Nuestra posición sobre la cuestión de la inseguridad



La Inseguridad

la presentación de su plan de “seguridad” CAP-riles afirmó: “Este gobierno no pudo con la inseguridad. Una de las tareas fundamentales del Estado es proveer justicia y los venezolanos no tienen justicia. Es un problema imposible de ocultar”; además calificó de fracaso el hecho de que durante los últimos 14 años se intentaran aplicar 18 planes de seguridad por parte del Gobierno. Otra de las críticas de CAP-riles con respecto a éste tema es sobre la impunidad, y aunque en esta cuestión particular estemos de acuerdo, los marxistas también estamos claros de que, como reza el dicho “las cárceles están llenas no de delincuentes, sino de pobres”. Sin embargo, también hay que decir que si no hubiera tanta impunidad el mismo CAP-riles debería estar preso.

El problema de la seguridad es  uno de los temas más álgidos del la actualidad política venezolana, la derecha ha tratado éste tema de manera demagógica desde hace mucho tiempo, bombardeando a nuestro pueblo con cifras alarmantes de homicidios, robos y secuestro, sin embargo, ésta campaña no tiene una respuesta clara y correcta del lado oficial, es por tal razón que la burguesía hace de la inseguridad su bandera.

La inseguridad una cuestión de clase

Las autoridades deberían aceptar el tema de la inseguridad con un gran “SI ES VERDAD” sin ningún protesto y de esta manera desarmar el discurso de la derecha que se centra en que la inseguridad es un problema negado por el gobierno. Ahora bien, éste “SI” debe ir acompañado con una explicación clara de los ¿Por qué? del problema y de cuál es su única solución, que no es otra que el socialismo, ya que dicho problema es un mal heredado de la cuarta republica y causado por las lacras del sistema capitalista, recordando entonces que en Venezuela todavía vivimos en CAPITALISMO, y planteando a su vez la idea de que la posibilidad de dar alimentación, educación, vivienda y seguridad al pueblo sin acabar con el capitalismo es una estupidez a escala planetaria.

La inseguridad, no en Venezuela sino que en toda Latinoamérica tiene una causa fundamental y es que resulta un lucrativo negocio para la burguesía nacional e internacional. La industria armamentista mueve enormes cantidades de dinero y mata a miles y miles de personas cada año.

Estados Unidos, el Reino Unido,  Francia, Bélgica, Rusia y España son los mayores productores y comercializadores de armas, pero en específico de armas ligeras que son las causantes de los miles de muertos en el llamado tercer mundo. Entre los cien principales fabricantes, 78 compañías son de EEUU y de Europa, y juntas monopolizan 91.7 % de las ventas según el informe del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo). Estados Unidos cuenta con 45 empresas entre las cien primeras, que controlan el 61.5 % de las ventas totales, mientras que de 33 empresas fabricantes Europeas un 75 % proceden de cuatro países: Francia, Alemania, Italia y Reino Unido.

No es el  común “malandro” del barrio en Caracas, o el de la favela en Río de Janeiro, ni los “jíbaros detallistas” del negocio de las drogas los que importan y trafican el armamento, es la burguesía que hace el lobby para los armamentistas en cada uno de los países, y son las estructuras del crimen organizado, el funcionamiento del corrupto aparato estatal burgués, las policías y funcionarios movidos por el afán de acumular capital individual para trepar en la cadena alimenticia del sistema capitalista, jueces, fiscales, juristas y toda la jerarquización burocrática de la administración de justicia los primeros responsables de la inseguridad. Cada uno de estos elementos forman parte de un todo.

banquerosLa banca juega un papel clave en todo esto. La mal entretenida burguesía mundial no está por allí corriendo con maletas de dólares en puertos y aeropuertos del mundo. Todo el enorme capital que genera el narcotráfico y el tráfico de armas se mueve a través de la banca, y es través de ella que se opera el lavado de dinero, la legitimación de capitales, etc.. La solución no es apresar al “choro” de la esquina, sino la nacionalización de la banca y el monopolio del comercio exterior por parte del Estado.

Otro elemento a tomar en cuenta es el sicariato. Esta modalidad tampoco fue creada por los “hampones” de los barrios sino por la burguesía, para resolver sus conflictos laborales asesinando y aterrorizando líderes sindicales, como lo ocurrido el pasado 21 de junio con Abraham Rivas de la Federación Sindical de Empresas de Alimentos y Bebidas POLAR, también usado como una herramienta más del narcotráfico. Además lo mismo sucede con los secuestros sobre todo en las regiones fronterizas donde los terratenientes importaron paramilitares para asesinar campesinos, hasta que los propios paramilitares se dieron cuenta de que era mejor negocio secuestrar terratenientes y cobrarles vacuna que asesinar campesinos. Los delincuentes comunes de un barrio, el “matón”, el “choro” y el “azote” no son más que el eslabón final de una larga cadena de intereses nacionales e internacionales del negocio de la muerte y la inseguridad en el mal llamado tercer mundo. En América latina este negocio funciona azuzando la violencia cultural, en otras latitudes creando conflictos religiosos. Todo forma parte del mismo interés de crear un mercado donde las “familias bien” de los países desarrollados viven de las mieles de la muerte de miles de personas en todo el mundo.

El elemento cultural

Una de las afirmaciones científicas del Marxismo es “el ser social determina la conciencia”, y esto es verídico. Hay quienes piensan que hay que cambiar la conciencia del hombre para cambiar la sociedad, cuando en realidad solo cambiando las condiciones sociales se podrá cambiar al hombre y la mujer.  Solo a través de la planificación de la economía y a través del ahorro del tiempo de trabajo, todos los miembros de la sociedad por igual tendrán acceso total a una alimentación, salud, vivienda y educación dignos, y a todo lo necesario para explotar el talento individual y el potencial cultural e intelectual colectivo de la humanidad, para así poder olvidar definitivamente y de una vez por todas la barbarie del capitalismo.

No faltará quien diga “hace falta una transición”, y es verdad, pero para eso no se necesitan más policías, cárceles, jueces y fiscales sino milicias populares unidas a los Consejos Comunales y a los trabajadores, que defiendan la Revolución del enemigo interno y externo y aseguren el buen vivir en las comunidades.

La inseguridad, y la violencia no se pueden resolver dentro del  marco del Estado burgués, la propiedad privada de los medios de producción y la economía de mercado. Solo el Socialismo puede resolverlo.

Source: Lucha de Clases (Venezuela)