Sobre el llamado Bloque Cívico del Sur y nuestras diferencias


En ningún otro lugar del país la base popular del movimiento contra el resultado electoral es tan evidente como en el llamado Bloque Cívico del Sur y en particular en regiones como Potosí y Sucre. Es un hecho tangible, que el gobierno y el MAS se rehúsan a considerar porque no encaja en su narrativa del “triunfo de Evo y del pueblo” y lo pone frente a sus errores, mientras sectores opositores y de la ultraizquierda lo enfatizan de manera peligrosamente descontextualizada queriendo demostrar el contrario. Es imprescindible para todo el movimiento revolucionario y la clase trabajadora entender realmente qué ocurre en el Sur de Bolivia y por qué.

Cuando hablamos de las características populares de las movilizaciones en regiones como Potosí y Sucre no nos referimos solo a lo que cualquiera puede averiguar viendo un cualquier video de las marchas organizadas por COMCIPO o CODEINCA, es decir la presencia masiva de trabajadores, gremiales, pueblo pobre e incluso sectores indígenas. Nos referimos a esto, más a la dirección de estas organizaciones, a la radicalidad de este movimiento y a su efectiva capacidad de presión y de involucrar a sectores incluso decisivos de la clase trabajadora organizada. 

COMCIPO y CODEINCA que dirigen las movilizaciones en sus respectivos departamentos no son parte de la Coordinadora conformada a la cabeza de Carlos Mesa. Esto no significa que su movimiento no acabe favoreciendo a Mesa, y es sabido también que dirigentes como Pumari, presidente de COMCIPO, han abiertamente llamado al voto útil en favor de Mesa para derrotar a Evo. Sin embargo no deja de ser una señal indicativa: no es con el mismo apoyo y coordinación directa con Mesa de los dirigentes cívicos de La Paz o Santa Cruz que se podría movilizar al pueblo potosino o sucrense. 

Dentro la movilización en Sucre

En Sucre la COD ocupa un papel dirigente en las movilizaciones. Esta ha sido la única central obrera departamental que se ha desmarcado de los resultado del último congreso de la Central Obrera Boliviana, denunciando el prorroguismo de algunos de sus dirigentes, como el de la FSTMB y la intervención del gobierno para hacerse con el control de la COB, sin escatimar el uso de amenazas, procesos y desconocimiento del fuero sindical a varios dirigentes. Producto de esto los principales sindicatos de Sucre son vanguardia de las movilizaciones. 

Los de las empresas eléctricas y de agua fueron los que cercaron la gobernación, la policía sindical de los cabildos es de los fabriles de FANCESA, empresa pública donde la mala gestión del MAS desde alcaldía y gobernación ha producido varios desfalcos y casos de corrupción. Maestros,  trabajadores en salud representan una de las componentes organizadas más numerosas de las movilizaciones, que incluyen también a gremiales de varios mercados populares. Los petroleros, sector obrero afín al MAS, no se movilizan, pero hace solo unos meses estuvieron en huelga contra lo que definieron la conversión de YPFB en “botín de Alcaldía y Gobernación”

Por esto también en Sucre la marcha convocada por la Federación Única de Trabajadores de los Pueblos Originarios de Chuquisaca (FUTPOCH) no fue para desbloquear a la fuerza, sino bajo la consigna “auditoría [de la OEA] si, golpe de Estado no”. El gobernador, del MAS, Esteban Urquizu, entrevistado en esta marcha criticaba los “radicales” y alertaba contra el peligro de que vuelvan los “racistas”. Este peligro existe: el diputado que fue elegido en 2014 en la circunscripción del centro de Sucre, Horacio Poppe, es dirigente nacional de la Falange, histórica organización de la ultraderecha fascista boliviana que mantiene cierta presencia en Sucre, y aunque los falangistas no están jugando ningún papel visible en las movilizaciones, menos aún en su dirección, este no es hecho que pueda ser minimizado. 

El MAS y el movimiento campesino de Chuquisaca

Sin embargo el tono más conciliador de las declaraciones del gobernador Urquizu se debe también a que él mismo resultó electo por una maniobra del TSE controlado por el MAS, maniobra dirigida contra el ex dirigente campesino-indígena de la CSUTCB y la FUTPOCH, Damián Condori. Este último, que reclamaba ser candidato del MAS por los criterios de rotación que rigen en las comunidades originarias, fue desestimado desde La Paz y corrió por una agrupación ciudadana. La segunda vuelta contra Urquizu que se había ganado, le fue arrebatada sacando del cómputo pocos miles de votos de un frente cuyo candidato había renunciado pocas horas antes del voto y que pero seguía en las papeletas. Condori está ahora en detención domiciliaria por el Fondo Indígena. 

Esta manera burocrática de liquidar la disidencia interna repercute inevitablemente en la conciencia de algunos sectores campesino-indígenas . Recordamos también que tan solo hace pocos meses, en marzo, ayllus de la nación Qhara Qhara marcharon hacia La Paz rechazando la titulación individual de la tierra que lleva adelante el INRA en su territorio. El ministro de gobierno Romero los recibió con el consueto libreto conspirativo y de desprecio, y Cocarico, ministro de tierra, sin responder a ninguno de los pedidos puntuales de los marchistas, los acusaba de querer “deslegitimizar la calidad del gobierno indígena del presidente Evo Morales” con una marcha política (palabra que en estos años se ha vuelto igual que “delito”). Así los Qhara Qhara participaron del cabildo de hace unos días en Sucre y al movimiento cívico.

La lucha por Incahuasi y CODEINCA

Lo que ha catalizado y ordenado todo estos elementos de insatisfacción, decepción y lucha contra las políticas del MAS, ha sido sin duda la cuestión de Incahuasi, este campo gasífero que Chuquisaca asegura estar dentro de su territorio y una empresa internacional coloca en territorio del departamento de Santa Cruz. De la lucha por las regalías de Incahuasi se afianzó el Comité en Defensa de los Intereses de Chuquisaca (CODEINCA). En la posibilidad de recibir más regalías los chuquisaqueños veían una salida a la condición, que comparten justamente con Potosí, de departamentos más pobres de Bolivia. Y el mismo gobernador veía una posibilidad de reponer ingresos perdidos debido a la caída de las exportaciones de gas. Una vez más el regionalismo, legado de la geografía y del subdesarrollo de nuestro país, emerge como bandera capaz de asegurar una movilización incubada en el tiempo cuando se arría la lucha de clases.

Como escribimos en un artículo publicado en aquellos días sobre el tema “de quién es Incahuasi es una pregunta política. La respuesta es: de las multinacionales. El campo está operado al 50% por la multinacional francesa TOTAL, seguida por Gazprom y otros. YPFB participa con apenas el 10% “. Por otro lado, mientras una ley del Estado recortaba el 12 por ciento del IDH, el impuesto por la venta del gas, transferido a las administraciones locales, las grandes petroleras han acumulado 9000 millones de dólares en desembolso por “costos recuperables”, que nunca han sido fiscalizados como tampoco lo es la cuota de participación de las multinacionales en el negocio del gas después que la nacionalización quedó reducida a contratos de asociación público-privado y aumento de impuestos. 

Potosí hasta el federalismo

Potosí ha pasado desde hace más tiempo por la misma acumulación de malcontento que, en ausencia de alternativas políticas, se ha cristalizado en reclamos regionales. El grito “Potosí federal” se ha naturalizado y hay intereses convergentes en presentarlo como una reivindicación genuina e histórica del pueblo potosino. Sin embargo en 2006 Potosí fue uno de los departamentos donde el rechazo a las autonomías regionales consiguió uno de sus más elevados porcentajes (74%). En Potosí Evo ganaba por amplia mayoría ya en 2002 y en el referéndum revocatorio de 2008, en plena lucha al separatismo de la Media Luna, hasta el cuestionado prefecto masista Virreira fue ratificados con más del 80 por ciento del voto, expresión de un voto militante por el MAS y no solo por Evo.

Luego en 2008 la ciudad y parte del departamento pararon en apoyo a los comunarios de Coroma que lamentaban avasallamiento de su territorio por parte de comunidades limítrofes de  Oruro. Estábamos en plena “fiebre de la quinua” y este conflicto que no tenía salida por vía administrativa, como lo afrontó el gobierno, podía ser solucionado en el marco de la revolución agraria y la conformación de empresas comunitarias de producción de alimentos. Sin embargo, no solo el MAS no solucionó este conflicto, al relegarlo a una cuestión de limites departamentales, sino que tampoco pudo dar alternativas políticas a la generación de jóvenes protagonista de estas primeras lucha, que se han ido encerrando en los callejones sin salida del Partido Verde primero y del MTS de Patzi recientemente. 

El poder de las multinacionales en Potosí

Para los que creen que cualquier medio es justificado por el fin, recordamos que la moral revolucionaria parte en cambio de la justificación del fin. Mientras combatía a todos aquellos que llevaban posiciones regionalistas que no sabía interpretar, la burocracia del MAS en Potosí, orgánicamente incapaz de la más mínima autocrítica, primero se aliaba al ex alcalde opositor Joaquino, resignando votos en 2014, y en las últimas elecciones postularon al más claro ejemplo del saqueo a Potosí, un empresario minero ex diputado por Banzer y por Goni, con resultados por debajo del 20 por ciento en la capital y una caída del 70 al 40 por ciento en el departamento. 

En 2012 se abrió otro frente en Mallku Khota, veta minera cuya concesión a una multinacional fue revertida por la presión de los comunarios del lugar, quienes sufrieron la intervención de sus organizaciones y la detención de su dirigente Cancio Rojas. Actualmente el propio Rojas informa que la mina sigue sin ser explotada. Finalmente en 2015, Potosí paró nuevamente por 27 días consecutivos con las mismas reivindicaciones actuales: el litio y el desarrollo departamental. La arrogancia del ministro Quintana que, al defender de manera torpe el gobierno, afirmaba que las canchas de césped sintético construidas donde se necesitan hospitales hacen “prevención en salud”, ha quedado impresa de manera indeleble en la memoria de todo el pueblo pobre y trabajador de Potosí. 

Ya hemos expresado en otros artículos nuestras críticas al DS 3738 que liquida el sueño de industrialización del litio y concede privilegios a una multinacional alemana sin ninguna experiencia comprobada en el sector, con la increíble justificación que así se abre el mercado europeo (como si para vender gas a Brasil tendríamos que vender YPFB a Petrobras). Es muy reciente además la experiencia de los mineros de San Cristóbal, de cuya lucha traicionada por la COB y el gobierno hablamos en nuestra revista. El poderío de las multinacionales en este departamento minero ha quedado invariado y en unos casos, como Porco, se ha simplemente adaptado a la coparticipación con el Estado que las protege frente a la actividad sindical. 

La búsqueda de alternativas

En el paro de 2016 el pueblo potosino, rebasando la dirección cívica, tomó las instalaciones de San Bartolomé, principal operadora en el Cerro Rico exigiendo su nacionalización. El mismísimo vicepresidente García Linera salió descartando nacionalizaciones y declarando “el Gobierno no lo va a permitir, los trabajadores no lo van a permitir, ustedes (empresa) hacen un buen trabajo, sigan haciendo su buen trabajo”. En los días previos a las elecciones, el gobierno ha concedido por 30 años el enorme yacimiento de plata, zinc y plomo de Pulacayo-Paca a una multinacional canadiense la cual en su página web confirma que la concesión es al 100% y gracias a esto, tratando nuestros recursos como propios, ha obtenido un aumento del 25% de sus acciones en la bolsa valores. El propio ex ministro de minería del MAS, José Pimentel, ha sugerido que este contrato podría configurarse como “traición a la Patria”. Pese a ello Canadá es uno de los primeros países en desconocer abiertamente el resultado electoral.

La clase obrera potosina es evidentemente crítica y escéptica frente a la actual dirección de COMCIPO, pero busca evidentemente alternativas a estas políticas del MAS. En la capital varios sindicatos participan a la huelga, los maestros rurales de la federación del sector fundamental han sacado un pronunciamiento en que anuncian que dejarán de aportar a la COB y se suman a las reivindicaciones regionales y la FSTMB, sin llegar a los mismos extremos, ha anunciado que se suma a las movilizaciones regionales potosinas, exigiendo también la renuncia de los vocales del TSE. Por otro lado si bien es cierto que el MAS queda como el partido mayoritario de las áreas rurales, este consenso se va claramente erosionando por la propaganda de organizaciones políticas un tiempo aliadas del MAS (como el Movimiento Originario Popular) y el rechazo a dirigentes como Hilarión Mamani, millonario indígena denunciado por desfalcos en al fondo indígena y acusado de cobrar por becas universitarias a hijos de su propia gente, pero premiado por Evo con el viceministerio de justicia indígena.  

Finalmente, justo cuando estábamos cerrando este análisis, la marcha de cooperativas mineras que los dirigentes afines al MAS habían convocado para desahogar la presión hacia este sector por parte de todo el pueblo potosino, ha acabado en el exacto opuesto. Rebasando a sus dirigentes la marcha ha llegado hasta el Puente Dignidad, símbolo de las movilizaciones de COMCIPO, y ha organizado un comité de movilizaciones para ir a La Paz. Es el producto de total falta de una política hacia la base laboral del cooperativismo minero, que analizamos en pasado en otros escritos, mezclada con la presión de todo un pueblo cuya pobreza comparten los trabajadores del subsuelo contratados por los socios dirigentes de las cooperativas que son referentes del MAS.

Aventurerismo en el Bloque

Sin estas premisas es imposible abordar de manera coherente la interpretación de lo que significa el Bloque Cívico del Sur. Resulta en primeros términos que el surgimiento de esta oposición al gobierno desde el seno de la clase trabajadora y el movimiento popular, así como la agudización de resentimientos regionalistas y el surgimiento de reclamos como el federalismo es plena responsabilidad de la política de colaboración de clase del MAS. Este Bloque no es el producto de errores marginales o de comunicación del gobierno, ni se le puede imputar a la derecha, que en lugares como Potosí era absolutamente residual. 

Es el resultado de haber limitado el llamado “proceso de cambio” a la reestructuración del Estado burgués y sus leyes, incluso cuando las que el vicepresidente llamaba “tensiones creativas” exigían soluciones revolucionarias, como en el caso del conflicto por los sembradíos de quinua en Coroma. Nace de la política de concesiones a multinacionales y empresarios privados. Y demuestra el carácter burocrático, de maquinaria electoral, del MAS y su integración con el aparato estatal, que lo hacen herramienta inútil para los que luchan. 

Sin embargo y dicho esto los marxistas no podemos compartir la posición de este bloque ni de los dirigentes obreros y de las organizaciones revolucionarias que lo integran. Conocemos su base obrera y popular, así como su independencia formal de Mesa y el CONADE. Pero hay que ser muy ingenuo para no reconocer que detrás de las polleras del mercado Uyuni de Potosí o de los Qhara Qhara de Sucre y en el mismo bando que busca derrocar a Evo están los racistas de la UJC y de la Falange, el núcleo duro de la oposición de derecha al MAS y la burguesía nacional interesada a reducir el poder absoluto del MAS. 

¡Por una posición de clases!

Por el contrario, al frente están sectores de la clase trabajadora y el movimiento campesino-indígena que defendiendo a Evo luchan para evitar el restablecimiento de un “orden institucional” que los expulse definitivamente de los lugares de decisión. Al estado actual con las presiones internacionales sobre el gobierno y la polarización en el país, superar esta crisis movilizando a su bases pero sin ningún cambio en la política de colaboración de clases, servirá a profundizar la búsqueda de acuerdos con las multinacionales y el imperialismo, así como las concesiones al empresariado privado con un más estricto control y limitación sobre la actividad independiente de las masas. Sin embargo en este campo están nuestros hermanos de clase, que es necesario advertir y organizar para esquivar estos peligros.

La consigna “Fuera Evo” suma este Bloque al eje de Mesa y de la derecha, que lo quieran o no sus dirigentes. Las previsiones que una caída del gobierno sin una igual derrota de Mesa lleva a la apertura de una fase revolucionaria es un auténtico delirio sectario. La consigna de expropiar a todas las multinacionales de los países que están interviniendo en el proceso boliviano y la organización de asambleas populares para imponer este programa a Evo, separa al movimiento obrero y popular de la derecha y también de la derecha incrustada en el MAS, y lo convierte en el factor decisivo de la crisis. 

La verdad es que, como nuestra experiencia de colectivo político cuyo núcleo originario surge en Potosí nos enseña, dentro de la generación formada al calor de las luchas regionalistas en estos departamentos es muy difusa una general desconfianza en la clase trabajadora y esto es lo que le ha hecho perder la brújula. Para todos estos compañeros, luchas como la de San Cristóbal eran imposibles, porque en su impaciencia desconocen las dinámicas de la lucha de clases. De tal manera y cediendo a las presiones de las capas más bajas de la pequeña burguesía y el pueblo pobre han acabado defendiendo la misma ambigua y regionalista posición sobre las nacionalizaciones. 

Pero solo si se nacionalizan las multinacionales bajo la administración obrera se podrá garantizar que estos recursos sirvan realmente al desarrollo departamental y no acaben siendo utilizado en proyectos intrascendentes finalizados a consolidar poderes políticos dentro de nuestro contexto de pobreza. Por esto es necesario mantener la orientación a la clase trabajadora y, en vez de seguir espejismos, empeñarse en la construcción de su partido que transforme las luchas parciales en lucha contra el conjunto de la clase capitalista y sus representantes, es decir en lucha de clases.