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Ni crecimiento ni inflación: efectos del aumento salarial y estrategia sindical


El aumento salarial es una catástrofe según los empresarios y un estímulo al crecimiento económico según el gobierno. Sin embargo ni la una ni la otra interpretación corresponde a la realidad.

El cuadro a continuación, con datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, demuestra claramente que no existe ninguna relación directa, ni positiva ni negativa, entre salario, aumento de precios (inflación), ocupados y desempeño económico del país medido con el crecimiento del Producto Interno Bruto.

Elaboración propia con datos del INE

Omitimos en el cuadro algunas variables que hacen el panorama aún más complejo. Por ejemplo es sabido que el gobierno bate cada año un nuevo record de inversión pública, sin impedir que la tasa de desempleo volviera a crecer desde 2012. Además la cuota de la riqueza nacional que es apropiada por los salarios se mantiene alrededor del 25% como hace una década, mientras la cuota apropiada por las utilidades sigue más del 50%, como venimos observando desde que el gobierno inauguró su política de aumentos.

¿Qué significa todo esto? En primer lugar que no es cierto que la carga salarial “empobrece” a las empresas tanto para impedirle de ser competitivas como lamenta la patronal. Y también que no es cierto que apuntalando la demanda, con aumentos salariales e inversiones públicas, se dinamiza la economía como pretenden los reformistas en la COB y el gobierno.

La primera causa de la escasa capacidad de competir de las empresas bolivianas es por la productividad del trabajo. Las estadísticas internacionales (del BID) que miden la productividad laboral como la relación entre la riqueza producida y la cantidad de trabajadores, demuestran que entre 1960 y 2011 la productividad del trabajo prácticamente no ha crecido en Bolivia, dejándonos en el último lugar de Suramérica y entre los últimos en el mundo entero.

Es evidentemente un problema de carácter estructural que se debe a la supervivencia de formas precapitalistas de producción o de acumulación capitalista incipiente. La burguesía boliviana en sus orígenes, ante la resistencia nacional indígena contra la disolución de la comunidad agraria, utilizó las viejas formas de explotación colonial (como la mita) para abastecerse de mano de obra, frenando así el desarrollo industrial del país. Cuando el concurso del capital foráneo formó la combativa clase obrera boliviana, la burguesía apoyó en aquellas mismas formas de producción condenadas por la historia los regímenes dictatoriales y bonapartistas que debían cuidar sus intereses y racionalizar la explotación del trabajo.

El reformismo de los últimos años no ha modificado sustancialmente la posición de Bolivia en el mercado mundial y entonces sus posibilidades de desarrollo nacional. Con el aumento de precio y volúmenes de las exportaciones de gas, petróleo y minerales, el gobierno ha logrado estabilizar el cambio y apreciar la moneda nacional sobre el dólar. Con esta apreciación ha permitido que las industrias bolivianas abaratasen los costos de los insumos industriales, en larga medida importados, obligando incluso las empresas nacionales a adaptarse, como las cementeras (tipo FANCESA) que venden por debajo del costo para mantener sus cuotas de mercado. Con este abaratamiento de costos se ha garantizado que los aumentos salariales no afectasen las ganancias empresariales.

Entonces ¿por qué se oponen los empresarios? Principalmente porque en el ciclo económico anterior una parte de ellos ha invertido en maquinarias e innovado la producción, y buscan recuperar su tasa de ganancia comprimiendo los costos laborales que para la pequeña empresa es la única fuente de acumulación. Esto es lo que rompe los equilibrios y nos hace pensar que, una vez asegurado el apoyo de la COB, el gobierno prepare concesiones para compensar a los empresarios.

El desarrollo impulsado por el MAS mediante la estabilidad macroeconómica y la reinversión del excedente, lleva las marcas del país subordinado. Bajo el peso del patrón primario exportador (exportador de materias primas) la economía se ha desarrollado en actividades especulativas, como la construcción, o el comercio, el contrabando etc. La informalidad, tercerización y precariedad prosperan amparadas en la legislación vigente.

La subvención al precio de determinados alimentos, mediante el cual se controla la inflación, ha reimpulsado el abandono rural: en 10 años el porcentaje de ocupados en la agricultura ha bajado de 38 a 27 por ciento. ¡Ni los liberales de la época republicana pudieron tanto como el gobierno “campesino e indígena”!

Sin unir el tema salarial a la abrogación de las formas precarias de trabajo (a destajo, eventual, a plazo fijo, por obra etc.) no habrá verdadera redistribución de la riqueza, ni reactivación del aparato productivo. Sin una política de clases para incentivar la pequeña producción campesina, habrá siempre un “ejercito industrial de reserva” que abarate el costo del trabajo.

El programa revolucionario entonces nace de las mismas contradicciones del desarrollo de Bolivia y de las reivindicaciones propias del movimiento obrero boliviano. Hoy por hoy esta lucha será abanderada por aquellas vanguardias obreras que van aprendiendo la necesidad de un sindicato democrático e independiente para lograr su emancipación.