentre en un receptáculo con pistón, las huelgas y manifestaciones deben unificarse, o bien se vuelven inútiles o, incluso, contraproducentes. Los trabajadores lo saben. 

Los trabajadores griegos han demostrado un enorme espíritu de lucha. ¿Qué más se le puede pedir a la clase obrera griega? Ya han hecho todo lo posible por detener el ataque a su nivel de vida, salarios y condiciones. Pero el llamamiento constante a la huelga general de 24 horas produce algo similar a la ley de los rendimientos decrecientes. Con cada nueva convocatoria los trabajadores tienen menos seguridad en surtir algún efecto en el gobierno. Lo que comenzó como una demostración de fuerza se va convirtiendo poco a poco en una demostración de debilidad. La confianza y el espíritu de lucha de las masas en alza se desinfla gradualmente, como un leve pinchazo. 

El Gobierno sigue firme, mientras que el espíritu de lucha de los trabajadores se disipa poco a poco. “¿Por qué debo ir a la huelga y perder un día de salario cuando no tiene ningún efecto?” Esa sería la reacción de muchos trabajadores griegos hoy. Hay una sensación de cansancio, incluso de impotencia, que es el resultado lógico de esfuerzos repetidos que no conducen a ninguna parte. Es esto lo que explica la relativamente débil repercusión de la última huelga general. Una reacción fue: “no parecía una huelga general”. No es de extrañar. Muchos trabajadores permanecieron en el puesto de trabajo. Las manifestaciones, como de costumbre, fueron muy grandes y militantes. Sin embargo, la componían principalmente pensionistas y desempleados. 

El estado de ánimo es de enojo y amargura como siempre, pero también de confusión. La pregunta en la mente de todos es: “¿Qué hacemos ahora?” Está claro que la táctica de la huelga general de un día ha dejado de ser útil. En condiciones de colapso económico, desempleo y empobrecimiento general, los trabajadores temen perder sus puestos de trabajo. Antes de arriesgarse a hacer otra huelga, los trabajadores quieren garantías razonables de que ésta sea exitosa. Hasta ahora, ninguna de las huelgas generales de un día han hecho retroceder al gobierno. 

Los dirigentes sindicales parecen aterrorizados ante la petición de medidas más serias. Pero, definitivamente, se necesitan medidas más serias. Estos dirigentes no tienen perspectivas. Parece que todavía se aferran a la esperanza de que el gobierno será razonable y llegará a un compromiso con ellos. Vana esperanza! La debilidad invita a la agresión. Cuanto más vacilan los dirigentes sindicales, más agresivo y confiado se convierte el gobierno. 

Una huelga general de un día puede ser un arma útil en determinadas circunstancias. En un país como Gran Bretaña, por ejemplo, donde no ha habido una huelga general durante décadas, la consigna de huelga general de un día representaría un gran paso adelante. Pero en Grecia, donde la crisis del capitalismo ha alcanzado su expresión más extrema y donde la huelga de 24 horas se ha repetido una y otra vez, esta consigna es tan nefasta como inútil. En realidad, los dirigentes sindicales han utilizado la huelga general como un medio para disipar la fuerza de los trabajadores y evitar una acción decisiva. 

La huelga general de un día es sólo realmente una demostración de fuerza. Es como sacar el puño al gobierno. Bajo ciertas circunstancias, estas manifestaciones pueden tener el efecto de obligar a un gobierno a cambiar de rumbo. Pero no se trata de un momento. La crisis es muy profunda, y los problemas demasiado difíciles para que el gobierno y la clase dirigente que está al frente de éste haga concesiones serias. Lo que está en el orden del día desde el punto de vista de la burguesía no es hacer concesiones, sino atacar más y más los niveles de vida de los trabajadores. 

Por esta razón, la única consigna correcta para Grecia sería: prepararse para una huelga general total. Sin embargo, debemos entender que una huelga general de este tipo no es sólo una demostración. Se plantea la cuestión del poder. Surge la pregunta: ¿quién es el dueño de la casa, ellos o nosotros? No es un arma que debe utilizarse a la ligera. Pero en las condiciones de Grecia, es el único lema. 

Los líderes reformistas intentarán asustar a los trabajadores con advertencias calamitosas. Tienen miedo de plantear la cuestión del poder. A estas oscuras advertencias podemos replicar lo siguiente: ¿alguien en su sano juicio imagina que puede haber futuro para el pueblo griego mientras que el país esté dominado por la misma banda de parásitos ricos que lo han llevado a la ruina? Para salir de la crisis es necesario sacar del poder a banqueros, capitalistas, magnates y otros parásitos. El poder debe estar en manos de la gente, es decir, en primera instancia, de la clase obrera y de los campesinos que crean toda la riqueza del país, y que es robada sistemáticamente para pagar por los crímenes de los capitalistas. Cualquier otra solución es una mentira y un engaño al pueblo. 

¿Qué posibilidades de éxito hay? La clase obrera constituye la inmensa mayoría de la nación griega. Durante los últimos tres o cuatro años ha demostrado su voluntad de luchar una y otra vez. Los trabajadores están cansados de medidas a medias y propuestas tímidas. Necesitan una acción decisiva. Exigen una acción decisiva. Y los trabajadores no están solos. Los campesinos de Grecia también han mostrado su voluntad de luchar. En el mes de febrero levantaron barricadas en toda Grecia. Manifestaron su solidaridad con la huelga de los pescadores. Aquí tenemos un excelente ejemplo de la unidad militante en la lucha de los obreros y campesinos – los dos componentes fundamentales de los trabajadores griegos. 

La juventud griega ha demostrado ser abiertamente revolucionaria. Los jóvenes han ocupado las plazas en todo el país. Están participando activamente en cada huelga, huelga general y manifestación. Han luchado contra la policía, arriesgando sus vidas. En Grecia, la juventud estará en la primera línea de una huelga general revolucionaria. 

Los desempleados, cuyo número crece día a día, ponen todas sus esperanzas en el poder de la clase obrera griega. Los sindicatos deben hacer todo lo posible para movilizar a este sector y acercarlos a sus hermanos y hermanas en las fábricas. Las mujeres en Grecia tienen que soportar el peso completo de la crisis del capitalismo. Ven a sus familias sin empleo, sin dinero, sin futuro y sin esperanza. El costo de vida aumenta constantemente. Es difícil pagar el alquiler y dar de comer. Las mujeres griegas también lucharán en las primeras líneas del movimiento revolucionario, siempre y cuando exista una dirección decidida. 

¿Y la clase media? la crisis ha arruinado a la burguesía griega. Tiendas y pequeños negocios caen en bancarrota cada día por falta de crédito, mientras que banqueros y capitalistas se enriquecen y envían sus ganancias a los bancos suizos. Profesionales, médicos, maestros, enfermeras… ven  amenazados sus puestos de trabajo, empeoradas sus condiciones y derechos. Están tomando su lugar en las filas del proletariado, la única clase con el poder de cambiar la sociedad. 

Cuando uno contempla todas estas fuerzas, es difícil ver qué razones pueden dar los dirigentes por negarse a dar un paso decisivo. El problema no es que los trabajadores no están dispuestos a luchar. El problema es que las huelgas que están teniendo lugar sufren la falta de coordinación y una dirección contundente. Los dirigentes sindicales fueron elegidos para encabezar la dirección. Si no están dispuestos a ello, deben desocupar sus cargos para dar paso a personas que están dispuestas a luchar. 

Pero el problema de la clase obrera griega no es sólo la falta de liderazgo a nivel sindical. También existe un grave problema en el plano político. Andonis Samaras es el títere obediente de Angela Merkel y de la burguesía griega. Adopta una actitud servil hacia sus amos en Berlín y Bruselas, con la esperanza de obtener concesiones. Más correctamente, es como un perro miedoso, encogido y tembloroso, que espera evitar otro puntapié del amo. 

Como resultado, la Troika le ha lanzado finalmente un hueso al perro. Han desbloqueado gentilmente un dinero que habían prometido desde hace tiempo y concedido a su amigo Samaras un poco más de tiempo para exprimir la última gota de sangre del pueblo griego. Esta concesión miserable provocó una explosión irracional de exagerado optimismo en Atenas. Samaras está convencido de que sus tácticas están funcionando. Pero esto es una ilusión. Las cifras económicas muestran que no existe la más mínima base para este falso optimismo. 

Tras seis años de caída continua, el PIB de Grecia se enfrenta a otra caída del 5% en 2013. El desempleo sigue aumentando a una escala vertiginosa. La cifra oficial de desempleo, que sin duda subestima la situación real, es del 28%. La cifra en Atenas está más cerca del 30%. La Confederación General de Trabajadores (GSEE) calcula que el porcentaje real es del 35%. Los efectos más catastróficos del desempleo los padecen los jóvenes entre 18 y 24 años de edad. Al menos el 62% de los jóvenes está sin trabajo. Es decir, de cada tres jóvenes en Grecia, dos son desempleados. Por todos lados, vemos una caída del nivel de vida. 

De una población total cercana a los 11 millones de habitantes, casi 4 millones (más del 30%) viven en o por debajo del umbral de la pobreza. Se estima que desde enero hasta ahora los salarios y pensiones han caído un 50%. La situación es desesperada. Las masas no pueden tolerar nuevos ataques a su nivel de vida, pero para Merkel y la burguesía griega, esto es apenas suficiente. Exigen nuevos ataques, nuevos recortes y nuevas atrocidades. Es la receta acabada para la intensificación de la lucha de clases. 

Puede que el movimiento en el corto plazo retroceda un poco. Esto no es un reflejo de la falta de voluntad de luchar por parte de las masas. Es un reflejo de una crisis de dirección, de constantes vacilaciones, fraudes y engaños de los altos dirigentes y una falta de voluntad para luchar hasta el final. Sin embargo, cualquier descenso en la lucha de clases será un fenómeno temporal. Los trabajadores están reflexionando sobre su experiencia y tratan de sacar conclusiones. Pero la vida no les permitirá el lujo de contemplar durante demasiado tiempo. Se están preparando nuevas explosiones. 

Una reciente encuesta publicada del 1 al 3 de febrero reflejaba un estado de ánimo contradictorio de confusión y enojo al mismo tiempo. A la pregunta de si apoyaban las leyes antihuelga del gobierno, un 40% de los encuestados se manifestaba en contra y el 39% a favor. Cuando se les preguntó qué era más importante, la democracia o la ley y el orden, el 44% dijo que la democracia era más importante, mientras que el 32% por ciento prefería la ley y el orden. 

Por supuesto, el resultado de cualquier encuesta debe tratarse con precaución. Son como instantáneas que parcialmente indican el estado de ánimo de los diferentes sectores de la sociedad en un momento dado. Después de cuatro años de agitación constante, que ha llevado a una grave dislocación de la vida social y económica, una capa de la población, principalmente la pequeña burguesía y las personas mayores – está cansada y asustada. Anhela la paz y la tranquilidad. Por esta razón tiende a apoyar la ley y el orden (aunque representa, curiosamente, una clara minoría en esta cuestión). Pero no es posible volver a la tranquilidad. La crisis económica y las presiones brutales de la Troika descartan tal perspectiva. 

Después de ganar sus concesiones, Samaras obtuvo un respiro temporal. Su credibilidad aumentó ante los ojos de las secciones de la pequeña burguesía y de las capas más conservadores que no desean sino volver a la normalidad. Pero estos estados de ánimo son superficiales y ya están desapareciendo rápidamente. Son como la espuma en la superficie del océano que surge y desaparece sin dejar rastro. La misma encuesta produjo un resultado muy interesante que indica las fuertes corrientes revolucionarias que se encuentran debajo de la superficie de la sociedad griega. 

A la pregunta de si la economía es peor ahora, un 43% dijo que sí, lo que representa un incremento desde enero. Más importante aún, cuando se preguntó a los encuestados qué se necesita para resolver la crisis, pequeñas reformas, reformas profundas o una revolución, respondieron lo siguiente: pequeñas reformas, un 12%; profundas reformas, un 60% y, el 23% una revolución. La diferencia entre las reformas profundas y una revolución no está muy clara. Pero el hecho de que el 83% del pueblo griego se haya pronunciado a favor de una de estas dos opciones revela claramente una tendencia revolucionaria en la sociedad. 

En el próximo período habrá nuevas explosiones de la lucha de clases, seguidas por una serie de breves calmas. Esto refleja, en parte, la entrada de nuevas capas en la lucha, mientras que otras capas retrocederán, agotadas por el esfuerzo. Inevitablemente habrá períodos de cansancio, desilusión, desesperación incluso. También habrá algunas derrotas. Por otro lado, no puede encontrarse ninguna solución duradera sin una reestructuración fundamental de la sociedad. Cada pausa sólo será el preludio de nuevos levantamientos. En su búsqueda de una salida a la crisis, las masas pondrán a prueba cada partido, sindicato y líder político. Los que no estén a la altura de las circunstancias se descartarán inevitablemente, como vemos con el PASOK. Otros líderes y partidos ganarán apoyo y lo perderán. El péndulo se moverá bruscamente a la izquierda y a la derecha. Pero en el futuro inmediato la dirección general será a la izquierda. 

La actual coalición es inherentemente inestable y no puede durar. El PASOK, que una vez tuvo una posición dominante en la sociedad y entre la clase obrera, ha visto su apoyo disminuir a tan sólo un 6 o 7%. Los líderes del PASOK han pagado el precio por su oportunismo orgánico y sus traiciones. La llamada izquierda democrática (DIMAR) no alcanza más del 4% de apoyo, mientras que la Nueva Democracia, el principal partido burgués, parece haberse estabilizado alrededor del 22 a 23%. En otras palabras, si se suman todos los partidos de la coalición del gobierno, tan sólo obtienen el 35% de apoyo, y esta cifra está disminuyendo. Con el fin de apoyarse a sí mismos han recurrido a las draconianas leyes anti-huelga. Se trata de un primer intento para encauzarse de manera gradual en la dirección del bonapartismo parlamentario. Pero van a darse cuenta de que están pisando terreno pantanoso. 

Samaras está rezando para que tras las elecciones de septiembre en Alemania, a Angela Merkel se le ablande el corazón y le perdone la deuda. ¿Estarán de acuerdo Merkel y la Troika en condonar las deudas de Grecia? Si fueran a hacerlo, entonces Irlanda, Portugal y España exigirían lo mismo. Poca ayuda puede esperarse este trimestre. Y en cualquier caso, hay mucho tiempo de aquí a septiembre. La economía sigue en caída libre y está creciendo el descontento. El 75% de la deuda griega está ahora en manos de la Troika. La deuda total de Grecia asciende al 165% del PIB. Pero lo que se acordó con la Troika fue el 120%. En otras palabras, todos los esfuerzos, sacrificios y sufrimiento del pueblo griego en los últimos cuatro años han sido en vano. Cuanto más caen los niveles de vida, más aumenta el déficit. 

En los últimos meses se ha visto un aumento notable del apoyo electoral a Syriza. Se trataba de un voto claro para la izquierda. El líder de Syriza, Alexis Tsipras, despertó grandes esperanzas con sus discursos de izquierda radicales desafiando a la Troika y el repudio de la deuda. Pero en la medida en que Tsipras se ve más cerca del poder más moderadas se han convertido sus declaraciones públicas. Al parecer quiere aparecer responsable, no ante el pueblo griego, sino antes los líderes de la UE y Estados Unidos. En diciembre visitó Brasil, Argentina y luego Alemania y Estados Unidos. Tal vez no es un accidente que Venezuela, que ya había visitado previamente, no estuviera en el itinerario. 

Tsipras ha puesto con frecuencia a Argentina como modelo a seguir para Grecia. Esto demuestra un grave malentendido de la realidad. Argentina logró salir de una depresión profunda en un período de boom económico mundial, cuando se solicitaban sus exportaciones, particularmente en China. No hay ninguna analogía con Grecia en un contexto de recesión mundial. Por otra parte, la economía argentina ya sigue la senda de la recesión. Por alguna razón, Cristina Fernández de Kirschner no lo recibió. Tuvo mejor suerte en Brasil, donde Lula se reunió con él, pero sólo para aconsejarle que colaborara plenamente con el FMI. En Alemania, se reunió con el Ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, que fue duro con él, insistiendo en que Grecia debe cumplir con todas sus obligaciones. En los Estados Unidos al parecer tuvo una reunión con el Departamento de Estado, cuyo contenido no se hizo público. 

Parece claro que los líderes de Syriza están retrocediendo con respecto a sus precedentes declaraciones radicales. Ya no hablan de renunciar a la deuda. En público, Tsipras todavía pronuncia discursos radicales, pero a la vez ha hablado de un gobierno de unidad nacional e incluso propuso la creación de un Comité de tecnócratas para discutir el programa del partido. Esta confusión y ambigüedad ha causado grave inquietud en las filas de Syriza e incluso grietas en la dirección. 

Como resultado, el apoyo de Syriza en las encuestas ha caído del 30% a casi el mismo nivel de Nueva Democracia. La Biblia dice: “no puedes servir a dos señores”. Los líderes de Syriza, o luchan por defender los intereses de la clase obrera, lo que significa una ruptura decisiva con el capitalismo, o se verán obligados a obedecer los dictados de la Troika y la burguesía continuando con los ataques a los puestos de trabajo y niveles de vida. No hay terceras vías. 

No hay manera de que Grecia pueda cumplir con sus supuestas obligaciones a la Troika y al mismo tiempo evitar que el pueblo griego se hunda en el abismo. Para que Syriza tenga éxito, es esencial que abandone cualquier ambigüedad y adopte una política socialista clara y audaz. Debe romper con la Troika y la burguesía, luchar por una política socialista auténtica y expropiar a los grandes bancos y monopolios, tanto griegos como extranjeros. Los marxistas en Syriza han formado una corriente de izquierda llamada “Tendencia Comunista en Syriza”, que lucha por un programa de este tipo. Es la única manera de avanzar. 

Mientras tanto ha habido avances significativos en el Partido Comunista (KKE). El próximo Congreso del Partido se llevará a cabo en abril de 2013, y la propuesta programática central del KKE al Congreso será el abandono de la vieja teoría estalinista de las dos etapas y la adopción del lema de “un gobierno de los trabajadores y del pueblo y una economía planificada”. La dirección ya no habla en términos de “patriotismo” sino más bien de internacionalismo. Sin duda, esto marca un gran paso adelante en comparación con el pasado. 

El KKE critica a Syriza desde la izquierda, siendo una serie de puntos válidos. Lamentablemente, sus frases revolucionarias se acompañan de una perspectiva pesimista. Ven una situación de oscura reacción en Grecia. Por lo tanto, cualquier perspectiva de revolución es relegada en la práctica a un futuro más o menos remoto. Esto recuerda a las célebres palabras de San Agustín: “Señor, hazme casto, pero no todavía.” 

En oposición a este cambio hacia la izquierda en el KKE, se ha formado extraoficialmente una facción estalinista de derecha, que acusa a los líderes del KKE de “trotskistas”. La página web y el periódico del KKE en este periodo de discusión pre-congresual están llenas de artículos con diferentes puntos de vista. Esto es algo positivo en contraste con la asfixia de la discusión interna del Partido en el pasado. Toda la historia del Partido bolchevique de Lenin fue de discusión y debate constante. Sólo de esta manera se puede lograr la necesaria claridad política. 

La única manera de avanzar para la clase obrera griega consiste en la formación de un frente unido de todas las tendencias genuinas comunista y socialista. Sobre todo, es necesario luchar por un frente unido entre el KKE y Syriza. Esta propuesta encuentra resistencia por parte de las secciones del KKE, que temen que el Partido pueda moverse hacia el oportunismo y la socialdemocracia. Se apoyan en una especie de revolucionarismo abstracto, que suena muy radical, pero en realidad sirve como una hoja de higuera para cubrir la debilidad y la falta de confianza en la clase obrera y la revolución socialista. 

El KKE debe reposar en una intransigente política revolucionaria. Pero en sí mismo no resuelve nada. También es necesario encontrar un camino hacia las masas. Sin una base de masas, incluso el mejor programa del mundo será impotente. Lenin, que entendió muy bien esto, instó a los comunistas para encontrar un camino que los llevara a los millones de trabajadores que permanecían bajo la influencia de los líderes reformistas, ofreciéndoles un frente unido. 

Lenin explicó también que la juventud era la clave para la revolución proletaria. El estado de ánimo radical entre la juventud aparece por las encuestas de opinión que dan a Syriza el apoyo del 35% de los jóvenes, mientras que el KKE obtiene el 15%. Esto significa que al menos la mitad de los jóvenes de Grecia apoya a la izquierda. Siguiendo enérgicamente el lema de los trabajadores, un frente unido, el KKE y sus Juventudes ganarán el respeto y la confianza de la masa de jóvenes y trabajadores que apoyan a Syriza. Será un gran avance para la causa de la revolución socialista en Grecia. 

Camaradas del KKE y Syriza! El destino de Grecia depende de ustedes. La clase obrera no entiende por qué sus partidos políticos se dividen y luchan entre sí en lugar de luchar contra el enemigo común: la Troika y sus muchachos de oficina locales, la burguesía griega. Los trabajadores exigen la unidad, y tienen razón en hacerlo. “Unidad, sí, pero no a cualquier precio,” dirán algunos. No pedimos que el KKE abandone su compromiso con la revolución socialista. Por el contrario, consideramos que es la única política correcta. Pero el camino hacia la revolución socialista debe ser preparado concretamente por una serie de pequeñas batallas. Sin esto, es simplemente una idea abstracta, una frase vacía. 

Un frente unido no significa que cada parte debe abandonar su programa y sus principios. Significa unirse a efectos prácticos, para lograr exigencias concretas. Es necesario luchar contra el desempleo y el cierre de fábricas, para luchar contra las reducciones de salarios y pensiones, para luchar por las demandas inmediatas de los campesinos, los desempleados, las mujeres, los jóvenes y los jubilados. ¿No es posible elaborar un programa para esto y organizar una lucha unida alrededor de estas demandas? 

En las circunstancias actuales, sin embargo, no es fácil ganar este tipo de reclamos. Una lucha seria es necesaria. El lema de una huelga general total está a la orden del día. Pero no se puede organizar con un simple llamamiento. Debe estar bien preparada a través de una campaña masiva de los sindicatos y miembros de Syriza y el KKE, organizaciones juveniles, estudiantes, campesinos y todos los que desean luchar contra la Troika y la burguesía. Este movimiento debe estar unido en comités de acción, organizados en cada lugar de trabajo y en cada barrio, en cada escuela, colegio y ciudad. 

Deben convocarse reuniones de masas para discutir la situación y formular propuestas. Las comisiones deberían conectarse a todos los niveles: local, a nivel de distrito, provincial y nacionalmente. El objetivo debe ser la eventual celebración de un Congreso Nacional de comités de acción. Esto puede transformarse en el futuro en un centro de poder del pueblo revolucionario. 

Al mismo tiempo, es necesario realizar una amplia agitación contra el gobierno de Samaras. Pedir nuevas elecciones! Abajo con Samaras y su pandilla de ladrones! Por un gobierno de Syriza y el KKE, con un programa anticapitalista! Expropiar a los bancos y los monopolios bajo control y gestión obrera democrática! 

“Pero no podemos quedarnos solos contra Europa”, objetarán algunos. No, efectivamente, ni Grecia ni ningún otro país puede permanecer aislado. Si los trabajadores de Grecia dan un paso audaz, pronto descubrirán que no están solos. Toda Europa se uniría para apoyar un Estado griego de los trabajadores: por supuesto, no los gobiernos, que son hostiles a los intereses de los trabajadores griegos igual que son hostiles a los de sus propios trabajadores. Pero la clase obrera, que es la inmensa mayoría de Europa, sería totalmente favorable a una Grecia socialista, como lo fueron a la revolución rusa en 1917. 

Una Grecia socialista haría un llamamiento internacionalista a los trabajadores y a la juventud de Europa a seguir su ejemplo, derrocar a los odiados banqueros y capitalistas y tomar el poder en sus manos. Inmediatamente recibirían una respuesta de los trabajadores de España, Portugal e Italia, que están sufriendo los mismos ataques. Pronto le seguiría el resto de Europa. Se sentarían las bases paras una verdadera Unión Europea, no la falsa e injusta Unión de los banqueros y capitalistas, sino una Europa verdaderamente unida basada en intereses comunes y solidarios: los Estados Unidos socialistas de Europa. 

¿Dividiría este programa al pueblo? Al contrario: el sondeo mencionado más arriba muestra claramente que la inmensa mayoría de los griegos se decanta actualmente  por profundas reformas o por una revolución. Responderían con entusiasmo a dicho programa y dicho gobierno. Es la única opción viable para la clase obrera. Es la única manera de avanzar para Grecia. 

Londres, 06 de marzo de 2013.

Translation: Lucha de Clases (Spain)