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Voto castigo, crisis y crisis del proyecto del MAS se mezclan en los resultados del referendo autonómico


El triunfo del No en el referendo del domingo por los Estatutos autonómicos de Chuquisaca, La Paz, Oruro, Cochabamba y Potosí ya puede ser rubricado. Su significado pero solo parcialmente será encontrado en el objeto propio de la consulta.

Qué estaba en juego

referendoLos 3,8 millones de electores de este referendo son aproximadamente el 60% del padrón electoral nacional. Haciendo una proyección sobre la base de las actas computadas, tenemos un ausentismo de casi un 20% y porcentajes de votos blancos y nulos alrededor del 7% del padrón. Es decir una participación muy por encima de lo que eran las expectativas y los temores de elevada abstención. El No es abrumadora mayoría en las ciudades capitales, con un pico del 93% en Potosí, y aunque el voto rural va en parte colmando estas distancias plebiscitarias, la tendencia al rechazo se confirma a medida que prosigue el escrutinio.

El MAS – otrora fuerza hegemónica en todos estos departamentos – ha sido el único partido habilitado a hacer campaña por el Sí a los Estatutos. Junto al MAS, o como voz del MAS, ha funcionado también todo el aparato de la comunicación estatal, con mensajes institucionales del gobierno y las Asambleas departamentales, todas a mayoría masista, para forzar una victoria por inercia del Sí, que era lo que muchos esperaban. Aunque ahora dirigentes del partido y autoridades del gobierno, con Evo Morales y García Linera a la cabeza, quieran restarle valor político al referendo, esta fue una derrota para el MAS.

¿Hay vencedores?

Para García Linera con este voto “la población de estos cinco departamentos prefiere, reivindica, se inclina por la presencia de un Gobierno y de un Estado fuerte y centralizado”. Parece difícil poder sostenerlo cuando tenemos situaciones como la de Potosí, donde COMCIPO – única organización habilitada por el No – cerró su campaña con un cabildo que reivindica el federalismo. Pero aun aceptando esta tesis, el discurso del Vice se trunca donde debería empezar con el análisis político, o mejor dicho recurre al expediente típicamente burocrático de imputar resultados adversos al conservadurismo popular, según el esquema de que si hay “malentendidos” entre el pueblo y el gobierno: hay que cambiar al pueblo.

El resultado del domingo es perfectamente coherente con el rechazo a la autonomía que en estos departamentos se expresó en el referendo de 2009. La autonomía fue una batalla de la reacción para envenenar el ascenso del MAS, que hizo propia esta consigna y la negoció en la nueva Constitución tratando de gobernar las pulsiones centrifugas en vez de contrarrestarlas desde la lucha de clases. Esta política de colaboración de clases que cobra nuevamente factura ha tenido y tiene su más arrojado defensor en el mismo García Linera que propició los acuerdos con la derecha y las multinacionales cuando la movilización popular quería afrontarlas.

Las elites, que a través de sus partidarios llamaban a votar No, no han renunciado a retomar el control político de la renta del país que ahora y por la falta de un liderazgo nacional creíble deben negociar a nivel local con el gobierno. Después de que obtuvieron la mano con la Autonomía, quieren el codo del “pacto fiscal” – es decir la administración local de los recursos generados a nivel regional – o el federalismo. Así mientras hacían alarmismo, anunciando la introducción de nuevos impuestos si es que se aprobaban los estatutos autonómicos, desde la gobernación de Santa Cruz lamentaban que el gobierno le permita crear solo tres tributos. Por todas estas razones su querer apropiarse de la representación del voto del domingo es cuanto menos prematuro.

La crisis de un proyecto

aglreferendumEn sentido estricto el domingo estaba en juego la consolidación del Estado Plurinacional con autonomías, al cual García Linera ha dado “base teórica” fundándolo en las irresueltas cuestiones nacionales e indígena y resolviéndolo con una definición de la identidad nacional boliviana como un conjunto de cajas chinas que están una dentro de la otra por “voluntad”.  Lo que queda de esta voluntad después del domingo son: un federalismo impulsado por los efectos de la crisis y una desafección hacia toda solución formal  de los problemas reales y cotidianos.

A corroborar esta última afirmación está el caso de Huanuni donde se votaba también por la aprobación de la Carta Orgánica, una especie de reglamento interno de los municipios cuya elaboración es facultativa. Un tercio de los electores de este centro minero de vanguardia se ha abstenido o ha votado blanco y nulo, y el 58% de los votos valido han sido por le No a la Carta Orgánica. A pesar de toda la campaña oficial para vincular la aprobación de los Estatutos a conquistas sociales por empleo, salud, vivienda, educación y derechos democráticos, es imposible convencer a mineros de una empresa en crisis o a sectores populares que la crisis ya la sienten sobre su piel, de la importancia de un papel más que le repita sus derechos constitucionales.

Los Estatutos fueron nominalmente socializados durante y después de su elaboración. El contundente rechazo que han recibido señala también el agotamiento del llamado “gobierno de los movimientos sociales”. La cooptación de dirigentes, la intervención de organizaciones sindicales y sociales para subordinarlas a la colaboración de clases han hecho de muchas de estas un desierto que el MAS llama paz y sobre el cual se sostiene el apoyo pasivo que lo mantiene.

Un voto castigo

El gobernador de Potosí atribuía el resultado en esta región a la campaña de COMCIPO que habría invitado a un voto castigo al MAS sin consideración por el objeto de la consulta. Esto suena como querer atribuir una derrota al hecho que hay vencedores; un ejemplo más del estado de confusión de los dirigentes del MAS. Sin embargo es innegable que Cejas ha dado en el clavo; el resultado del domingo, no solo en Potosí, es un premeditado revés al MAS.

El electorado no ha ido a expresar desinformación o falta de interés, como lo hizo por ejemplo en las elecciones del órgano judicial donde blancos y nulos fueron mayoría. Ha ido a votar No a Estatutos que no conocía ni le interesaba conocer. El hecho que los No fueron aplastante mayoría en todas las grandes ciudades, refleja el peso en estos resultados de la clase media y su tradicional sensibilidad a ciertos temas. Ha sido un rechazo a los abusos constantes, a la impunidad, el clientelismo y la corrupción institucionalizada y elevada a método de lucha política.

Sin duda el voto ha sido también influido por el rechazo a la reforma constitucional lanzada en la semana previa al voto para permitir la reelección de Evo Morales. Cuál haya sido el peso de este rechazo entre el voto castigo, la crisis y la crisis del proyecto del MAS es difícil establecerlo a ciencia cierta y es de todas maneras menos importante del empujón anímico que reciben los opositores a la reelección. Queda el hecho también que anuncios que debían viabilizar la reforma constitucional – como el plan por la construcción de más de 40 hospitales – aparecen a las mayorías como tardíos y electoreros.

Consecuencias políticas

votocastigoEl MAS necesita un mandato en el mandato no para dar continuidad al llamado “proceso de cambio”, sino para legitimar los ajustes, el cierre de empresas estatales, la austeridad y las concesiones a multinacionales y empresariado nacional. Sectores siempre más amplios del movimiento obrero y el pueblo pobre y trabajador empiezan a entender que la premura del MAS por llegar a la reforma constitucional es para evitar que este tema se cruce con los efectos de la crisis, por ejemplo con la negociación por el aumento salarial.

Después de la derrota del referendo autonómico el gobierno espera una ayuda de La Haya (del fallo de la CIJ sobre la demanda marítima) pero incluso si esta llegara podría no ser suficiente. Es necesario un viraje radical a la izquierda para recuperar el consenso y la credibilidad que se van perdiendo elección tras elección. Esto es romper con la colaboración de clases para que la crisis la paguen quienes la provocaron: empresarios, banqueros y multinacionales.

Sin embargo este MAS que se preparaba a festejar la victoria en tarimas azules (prontamente desarmadas como en Oruro) y que en cambio no asume el costo de la derrota, parece siempre más orgánicamente incapaz de reacción. El No a los Estatutos autonómicos no es, con la parcial excepción de la ciudad de Potosí, automáticamente un Sí a una oposición impresentable y a su vez incapaz de expresar nuevos liderazgos. Pero puede convertirse en esto y solo la construcción de una oposición social a la política de colaboración de clases puede impedirlo.