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Turquía: Erdogan gana con el terror


Después de perder la mayoría absoluta en junio, Erdogan disolvió el parlamento y convocó a nuevos comicios celebrados el pasado domingo en un clima de terror. Un primer balance de los resultados de estas elecciones en Turquía y de las perspectivas para el régimen criminal de Erdogan en este artículo de Francesco Giliani, de la sección italiana de la CMI.

El partido islámico conservador de Erdogan ganó las elecciones anticipadas con casi el 50% de los votos y 3 millones de sufragios más que en junio. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP en turco) ha arrastrado cínicamente el país al caos para presentarse como la única barrera frente al desorden.

Erdogan no dudó en desencadenar en el Kurdistán turco una guerra civil que se detuvo sólo por la decisión unilateral de la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), en incitar al odio anti-kurdo para desviar en líneas nacionales la rabia del proletariado turco, y en cerrar periódicos y TVes que no les gustaran. El primer ministro saliente del AKP, Davutoglu, dijo en un mitin en Van, en el Kurdistán, que si no hubiesen ganado volverían los tiempos de los “Toros blanco”, refiriéndose a los autos Renault utilizados por las unidades de las Fuerzas Especiales en los años ’90 para secuestrar a militantes de la izquierda kurda. En las áreas rurales de Turquía, los jefes de las aldeas convocados por la policía recibieron la orden de obtener un voto unánime por el AKP, según ha informado la Red del Kurdistán en Italia.

Las bombas estalladas en Ankara en la manifestación sindical y kurda por la paz – que cobraron la vida de más de 100 personas – también forman parte de esta estrategia, independientemente de cuánta responsabilidad directa haya tenido Erdogan en planificar los atentados. El punto central es que Erdogan ha demostrado estar dispuesto a cualquier maniobra extraparlamentaria para asegurarse una mayoría parlamentaria y aumentar la concentración de poder en sus manos. La burguesía turca, temerosa de una explosión social, se ha movido en filas compactas detrás de su “Sultán”.

La Unión Europea y el Gobierno alemán han expresado su apoyo a Erdogan, lo que confirma que la clase dominante, si se siente amenazada, cierra ambos ojos frente a la sangre y a la asfixia de los derechos democráticos más básicos. Una eventual declaración tímida del Parlamento Europeo expresando “preocupación” por la detención de observadores independientes durante las elecciones, si será escrita, será sólo una hoja de parra para los liberales más comediantes.

Aparentemente Erdogan parece no tener obstáculos por delante de él y ya ha anunciado una nueva ofensiva contra el PKK. La facción del islámico conservador Zaman, una vez aliada de Erdogan y agrupada en torno al predicador Fethullah Gülen, líder de un gran imperio financiero, se encuentra al borde de la lucha política a pesar de estar bien considerada en Washington. El centroizquierda del Partido Republicano del Pueblo (CHP) queda a un 25% de los votos, mientras que la derecha nacionalista de los “Lobos Grises” pierde parte de su electorado tradicionalista hacia el AKP.

El Partido Popular Democrático (HDP), de izquierda y pro-kurdo, pasó del 13 al 10 por ciento, pagando pero el precio mayor de la militarización de todos los centros de votación, el fraude electoral y el terror político de Erdogan. Pasar el quórum del 10% en estas condiciones ha de considerarse un éxito.

Pero estas elecciones han resuelto muy poco. La intervención de Rusia y la creciente participación de Irán – el enemigo tradicional de Turquía – en la guerra civil siria junto a Assad son muy malas noticias para el aventurerismo imperialista de Erdogan, que está además empeñado en detener el avance de los kurdos sirios. En esencia: el atolladero turco en Siria, la hostilidad de la población kurda y la desaceleración económica hará que el nuevo gobierno sea un gobierno de emergencia, empujado constantemente a usar la fuerza para controlar la situación. Y estamos convencidos de que la clase obrera está lejos de haber pronunciado su última palabra.