litio

Un gobierno a iones de litio hacia el capitalismo


Archivada la primera etapa de industrialización del gas, con sombras que opacan las luces y sin el esperado retorno económico y político, el solo proyecto estratégico que se encuentre en fase avanzada y podría ser moneda electoral es el de la explotación del litio.

El litio representa una ambición geopolítica de Bolivia. Por esto Evo ha hablado muchas veces de este mineral como de “una esperanza no sólo para Bolivia sino para todos los habitantes del planeta” y en todas sus recientes entrevistas García Linera se ha referido al litio como a una de las mayores inversiones políticas del gobierno y uno de sus principales logros. Así resume la cuenta oficial en twitter de Evo las expectativas del gobierno:

Bolivia tiene la mayor reserva de litio del mundo,  pero esto no es suficiente para sus ambiciones. Un estudio, muy didáctico, del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Argentina (accesible aquí) permite también a inexpertos como nosotros de entender el porqué.

El litio, por su reactividad eléctrica, no se encuentra en naturaleza en forma metálica, sino mezclado a otros componentes. El método de extracción en salares consiste en la perforación de la superficie hasta crear piletas de agua que vayan llenando salmueras que se dejan evaporar hasta llegar a una concentración de 7 gramos de litio por litro de agua. A partir de ahí empieza el proceso de conversión del litio, para separarlo de los minerales “enemigos” de su uso industrial, magnesio en primer lugar.

Si bien las reservas del Salar de Uyuni sean la más grande al mundo, acumulan también una serie de condiciones desfavorables: la alta concentración de magnesio que dificulta la separación del litio, las condiciones climáticas que retrasarían el proceso de evaporación y la concentración de litio en salmuera. Citando el estudio mencionado “en el Salar de Uyuni (Bolivia) la concentración  promedio de origen es de 600 ppm [partes por millón], en el Salar del Hombre Muerto (Argentina) está valuada en 500 ppm y en el Salar de Atacama (Chile), que es la más rica…, el valor trepa a 3000 ppm”.

Estas condiciones productivas desfavorables y el requisito de industrializar el litio en el país, desalentaron la inversión extranjera. El gobierno optó por desarrollar una tecnología propia de producción. Una decisión ridiculizada por los opositores y que, en cambio, debe ser defendida por todo trabajador y joven interesado a la industrialización de nuestro país y a su progreso. Lo que sin embargo resulta inaceptable y malintencionado es el exceso propagandístico que se retuerce sistemáticamente contra el gobierno.

En 2014 la inauguración de la planta piloto de baterías fue anunciada como si ya estuviese en producción, con tanto de foto de Evo manejando una bicicleta eléctrica… china (Bolivia ya ensambla baterías de litio para celulares y bicicletas, La Razón, 18/2/2014). En reiteradas oportunidades se ha anunciado para este año el arranque de la producción de carbonato de litio, pero la construcción y puesta en marcha de la planta industrial está todavía en etapa de licitación y no está claro cuál papel tendrán las multinacionales que dominan el mercado y la tecnología para ensamblar las baterías de litio.

Esta actitud además de no tener en cuenta las incógnitas del mercado, genera prematuramente susceptibilidades y problemas políticos. Si bien los pronósticos anticipan un crecimiento del precio internacional del litio por el aumento de la demanda mundial, este año arrancarían grandes proyectos (como la GigaFactory de Tesla, la principal empresa de autos eléctricos al mundo) que se proponen saturar el mercado de baterías de litio. Por otro lado y sin que ni siquiera haya empezado la producción industrial, en Potosí ya rechazan el mísero porcentaje (inferior al 2%) que recibiría este departamento productor.

El país que pintan los proyectos del gobierno parece una maravilla. Una Bolivia conectada a los dos océanos y con salida soberana al mar para superar limitaciones logísticas persiguiendo su  industrialización. Se trata de una apuesta a la estabilidad del capitalismo que está en cambio en crisis orgánica, verbalmente reconocida en el propio gobierno. La exasperación de la competencia, los brotes proteccionistas y las tensiones entre potencias imperialistas no dejan espacio a las posibilidades de desarrollo autónomo acompañado por multinacionales respetuosas de las decisiones soberanas de Bolivia que pregona el gobierno.

En uno de sus escritos más políticamente significativo (La caída del MNR), René Zavaleta anotó como el retroceso del proletariado después del ‘52, retroceso que no supo explicar a partir de la propia acción del MNR, hubiese entregado el poder estatal a las capas medias, traduciéndose en la expansión del Estado en cuya naturaleza está justamente la de disciplinar a los dominados y defender los dominadores.

Estas capas medias, escribió, “creen en la administración y no en las clases… [y acabaron haciendo] lo que creían razonablemente se debía hacer pero dejaron de guiarse por ninguna noción ideológica, omitieron todas las experiencias históricas a la mano y remplazaron la Revolución con un desordenado plan de obras públicas”. ¿Cuál es la Revolución reemplazada hoy? La que se proponía prevenir el regionalismo, como el que impugnan en Potosí, construyendo Bolivia sobre las cenizas del Estado burgués y con la participación decisiva de las mayorías. La que ponía las luchas obreras y campesinas de Bolivia en la trinchera avanzada de la lucha al capitalismo, hacia el cual en cambio viaja el MAS, con la energía del litio.