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Los cambios en Cuba: desafíos y perspectivas



La Izquierda Socialista (LIS).- En los últimos meses en Cuba ha habido una insistencia sobre la necesidad de abrir el mercado al capital extranjero, ¿qué piensas de esa medida en medio del proceso de cambios que vive el país?

Cuba-nueva-ley-inversion-extranjera-655x353.jpgFrank Josué Solar (FJS).- Hay que ver las condiciones en que se va a dar. Todavía no tenemos los datos suficientes para formarnos una opinión acabada [esta entrevista se hizo antes de que se aprobara la reforma de inversión extranjera].  Lo que se ha dado a conocer en los medios hasta ahora es que ya no solo se producirá la inversión extranjera en empresas mixtas como había venido sucediendo, sino que se abrirá la posibilidad de inversión de hasta 100% de capital extranjero. Será prioritaria la inversión extranjera y podrá extenderse a todos los sectores de la economía del país, excepto salud, educación y fuerzas armadas. Anteriormente estaba orientada en lo fundamental al turismo.

También se habla de dar garantías a estas inversiones, en el sentido de que no se expropiarán salvo en los casos en que se declaren de utilidad pública o social, y con previa indemnización, además de que algunos impuestos desaparecerán y otros serán mucho menores. 

Creo que todo esto tiene varias implicaciones. No podemos esperar que el desarrollo del país dependa de la inversión extranjera. Se puede permitir esa intervención, bajo estrictos  controles populares y marcos muy limitados, cuidando que no se pierda la soberanía, que no se saqueen los recursos naturales del país y que no se utilice a los cubanos como mano de obra de explotación barata, que no se saque al exterior la riqueza del país. Se deben establecer controles sobre todo eso.

La alternativa para la economía cubana no puede ser basada en la inversión extranjera y apelaciones al mercado. Esto se puede utilizar, pero sobre bases limitadas y controladas por los trabajadores.

La inversión extranjera y desarrollo del mercado implica grandes riesgos para el sistema de igualdad de los últimos 50 años. Una profundización en la utilización de esos mecanismos sin control popular generaría inevitablemente polos de desigualdad y concentración de riqueza en pocas manos. Esos han sido los resultados en los diferentes países latinoamericanos donde se ha visto la inversión de las grandes trasnacionales, saqueando los recursos, aumentando la pobreza y creando grandes millonarios. Algunos dicen  que gracias a la inversión extranjera  se ha desarrollado el mercado y los índices macro económicos han mejorado, y es cierto, pero esto no quiere decir que necesariamente ese desarrollo haya favorecido a los pueblos.

En Cuba esa inversión tiene que estar bajo control de los trabajadores, como garantía de que la riqueza producida sea distribuida entre todo el pueblo, y para que ella no signifique un retroceso en derechos sociales y laborales. Que no sea para beneficiar a un pequeño grupo nacional o extranjero.

LIS.- Hay algunas cosas que nos hacen pensar, como la ley de inversión extranjera o las modificaciones al código de trabajo, que los cambios de fondo  implican un retroceso en el sistema cubano. Se niega por parte del gobierno una vuelta atrás en el sistema socialista y se habla de un nuevo modelo para este sistema.  Pero este camino es muy parecido a lo que hemos visto en China donde al final van hacia el capitalismo ¿qué piensas de esto?

FJS.- Cuando iniciaron las reformas en China no se planteaban una vuelta al capitalismo, sino la utilización de mecanismos de mercado para aumentar la productividad, al tiempo que se mantenía la economía estatal, planificada y centralizada, como la forma dominante. Comenzaron a usar la inversión extranjera sujeta a varias restricciones y limitaciones. Pero el proceso fue avanzando paulatinamente en dirección al capitalismo, en la medida que el capital exigía, para obtener ganancias y funcionar correctamente, para que las reformas tuvieran éxito, derribar todos los obstáculos y límites que se le interponían. Lamentablemente muchas de las cosas que te comenté han sucedido en China, como la explotación de una mano de obra muy barata, la pérdida de conquistas y derechos sociales. Sí hubo un desarrollo económico pero ha beneficiado fundamentalmente a la burguesía china y la burocracia vinculada al sector empresarial, y ha estado acompañado por enormes desigualdades. 

En Cuba también se ha pretendido inicialmente desarrollar las fuerzas productivas con estímulos de mercado, sin afectar la preeminencia de la economía estatal planificada. De hecho los cambios económicos en curso no reciben oficialmente el nombre de “reformas”, sino que son denominados como “actualización del modelo económico cubano”, lo que denota la intención de conservar la esencia socialista del sistema. Aunque las muchísimas diferencias y desproporciones hacen imposible la comparación con China, en Cuba debemos extraer lecciones de los resultados del proceso en aquel país.  Debemos evitar que nos pase lo mismo. 

Sí queremos mejoras en la economía, las necesitamos, pero para ello es imprescindible el control por parte de la población. Todo el proceso debe estar fiscalizado y controlado por nosotros. El crecimiento que se espera tiene que representar un avance para todo el pueblo, para los trabajadores. Y sobre todo, la salida para la revolución cubana tiene que ser en líneas socialistas. Sería suicida para la Revolución que la solución a los problemas económicos y sociales sea a partir de la introducción de incentivos capitalistas, de la apelación al pragmatismo, a las salidas individuales, a que el dinero rija las relaciones sociales. El desarrollo económico debe emprenderse a partir de esfuerzos colectivos y solidarios, a través de la movilización consciente y organizada de la voluntad popular, y con la participación democrática de los trabajadores cubanos.

Se deben tomar en cuenta los avances de los proyectos revolucionarios en América Latina. Si la revolución avanza en el continente se pueden integrar los distintos procesos transformadores e interconectar sus economías para ir hacia el socialismo. Tenemos que unirnos en la lucha por el socialismo en América Latina bajo la economía planificada de los diferentes países y bajo control democrático de los pueblos. 

No podemos permitir  que  el socialismo cubano se quede entrampado en los límites nacionales de nuestro país. Nuestra única salida real para terminar con nuestros problemas en líneas socialistas está en la extensión internacional de la revolución y en la articulación de una federación socialista latinoamericana. 

No basta con declarar la irrevocabilidad del socialismo, o que los cambios que se están operando  entre nosotros no nos llevarán al capitalismo, para que los deseos se conviertan en realidad. Los mecanismos de mercado tienen una dinámica propia, y por más que se diga que no se quiere terminar con el socialismo,  si la economía no está bajo el control de los trabajadores, ellos representarán un peligro real para la preservación de nuestras prácticas solidarias e igualitarias, y de nuestras conquistas sociales, es decir, para la existencia misma del socialismo en Cuba. Esas declaraciones pueden ser con las mejores intenciones, pero las lógicas del mercado  siempre van por más. Su fin es acumulación y concentración  de riqueza, obtención de ganancias, y tratarán siempre de echar abajo todo cuanto lo impida. Es utópico pensar que solo vamos a tener lo bueno del mercado y lo malo no.

LIS.- ¿Cómo ha recibido el pueblo cubano todos estos cambios? ¿Hay expectativas de algunos sectores, la juventud,  la contrarrevolución y la iglesia?

FJS.- El proceso se ha iniciado con los Lineamientos que se aprobaron en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, es el documento rector de los cambios. Los Lineamientos, como varias de las medidas que se han introducido se han discutido con el pueblo, en los centros de trabajo, etc. Esto es una muestra de la democracia revolucionaria en Cuba. En ningún otro país se discuten con el pueblo las políticas a aplicar, aquí se dio una discusión democrática.

Sería deseable que en todo el proceso haya una participación mayor, no solo en las leyes generales sino en los aspectos que ahora se están aprobando y además que nuestra participación no solo sea para comentar sino decisoria. Que haya mecanismos para garantizar la participación decisiva de nosotros en el rumbo y el ritmo de las políticas. 

Desde mi punto de vista una de las cosas más dañinas que copió Cuba del modelo stalinista en la Unión Soviética fue una gestión burocrática que produce un divorcio entre la propiedad social de los modos de  producción y los intereses de la burocracia.  Esto en la URSS al final se convirtió en un freno absoluto para el desarrollo de las fuerzas productivas y provocó el estancamiento de la economía y  un regreso brutal al capitalismo. El resultado fue un descenso de los niveles de vida de los trabajadores, al tiempo que los burócratas se convirtieron en grandes capitalistas millonarios.

El manejo burocrático de la economía estatal planificada impide el desarrollo de la misma y esto se asocia en la mentalidad de la gran mayoría de la población con que el funcionamiento estatal es malo, que por eso hay indisciplina, falta de productividad, etc. y que por ende se tienen que introducir políticas de mercado. El problema no es la economía planificada sino el manejo burocrático de esta que impide a los trabajadores una gestión más democrática de la producción y con ello que se asocie la necesidad de la productividad con el sentido de propietario colectivo del trabajador. 

Estos mismos debates han generado una  gran expectativa. Los cubanos vienen de más de 50 años de una resistencia heroica contra el imperialismo, han resistido toda una serie de ataques. El hecho que llevemos más de 50 años ya dice mucho de la fortaleza de la revolución. Pero en los últimos 25 años, después de la caída de la Unión Soviética, ha habido una crisis económica muy profunda que ha dejado huellas en el tejido social cubano, y el pueblo siente expectativas por salir de ella, por mejorar sus niveles de vida. 

Las condiciones de vida se han visto muy afectadas y ahora hay muchas esperanzas sobre una mejoría y mayores beneficios materiales. Así, muchos cubanos consideran, con cierta ingenuidad, que determinados elementos del capitalismo son positivos y que pueden ser utilizados por el socialismo para mejorarlo.  

Es decir, una idea de tomar elementos de la economía de mercado y mantener los beneficios sociales que ahora hay, y de esta manera hacer funcionar mejor la economía. Una ilusión de poder mantener relaciones sociales de solidaridad e igualdad en medio del uso de incentivos económicos capitalistas.

La contrarrevolución más extremista y agresiva sigue apostando a la confrontación, a profundizar la política de bloqueo, acoso y aislamiento económico. (Debemos recordar que dentro de todo debate sobre la revolución cubana y su economía están de por medio los efectos del bloqueo criminal imperialista, y la misma existencia del bloqueo demuestra la superioridad de la economía planificada, pues si ella fuera un fracaso, como intentan presentarla, no habría necesidad de bloquearla). Esta es quizás la derecha más conocida, la que controla además espacios de poder en el Congreso de los EEUU.

Pero hay otra parte de la contrarrevolución, más velada, menos escandalosa, que a mi juicio es la más peligrosa en estos momentos. Viene disfrazada bajo un discurso de reconciliación nacional, de la unidad de los cubanos, olvidando los dos extremos de izquierda y derecha, que todos somos hermanos  y debemos poner a un lado nuestras diferencias y unirnos por Cuba. Dicen que en esa reconciliación, no debe haber rencores. Lo que quieren es regresar y venir a invertir, de alguna forma recuperar lo que la revolución les expropió para beneficio del pueblo.

Se muestran amigables, dicen que no quieren derrocar la revolución, solo “ayudar”. Incluso están impulsando la idea de acabar con el bloqueo para poder invertir mejor, sin restricciones. Dicen que vendrían a apoyar este proceso de inversiones. 

En realidad lo que buscan es volver a una Cuba donde una minoría controla el país mientras la mayoría se revuelca en la pobreza. Estos señores buscarían aliarse con ciertos sectores corruptos de la burocracia que quieren la restauración capitalista. Esta alianza podría ser fatal para la revolución cubana.

La iglesia está jugando un rol “inteligente” de unidad nacional. Está haciendo el papel de puente para promover que vengan cubanos de fuera a invertir. En la misma iglesia se está abriendo un espacio de debate sobre los cambios que necesita el país, cuando el lugar de estos debates debería estar entre los revolucionarios sin temor a que entre nosotros se abran distintos caminos a seguir. Estos deberían ser naturales de frente a la discusión sobre las tareas a realizar.

Lo más peligroso de la perspectiva restauracionista es que no se presenta como un regreso al capitalismo de los años 50, a lo que era la dictadura de Batista y todo su cuadro de miseria, represión, exclusión social; sino como una modernización, como un avance que sacaría a Cuba del estancamiento y la llevaría al desarrollo que supuestamente vive todo el mundo hoy día. No se dice que el “desarrollo” solo se ha concentrado en las burguesías de los diferentes países. Parecería que todos saldríamos ganando de ese capitalismo, ni siquiera se habla de capitalismo, viene disfrazado de “normalidad”. Incluso se ha llegado a decir que no se tiene que hablar de ideologías, ni de socialismo o capitalismo, porque son conceptos anticuados. Que todo debe ser guiado por el pragmatismo, y buscar las medidas más eficientes que nos ayuden a desarrollarnos, sin importar de qué tipo son.

Todo esto es muy peligroso para la revolución, no podemos perder la brújula sobre donde queremos ir, nuestro ideal es el socialismo donde no haya explotación, ni pobreza, ni dominación. Debemos tener cuidado con la introducción de medidas capitalistas, que de alguna forma son necesarias en un período de transición, pero no podemos dejar que al final el capitalismo domine todo el proceso y terminemos doblegándonos por él. Donde en vez de hacer avanzar las fuerzas del socialismo terminemos absorbidos por el capital.

El compañero Raúl en su discurso del 1ro de enero de 2014 por el 55 aniversario del triunfo de la Revolución, alertaba sobre los “intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución Socialista”, señalaba al socialismo en Cuba “como única alternativa de justicia e igualdad para todos”, y advertía a las nuevas generaciones de dirigentes no olvidar nunca “que esta es la Revolución Socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes”.

LIS.- ¿Todo este proceso de cambios ha sido entendido de forma homogénea por el Partido y el Estado?

FJS.- Antes de cada una de estas medidas se han  dado debates muy interesantes donde algunos están a favor, otros muy preocupados por las consecuencias que pueden traer y las toman con recelo. Es muy significativo. Estas diferencias son positivas pues, entre otras cosas, refutan el argumento del imperialismo de que la sociedad cubana está permeada por un pensamiento único. El debate fortalece la unidad entre los revolucionarios, es un camino por el que se debe seguir avanzando.

El propio Raúl ha llamado a que se debata públicamente sobre los cambios. Tenemos que profundizar en esto y, como ya te había dicho, no solo intervenir a través de consultas, o en debates y comentarios, sino en la misma decisión sobre cualquiera de las medidas. Tenemos que tener mecanismos para tomar las decisiones, tanto en la base como en la dirección y así decidir democráticamente lo que se tiene que hacer o no.

LIS.- Ya hay zonas especiales en Cuba con inversión extranjera de empresas mixtas, ¿de qué países son los capitales que ahora intervienen en Cuba?

FJS.- En la zona especial del Mariel ha tenido un papel protagónico el capital brasileño, la empresa Odebrecht es la principal empresa que ha construido el puerto y las obras de infraestructura. 

El capital brasileño es el que más activo está y más está invirtiendo en esta fase inicial del proyecto y en otros sectores. La Zona del Mariel apenas está en el momento inicial, apenas se están valorando los proyectos de diferentes países. Se han elaborado reglamentos especiales en los aspectos laborales y aranceles para esta zona, los cuales buscan regular y facilitar la inversión.

LIS.- Alcanzo a ver que todas estas transformaciones van a causar grandes contradicciones en la sociedad cubana, la penetración del capital extranjero va a plantear sus beneficios por delante de cualquier tipo de consideraciones al pueblo cubano, como lo hacen en todos los demás países. Sin embargo, la Revolución no está muerta, y se mantienen vitales las tradiciones de lucha y revolucionarias de su pueblo. ¿Qué piensas de esto?

FJS.- Hay fuerzas en pugna en Cuba, están las que quieren seguir profundizando el socialismo y otras que quieren hacer retroceder, llevarnos al capitalismo. La correlación favorece hoy a las que quieren mantener el socialismo. Nadie en su sano juicio, hoy, se podría pronunciar por restaurar el capitalismo porque esa alternativa es muy débil, carece de legitimidad, y se enfrentaría a un rechazo generalizado. El problema es que esto pudiera cambiar, no hay garantías de que no suceda.

Los grandes retos que se plantean para la lucha de clases en Cuba es que las fuerzas favorables al socialismo tengamos conciencia de los peligros que enfrentamos: las fuerzas pro capitalistas –no solo aquellas que se lo plantean abiertamente sino las que vienen disfrazadas bajo un discurso de unidad nacional y de reconciliación-, y el imperialismo, no van a descansar hasta derrotar la revolución. Y muchas de las medidas que se están tomando en la actualidad podrían generar condiciones, dinámicas sociales y económicas, proclives a fortalecer esos sectores pro capitalistas, y los que hoy no tienen fuerza para presentar públicamente esas ideas, podrían tenerla mañana.

El proceso de cambios está en sus inicios, vamos a ver en los próximos años cuál va a ser su curso, no hay nada escrito de antemano. Si a pesar de los discursos y buenas voluntades vencen las fuerzas favorables al capitalismo y se establece una situación de explotación generalizada, de retrocesos de derechos sociales, los cubanos no lo aceptarían pues se estaría perdiendo el modelo de justicia, libertad e igualdad por el que tantas generaciones han luchado y entregado sus vidas. Por supuesto habría una respuesta del pueblo que se mantiene leal a los ideales de la revolución cubana, no dejaría bajo ninguna circunstancia que se perdieran sus avances y sus conquistas, su modo de vida solidario, sin hacer nada. Hay una historia, una revolución, y un proyecto social de emancipación humana que se defenderá a cualquier precio.