Situación prerrevolucionaria en Grecia – Un análisis marxista


El centro de la revolución mundial se ha desplazado ahora hacia el continente europeo. La crisis del euro se parece a una interminable agonía, mientras un país tras otro se ve arrastrado en el torbellino. Las cumbres europeas “decisivas” se siguen una tras otra, cada una de ellas proclamando el fin definitivo de la crisis del euro. Las Bolsas suben por unas horas o días y luego vuelven a caer una vez más. El índice de las Bolsas europeas se parece a un termómetro que muestra la evolución de un paciente enfermo terminal.

Esta turbulencia en los mercados es un fiel reflejo del estado de ánimo de la burguesía, que se caracteriza por un nerviosismo extremo. Esto, a su vez, es un reflejo del hecho de que la crisis actual no tiene paralelo en su alcance, incluso superior a 1929-33. En muchos países europeos, la otrora anunciada “recuperación” ha sido inexistente. La burguesía se encuentra a la deriva en aguas desconocidas sin mapa ni brújula. El inevitable colapso del euro, en palabras de un estratega burgués, se convertiría en la mayor conmoción de nuestra época, amenazando con sumir al mundo en otra Gran Depresión.

Europa está en el ojo de la tormenta, pero Grecia en este momento se encuentra en su epicentro. Toda cadena se rompe siempre por su eslabón más débil y Grecia es el eslabón más débil en la cadena del capitalismo europeo. Es el hombre enfermo de Europa, aunque hay también cierto número de otros pacientes en cuidados intensivos o en espera de admisión. Con el tiempo, ningún país escapará a la catástrofe que se avecina.

Grecia ya ha experimentado cinco años de derrumbe económico y se halla empujada hacia abajo aún más con cada giro del círculo vicioso de la austeridad. Desde 2008, su PIB se ha reducido en casi un 20 por ciento. La producción industrial ha caído un 34 por ciento entre 2008 y el primer trimestre de 2012. El desempleo ha aumentado de forma espectacular hasta el 24 por ciento de la fuerza laboral, con la predicción de un aumento al 28 por ciento a finales de este año. El desempleo de los jóvenes entre 18 y 24 años se sitúa en el 55 por ciento. Los salarios mensuales del sector privado han caído entre un 50 y un 55 por ciento. Medio millón de trabajadores no han cobrado desde hace más de tres meses. Hospitales sin medicamentos, tiendas sin comida y escuelas sin libros. El conjunto de la sociedad griega se está desmoronando. Estas condiciones han provocado ya 18 huelgas generales y han dado lugar a una situación prerrevolucionaria – la primera en Europa desde hace 35 años. Es el reflejo de lo que va a suceder en el resto de países. Esto significa que la revolución europea, con todo tipo de cambios y giros, ha comenzado.

Dada la situación prerrevolucionaria en la que se encuentra Grecia, ¿cuáles son sus características? En primer lugar, hay una crisis aguda del régimen y una creciente inestabilidad social. La conciencia de los trabajadores comienza a adecuarse con la situación objetiva, no gradualmente sino a grandes saltos. Las masas empiezan a salir de su vieja rutina y se vuelven cada vez más radicalizadas. En tal situación, un partido revolucionario podría ponerse a la cabeza de las masas y preparar el camino para la toma del poder. No obstante, cuando tal partido no está presente, una crisis prerrevolucionaria puede durar por un período de tiempo prolongado, pasando por diversas etapas de flujo y reflujo de la lucha de clases. Ese fue el destino de la revolución española entre 1931 y 1937.

El análisis de Trotsky

En el período anterior a la segunda guerra mundial, Trotsky analizó cómo una situación revolucionaria puede surgir a partir de una prerrevolucionaria:

”La situación revolucionaria sólo se da cuando las condiciones económicas y sociales que permiten la revolución provocan cambios bruscos en la conciencia de la sociedad y de sus diferentes clases. ¿Qué cambios?

a) Para nuestro análisis tenemos que tener en cuenta las tres clases sociales: la capitalista, la clase media o pequeña burguesía, el proletariado. Son muy diferentes los cambios de mentalidad necesarios en cada una de estas clases.

b) El proletariado británico sabe muy bien, mucho mejor que todos los teóricos, que la situación económica es muy grave. Pero la situación revolucionaria se desa­rrolla sólo cuando el proletariado comienza a buscar una salida, no sobre los carriles de la vieja sociedad sino por el camino de la insurrección revolucionaria contra el orden existente. Esta es la condición subjetiva más importante de una situación revolucionaria. La intensidad de los sentimientos revolucionarios de las ma­sas es uno de los índices más importantes de la madu­rez de la situación revolucionaria.

c) Pero la etapa siguiente a la situación revoluciona­ria es la que permite al proletariado convertirse en la fuerza dominante de la sociedad, y esto depende hasta cierto punto (aunque menos en Inglaterra que en otros países) de las ideas y sentimientos políticos de la clase media, de su desconfianza en todos los partidos tradicionales (incluyendo al Partido Laborista, que es refor­mista, vale decir conservador) y de que deposite sus esperanzas en un cambio radical, revolucionario de la sociedad (y no en un cambio contrarrevolucionario, o sea, fascista).

d) Los cambios en el estado de ánimo de la clase media y del proletariado corresponden y son paralelos a los cambios en el estado de ánimo de la clase domi­nante. Cuando ésta ve que es incapaz de salvar su sistema, pierde confianza en sí misma, comienza a desin­tegrarse, se divide en fracciones y camarillas.”

Más adelante Trotsky explica:

”No se puede saber por adelantado, ni indicar con exactitud matemática, en qué momento de estos procesos está madura la situación revolucionaria. El partido revolucionario sólo puede descubrirlo a través de la lu­cha por el crecimiento de sus fuerzas e influencia so­bre las masas, sobre los campesinos y la pequeña burguesía de las ciudades, etcétera; y por el debilitamiento de la resistencia de las clases dominantes.” (León Trotsky “¿Qué es una situación revolucionaria?”, noviembre de 1931)

El ascenso de Syriza

La aparición de una crisis prerrevolucionaria en Grecia se vio reflejada en los acontecimientos del último periodo. La creciente oposición a las medidas de austeridad del gobierno del PASOK dio lugar a su caída y a la llegada al poder del gobierno tecnocrático de Papademos, lo cual logró mantener la línea tan sólo por un período muy breve, dando lugar a nuevas elecciones. Las primeras elecciones en mayo vieron una dramática caída en el apoyo a los partidos tradicionales, lo que produjo una parálisis parlamentaria. El impresionante aumento en el apoyo a Syriza, que en su mayor parte proviene de los trabajadores y jóvenes radicalizados, aterrorizó a la burguesía griega e internacional. La perspectiva de una coalición de izquierda constituía un anatema. Esto dio lugar a una campaña masiva por parte de los capitalistas griegos, apoyados por el capital internacional, para desacreditar a Syriza en la segunda ronda.

“Queríamos elecciones pronto, porque después de junio habría un gobierno bolchevique”, declaró Chryssanthos Lazarides, el asesor jefe de Nueva Democracia. El objetivo de esta campaña de miedo era aterrorizar a la población para que votara a Nueva Democracia. La segunda vuelta de las elecciones de junio vio una polarización masiva. Mientras que Nueva Democracia aumentó sus votos respecto a sus resultados de mayo para ganar las elecciones, lo hizo asustando a los sectores más atrasados ​​políticamente de las capas medias para que votaran a ND. Sin embargo, las elecciones también representaron un gran impulso para Syriza. Dadas sus raíces en la tradición comunista griega, esto refleja una mayor radicalización de las masas.

La victoria electoral de Samaras sólo puede describirse como una victoria pírrica. Mientras que la derrota de Syriza es probable que señale una pausa temporal en la lucha de masas, sobre todo después de las batallas agotadoras de los dos años anteriores, pero que no va a ser de larga duración. Nuevas batallas se perfilan mientras las masas griegas buscan una salida a la crisis.

La troika formada por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea es absolutamente odiada en Grecia. La nueva coalición de derecha de Nueva Democracia, PASOK, e Izquierda Democrática, constituye un gobierno traidor inestable que ha abandonado inmediatamente su promesa electoral de renegociar el Memorando. En realidad, las elecciones no han solucionado nada. La inestable base social de Samaras es muy frágil a la hora de lanzar una nueva ofensiva contra la clase obrera griega. Él ha prometido nuevos recortes de austeridad de 3 000 millones de euros para el resto de 2012 y de 11 600 millones para los siguientes dos años. Sin embargo, esto ya ha provocado la renuncia del viceministro de Trabajo y jefe del programa de privatización en cuestión de semanas después de asumir el cargo. El apoyo electoral de la coalición comenzará rápidamente a erosionarse.

Syriza se ha convertido en un punto de referencia para los militantes avanzados y jóvenes radicalizados, que han comenzado a entrar en sus filas. El PASOK, que era el partido de masas de los trabajadores, se ha reducido en tamaño e influencia. Su entrada en la coalición encabezada por Nueva Democracia continuará este proceso. El apoyo de la clase obrera a Syriza se puede ver en los votos que obtuvo en las áreas proletarias fuertes de Atenas y otros lugares. Muchos de los antiguos partidarios del PASOK se han desplazado a Syriza. El partido ahora espera reclutar entre 40 y 50 000 nuevos miembros en los próximos meses a través de asambleas locales. Tiene el potencial para convertirse en el nuevo partido de masas de la izquierda. Sin embargo, la dirección del partido sigue estando dominada por los reformistas, que han traído consigo las peores características del antiguo partido eurocomunista, Sysnaspismos.

Syriza hoy se compone de diferentes tendencias de derecha a izquierda. Tsipras, el popular líder de Syriza, ha tenido éxito en labrarse el apoyo mediante la proyección de una imagen de izquierda y de oposición a la austeridad. Se sitúa a la izquierda, pero hay que decir que su programa es confuso. En una situación tan alarmante, tal confusión es peligrosa. Su promesa de renegociar el Memorando al mismo tiempo que promete permanecer dentro de la eurozona es un reflejo de ello. Cualquier renegociación está completamente descartada por Bruselas y Berlín, que exigen que Grecia pague sus deudas en su totalidad. No pueden tolerar cambios reales en los compromisos de reducción de la deuda de Grecia porque Portugal, Irlanda y el resto de miembros endeudados exigirían el mismo trato. Esto daría lugar a una desintegración mucho más rápida del euro e incluso de la Unión Europea en algún momento.

Cualquier rechazo del Memorando significaría que Grecia quedaría expulsada no sólo de la eurozona sino también de la UE, aislada de los mercados internacionales de dinero e incapaz de pedir dinero prestado para pagar los salarios y las pensiones. Todos los intentos por encontrar un solución “realista” dentro de los límites del capitalismo sólo acabarán en desastre. El resultado final, sobre una base capitalista, se parecería a un colapso como el de Alemania en 1923, con caídas drásticas en los niveles de vida e hiperinflación. Grecia tendría todas las de verse empujada hacia una situación revolucionaria.

”El desarrollo económico de la sociedad es un pro­ceso muy gradual, que se mide en siglos y décadas”, explicaba Trotsky. “Pe­ro cuando se alteran radicalmente las condiciones eco­nómicas, la respuesta psicológica, ya demorada, puede aparecer muy rápido. Y así sucedan rápido o lentamen­te, esos cambios inevitablemente deben alterar el estado de ánimo de las clases. Solo entonces tenemos una situación revolucionaria.” (Ibíd.)

La tendencia de izquierda más importante dentro de Syriza, dirigida por Panagiotis Lafazanis, exige un retorno al dracma como una solución a los problemas de la deuda. Pero esto sólo sería otro camino hacia la ruina para los trabajadores sobre la base del capitalismo. El valor de un nuevo dracma se hundiría, lo que provocaría una nueva caída del nivel de vida. Para la clase obrera, no se trata de estar dentro o fuera del euro. De cualquier manera, los trabajadores perderían. El problema al que se enfrenta el pueblo griego no es un problema de moneda, sino una crisis del sistema capitalista. Este enfoque confuso en cuestiones vitales en nombre de la izquierda griega sólo empeorará las cosas y no ofrece ningún camino a seguir para los trabajadores.

Un programa marxista

Desde el punto de vista del día a día, la situación económica de las masas se vuelve cada vez más grave. La crisis sacude a las masas de su apatía pasada en todas partes. Hay un creciente fermento en la sociedad, en especial entre las clases trabajadora y media. Un estado de ánimo crítico se está desarrollando rápidamente, junto con un cuestionamiento del sistema capitalista, algo que no se daba antes. Se trata de cambios repentinos y bruscos en la situación, como explicó Trotsky, que crean una conciencia revolucionaria entre las masas. Esto constituye la característica esencial de una crisis prerrevolucionaria en la sociedad.

Las sectas ultraizquierdistas están gritando acerca de la amenaza inmediata del fascismo. Son como el tonto ruso que cantaba canciones fúnebres en las bodas y en los funerales canciones de boda, y era duramente vapuleado en ambas ocasiones. Mientras que durante el próximo período veremos una fuerte polarización hacia la izquierda y hacia la derecha, como en Grecia y Francia, no hay ninguna posibilidad de reacción fascista o bonapartista en Europa en el futuro inmediato. Si bien, a diferencia de las sectas, no hay que exagerar el crecimiento del fascismo griego alrededor de Amanecer Dorado, constituye sin embargo una advertencia a la clase obrera de lo que podría venir si no se dirige hacia la toma del poder.

Hoy en día, el equilibrio de fuerzas en la sociedad está abrumadoramente a favor de la clase obrera. Las reservas sociales de la reacción son muy pequeñas en comparación. El campesinado ha quedado reducido, mientras que la clase obrera ha crecido enormemente en fuerza y ​​cohesión. No obstante, si a lo largo de cierto número de años, no hay ninguna solución a la vista, sectores atrasados ​​de las clases medias podrían llegar a desesperarse y de la desesperación podrían girar hacia la reacción. La clase dominante griega, ante la inestabilidad sin fin, la agitación social y los conflictos laborales, comenzaría a prepararse para la reacción. Entonces, se promovería el lema del “orden” y los complots y conspiraciones harían su aparición, como la conspiración Gladio en la década de 1970. Luego, en un momento dado, podrían avanzar hacia un golpe militar, como en 1967, con las bandas fascistas como auxiliares. Pero teniendo en cuenta las tradiciones revolucionarias de Grecia, semejante provocación conduciría a la guerra civil, y la clase dominante no estaría segura de ganarla. ¡Esta es una advertencia! Pero esta no es la música del presente, sino la del futuro.

Durante el próximo período, todos los partidos, incluyendo Syriza, serán puestos a prueba. Desde las últimas elecciones, la dirección de Syriza ha moderado su posición, abandonando la demanda de la nacionalización de los bancos y sustituyéndola por el “control” y reemplazando la cancelación del Memorando por una “renegociación”. Esta es una pendiente resbaladiza. No existe solución para las masas griegas sobre la base del capitalismo, ya sea dentro o fuera del euro. El capitalismo griego se halla demasiado enfermo como para poder permitirse el lujo de reformas. Por el contrario, una austeridad viciosa es lo que está en la agenda, ya sea dentro de la UE o fuera. Sostener otra cosa es engañar a la clase obrera, pues no hay término medio en esta situación.

Los acontecimientos también provocan debates y cuestionamiento dentro del Partido Comunista griego, el KKE, que ha desempeñado un papel muy sectario hasta ahora. La pérdida del 50% de sus votos entre mayo y junio ha generado agitación en sus filas. Los dirigentes del KKE se han negado a defender la política leninista del frente único hacia Syriza, limitándose a decir que el aumento de Syriza no representa más que otra formación de “centroizquierda” promovida por el establishment para reemplazar al PASOK. Todo este enfoque huele a estalinismo del “Tercer Período”, lo cual sólo puede servir para dividir el movimiento obrero, con consecuencias trágicas. El KKE tiene importantes raíces históricas en la clase obrera, construidas a lo largo de varias generaciones. En base a los acontecimientos, los militantes de base del partido entrarán en conflicto con el sectarismo de sus dirigentes. Sólo de esta manera serán capaces de desempeñar un papel clave en la revolución griega.

A pesar de todos los intentos de la burguesía para impedir que una coalición de izquierda llegara al poder, tarde o temprano, un gobierno de izquierda dirigido por Syriza surgirá. Esto abrirá una nueva etapa de la revolución griega. Tan pronto como llegue al poder, estará bajo la intensa presión de los trabajadores, por un lado, y de los capitalistas, incluido el capital internacional, por el otro. El gobierno de izquierda se verá obligado a tomar una decisión: o capitular ante la presión de los banqueros y los capitalistas, o movilizar a las masas para abolir el capitalismo. Esta es la cruda realidad. En una crisis tan grave, existe sólo una salida. Cualquier intento de jugar con el capitalismo y simplemente limitar su funcionamiento a través de medidas parciales sólo empeorará las cosas. Si un gobierno de izquierda no logra derrocar al capitalismo, y se ve obligado a operar dentro de sus límites, enajenará su apoyo, los trabajadores y la juventud, enajenará a las clases medias y allanará el camino para el retorno al poder de la derecha. Por supuesto, cualquier nuevo gobierno de derecha no va a resolver el problema y no duraría mucho tiempo tampoco.

Efecto electrizante

Hoy en día, los marxistas en Grecia participan plenamente en Syriza, también están realizando trabajo en los barrios, escuelas, universidades y sindicatos. Están decididos a construir el partido y a armarlo con un programa marxista como la única forma de avanzar. Esto significa el repudio del Memorando y la nacionalización de los bancos y los grandes monopolios – las palancas fundamentales de la economía – sin compensación y la organización de un plan socialista de producción bajo el control de los comités de trabajadores, pensionistas, estudiantes, así como de representantes de las pequeñas empresas. Esto pondría el poder en manos de la clase obrera griega. Dicho programa tendría un efecto electrizante en toda Europa, sumida en la crisis, empezando por España, Portugal, Italia y Francia. Tendría un impacto mundial similar a la revolución rusa de octubre de 1917. Habría una pronta respuesta a un llamamiento revolucionario a los trabajadores y a la juventud de todos los países para seguir el mismo camino y tomar el poder en sus manos. Ya no queda más espacio para el reformismo. Sólo un audaz programa revolucionario internacionalista puede resolver la crisis en interés de las masas.

En la actualidad, tras dos años de lucha, incluyendo 18 huelgas generales, y el revés sufrido en el frente electoral, la clase obrera griega está tomando un respiro momentáneo. Sin embargo, esta tregua no durará ya que las condiciones son demasiado graves. No puede haber un gobierno estable sobre la base de la terrible crisis del capitalismo griego. Esto queda descartado.

Mientras tanto, a la clase obrera se le presentarán numerosas oportunidades para llegar al poder. No habrá escasez de situaciones revolucionarias. No es necesario explicarles a las personas que lo han perdido todo que un cambio fundamental es necesario – no soluciones parciales o lemas “astutos”, sino que la completa destrucción del sistema actual es lo que se necesita. Es esencial que las fuerzas del marxismo griego se construyan lo más rápidamente posible. Los trabajadores y la juventud, empezando por las capas más avanzadas, tienen que ser ganados para la corriente marxista mediante un trabajo sistemático y enérgico.

La revolución griega en desarrollo ha demostrado que hemos entrado en una nueva época de guerras, revolución y contrarrevolución, y hoy la clave de la situación del mundo se encuentra en Europa, empezando por Grecia.

El capitalismo ha reanudado su agonía prolongada, una carga para las masas con una fatiga insoportable. La lucha de los estrategas del capital para encontrar una manera de salir del impasse significará imposiciones adicionales sobre los hombros de la clase obrera. Todo está preparado para las batallas y luchas de clase en un nivel no visto desde la Revolución Rusa. Acontecimientos, acontecimientos y más acontecimientos, sacudirán a todas las clases hasta sus mismos cimientos. Las condiciones objetivas para la revolución mundial no están simplemente maduras, sino que lo están ya en exceso. El sistema capitalista está en un callejón sin salida, que se refleja en la profunda crisis y la existencia de millones de desempleados.

La nueva generación tiene que armarse para las luchas venideras. La teoría y el programa del marxismo se convertirán en un arma inestimable en su arsenal revolucionario. Los jóvenes, que están siendo exprimidos y desechados por el capitalismo, están destinados a jugar un papel clave. Su entusiasmo e inspiración se deben incorporar  a las organizaciones de la clase obrera. “Sólo el entusiasmo fresco y el espíritu agresivo de los jóvenes pueden garantizar los éxitos preliminares en la lucha”, explicó Trotsky, “sólo estos éxitos pueden devolver los mejores elementos de la vieja generación al camino de la revolución.” Ganadas a la bandera del socialismo revolucionario, las organizaciones de los trabajadores pueden transformarse en organizaciones de lucha. Estamos a favor de la completa emancipación material y espiritual de la clase obrera a través de la revolución socialista. Sin esto, una catástrofe amenaza a toda la cultura de la humanidad. No hay tarea más grande que podamos tener ante nosotros.

No a la Europa de los banqueros y los capitalistas!

¡Por unos Estados Unidos Socialistas de Europa!