Obama apoya los bombardeos en Irak: ¡No a la intervención imperialista!


 

En Psicología clínica, déjà vu es definido como “la experiencia de percibir una situación nueva como si hubiera ocurrido antes. A veces se asocia con el agotamiento o ciertos tipos de trastorno mental”.

“Un cierto tipo de trastorno mental” parece una descripción acertada de la decisión del presidente Obama de llevar a cabo otra ronda de ataques aéreos “humanitarios” en Irak, con síntomas que incluyen pérdida de memoria a corto plazo y altos niveles de disonancia cognitiva: pérdida de la memoria a corto plazo, porque los gobiernos occidentales parecen haber olvidado convenientemente que fue el bombardeo de Irak en 2003, lo que precipitó la crisis actual; y disonancia cognitiva, porque mientras que EE.UU. está combatiendo contra el Estado Islámico de Irak, los está financiando y armando de poder en Siria.

Una pesadilla sin fin

Sin duda, la situación a la que las masas se enfrentan en Irak es grave, y el Estado Islámico (IS sus siglas en inglés, antes ISIS) no ofrece otra cosa más que terror reaccionario y caos en el país. La vida de la gente común de Irak es lo más parecido a una pesadilla sin fin, debido a los horrores de la invasión de las tropas estadounidenses y británicos hace más de una década, y ahora seguidos por la propagación del terror yihadista del ISIS. La visión de miles de yazidíes – una minoría kurda – huyendo a las montañas para evitar a las fuerzas del IS, es una tragedia. Más de 150.000 refugiados ha creado esta crisis, la mayoría de ellos inundando los bastiones kurdos. Algunos incluso, se han visto obligados a huir a Siria, un hecho que da una idea de cuán desesperada es en realidad la situación humanitaria en el norte de Irak.

Pero la causa de un problema nunca es la solución, y el compromiso de Obama con los ataques aéreos selectivos contra Irak sólo va a empeorar la situación. El califato islámico recién fundado sólo existe en la actualidad debido a una serie de escandalosas decisiones de política exterior de Estados Unidos, comenzando con la invasión de 2003 y que culminó con la decisión de dejar a         Irak en manos de un grupo de bandidos corruptos. La mayoría de las personas ahora, reconocen que la guerra de Irak fue un error; pero no suficientes personas reconocen que el asesinato de más de medio millón de iraquíes constituye uno de los actos más flagrantes e ilegales de agresión no provocada en el último medio siglo. Para citar a Atoine Boulay en la ejecución del duque de Enghien en 1804, “fue peor que un crimen, fue un error”.

El mayor error de todos fue el nombramiento de Nouri Al-Maliki como primer ministro de Irak en 2006. En muchos sentidos, Maliki era la otra cara de la moneda sectaria de Saddam. La represión del Estado de Irak y la discriminación contra las poblaciones sunitas del norte ayudaron a allanar el camino para el ISIS, que recibió una recepción inusualmente cálida en esta región debido al odio de la gran mayoría hacia el corrupto y menospreciado gobierno de Maliki. Es sólo mediante la comprensión de este odio en Irak al gobierno de Maliki con predominio chií, que puede explicarse la rápida propagación del ISIS, cuyo crecimiento y desarrollo sólo ha sido posible en el contexto de una rebelión general entre la población suní contra el régimen represivo de Maliki.

Con Maliki ahora aislado tras la elección de Haider al-Abadi, parece que Obama ha decidido abandonar al gobierno títere chiíta. Es, sin embargo, demasiado poco y demasiado tarde. La perspectiva de un gobierno estable en Irak parece cada vez más incierta y poco probable. La intervención militar occidental, con las casi seguras víctimas civiles que se derivarán, sólo conducirá a la población sunita aún más a las manos del IS, creando mayores divisiones sectarias entre sunitas y chiítas. A pesar de todas las intenciones de los EE.UU., la intervención imperialista en el Medio Oriente ha creado un Frankenstein que está más allá de su control. Las fuerzas centrífugas se están desarrollando ahora, amenazando con destruir a Irak y hundirlo en la guerra civil.

La opinión pública desconfía de la “misión ampliada”

Después de haber invadido Irak en 2003 bajo el pretexto completamente falso de la búsqueda de “armas de destrucción masiva”, y después de haber visto el desorden que las intervenciones en Afganistán e Irak han dejado atrás después de más de una década de combates, la opinión pública en general en Gran Bretaña, Europa y los EE.UU. es comprensiblemente escéptica ante cualquier nueva intervención militar en Oriente Medio. En momentos en que los gobiernos capitalistas están llevando a cabo brutales programas de austeridad, hay poco humor para ser succionados potencialmente por una guerra más costosa, a pesar de las garantías de que cualquier intervención, esta vez, se mantendrá al mínimo “sin ninguna bota sobre el terreno”.

El escepticismo público puede verse en la derrota de la coalición de gobierno en Gran Bretaña el año pasado con respecto a la intervención en Siria, lo que tuvo como resultado el aislamiento completo de la administración de Obama con respecto a una política exterior intervencionista en Oriente Medio.

Como era de esperar, hay una gran preocupación por la “misión ampliada” asociada a cualquier “intervención humanitaria” en Iraq. Como el corresponsal de la BBC Frank Gardner observa:

“A los políticos occidentales les gusta decir que ‘no habrá botas sobre el terreno”, pero en la práctica ya hay un número creciente de militares estadounidenses desplegados en Irak detrás de la escena.

“¿Qué pasa si el asesoramiento y el poder aéreo por sí solos no son suficientes para impedir que el IS tome más ciudades en Irak y Kurdistán? ¿Qué pasa si la propia Bagdad o las ciudades de Kirkuk y Erbil fueran amenazadas?

“El riesgo de que los objetivos de la misión se alejen de sus confines originales aumenta sustancialmente cuando no se controlan los acontecimientos sobre el terreno.”

Hipocresía imperialista

La hipocresía de Obama y del resto de los políticos burgueses que piden una intervención para evitar una “catástrofe humanitaria” es verdaderamente sorprendente. Hoy, estos líderes lloran por la difícil situación de los yazidis, pero ¿dónde estaba su preocupación por los miles de civiles muertos debido a los años de bombardeos y combates de las fuerzas estadounidenses y británicas en Afganistán e Irak? Tales bajas civiles están convenientemente ignoradas en la categoría de “daños colaterales”.

Mientras tanto, Obama supuestamente (en palabras) está interviniendo en Irak, ahora, para evitar un genocidio potencial. Al mismo tiempo, sin embargo, el gobierno de Estados Unidos no hace nada para detener la matanza de miles de personas en Gaza; de hecho, declararon abiertamente su apoyo al “derecho de autodefensa” de Israel – es decir, a los ataques criminales del ejército israelí contra los palestinos indefensos.

La hipocresía más extrema de la respuesta de Estados Unidos en Irak se puede encontrar en la frontera con Siria. Aquí el Estado islámico no es el enemigo de los EE.UU., sino su aliado, y cuenta con el apoyo indirecto a través de los estados clientes de Estados Unidos en la región. Ya en marzo del año pasado, el New York Times expuso el papel de la CIA en ayudar a los gobiernos árabes y Turquía a armar a los rebeldes sirios. Los dirigentes de la oposición siria expresaron su preocupación en ese momento, diciéndole al New York Times “cualquier que haya estado investigando a los grupos que recibían las armas reconocerá que se estaba haciendo un trabajo inadecuado”. Admitido, el ISIS no podía adquirir todas sus armas de Occidente y sus clientes. Por suerte para ellos, pronto obtuvieron el acceso a enormes cantidades de armas dejadas por los EE.UU. en Irak por el conflicto anterior, otra consecuencia imprevista de la decisión de Estados Unidos de armar a Maliki.

Es evidente, como siempre, que la intervención de los EE.UU.no está llevándose a cabo con el fin de evitar una “catástrofe humanitaria”, sino para sus propios intereses imperialistas. Habiendo perdido el control de la situación en Siria, mientras que ayudó a crear y fortalecer el monstruo que es el ISIS, el imperialismo de los Estados Unidos no confía tampoco en mantener su control sobre Irak. El gobierno de Maliki fue una marioneta útil para la administración de Obama, ayudando a asegurar que se mantuvieran los intereses estadounidenses tras la retirada de su presencia militar. Pero sin Maliki, la población sunita en rebelión contra el gobierno, y con el IS ganando terreno, Obama y el imperialismo de Estados Unidos se enfrentan a la amenaza de perder toda influencia y control sobre la región.

¿Hacia dónde va Irak?

La hipocresía de los imperialistas puede quedar clara, pero ¿cuál es la solución? Además, la intervención occidental no hará sino reforzar el odio de las masas de Oriente Medio hacia los imperialismos estadounidense y británico, que no han traído más que miseria a los trabajadores y jóvenes de la región, y que, sobre todo, han jugado un papel principal en la creación de la crisis actual.

Detrás de la máscara sonriente sobre lad “preocupaciones humanitarias” siempre se encuentra el rostro malicioso del imperialismo. La intervención de los EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Rusia, Irán, o de cualquier otra gran potencia en el Medio Oriente sólo tendrá como objetivo sus propios intereses imperialistas. Mientras tanto, la intervención de fuerzas de la ONU o de la OTAN está igualmente diseñada para servir únicamente a los intereses de los gobiernos capitalistas que sufragan el presupuesto de tales organizaciones –y en particular, los intereses del imperialismo estadounidense.

Las masas de Irak, Siria, Palestina, y del resto de Oriente Medio deben confiar en nadie más que en sí mismas. Mientras tanto, la solidaridad más eficaz que pueden mostrar los trabajadores y la juventud en Occidente, es luchar para derribar a nuestros propios gobiernos imperialistas, que son responsables de apoyar a regímenes y grupos reaccionarios y represivos en la región.

El poder potencial de las masas se demostró claramente en 2011, cuando millones salieron a las calles en todo el mundo árabe, derribando uno tras otro a regímenes autoritarios. Debido a la falta de una dirección verdaderamente revolucionaria, estos movimientos desde entonces han disminuido temporalmente. En Siria, los imperialistas y otras potencias regionales, como Irán y Arabia Saudita, han intervenido para mantener un estado de caos y guerra civil; en toda la región, las masas revolucionarias han sido empujadas a un lado y las fuerzas reaccionarias han ganado terreno.

¡Por una segunda revolución árabe!

Las causas fundamentales de la revolución árabe de 2011 – la disminución de los niveles de vida, inflación alta y desempleo masivo – sin embargo, no se han resuelto. La ira y el deseo de cambio no han desaparecido, sino que fermenta y hierve bajo la superficie. La revolución árabe tiene inmensas reservas de energía y podría estallar de nuevo en cualquier momento. Es esto – una segunda revolución árabe – lo único que ofrece una solución a los problemas de las masas en Oriente Medio. Existe una clase obrera poderosa y fuerte en países como Egipto, Irán y Turquía; con una dirección correcta, los movimientos revolucionarios en cualquiera de estos países tendría el potencial para cambiar completamente el equilibrio de fuerzas en la región, convirtiendo la actual ola de reacción de nuevo en un cambio revolucionario radical en Siria, Irak, Palestina, y el resto de Oriente Medio.

Un futuro de capitalismo no ofrece nada a las masas en Oriente Medio que no sea el veneno del sectarismo y del nacionalismo en la región, dividiendo artificialmente a la población con el fin de permitir que los imperialistas mantengan su dominio y saqueen el botín. Lo que se necesita es un movimiento unido por encima de la nacionalidad, la etnia o la religión, en líneas de clase, con una lucha común de los trabajadores y la juventud para derrocar a los regímenes represivos y a los gobiernos capitalistas para luchar por la transformación socialista de la sociedad. Sólo una Federación Socialista de Oriente Medio puede ofrecer libertad, paz, unidad y prosperidad duradera a las masas de la región.

– ¡No a la intervención imperialista!

– ¡Por una segunda revolución árabe!

– ¡Por una Federación Socialista de Oriente Medio!