Qué decidirá la CIJ de La Haya y qué sucederá después


Culminada la etapa de los alegatos, toca esperar el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) mientras en Bolivia la unidad nacional cederá el paso al debate sobre las estrategias para después del juicio.

La mayoría de comentaristas y juristas internacionales concuerdan en sostener que Bolivia ha podido demostrar ante la CIJ la obligación jurídica de Chile a negociar en virtud de sus múltiples compromisos a lo largo del siglo pasado. Aunque esto fuese cierto, no se agota así la cuestión.

La estructura argumentativa del equipo jurídico boliviano en La Haya puede resumirse así: los actos de Chile lo obligan a negociar y determinan el objeto de la negociación en la búsqueda consensuada de una fórmula para la concesión a Bolivia de una salida soberana al mar, como resarcimiento histórico por la Guerra del Pacífico. Si uno solo de estos nexos se pierde o se atenúa, Bolivia podría recibir un fallo favorable que declara la justeza de su reclamo pero no refuerza concretamente su posición ante Chile.

De hecho en la resolución que declaraba su competencia a tratar el caso, que analizamos en su momento, la CIJ afirmaba: “aun asumiendo, por hipótesis, que la Corte encontrara la existencia de una obligación [a negociar], no correspondería a la Corte predeterminar el resultado de cualquier negociación que tuviese lugar en consecuencia de dicha obligación”. El fallo deberá aclarar si esto se interpreta en sentido que la Corte no puede decir a cuales condiciones Chile debe otorgar a Bolivia un acceso soberano al mar, o que no puede pronunciarse adelantando el acceso al mar y con soberanía como “resultado de la negociación”.

Cabe recordar además que, contrariamente a lo que han venido afirmando algunos funcionarios públicos, no es cierto que los fallos de la CIJ son siempre de estricto cumplimiento so pena del aislamiento internacional. Ya hicimos los dos ejemplos clásicos: el caso de Nicaragua contra EEUU y de Palestina contra Israel, que, sin embargo, no son los únicos.

Paradójicamente un fallo completamente favorable a Bolivia repercutirá inevitable y negativamente sobre la unidad nacional que el país exhibió en estos días. Los partidos “de  la firmeza” y “de la conciliación” con Chile o eventuales regionalismos y disensos ante propuestas de canje territorial emergerán con mayor claridad inaugurando el clima electoral del próximo año. Evo Morales necesita abrir el canal de negociación con Chile para mantener la dirección del frente interno, por esto su actitud de distensión con Piñera.

Evo Morales entiende que en el actual contexto chileno el único gobierno que tiene suficiente libertad a su derecha para abrir negociaciones con Bolivia sin sufrir excesivas repercusiones políticas es el de Piñera. En este sentido puede decirse que Bolivia apoya sus aspiraciones en la derecha chilena, que sin embargo utiliza la “amenaza boliviana” contra todos los exponentes políticos, como Guiller, que se manifiesten a favor de un canje territorial con Bolivia.

Lo mismo ocurre con la imposición del actual ilegitimo gobierno de Honduras. En 2009 sindicatos, movimientos sociales y activistas políticos nos movilizamos en Bolivia contra el golpe en el país centroamericano. Hoy en cambio en nuestro país se ha hablado de Honduras solo como pretexto para justificar la reelección de Evo. Esta “desideologización” de las relaciones diplomáticas de Bolivia modera y diluye el programa antiimperialista del gobierno, debilitándolo al fin, como entiende la derecha que usa el pretexto del apoyo internacional a la causa marítima para forzar un alejamiento de Bolivia con Venezuela.

Independientemente del juicio histórico sobre la Guerra del Pacífico que fue en todo caso digitada por el imperialismo en defensa de sus propios intereses, defendemos, como marxistas antes que bolivianos, la necesidad que Bolivia recupere su condición marítima. Sin esto la burguesía chilena como la boliviana seguirán utilizando este reclamo para descargar sobre el enemigo externo su propia debilidad y el relativo subdesarrollo al que nos condenaron.

De hecho en Chile Piñera ya ha empezado con su vergonzosa retorsión chovinista hacia Bolivia y los trabajadores de nuestro país emigrados a Chile en defensa del puñado de familia que usufructúan las costas chilenas. Aquí en cambio desde la Revolución del 1952 hasta hoy en día nuestra condición mediterránea sigue siendo utilizada como excusa por el nacionalismo burgués y el reformismo para afirmar que Bolivia sin mar no puede ser socialista.

Sin embargo la perspectiva nacionalista de coexistencia con el capitalismo, defendida por el MAS, contribuye, por todo lo expuesto, al mantenimiento del estatus quo y se retuerce finalmente contra las propias luchas populares antiimperialistas y sobre este anhelo boliviano.

La estrategia internacionalista y proletaria que defendemos es hacer de Bolivia el centro y la chispa de la revolución social latinoamericana. Bolivia recuperará el mar dentro de una Federación Socialista Latinoamericana, prólogo de la revolución mundial. Esta es además la única manera para que el retorno al mar no signifique solo una revancha histórica que se transforme pronto en decepción. De hecho Bolivia por sí sola no cuenta con el volumen de comercio exterior que le permitiría desarrollar puertos bajo las actuales condiciones impuestas por las grandes multinacionales que controlan el tráfico comercial marítimo.

Que la experiencia en La Haya lo confirme o en cambio sirva a agudizar las tensiones con Chile, dependerá de cómo el movimiento obrero reaccionará encontrando en sí mismo la alternativa a las presiones nacionalistas burgueses a las cuales será sometido. Es decir, en última instancia, de como los revolucionarios sepamos organizarnos y acompañar este proceso de maduración.