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Salud: poco para todos y todo para pocos


Este artículo fue escrito antes de que el gobierno, a falta de consenso, cierre el debate con los médicos en paro sancionando el nuevo Código Penal con el cuestionado artículo sobre la mala praxis. Esta promulgación sin embargo no cambia de una coma nuestro análisis.

La demagogia que el gobierno y los medios de comunicación vomitan a diario sobre los médicos en paro es la más clara expresión de que la crisis de la salud en nuestro país ha tocado el fondo. Urge un cambio profundo, pero ¿quién y cómo puede impulsarlo?

La personalización de esta crisis en la figura de los mandiles blancos es a su vez otro indicio de la crisis que atraviesan el MAS y el gobierno. Una ministra de comunicación que entra duro a romper las piernas de un frágil preacuerdo, muestra la combinación de servilismo y ansia de protagonismo que dominan en el oficialismo. Un verdadero gobierno de los movimientos sociales ya la habría revocado.

La ministra niega a los médicos el “perdón del pueblo”, los llama “privilegiados”, ladrones de vidas y “mercaderes de la salud”. Es muy grave que una ministra, en su furia populista, olvide que en nuestro país los usuarios pagamos por la salud y lo que se paga es siempre parte de un mercado. Pagamos cirugías, traslados en ambulancia, tratamientos y fármacos especiales etc.

Después de haber liberado a todas las demás profesiones de los alcances del artículo 205 del nuevo Código Penal que establece las sanciones para la mala práctica, ha quedado en claro que el objetivo de esta norma son exclusivamente los médicos. Estos han visto así esfumarse la posibilidad, que proponían desde 2014, de consensuar sanciones a la negligencia médica en una ley integral de salud y han madurado una absoluta desconfianza en la ministra de salud que se había comprometido a convocarlos a integrar un comité para plasmar esta propuesta.

El gobierno ha creado el fetiche de los “malos médicos privilegiados” para esquivar sus propias responsabilidades con la salud pública y su crisis. En los últimos años se ha reducido el número de nosocomios de segundo (de 238 a 219) y de tercer nivel (de 71 a 66). Tenemos un déficit de camas hospitalarias por habitante y un déficit de personal (1 medico por cada 18 camas cuando el estándar internacional es de 1 médico cada 6 camas hospitalarias).

El presupuesto general del Estado para 2018 asigna a la salud el 6,8% del PIB, más bajo del promedio latinoamericano del 14,2% y más bajo de aquel 11% que aseguraron que Bolivia gasta cuando el Padre Mateo lanzó su campaña por el aumento del presupuesto en salud. Es decir que en 2018 el Estado gastará aproximadamente $us 180 para la salud de cada boliviano y boliviana, el presupuesto más bajo de toda América Latina y entre los más bajos al mundo.

El gobierno ha incrementado los hospitales de primer nivel, de más fácil acceso para los sectores marginados. Sin embargo al no impulsar de igual manera todo el sistema, ha creado un cuello de botella y un caos en la atención médica especializada. La insuficiencia del gasto en salud es agravada por los incentivos de vario tipo a multinacionales y empresariado nacional, financiados recortando la transferencias a las administraciones locales encargadas de la gestión hospitalaria. Así el cambio en la salud se reduce a que antes teníamos poco para muchos y mucho para pocos, y ahora tenemos poco para todos y todo para pocos.

Es la crisis de este modelo lo que genera presiones sobre los trabajadores en salud y los conflictos. La sucesión de acuerdos incumplidos y ataques de todo tipo ha generado enorme susceptibilidad entre los médicos. Pero sin el acompañamiento de la movilización obrera el paro médico nunca podrá salir de sus objetivos gremiales, que solo indirectamente señalan la crisis de la salud pública. Una COB dividida como es ahora, con centrales departamentales que eluden el debate con los afiliados del sector salud para cubrir el flanco del gobierno, es a su vez incapaz actualmente de plantear una solución a esta crisis.

Como sea que acabe la lucha de brazos entre los médicos y el gobierno, es más que seguro que le seguirá una cacería de brujas contra los dirigentes y las organizaciones profesionales. La crisis de la salud en Bolivia no será solucionada. Los trabajadores que reivindicamos una salud pública, de calidad y gratuita hoy por hoy debemos hacer experiencia de este paro y luchar por recuperar nuestra Central Obrera y por levantar nuestra alternativa política.