Verdad y mentiras sobre la Ley contra el racismo


Racismo y libertad de expresión

La aprobación sin modificaciones de la Ley contra el racismo ha sido fuertemente sostenida por todas las organizaciones de pueblos originarios. Esto porque la dura realidad de nuestro país es que el apellido y el color de la piel siguen siendo criterios de selección para muchos empleos, escuelas y hasta amistades o parejas, mientras que en el sentido común las palabras “indio”, “inca”, “negro” siguen siendo sinónimos de estúpido, ignorante, inferior.

El gremio de los propietarios de los medios de comunicación y el sindicato de los periodistas, aun solidarizándose con los principios inspiradores de la ley, han duramente cuestionado el artículo 16 de la misma por representar, en su criterio, un ataque a la libertad de expresión. Otros han lamentado un ataque a la democracia, que en la libertad de expresión tiene uno de sus principios fundamentales, para caracterizar de iliberal, autoritario y totalitario al gobierno. En otras palabras, dicen, esta Ley será utilizada por el gobierno para acallar los medios que no estén alineados al oficialismo. Están recolectando firmas para exigir la modificación de la Ley y la abrogación del artículo 16.

Para el proletariado el tema de la libertad de expresión es un tema real y apremiante. Las clases oprimidas no poseen medios de comunicación ni tienen de su parte a los medios de comunicación oficial. Los periódicos y los noticieros oficiales no informan al pueblo de cómo se lo saquea, no investigan su condición, no dan cobertura a su lucha. Esto porque estos medios son propiedad de las clases dominantes. Cuando los revolucionarios defendemos la libertad de expresión defendemos un derecho del pueblo no el abuso de los propietarios de los medios. Las dos cosas no coinciden porque el pueblo este derecho debe conquistárselo, los propietarios de medios lo tienen ya como privilegio.

Si el cuestionado artículo 16 fuese realmente un sistema de censura previa a la libertad de expresión nos estaríamos preguntando ¿Quién, en nombre de quien y de que está queriendo limitar la libertad de expresión? Tratando de dar un análisis concreto a una situación concreta. Esto porque dentro de un Estado burgués, como el nuestro sigue siendo, las mordazas a la libertad de expresión acaban por ser mordazas a la libertad de expresión del pueblo. Las dictaduras por ejemplo no cerraron los medios burgueses pero si impidieron la libre circulación de la prensa revolucionaria… y de los revolucionarios. Pero esto no es el caso.

¿La ley contra racismo atenta a la libertad de expresión?

¿Qué dice el artículo 16? “Artículo 16. (MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN). El medio de comunicación que autorizare y publicare ideas racistas y discriminatorias será pasible de sanciones económicas y de suspensión de licencia de funcionamiento, sujeto a reglamentación.” No sirve ni siquiera explicarlo: dice que el medio de comunicación que autoriza y publica ideas racistas puede ser sancionado económicamente o con la suspensión de la licencia.

Si esto preocupa a los propietarios de medios de comunicación, no entendemos la preocupación y el discurso de los compañeros periodistas. Todos dicen que están a favor de una ley contra el racismo. La ley da a cualquiera que se sienta discriminado u ofendido con epítetos racistas la facultad de denunciar a quien lo ofenda y la obligación de demostrar que el hecho denunciado es real. Entonces: si uno por la calle le dice “negro” o “q’olla” a otro con la intención de difamarlo estamos todos de acuerdo con que es racismo, si estas mismas palabras son utilizadas por un medio de prensa ¿es libertad de expresión?

¿El inicio del totalitarismo?

La doble moral de la burguesía no tiene límites. Apoyaban como “democráticos” a los que gobernaban con un 20% acomodando a su gente dentro del Estado y las empresas y quieren hacer ver como totalitario a un gobierno que, hasta prueba contraria, goza del apoyo de 2/3 de la población en unas elecciones sin precedentes como niveles de participación.

Entre los principales propietarios de medios de comunicación están los Canelas, latifundistas y accionistas en el Grupo Líder (Los Tiempos, La Prensa etc.) y propietarios de Editorial Canelas del Sur (El Potosí, Correo del Sur). En 2003 el difunto Alfonso Canelas despidió a un periodista de La Prensa exigiéndole primero que “suavice sus críticas hacia nuestro gobierno” él de Goni. Las páginas web de El Potosí y del Correo del Sur han cerrado sus foros de opiniones temiendo, dicen, incurrir en las sanciones previstas en la ley antirracismo.

Para problemas como estos sería suficiente colocar un filtro que impida la publicación en un foro internet de epítetos racistas, una operación que un informático puede tranquilamente realizar en pocas horas, pero el objetivo es generar alarma, decirle al pueblo “no es nuestra libertad de expresión que está en peligro sino la de ustedes, del pueblo”. Asimismo demuestran que la libertad de expresión que ellos defienden no es nada más que libertad de mentir y manipular.

Si lo que hace el gobierno es totalitarismo entonces son totalitarios muchos países (inclusive países europeos como España) que adoptan leyes que reglamentan la libertad de expresión para evitar que sirviéndose de esta se incite al odio racial. Y son totalitarias también las Naciones Unidas que elaboraron un “Modelo de legislación nacional para orientar a los gobiernos en la promulgación de leyes en contra de la discriminación racial” (se puede leer en inglés en la página del Alto Comisionado de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos), en que tomando en cuenta la legislación de muchos países, entre los cuales Francia, Rusia, Inglaterra, España, EEUU solo por citar algunos, las Naciones Unidas recomiendan que las “víctimas de discriminación racial tengan derecho a una justa reparación en razón de cualquier ofensa sufrida” y entre las reparaciones se incluyen la cárcel y la “suspensión [para el racista] del derecho de ser elegido a cualquier cargo público”.

El mismo texto del Alto Comisionado de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos tiene un párrafo sobre la libertad de expresión y discriminación en que se afirma que “el derecho a la libre expresión y opinión y la libertad de pacifica asamblea y de asociación debe ser restringido” – restringido es el termino que se utiliza – cuando se trata de racismo. Es más, siempre en el mismo párrafo se considera que quien promueva o permita la publicación de material racista sea considerado cómplice de la persona que haya cometido este acto. ¿Por qué nuestros empresarios de los medios de comunicación no recolectan firman en contra de las Naciones Unidas? Por la misma razón por la cual no salieron a defender la libertad de expresión cuando esta era ultrajada en Sucre o Santa Cruz, por la misma razón por la cual le quitan espacio al periodismo crítico: porque de racismo y libertad de expresión a ellos en realidad le importa.

¿Qué es el racismo?

Entendemos las razones de los compañeros originarios y apoyamos esta ley en la medida que brinda a ellos una herramienta para defenderse del racismo. Con la misma claridad queremos pero decirles a nuestros hermanos originarios y a todo el movimiento obrero que esta ley no acabará con el racismo, que es simplemente otra cara de la explotación capitalista.

¿Qué es en fin el racismo? Es la idea que existan diferencias “genéticas” que justifiquen la superioridad de una raza sobre la otra. En EEUU hay hasta quien piensa que exista un “gene” de la maldad, es decir que uno nazca malo y predispuesto a ser criminal. Si un niño boliviano es adoptado por una pareja europea ¿crecerá como europeo o como boliviano? Como europeo obviamente: esto quiere decir que somos el producto de la relación con el ambiente en que crecemos, que condiciona nuestro ser y forma nuestra consciencia. Como decía Marx “No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”. Sin embargo estas clases de barbaridades son estudiadas en muchos cursos de criminología de nuestras mismas facultades de derecho.

¿Acaba la ley con el racismo?

No es el racismo que produce desigualdades sociales sino son las desigualdades sociales que engendran en la sociedad ideas racistas. El racismo no ha existido siempre, en la antigüedad los esclavos eran tales por ser guerreros derrotados, no se pensaba justificar su condición por una supuesta inferioridad “genética”. Los griegos llamaban a los extranjeros “barbaros” que en griego antiguo quería decir simplemente persona que habla un idioma incomprensible. El racismo nace con la colonización, el imperialismo y el capitalismo, como instrumento de dominio de las clases dominantes. Las ideas dominantes en una sociedad son siempre las ideas de la clase social que domina en la sociedad, desde el poder económico hasta el político. Y estas clases dominantes necesitan fomentar la competencia entre trabajadores porque sobre esta competencia construyen su dominio.

Los pueblos originarios ocupan el peldaño más bajo de la estructura social y económico productiva del país porque al capitalismo son necesarios mineros sin muchas pretensiones y sindicalización, empleadas domesticas, zafreros, niños que trabajen en la mina y la zafra porque la escuela no los ayudará a tener un futuro mejor, ni un presente. La burguesía se sirve de ideas racistas para justificar estas desigualdades sociales y meter a los trabajadores y los campesinos uno en contra del otro, ocultando la verdadera razón del sufrimiento del pueblo, que es justamente la existencia de una clase social, la burguesía misma, que acaparra todo el bien de la sociedad. Así por ejemplo en el Oriente el problema de la tierra no es por los latifundistas, la falta de casas no es por culpa de los especuladores, la falta de trabajo no es por culpa de los parásitos que viven de trabajo ajeno: es culpa de los q’ollas.

Los ayllus del norte de Potosí lamentan una situación al borde del colapso, no tienen caminos, herramientas e insumos para poder vivir con su tierra, que se reduce continuamente a medida que se amplía su comunidad. Turnándose los miembros de la comunidad sirven de ejército industrial de reserva para la minería de la zona de Llallagua. Otros emigran para ser explotados como albañiles, cargadores como si fueran asnos, en las ciudades capitales del país. Paseando los domingos por la Ramada en Santa Cruz de la Sierra se ve un ejército de cholitas de Chuquisaca, Potosí, Cochabamba, que son trabajadoras del hogar en sus únicas horas de libertad en la semana. ¿La ley cambia todo esto? No. Pero si no se cambia esto no acaba el racismo aunque tengamos ahora como defendernos de la discriminación racial.

¿Acciones afirmativas?

La CIDOB exige – en base a una interpretación exagerada de la ley – que a los indígenas ya no se les pida currículo para ocupar cargos públicos de funcionario estatal. Inmediatamente el representante en Bolivia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos ha propuesto que se realicen acciones afirmativas, es decir se establezcan por ley particulares privilegios para que representantes de grupos étnicos puedan acceder a cargos públicos, trabajos etc. Este es el peligro ahora.

En Bolivia – según estadísticas oficiales – 2 de cada 3 hijos de familias adineradas, cualesquiera sea su origen étnica, tienen una formación universitaria. Solo 1 de cada 5 hijos de familias obreras y campesinas llegan al mismo nivel de educación. En el área rural, donde mayoritariamente viven los pueblos originarios, solo el 3,86% llegan a la educación superior. Las “acciones afirmativas” solo sirven a impedir que los pueblos originarios unan su lucha con la lucha general de los explotados para revertir esta situación que los relega en la pobreza sin ninguna posibilidad de mejorar su condición social.

Las “acciones afirmativas” vienen proponiéndose desde instituciones, como la Fundación Ford, las ONGes, las Naciones Unidas que tienen todo el interés a dividir para reinar sobre el movimiento obrero y campesino. Se les promete a unos cuantos dirigentes de pueblos originarios una peguita, un carguito colocado ahí como reservatorio para especies protegidas, así se impide que todo un pueblo luche por educación, salud, vivienda y trabajo digno para todos. Así este dirigente será como decía Mariátegui “el indio alfabeto que se convierte en el peor explotador de su propia raza”, como tantos que desde las comunidades han tenido cupos para estudiar en la universidad con el compromiso de volver a las comunidades y servirlas, y en cambio se han quedado en las ciudades donde se vive mejor buscando una vida “de profesionales” que haga olvidar lo más pronto de donde llegan. El pueblo trabajador de Bolivia, la clase obrera, los fabriles, mineros, albañiles, profesores etc. no tienen mejores posibilidad de obtener sus derechos a la educación, la salud, la vivienda y el trabajo, porque estos no se dan sobre base étnica sino económica. Las acciones afirmativas dividen porque generan también el odio (racial), el resentimiento y la guerra entre pobres.

Estamos y estaremos siempre en contra de la idea que los marginados y explotados originarios tengan más derechos de los marginados y explotados mestizos o blancos. La lucha de los pueblos originarios por gobernar y no ser solo gobernados es la lucha misma de los trabajadores por trabajar sin ser explotados. Es la lucha por la verdadera reforma agraria que acabe con el latifundio, es la lucha por la total recuperación de nuestros recursos, la expropiación de bancos, minas, fábricas. Es la lucha porque estas riquezas sean administradas por Asambleas Populares de trabajadores y campesinos en beneficio de todo el pueblo, de todos los pueblos y de su desarrollo material y espiritual. Este es el verdadero camino de unidad entre explotados y su emancipación.

Las acciones afirmativas en Bolivia no harán nada más que alimentar apetitos personales y divisiones en el seno mismo de los pueblos originarios, y entre ellos y los demás explotados de Bolivia. El movimiento obrero debe soldar la unidad con el movimiento campesino y originario  no solo condenando los intentos de división del imperialismo, sino también solidarizándose activamente con luchas como las del MST-B, continuamente enfrentado a los grandes empresarios soyeros del país, y ofreciendo a los pueblos originarios aquella alternativa social que acabe definitivamente con el racismo: el socialismo.