viajeros

Potosí: cómo y por qué combatir al regionalismo


A conclusión de los 27 días de paro cívico en Potosí, el vicepresidente de diputados Víctor Borda, de esta región, aseveró que no había ningún daño a la imagen del gobierno que no se podía reparar con obras. Estos últimos meses en cambio demuestran que esta manera paternalista de entender el ascenso del regionalismo está solo destinada a alimentarlo.

Hemos tenido en pocos meses anuncios de la Alcaldía y la Gobernación que se estudiaría la realización de una fábrica de cemento y otras obras en Potosí, pero al mismo tiempo una de las votaciones por el No al Estatuto autonómico con más claros rasgos de voto castigo al MAS entre los departamento convocados a referendo. Hemos tenido un exitoso Ch’utillos, pero una de cada dos fraternidades y todas las principales que pasaban por el palco autoridades, coreaban el lema “Potosí Federal” junto a los espectadores en las graderías.

Después del referendo autonómico, COMCIPO ha empezado a estructurar comisiones para la redacción de un nuevo Estatuto. Este no es el procedimiento legal, pero tiene legitimidad política porque el No fue un triunfo de COMCIPO, única organización habilitada a la campaña contra el Estatuto. Participan de estas comisiones también autoridades originarias y organizaciones de algunas provincias, además de las que conforman COMCIPO que utilizará este espacio también para tejer alianzas departamentales en función del proyecto federalista y de la campaña por el No a la reelección a la cual la entidad cívica ha anunciado que se sumará.

Estas posibilidades de ampliar la base de COMCIPO no son consecuencias del paro cívico sino en cierta medida causas del mismo, como señalamos. El rechazo a un Estatuto que fue, se dijo, socializado con las organizaciones departamentales, demuestra que la brecha entre el MAS, sus dirigentes y el pueblo pobre y trabajador se ha ensanchado. Hasta que no existan hechos que los sacudan de su rutina, las bases pueden tolerar que se defiendan a dirigentes involucrados en la corrupción del Fondo Indígena o que recurran al abuso para someter sindicatos y organizaciones agrarias y obreras al partido gobernante. Pero las cosas han cambiado y solo el MAS parece no haberse dado cuenta de esto.

Desde el paro en adelante los factores de crisis van emergiendo con siempre mayor claridad. La abrupta caída del precio internacional de la quinua impulsa el abandono rural y de este cultivo en muchas áreas. La planta de leche de quinua de Uyuni, que como muchos otros proyectos la Gobernación ya ha inaugurado dos veces, tiene una capacidad de 4 mil litros mes, es decir 700 bolsitas diarias que no cubren ni el desayuno escolar de Uyuni, imagínense impedir que Bolivia pierda cuotas de mercado mundial de este cereal.

El gobierno municipal del MAS vive hasta ahora de anuncios de futuras grandes obras, pero absolutamente nada ha hecho, ni siquiera un gesto político, para enseñarle al pueblo quienes son sus verdaderos enemigos. Ninguna política tributaria contra los poderíos económicos locales para generar recursos a favor de la creación de empleos, ninguna acción contra la contaminación minera, la misma búsqueda de apoyo de dirigentes corruptos en vez de abrir espacios de participación democrática de las bases.

Con la excusa de la reorganización de los mercados, la Alcaldía ha resuelto prohibir la feria tradicional de los comerciantes viajeros, temiendo la reacción de los gremiales potosinos, el sector más azotado por la crisis y que más cuerpo le dio al paro cívico. El resultado ha sido duros enfrentamientos entre comerciantes del interior del país y gremiales potosinos. La Alcaldía ha remitido la papa caliente a la fiscalía. Una guerra entre pobres que refuerza al regionalismo porque refuerza la convicción que nuestra situación sea responsabilidad de las “elites” del eje central que nos saquean.

La pequeña burguesía vive de una competencia extrema en la lucha por la sobrevivencia. Su dependencia y debilidad frente al banco que le presta dinero y al gran comerciante que le suministra productos, no le permiten combatir estos poderes. Es más fácil para ella dirigir su frustración hacia el comerciante viajero, o las señoras del campo que se asientan en las aceras cerca de los mercados. Solo bajo la dirección del proletariado la pequeña burguesía toma consciencia de su fuerza y se anima contra quienes la explotan realmente.

Los dirigentes de la COD potosina han brillado por su ausencia de todas las luchas obreras locales así como por su prorroguismo y por tener un diputado con el MAS del que nadie sabe nada. Así como pronosticamos, la renuncia de los sindicatos mineros a hacer suya la consigna por la nacionalización de la minería que el pueblo levantaba en las calles no solo ha distorsionado en función regionalista esta lucha, sino que se ha retorcido en contra de los propios mineros como el caso de la Reserva Tres Amigos ha demostrado.

El regionalismo solo puede ofrecer guerra entre pobres y un modelo de desarrollo que no es en nada substancial diferente del rentismo minero, la dependencia del excedente de la minería, de las multinacionales y de empresarios locales. El regionalismo solo se puede combatir con una política de clase, es decir de unión del pueblo pobre y trabajador alrededor de su vanguardia obrera para que la crisis la paguen multinacionales y burguesía.

El MAS que con el vicepresidente se erige a garante de las multinacionales mineras mientras el pueblo reclama la nacionalización, resulta luego incapaz incluso de un tibio reformismo, limitándose a acreditarse como mejor administrador del existente, es decir el capitalismo. Cada día que pasa demuestra que el regionalismo no es un “sentimiento” de envidia por las obras en otros departamentos. Es una señal que la pequeña burguesía no encuentra respuestas en la política de colaboración del MAS a la cual la COB se ha subordinado. Solo construyendo una firme oposición social a la colaboración de clases se podrá evitar que sea la derecha a capitalizar esta situación.