Los ataques a la COB y la política del avestruz


A solo un día de la firma del acuerdo algunos exponentes del gobierno y el propio Vicepresidente han vuelto a descalificar la huelga de los trabajadores y la COB, proponiendo una lectura política de la misma que no cuestiona simplemente este o aquel dirigente, sino a la clase trabajadora en su conjunto, mistifica sus planteamientos y aleja peligrosamente el gobierno y la militancia de su bloque social de referencia, los trabajadores y las trabajadoras del campo y la ciudad. Por esto consideramos oportuno que las críticas a la COB sean realmente debatidas y no asumidas como verdad revelada.

Dos “procesos”

En un artículo publicado en Cambio el 2 de febrero de 2011 Raúl Prada Alcoreza (ex Asambleísta Constituyente, Viceministro de Planificación y exponente del Circulo Epistemológico Comuna) escribía

Llamemos entonces política del avestruz a ese estilo de querer hacer desaparear los problemas, las contradicciones, la irrupción de los hechos y de los acontecimientos, los peligros y desafíos, mediante el recurso a la retórica, al teatro político, la ceremonialidad del poder, haciendo gala del monopolio de las decisiones, de la burocracia, de la violencia simbólica y práctica.

El artículo está titulado significativamente “La política del avestruz” y critica este haber querido hacer desaparecer el movimiento contra el gasolinazo, afirmando que “el pueblo apoyaba la medida solo que no era el momento” a pesar de cualquier evidencia contraria, obligar aquel movimiento al papel de una “contradicción no antagónica” citando fuera de contexto a Lenin y Mao, en fin reconstruyendo la realidad antes de verla simplemente y reconstruyéndola con el recurso a la retorica y la ceremonialidad del poder. ¿Está ocurriendo lo mismo ahora? Creemos que sí.

En anteriores intervenciones públicas (en Cambio 30/12/2010) el mismo Raúl Prada evidenciaba esta tendencia a privilegiar la “defensa del proceso anterior” es decir del periodo entre 2005 y 2009 cuando el proceso estaba sitiado y amenazado constantemente por una “derecha cavernaria” la misma del fracasado golpe de 2008, y que esta tendencia reflejaba nada más que la verdadera (y antagónica) contradicción es entre “los movimientos sociales que quieren reencauzar el proceso y funcionarios públicos con tendencia nacionalista de realismo político que no quieren la transformación”.

Es tiempo de comenzar a leer lo que ocurre sin agitar en cada circunstancia el espectro de la derecha – “proceso anterior” – sino a partir de la perspectiva de los 2/3, del nuevo proceso en que el futuro está principalmente en nuestras manos, del proceso en que se evidencian otras y vitales contradicciones que no se pueden solucionar en el ámbito de la retorica del poder político sino en el terreno concreto de la lucha política por la transformación y el socialismo.

¿Una huelga golpista?

Con esta premisa necesaria vamos a las acusaciones que el Vicepresidente los ministros Coca, Canelas y otros han dirigido a la COB y algunos de sus dirigentes. Comenzamos por esta afirmación del Vicepresidente.

La COB declaró huelga general indefinida, podría haber declarado marchas, caminatas, paro de 24 horas, se lanzó a la huelga general indefinida y que se caiga el gobierno…cualquier bolchevique que conoce el ABC de la lucha sindical sabe que la huelga general indefinida solamente se declara para tumbar a un gobierno”.

En un artículo (Bolivia: Otra Huelga obliga a Evo escuchar al pueblo) que publicamos en nuestra página el 15 de abril, el compañero José Justiniano Lijerón, ex dirigente nacional de la gloriosa COB que peleó por la Asamblea Popular y contra la dictadura, escribía “una huelga general indefinida tiene un carácter insurreccional y dado las circunstancias y el momento político, considero que en este punto se le fue la mano a los compañeros de la COB”. Es decir no hemos olvidado el carácter insurreccional de una huelga general indefinida ni el ABC bolchevique. Sin embargo como todo niño sabe el alfabeto después del ABC continúa con otras letras y la historia tiene siempre un antes y un después.

Dos semanas antes de la proclamación de la huelga general indefinida hubo un paro de 48 horas con caminatas, marchas y desfiles. El paro fue muy poco contundente, nada a que ver con estos últimos 12 días. La razón de aquello es por el carácter totalmente burocrático de su organización – sin asambleas, sin una plataforma de reivindicaciones claras, sin objetivos declarados que en la siguiente y última ocasión han surgido de la propia movilización – y porque finalmente la mayoría de los trabajadores pensaban “es nuestro gobierno, es el gobierno del mandar obedeciendo, nos convocará”.

Pero estos mismos exponentes del gobierno se hicieron la burla encogiéndose en los hombros con declaraciones que apuntaban al  “fracaso” del paro que hubiera demostrado “que los trabajadores están conformes con el aumento del 10%” y no tenían nada más que pedir”. El resultado de aquello ha sido que aun donde teníamos dirigentes sindicales del MAS estos fueron totalmente rebasados por las bases y arrastrados a la huelga general por esta actitud soberbia y arrogante de los Ministros que solo echó gasolina al fuego y provocó que los trabajadores exigiesen un dialogo presidido por el solo Evo Morales. Un caso evidente de realismo político de funcionarios públicos que no quieren la transformación.

La actitud de los trabajadores

Esta intencionalidad de tumbar al gobierno no existe además en ninguna declaración ni acto de los trabajadores ni antes, ni durante, ni después de la huelga. Hasta la convocatoria a la huelga general indefinida las posiciones expresadas por los dirigentes de la COB y de los principales sindicatos eran estas; “no estamos contra el Gobierno, tómenlo muy en cuenta en la prensa, que Cambio refleje que los trabajadores no están en contra del Gobierno” (Cesar Lugo, dirigente de la FSTMB en Cambio, edición del 29/3/2011), “No estamos peleando para perjudicar el proceso, más por el contrario, queremos dar una dirección política al Gobierno” (Nicanor Baltazar dirigente de la COB, en La Razón, edición digital del 7/4/2011).

En un especial de Cambio del 19/4/2011 se leían las siguientes declaraciones de algunos de los protagonistas de la huelga

Guido Mitma, ejecutivo de la FSTMB “Los trabajadores mineros consideramos que nosotros no estamos ganando, sino el pueblo en su conjunto. Cuando decimos que se va a abrogar el 21060, cuando se manifiesta y se dice que el Gobierno debe generar fuentes de empleo para todos los  compañeros desocupados, hemos cumplido con nuestro país porque hemos perforado esta política que el Gobierno tenía de sacar (decretos) sin consenso con los trabajadores.”

Juan José Guzmán, Secretario FENSEGURAL (salubristas) “… Quiero resaltar que este convenio le da vigencia al Código de Seguridad Social y no como decía la ministra (Nila Heredia), que ella tendrá otro código.

Adolfo Lisarazu, Magisterio Rural “… La unidad del magisterio rural boliviano y de los trabajadores ha regresado. A partir de este momento el Gobierno tendrá que pensar bien para poder lanzar sus medidas; creemos que cualquier determinación debe ser en el marco de escuchar al pueblo  para gobernar”.

Más claro agua. Los trabajadores exigían y siguen exigiendo que su gobierno los escuche. El intento de transformar en la mesa post-huelga la movilización de los trabajadores como “política”, “golpista” y el llamado a defender permanentemente el proceso es – en la boca de estos ministros – el llamado a defender a su soberbia, su monopolio de las decisiones que los trabajadores advierten como enemigo de la transformación.

Estas declaraciones de los trabajadores antes y después de la huelga demuestras fehacientemente a) el total rechazo y pérdida de credibilidad de los ministros que no se recuperará con estos torpes ataques a la clase trabajadora; b) que los trabajadores exigen que el gobierno que proclama la transformación los escuche y ya no están dispuestos a quedarse con los brazos cruzados frente al peligro de estancamiento del proceso y c) que el gobierno tiene en esta misma movilización un base de apoyo enorme para avanzar en la transformación y tiene el deber de dirigirla contra el capitalismo y el imperialismo y no así estigmatizarla para defenderse de su pérdida de credibilidad. De este ABC debería partir cualquier análisis concreto de la situación.

La oposición en la COB

Evidentemente en este recuento hemos omitido las declaraciones del profesor Álvarez (URMA-magisterio urbano de La Paz) y de Jaime Solares que son en abierta oposición al gobierno que ellos llaman “burgués y neoliberal”. Son posiciones conocidas que por intereses distintos y convergentes tanto los ministros como estos dirigentes intentan hacer aparentar como mayoritarias en la movilización. Los primeros para sustentar su tesis de la “huelga golpista”, los segundos obviamente porque convencidos de aquello y por razones partidarias y de visibilidad política.

Como escribimos en un artículo anterior “ningún dirigente sindical es capaz de la noche a la mañana de revertir el apoyo en oposición si no existen las bases materiales para aquello”. La fuerza de las posiciones opositoras y sectarias dentro de la COB es reflejo de las concesiones que el gobierno hace al imperialismo y al capitalismo y de la soberbia de sus ministros. Nuestro Vicepresidente que habla de ABC bolchevique debería recordar como Lenin considerase al extremismo como la otra cara de la misma medalla del reformismo.

El Vicepresidente más que cualquier otro ha sido particularmente circunstanciado en las acusaciones a uno de los “opositores” de la COB, el dirigente de la COD de Oruro Jaime Solares acusado de haber sostenido reuniones con el ex general y actual senador de derecha Antezana que a su vez habría viajado a Miami a recibir instrucciones del grupo de prófugos de Goni y Reyes Villa. Corresponde a Solares – cuya postura general frente al proceso no compartimos – defenderse o contraatacar, como considere oportuno.

Por nuestra parte la cuestión se resuelve así; si por efecto de una reunión con Antezana el dirigente sindical Solares ha podido organizar una huelga general indefinida, los enfrentamientos de sus primeros días protagonizados particularmente por trabajadores mineros, las 10 horas de enfrentamientos en Apacheta entre maestros rurales y policía, el rebasamiento de todos los dirigentes sindicales del MAS, de la dirección nacional de la COB y de varias federaciones, los bloqueos desde El Alto a Puerto Suarez, el voto unánime a favor de la huelga general indefinida en los ampliados nacionales de la COB… si esta reunión haya podido conseguir todo aquello pues hoy no habrá ni un dirigente sindical de cualquier línea política que no quiera reunirse con Antezana para recibir de él un toque de este poder mágico.

¿Una COB de clase media?

En las declaraciones del Ministro de la Presidencia Oscar Coca en realidad no hubo huelga “industria, hidrocarburos, minería, bancos trabajaron con normalidad”, se trató más bien de uno “show mediático” de dirigentes interesados a hacer protagonismo. Los únicos sectores movilizados habrían sido magisterio y salud donde el daño no fue realmente económico sino a la población y a los paceños en particular. Estas declaraciones hacen coro con todos los editoriales e informes de la prensa burguesa que por 10 días ha atacado constantemente el paro intentando azuzar en su contra a la clase media, preocupándola por tanta “violencia gratuita”.

Sobre todo confirman cuanto decía el Vicepresidente cuando afirmaba que una “clase media estatal” portadora de una “ideología de clase media restauradora” del neoliberalismo, interesada a la apropiación improductiva (salario) del excedente que debería invertirse productivamente “en más empresas y más empleo” se habría apoderado de la COB. En el mismo discurso relatado en una  nota publicada en la Agencia Boliviana de Información (ABI – www.abi.bo) “separaba aguas” entre los sectores de clase media restauradora y el bloque social revolucionario, una distinción a la cual volveremos más adelante.

En primer lugar sobre la misma definición de “clase media” que el propio estatuto de la COB confiere a sectores como salud y magisterio. Vivimos en épocas de profunda crisis del capitalismo mundial, los gobiernos – tanto de izquierda como de derecha – recortan los gastos sociales, precarizan el empleo público, despiden, sobreexplotan y niegan derechos sindicales a los empleados del Estado, todo para encontrar la solvencia económica necesaria a indemnizar a los capitalistas y especuladores, los mismo responsables de las crisis. Esto precipita en la crisis a masas de maestros, enfermeros, escribanos públicos etc. que viven ya con sueldos iguales y en algunos casos inferiores (en Bolivia) a los obreros, con un trabajo dirigido por otros y desempeñándolo en concentraciones de trabajadores, escuelas, hospitales etc. Por esto vemos en el mundo y en la historia grandes y radicalizadas luchas partir de la “clase media”. He aquí la explicación de lo que Marx y Engels escribían en 1848; “todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado”.

En segundo lugar sobre la última huelga. Ya dijimos; la inflación acumulada entre marzo de 2010 y marzo de 2011 es de 11,1%, la de alimentos de 18,5%. La inflación calculada a diciembre de 2010, sobre la base de la cual se ofreció un 10 por ciento de incremento no tomaba en cuenta los efectos del gasolinazo (a propósito señores ministros, entre tantas críticas ¿Cuándo una autocritica?). Pero aquí la cuestión más importante es otra que no se puede seguir eludiendo.

¿Quién tiene que pagar por las inversiones? ¿Los trabajadores con una mayor trasferencia de la riqueza a empresarios nacionales y multinacionales o estos últimos? Los trabajadores de campo y ciudad o las multinacionales saboteadora, los bancos especuladores, los ingenios azucareros contrabandista y saboteadores. Huelgas como a la que asistimos seguirán creciendo y radicalizándose hasta cuando no se le conteste a esta pregunta como los trabajadores esperan de un gobierno revolucionario.

Sobre la participación. Es verdad que – a diferencia del gasolinazo cuando inmediatamente los mineros de Huanuni pararon la producción por 48 horas – solo magisterio y salud pararon completamente las actividades. Pero esto confirma simplemente cual era la disposición de los trabajadores, cuales sus intenciones. Los mineros del país no pararon actividades pero enviaron contingentes de trabajadores a La Paz para presionar por el dialogo, pelearon por las calles y luego, una vez instalado el dialogo que evidentemente antes no había, se replegaron en vigilia  preparándose a volver a las calles endureciendo las medidas de presión si hubiera sido el caso.

Bloques restauradores y revolucionarios

El Vicepresidente en fin, como informa la nota de la ABI, llamó a la defensa del proceso distinguiendo entre un bloque social-político restaurador y uno revolucionario:

En el bloque restaurador alineó a la CN y la centroderechista Unidad Nacional, del empresario Samuel Doria Medina, la dirigencia trotskista del Magisterio, urbano y rural, al Movimiento Sin Miedo, que gobierna la Alcaldía de La Paz, a la federación de cajas de seguridad social, la Gobernación de Santa Cruz y el político Comité Cívico de Tarija. En el bloque revolucionario colocó al indígena campesino Pacto de Unidad, vecinos, gremiales, transportistas, proletarios, mineros, fabriles, cooperativistas, y los sindicatos de las estatales Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos y la Empresa Nacional de Energía.

Entonces, resumiendo, no había proletarios, ni mineros ni fabriles en las luchas, solo salubristas y maestros con Juan del Granado y Samuel Doria Medina que en cambio fue justamente silbado cuando, obligado por los bloqueos, cruzó una marcha de maestros. Sin embargo había antes de la instalación del dialogo una presencia minera tan importante como para obligar a la policía al uso de gases y carros con chorros de agua (Neptuno). Había fabriles, había estudiantes e incluso gremiales, como cualquier video o toma de las marchas puede demostrar.

Luego ¿Quién sería el bloque revolucionario? Transportistas quienes tras la abrogación del gasolinazo han mantenido aumentos de tarifas del 20 por ciento e incluso más, a pesar de las advertencias del Presidente. Un gran ejemplo de visión política no sectorial ni corporativa. Los indígenas del Pacto de Unidad pero ¿Cuáles? Evidentemente no los del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) quienes no solo se solidarizaron con la COB sino que emplazaron el gobierno a atender las demandas de los trabajadores y dejar de mentir (Ministro Arce recuérdelo) sobre la situación presupuestaria y económica del país.

Conclusiones

El empresariado que ya se oponía al aumento del 10% ha lamentado que un aumento del 11 o 12 por ciento postergará las inversiones y bajará los niveles de producción (Luis Laredo presidente de la Cámara de Industria de Cochabamba en una nota de Radio Fides), lo cual es una clara presión al gobierno un decirle sin vueltas de palabras “si somos nosotros los que tienen que invertir y producir deben defender nuestro sagrado derecho al lucro y la explotación”, que es la mejor manera para alejar a las bases, a los trabajadores y los campesinos. Bajar los niveles de producción ¿Qué quiere decir? Seguir saboteando la economía, provocar más inflación.

Con estas perspectivas y con un Estado que se endeuda para financiar la especulación de los bancos privados sobre valores emitidos por el Banco Central – la política capitalista del Ministro Arce – la reactivación del aparato productivo y otros términos del acuerdo entre COB y gobierno van a quedar en papeles y nuevos conflictos son incluso inevitables sin un cambio radical en la conducción del proceso.

En este contexto los torpes ataques lanzados desde exponentes del gobierno a la clase trabajadora son la peor manera para llamar a las bases a la defensa del proceso y armarla para la defensa del mismo en los sindicatos y las organizaciones sociales. Sirven nada más que a defender el monopolio de las decisiones y del poder. Recordemos los ataques del Vicepresidente a la dirección de URMA en La Paz y sus efectos; una victoria absoluta de URMA en las últimas elecciones del magisterio paceño y en las elecciones del magisterio de Cochabamba. Deberíamos tener ya el suficiente grado de experiencia como para entender que no es así que defendemos el proceso. El proceso se defiende a sí mismo profundizándose.